Marte tendría vulcanismo activo

Los marcianos también tiemblan. Imágenes del paisaje del planeta rojo enseñan evidencias de que la superficie no solo tiembla como en la Tierra sino que se ha movido recientemente. Sí, terremotos marcianos.

Si existen temblores en Marte, aún debe existir vulcanismo, especulan los científicos que analizaron las imágenes del HiRISE, a bordo del Mars Reconnaissance Orbiter. En ellas observaron rocas a lo largo de un sistema con fallas, Cerberus Fossae, que cruza una joven superficie con suelo con lava.

Al comparar las grandes rocas que cayeron desde los precipicios, algunas de las cuales dejaron su huella, con los patrones de temblores en la Tierra, se concluyó que su desplazamiento se debió a la actividad sísmica.

Los patrones no concuerdan con un origen en el derretimiento de hielo, otra forma de esparcimiento.

Gerald Roberts, geólogo de la University of London, quien lideró el estudio, dijo que las imágenes de Marte incluyeron rocas de 2 a 20 metros de diámetro, que habían caído en avalanchas por los precipicios. El tamaño y cantidad de piedras disminuye en un radio de 100 kilómetros desde un centro en aquel sistema de fallas. “Esto es consistente con la hipótesis de que las rocas han sido movilizadas por movimiento del suelo, que decrece a partir de los epicentros”, dijo Roberts.

La existencia de temblores supone vulcanismo y este abre la posibilidad a la existencia de agua en el planeta rojo.

¿Será?

Foto cortesía HiRISe-U. Arizona

Evidencia de antiguos océanos en Marte

Lo más seguro es que no hubo marcianos bañándose en él, pero las imágenes y datos de la sonda europea Mars Express aportan evidencias sólidas de que el planeta rojo estuvo alguna vez cubierto por un océano.

Con su radar, la sonda detectó residuos de sedimentos de un piso oceánico dentro de las fronteras identificadas previamente de lo que parecían ser líneas de costa.

Desde 2005 el radar Marsis ha estado recogiendo datos, analizados por Jérémie Mouginot, del Institut de Planétologie et d’Astrophysique de Grenoble (IPAG) y la University of California, Irvine, y colegas, que han estudiado más de dos años de datos de las planicies septentrionales que hallaron cubiertas con un material de baja densidad.

“Lo interpretamos como depósitos sedimentarios, quizás ricos en hielo”, dijo Mouginot. “Es una fuerte señal de que una vez hubo un océano allí”.

La existencia de océanos en Marte ha sido sospechada desde hace tiempo y se han identificado de manera tentativa líneas de costa en las imágenes enviadas por varias naves. El tema es controversial de todas maneras.

Se han propuesto dos océanos: uno hace 4.000 millones, cuando había una condición más cálida del planeta y también de hace 3.000 millones de años, cuando el hielo del subsuelo se derritió tras un fuerte impacto, creándose canales de flujo que drenó el agua hacia áreas bajas.

Marsis penetró hasta los 60-80 metros del subsuelo marciano, según Wlodek Kofman, cabeza del equipo que maneja el radar.

“A través de esa profundidad, vemos evidencias de material sedimentario y hielo”.

Imagen de Marte, cortesía ESA

Somos lo que somos gracias a las plantas

No se puede pensar más en ellas como convidadas de piedra en un mundo que hoy parece subestimarlas. La evidencia de que las plantas vasculares fueron la fuerza inicial que moldeó la superficie de la Tierra fue presentada en una edición especial de Nature Geoscience.

Timothy Lenton, investigador de University of Exeter mostró que la evolución de estas plantas hace unos 450 millones de años comenzó a limpiar la atmósfera del dióxido de carbono (CO2), mucho más que los organismos marinos. Como resultado, las temperaturas bajaron iniciando un ciclo de glaciación y derretimiento que durante millones de años le dio forma a la superficie de la Tierra.

Estas plantas, también, ayudaron a formar los ríos como los vemos hoy, según otro artículo, de Martin Gibling de Dalhousie University en Nova Scotia y Neil Davies de University of Ghent en Bélgica.

Los dos analizaron la deposición de sedimentos de hace cientos de millones de años. Antes de la era de las plantas, el agua corría sobre las masas terrestres sin un curso definido. Solo cuando hubo suficiente vegetación para descomponer las rocas en minerales y pantano, y mantener este en su lugar, los bancos ribereños comenzaron a formarse y a canalizar el agua.

Esta canalización derivó en inundaciones periódicas que depositaron sedimentos en grandes áreas, construyendo la riqueza del suelo, que permitió que los árboles formaran raíces. La madera cayó a los ríos creando barreras que dieron curso a más canales y otras inundaciones, ayudando a formar planicies fértiles con árboles.

“Las rocas sedimentarias antes de las plantas no contenían casi pantano”, dijo Gibling citado por Scientific American. “Pero luego de que las plantas se desarrollaron, el contenido de lodo creció mucho. Los paisajes pantanosos se expandieron. Una nueva clase de eco-espacio, que no existía fue creada”.

Esto nos trajo consecuencias cósmicas. Las plantas no son entonces pasajeras pasivas de la superficie del planeta, recordó Gibling. “Crearon el sistema superficial. Los organismos equipan el medio ambiente: la atmósfera, los paisajes, los océanos, todos desarrollaron una complejidad increíble una vez aparecieron estas plantas”.

Visita al mundo del camarón sin ojos

La semana pasada se anunció el descubrimiento de un mundo submarino cerca a la Antártica rico en especies desconocidas, cerca a fuentes hidrotermales.

Ahora, investigadores que exploraban el piso marino al sur de las Islas Caimán descubrieron lo que son las fuentes hidrotermales más profundas conocidas según dijeron, un ambiente poblado por extraños camarones con receptores solares en su espalda.

Cerca al campo de fisuras hidrotermales se halló algo más sorprendente: un área de fuentes en las faltas del monte Dent, una montaña submarina lejos de las áreas ricas en magma donde por lo general se encuentran esas fuentes.

“Están donde usted no esperaría hallarlas”, dijo JonCopley, de la Universidad de Southampton citado por LiveScience.

Ese monte es un complejo oceánico, un pedazo de corteza levantado por las fuerzas que apartan las placas tectónicas. Esos complejos son comunes cerca a las cadenas montañosas del mitad del océano donde la corteza se está dividiendo.

Se encontraron dos fuentes hidrotermales, Beebe, a 4.960 metros de profundidad, siendo 880 metros más profunda que la que tenía el récord, y Von Damm.

Se calcula que la temperatura en la fuente hidrotermal impondrá una nueva marca: 450 grados centígrados, la más caliente.

En ese sitio se encontraron unos camarones bien especiales: en vez de ojos poseen un parche en sus espaldas de células sensibles a la luz. No se sabe para qué, quizás para moverse en la penumbra del lugar.

También se hallaron anémonas pálidas en las fisuras del suelo oceánico.

Foto cortesía University of Southampton

¿Cuánto se han desplazado los polos de la Tierra?

Una expedición inició ayer la medición en la Antártica

 

Nada es eterno en el mundo: dos científicos iniciaron ayer un viaje a la Antártica para continuar con una tradición que lleva 100 años; registrar el campo magnético de la Tierra, un registro que comenzó el explorador británico Robert Scott al comienzo de su mortal expedición al Polo Sur.

¿Para qué mantener la tradición? Este registro es necesario dado que los polos magnéticos se desplazan debido a la compleja circulación de los fluidos de la corteza exterior del planeta. Durante el siglo pasado, ambos polos magnéticos se han estado moviendo al noroeste: el Polo Norte de Canadá hacia Siberia a un ritmo de 60 kilómetros por año, y el Polo Sur hacia Australia a unos 10 a 15 kilómetros anuales.

“Es un ritmo sorprendente”, dijo en Nature Stewart Bernie, del GNS Science en Avalon, uno de los dos científicos que inició el viaje ayer.

Se cree que este movimiento sea un rasgo normal de la oscilación magnética de la Tierra y podría cambiar en cualquier momento.

Las mediciones precisas sobre el terreno de ese campo magnético se usan para ayudar a calibrar las medidas de satélites y los modelos globales de información, tal como el World Magnetic Model, que es utilizado por la Otan y los departamentos nacionales de defensa. Este modelo se actualiza cada 5 años. La actual versión va hasta 2014.

Unos 100 observatorios alrededor del globo toman las mediciones de manera regular, y las naciones las complementan con trabajo de campo: Nueva Zelanda, por ejemplo, ha tomado sus medidas en el campamento de Scott en la Antártica cada 5 años desde 1957, el sitio más inhóspito donde se hacen las mediciones.

Tony Hurst y Bennie tomarán los datos en dos sitios, el primero en Lake Vanda en los valles secos de la Antártica, donde casi nunca cae nieve. “Es un escenario increíble, donde no hay suelo solo rocas y piedras y focas momificadas”, dijo Hurst, quien ya estuvo allí.

Luego visitarán Cape Evans, donde el campamento de Scott aún existe.

Un teodolito magnético les permitirá medir el ángulo del campo magnético, tanto paralelo como perpendicular al piso, este último llamado dip (inclinación), es 90 grados hacia el polo mismo donde las líneas del campo magnético van derecho hacia el piso.

El campo magnético del planeta ha estado declinando desde los años 1800, quizás por coincidencia o quizás como precursor de un cambio de los polos de acá a unos miles de años.

La medición toma alrededor de una hora, pero lo harán todo el día debido a la leve oscilación por la rotación de la Tierra y el efecto del Sol.

Aunque los satélites pueden realizar la medición, solo unos pocos son capaces.

Las mediciones sobre el piso, recuerda Hurt, son sin embargo muy importantes por la necesidad de calibrar los satélites.

En la foto, el campamento de Scott en la Antártica. Cortesía NGS