Este animal depende de que se acelere su evolución

Un cuol en su medio. Foto Wikipedia

Un cuol en su medio. Foto Wikipedia

¿Pueden los humanos acelerar la evolución? Pues eso es lo que se está intentando en Australia con un objetivo claro: salvar al cuol o satanelo septentrional (Dasyurus hallucatus) de la extinción.

Es la esperanza para ese animal del tamaño de un gato común y, de ser exitoso el intento, para otras especies.

Los científicos están mezclando individuos que han desarrollado defensas naturales contra su mayor enemigo con otros que no lo han logrado. La idea: que sus crías porten esas defensas.

Este animal trata de sobrevivir ante décadas de afectación por el venenoso e invasor sapo de la caña que los cuoles toman confunden como presa con consecuencias desastrosas.

Los científicos trabajan en una isla australiana y han logrado, en cautiverio, éxito en su propuesta, que en la práctica se trata de acelerar la evolución.

Los avances fueron presentados en Conservation Biology.

Ahora avanzan en su ensayo con animales en su medio silvestre y de ser fructífero sería la primera evidencia del mundo real de que un flujo de genes deseado –que incluye impulsar un rasgo adaptativo a través de una población en riesgo para aumentar su resiliencia- podría ser empleado para salvar especies amenazadas.

Australia es el país con la tasa más alta de extinción de mamíferos y por eso busca nuevas herramientas para su conservación, según Euan Ritchie, ecólogo de la Universidad Deakin en Melbourne.

El estudio con el cuol es motivante. De los logros podría depender la supervivencia de otras especies como los demonios de Tasmania y los corales de la Gran Barrera.

Como en otros casos a lo largo y ancho del mapamundi, la especie introducida al nordeste australiano, el sapo de la caña Rhinella marina, tenía el objeto de controlar un escarabajo devorador de ese cultivo, pero los anfibios se diseminaron por todo Queensland y el Territorio Norte, llegando incluso al occidente. Su avance vertiginoso ha arrasado con hasta el 75 % de la población de cuoles norteños.

La investigación que se adelanta partió de la observación de los ecólogos Ella Kelly y Ben Phillips, que sabían que algunas poblaciones de cuoles en Queensland habían desarrollado una aversión a los sapos con el paso de los años. Se preguntaron su ese rasgo podía ser desarrollado en poblaciones vulnerables del mamífero que los sapos no habían alcanzado aún. Esto podría hacerlos más resilientes a las invasiones del anfibio.

Los científicos, entonces, cultivaron animales en cautiverio, mezclando los del norte, área infestada con el sapo y los de una isla sin esa plaga en el Territorio Norte. Luego expusieron las crías a patas de sapo para ver si los jóvenes reconocían la amenaza. La mayoría evitó tocarlas.

Esto sugiere que el rasgo es heredado y no enseñado y puede ser dominante.

Es ese el gran punto de partida: la base genética de esa aversión.

Con su colega Chris Jolly, también de la Universidad de Melbourne, liberaron 54 cuoles en una isla atestada de sapos, mezcla de satanelos de los Territorios del Norte, de aquellos de Queensland con aversión a los sapos y una descendencia híbrida.

¿Funcionó el experimento? Cuando regresaron al año siguiente (abril de 2018) solo encontraron 16 cuoles, pero… en ese grupo estaban descendientes que habían adquirido la aversión al sapo.

Hoy analizan muestras genéticas de los sobrevivientes. Y esperarán otro año para volver y ver qué hay de la pequeña población que sobrevivió.

Una especie que se juega el futuro.

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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