Otra promesa contra la malaria

Hembra de Anopheles. Foto CDC

Hembra de Anopheles

Tantas que han estado a punto y… nada. Pero hay una esperanza más.

Científicos de la Universidad de Tübingen en Alemania junto a una firma de biotecnología, Sanaria Inc., demostraron en pruebas una efectividad del 100% para una candidata a vacuna contra la malaria, llamada Sanaria® PfSPZ-CVac, efectividad a las 10 semanas tras la última dosis.

Para la prueba, el profesor Peter Kremsner y Benjamin Mordmüller del Institute of Tropical Medicine y el German Center for Infection Research (DZIF) utilizaron parásitos de malaria suministrados por Sanaria. La vacuna incorporó patógenos de malaria viables (no fueron inactivados) junto a una medicina para combatirlos.

Los resultados aparecieron en Nature.

El estudio incluyó 67 adultos sanos, ninguno de los cuales había tenido malaria. La mejor respuesta inmunitaria se vio en un grupo de 9 personas que recibieron la dosis más alta de la vacuna 3 veces con intervalos de 4 semanas. Al final de la prueba, todos tenían una protección del 100%.

Los parásitos de la malaria son transmitidos por las picaduras de las hembras de mosquitos Anopheles (varias especies). El Plasmodium falcíparum, una de las formas, es responsable de la mayoría de las infecciones y de casi todas las muertes causadas por la enfermedad en el planeta.

“La protección fue probablemente causada por linfocitos T específicos y una respuesta de anticuerpos al parásito en el hígado”, según Kremsner.

Los investigadores analizaron la respuesta inmune de los cuerpos e identificaron patrones de proteínas que mejorarán futuras vacunas.

A los participantes se les inyectaron parásitos de malaria viva y al mismo tiempo previniendo el desarrollo de la enfermedad adicionando cloroquina, usado por muchos años en el tratamiento.

Una vez la persona es infectada, el P. falcíparum migra al hígado para reproducirse. Durante el periodo de incubación el sistema inmunitario de la persona podría responder, pero en esa etapa el patógeno no enferma al individuo. La cloroquina no hace efecto en el hígado, por lo que no puede impedir la reproducción del parásito. La malaria se da cuando el parásito abandona el hígado, llegando al torrente sanguíneo y entrando a los corpúsculos rojos, donde continúa reproduciéndose y diseminándose. Pero tan pronto entra a la sangre, puede ser aniquilado por la cloroquina y no se desarrolla la enfermedad.

Al vacunar con un patógeno vivo, parece claro que se logra una fuerte respuesta inmunitaria, dijo Benjamin Mordmueller.

“Todos los datos hasta ahora indican que logramos una protección estable y duradera”.

El próximo paso es ensayar varios años en un estudio clínico en Gabón.

Cada año cerca de 214 millones de personas resultan infectadas con el parásito. De ellas, cerca de 438 00 fallecen, la mayor parte en África. Y casi ¾ de los que fallecen son menores de 5 años.

Un grave problema. Otra esperanza que llega.

Resumen científico de la semana

Foto  MSUniversity

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1. Detente en mi nombre

Científicos probaron en la naturaleza un caso de aposematismo: las mariposas nocturnas tigre, fuente alimenticia de los murciélagos, envían señales acústicas a estos para advertirles que no son nada sabrosas. Ese mecanismo es usado por distintas especies pero de manera visual, como tener un color más vivo. Pero como los murciélagos no ven bien, estos insectos desarrollaron una manera de defenderse mediante el sonido. El hallazgo fue publicado en Plos One.

2. Tierra oxigenada

Aunque se ha sostenido que al principio la Tierra no tenía oxígeno, un hallazgo en micrometeoritos de hace 2.700 millones de años sugiere que la oxigenación llegó antes de lo creído, en las mismas cantidades que hoy. El artículo apareció en Nature. Estaba presente en la atmósfera superior, separada por una neblina de metano de la capa baja de la atmósfera que no contenía el gas.

3. Conductores trabados

Un estudio de una fundación para la seguridad del tráfico encontró que en el estado de Washignton, Estados Unidos, donde se legalizó la marihuana, los accidentes de autos con conductores ‘elevados’ se duplicó, lo que plantea algunas dudas sobre la autorización para conducir bajo los efectos de la hierba en momentos en que crece la presión para permitir su uso en varias regiones.

4. Genética educativa

Un estudio publicado en Nature encontró que existen 74 puntos del genoma relacionados con el rendimiento escolar y si bien su incidencia en conjunto no es demasiado alta, sí es clara. Estudios precios decían que cerca del 20% del resultado escolar se debía a al genética. Ahora se encuentran sitios específicos, pero se cree que falta mucho por conocer sobre el tema.

5. Hacha antediluviana

En Australia, en la remota región de Kimberley, arqueólogos encontraron la que parece ser el hacha más antigua que data de la Edad de Piedra, hace 45.000 a 49.000 años, muy cerca al momento en que los humanos llegaron a esas tierras. El fragmento había sido desenterrado a comienzos de los 90, pero el análisis permitió saber ahora que estaba en un estrato de mucha más antigüedad. El hacha fue una innovación para esos primeros pobladores australianos. El hallazgo apareció en Australian Archaeology.

6. Más y más y más

De un solo golpe, astrónomos anunciaron la confirmación de 1.284 planetas extrasolares, con lo que asciende a 3.409 el número de esos mundos detectados hasta ahora, con cientos de candidatos en espera de confirmación. El hallazgo se logró gracias al telescopio espacial Kepler de la Nasa, dedicado a buscar planetas en otras estrellas.

7. Medicina insensible

Cuando las personas consumen acetaminofén para reducir su dolor, sienten menos compasión por el dolor físico y emocional de los demás sugiere un estudio publicado en Social Cognitive and Affective Neuroscience. Una especie de analgésico social. Ese compuesto es empleado en más de 600 medicinas de uso común. Otro estudio ya había mostrado que ese compuesto bloquea las emociones positivas.

8. Promesa malárica

Un candidato a vacuna contra la malaria brindó protección a adultos voluntarios sometidos al Plasmodium falcíparum, protección durante más de un año en el ensayo en fase 1 reveló un estudio en Nature Medicine, lo que convierte al compuesto denominado PfSPZ en una opción seria que continuará evaluándose en otras fases. La malaria mata cerca de 500.000 personas cada año en regiones tropicales inoculada por mosquitos Anopheles.

9. No envuelva los bebés

El riesgo de muerte súbita en los bebés parece tener un incremento cuando son acostados envueltos en cobertores, sea que duerman de lado o sobre su estómago dice el estudio aparecido en Pediatrics. La investigación analizó casos de muerte súbita en distintas regiones encontrándose un aumento en los bebés envueltos, siendo mayor en aquellos que eran acostados de lado.

10. Cuidado si tiene hambre

Un estudio aparecido en Neuropsychopharmacology encontró que cuando las personas tienen mayores niveles de grelina, hormona asociada al hambre, son más impulsivas y no toman las mejores decisiones. La investigación se hizo con ratas y abre las puertas a nuevos tratamientos de problemas psiquiátricos asociados a la impulsividad.

El olor de los pies es el que atrae… la fatal malaria

Algo los llama. ¿Será el olor? La malaria, transmitida por hembras del mosquito Anopheles, provoca al menos 1 millón de muertes al año en países tropicales.

La hembra es guiada al cuerpo por el CO2 que expiramos los humanos. Pero, curiosamente, no se dirige hacia donde sale el dióxido de carbono. No. Va directo hacia… ¡los pies!

El científico Remco Suer descubrió cómo esas hembras utilizan el olor de los pies en los últimos metros de su recorrido para alcanzar el sitio preferido para extraer sangre.

El estudio se hizo con Anopheles gambiae, principal transmisor de malaria en África. Emplea sus órganos olfatorios (dos antenas, un par de apéndices de la mandíbula y el proboscis (proyección tubular de la cabeza o de la parte anterior del tubo digestivo de un organismo) en busca de una fuente para obtener su alimento.

Desde una distancia de varias decenas de metros, los mosquitos detectan el CO2, que es parte del aire exhalado por los humanos; pero no lo siguen hasta la fuente, sino que a cierta distancia, ya más cerca de su víctima, se dirigen a los pies, donde prefieren picar.

Suer, del grupo de Entomología de Wageningen University, en la que presentó hoy el estudio que le sirve de tesis de doctorado, descifró el mecanismo para tal comportamiento.

Un estudio previo dentro del proyecto, financiado por la Fundación de Bill y Melinda Gates, había mostrado que una bacteria que reside en el pie produce varios olores e identificó 10 olores bacteriales en esa extremidad, los que mezclados son atractivos para el mosquito.

Suer demuestra ahora que 9 de esos 10 olores son detectados por las neuronas olfatorias presentes en estructuras tipo capilaridad en las partes de la boca del insecto.

Es más: descubrió que 5 de los 10 olores microbianos son capaces de bloquear la respuesta al CO2. Al bloquearse esa señal, el mosquito deja de orientarse hacia esa fuente y les presta atención a los olores que emanan de los pies.

Los olores que bloquean el CO2, entonces, pero que activan otras neuronas olfatorias pueden tener algún uso en barreras de olor que atrapen la atención del insecto y, por ende, no piquen a la persona sino que encuentran un final inesperado.

Un hongo es otra arma contra la malaria

Mata al menos 800.000 personas al año e infecta varios millones. La malaria es una enfermedad no vencida, en particular porque la sufren personas pobres de países menos desarrollados.

las estrategias para combatirla se han centrado en la muerte de los mosquitos Anopheles de una u otra manera: mediante fumigación directa o con la impregnación de insecticida en toldillos, entre otros métodos.

Pero infectarlos con el hongo transgénico Metarhizium anisopliae, enemigo natural del insecto, parece útil también al reducir su capacidad infecciosa.

En un estudio publicado en Science, científicos mostraron cómo modificaron el hongo que infecta a los mosquitos por contacto, para expresar moléculas que impiden la entrada de esporozoitos (células que produce el Plasmodium, parásito de la malaria para infectar otros huéspedes) a las glándulas salivales de los insectos, lo que reduce la cantidad que puede pasar a los humanos en una picadura, explicó una información en SciDev.Net.

Esos hongos redujeron hasta en un 98 por ciento el número de esporozoitos en dichas glándulas en comparación con los infectados por un hongo no modificado.

A los dos días de la infección, el 80 por ciento de los mosquitos no transmitía ya la malaria, contra 14 por ciento de aquellos que no tenían el hongo y 32 por ciento de los infectados con un M. anisopliae no modificado.

Esta modalidad no sería más cara que los insecticidas químicos actuales, dijo Raymond St. Leger, uno de los autores del estudio de la Universidad de Maryland, Estados Unidos, citado por SciDev.Net. Los hongos podrían utilizarse en interiores o al aire libre como un insecticida de contacto, aunque no eliminarían ni reducirían la expectativa de vida de los mosquitos.

Imagen del mosco con el hongo modificado.