Desnudan al séptimo planeta en Trappist-1

Dibujo de los 7 planetas en Trappist-1. Cortesía Nasa

Dibujo de los 7 planetas en Trappist-1. Cortesía Nasa

Cuando hace poco astrónomos revelaron que 3 de los 7 planetas alrededor de la estrella Trappist-1 estaban en zona de habitabilidad, el alborozo fue enorme. Y queda por saber qué pasaba con un séptimo, que no se pudo precisar entonces.

El año pasado se había anunciado el descubrimiento de los primeros tres planetas en esa estrella hacia la constelación Acuario, por lo que son 7 los que conforman ese llamativo sistema solar.

Ahora, en un artículo en Nature Astronomy, un grupo de astrónomos liderados desde la Universidad de Washington reveló que con datos aportados por el telescopio espacial Kepler pudieron confirmar información acerca del más lejano de los cuerpos.

Determinaron que tiene una órbita de 18,7 días y está, como se había precisado con los demás, en resonancia orbital (las órbitas tienen periodos cuya razón es una fracción de números enteros simple, según definición enciclopédica).

Pero no fue solo ese el hallazgo. Se trata de un planeta frío, congelado, inhabitable aunque no siempre tuvo que ser así.

Rodrigo Luger, autor líder, explicó que “Trappist-1 estaba exactamente donde nuestro grupo predijo. Los científicos descubrieron un patrón matemático en los periodos orbitales de los seis planetas interiores.

En este caso, dijo, teoría y observación encajaron a la perfección.

La estrella está en la mitad de su vida, es una enana ultrafría, mucho menos luminosa que el Sol, solo un poco más grande que el planeta Júpiter. Está a casi 40 años luz o 378 billones de kilómetros. Deriva su nombre del programa que halló la primera evidencia de planetas allí (Transiting Planets and Planetesimals Small Telescope-Trappist).

Los planetas fueron detectados por tránsito, o sea la disminución del brillo estelar cuando pasan delante de su estrella, vistos desde el observatorio.

En el primer estudio, Michael Gillon, de la Universidad de Lieja en Bélgica, solo pudo ver un tránsito del más lejano de los planetas, por lo que no pudieron confirmar bien sus características.

Luger y su equipo, gracias a 79 días de datos de observación del Kepler 2, lo observaron cuatro veces en su tránsito.

Pudieron además determinar con mayor precisión la rotación de los demás planetas, que están relacionados matemáticamente y que ejercen una pequeña influencia cada uno sobre el otro.

Las resonancias pueden ser truculentas para entender, especialmente entres tres cuerpos. Pero hay casos simples fáciles de explicar”, dijo Luger. En nuestro Sistema, por ejemplo las lunas Io, Europa y Ganímedes en Júpiter están en resonancia 1:2:4, indicando que el periodo orbital de Europa es casi el doble de Io y el de Ganímedes el doble de Europa.

Esta cadena de 7 resonancias en Trappist-1 es la mayor entre los sistemas conocidos. Kepler-80 y Kepler-223 (otras estrellas) tienen cada una 4 planetas en resonancias.

El séptimo planeta, Trappist-1h es muy frío hoy, con 173 Kelvin, pero pudo ser habitable algún día cuando su estrella era más joven y brillante.

Un sistema que dará mucho de qué hablar en los próximos años mientras más y más telescopios apuntan hacia él.

Hallan diamante del tamaño de la Tierra

Cortesía B. Saxton-NRAO

¿Se imaginan? Un diamante del tamaño de la Tierra. Sí nada menos. Eso es lo que creen haber hallado astrónomos del observatorio NRAO.

Se trata de la enana blanca más fría encontrada hasta ahora. Es tan fría, de hecho, que su carbono se ha cristalizado formando un enorme diamante.

“Es un objeto increíble”, dijo David Kaplan, de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee, cabeza del estudio.

Objetos tan fríos son difíciles de detectar. Y este se encontró gracias a su compañía, un púlsar o estrella de neutrones de alta velocidad de rotación formada durante una explosión de supernova.

El púlsar, PSR J2222-0137, se encuentra a 900 años luz de la Tierra hacia la constelación de Acuario.

Los astrónomos observaron que la señal de radio del pulsar se retardaba algunas veces, cuando su compañera pasaba por delante, doblando el espacio. El análisis reveló que el pulsar tiene una masa 1,2 veces la del Sol y su compañera 1,05 veces.

El grupo sospechaba que la compañera era una enana blanca, o ese denso núcleo estelar que queda luego de que una estrella muere. Los astrónomos se dieron a la tarea de verla en luz infrarroja y el final encontraron que era 100 veces más tenue que cualquier enana blanca orbitando una estrella de neutrones y 10 veces más débil que cualquier otra detectada a la fecha, indicó Bart Dunlap, otro de los investigadores.

Lo de fría, valga, la aclaración, no se puede tomar literalmente: su temperatura es de unos 2.700 grados centígrados, unas 5.000 veces más fría que el centro de nuestro Sol.

Un objeto tan frío debe haber cristalizado todo su carbono, similar a un diamante.

Los astrofísicos han teorizado hace tiempo que también podrían existir planetas de carbono, como la superTierra 55 Cancri e.

El nuevo estudio fue publicado en el Astrophysical Journal.

El pez que ve por la boca

Invidentes se ayudan con un bastón. Los murciélagos utilizan la ecolocalización y con ella se mueven a través de los obstáculos, pero ¿qué tal utilizar la boca?

Eso hace un pez en unas cavernas en México. Mientras el murciélago encima de él usa el sonar, el pez abajo en las aguas de esa gruta, ciego, se orienta con la boca. Es la primera vez que se detecta tal sistema.

A medida que avanza, el pez al abrir y cerrar la boca emite ondas. Los pulsos revelan obstáculos en el camino.

Se trata del pez Astyanax fasciatus, un pequeño tetra que a veces se ve en acuarios. En algún punto de su pasado evolutivo llegó a las cavernas u perdió sus ojos por completo. Tienen un pariente que vive afuera y aún tiene sus ojos, de hecho ambos están tan cercanamente emparentados que son considerados aún una sola especie.

Este preservó su vista, el de las cavernas ganó capacidad para navegar en la oscuridad. Para hallar su camino toma ventaja de algo conocido como la línea lateral, un sistema sensorial que tienen todos los peces. Con receptores en cabeza y cuerpo, la línea lateral les permite sentir los movimientos y cambios de presión en el agua alrededor.

“La línea lateral del pez ciego es mucho más sensible que la de su pariente”, expresa el zoólogo de Tel Aviv University Roi Holzman. El ciego tiene más sensores en su cabeza y cada uno es dos veces más sensible que el del otro pez. Puede sentir su vecindario juzgando los disturbios en en las ondas enviadas mientras nada, según el estudio aparecido en The Journal of Experimental Biology.

Holzman y colegas analizaron el movimiento de su boca colocando objetos en el acuario y cambiándolos y detectaron cómo movía más veces la boca, como recogiendo información

También lo observaron en otros ambientes, como acercándose al rincón del acuario. Rara vez abría la boca a menos de 7 centímetros de la pared. El movimiento del agua a su paso le brindaba la información requerida. Al acercarse a menos de 7 centímetros la abría y en el centímetro final la abría con una frecuencia 6 veces mayor.

Parecía enviar pulsos de succión al agua y nadar utilizando los disturbios que sentían en esos pulsos. Al aproximarse a un obstáculo enviaban más señales.

La nebulosa de la Hélice revela nuevos detalles

Una nueva imagen de la sorprendente nebulosa de la Hélice fue tomada por el telescopio Vista del Observatorio Paranal en Chile. Tomada en infrarrojo revela tiras de frío gas nebular invisible a las imágenes en luz visible y presenta un rico trasfondo de estrellas y galaxias.

Esta nebulosa es una de las más cercanas y más destacables ejemplos de una nebulosa planetaria. Se halla hacia la constelación de Acuario a unos 700 años luz de la tierra.

Este extraño objeto se formó cuando una estrella tipo Sol estaba en los últimos trances de su vida. Incapaz de mantener sus capas externas, lentamente lanzó las cubiertas de gas que constituyen la nebulosa.

Hoy se halla en un proceso evolutivo para convertirse en enana blanca y aparece como el pequeño punto azul en el centro de la imagen.

La nebulosa en sí es un objeto complejo compuesto de polvo, material ionizado y gas molecular, dispuestos en un bello patrón como una flor y destellando en el feroz resplandor de luz ultravioleta que proviene de la estrella central.

El anillo principal es de unos dos años luz de longitud, casi la mitad de la distancia entre nuestro Sol y la estrella más cercana, pero el material de la nebulosa se expande hasta al menos 4 años luz.

Foto cortesía ESO