¿Podemos caminar como vuelan los murciélagos?

Daniel Kish en su bicicleta. Andanco con ecolocalización. Foto Wikipedia/Pop Tech

Daniel Kish en su bicicleta. Andanco con ecolocalización. Foto Wikipedia/Pop Tech

Nadie lo hace como Daniel Kish. No al menos hasta ahora. El llamado hombre murciélago perdió su visión al año de edad debido a un retinoblastoma, pero aprendió a navegar usando el ruido que hace con su lengua y escuchando el sonido que rebota de las superficies cercanas. Sí, ecolocalización, como la de los pequeños mamíferos voladores.

Con esa habilidad logra moverse sin problemas por las calles y sectores desconocidos con suprema facilidad. El sonido hace las veces de ojos. Y, aunque no lo crea, anda en bicicleta con este ‘poder’.

¿Podría cualquier persona desarrollar esa habilidad? “Escuchamos ecos todo el tiempo”, dijo Daniel Rowan, audiólogo de la Universidad de Southampton en el Reino Unido, citado por The Scientist. Lo que hace Kish, dijo es reunir un rango de capacidades diferentes que todos más o menos tenemos y las lleva a un nivel de experticia que no todos poseen.

Si personas con visión limitada o invidentes pudieran desarrollar la ecolocalización, su vida sería más sencilla. Es usada por esas personas como una adición, no un remplazo de los bastones y perros, que les ayudan con los objetos a nivel del piso.

Un inconveniente es que al envejecer, hay pérdida auditiva. ¿Es posible sin embargo percibir los ecos?

Investigadores como Rowan tratan de averiguar hasta qué punto se puede desarrollar esa sorprendente habilidad.

Él condujo experimentos con personas ciegas y otras con visión normal, en un cuarto a prueba de sonidos externos y colocando objetos alrededor de un maniquí virtual, sobre el cual se enviaban los sonidos.

Los individuos solo detectaban objetos hasta 4 metros de distancia, pero no acertaron cuando no se les ponían frecuencias altas. Un resultado similar con personas invidentes.

Es decir, quienes usan sonidos de alta frecuencia con sus bocas se desempeñan mejor. Y no se sabe por qué.

Esa frecuencia, además, es la que primero pierde la gente al envejecer.

Para algunos, los 4 metros es el límite sobre el cual se debería trabajar para enseñarles a las personas con necesidad de orientación.

De todas maneras es un campo que apenas se desarrolla y se requerirán más estudios sobre los distintos tipos de sonidos y escucha para poder entrenar a esas personas a gozar de una mayor autonomía y mucha más seguridad.

¿Qué tal convertir las altas frecuencias en bajas? Solo una idea.

Me interesa y me gusta divulgar temas científicos y medioambientales como una forma de acrecentar el interés por estas temáticas. Espero hacerlo bien cada día.

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