No hay que tomar 8 vasos de agua

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Para mantenerse saludable tómese ocho vasos de agua al día. Ha sido la receta desde hace dos o tres décadas, pero… parece que no hay tal necesidad.

Científicos de Monash University revelaron el mecanismo que regula la ingestión de agua por el cuerpo y que determina cuándo no tomar más. El estudio desafía la fórmula de los ocho.

Tomar agua en exageración también puede conducir a una intoxicación. ¿Entonces?

El estudio mostró que una ‘inhibición a tragar’ se activa en el cerebro luego de que se consume líquido en exceso, ayudando a mantener calibrados los volúmenes de agua.

Si solo hacemos lo que el cuerpo nos demanda, probablemente estaremos bien, bebiendo solo según la sed en vez de tener un horario elaborado”, indicó Michael Farrell, otro de los investigadores.

A participantes en el estudio se les pidió calificar la cantidad de esfuerzo para beber agua bajo dos condiciones: tras hacer ejercicio cuando tenían sed y cuando se les pidió tomar agua en exceso.

En este último caso el esfuerzo es tres veces mayor. Es decir, hay una resistencia a beber más de la cuenta, lo que es compatible con la noción de que el reflejo de tragar se inhibe una vez que se ha bebido suficiente agua, explicó Farrell.

Mediante imágenes de resonancia magnética funcional se estudió además la actividad cerebral enfocada en el periodo breve antes de tragar.

Se vio que las áreas prefrontales derechas eran más activas cuando los participantes trataban de beber con esfuerzo, lo que sugiere que la corteza frontal tiene que ver con aquella inhibición.

El investigador recordó que ha habido maratonistas muertos en ciertas circunstancias por beber en exceso. Es que beber demasiada agua pone al cuerpo en peligro de intoxicación por hiponatremia, cuando los niveles vitales de sodio en la sangre se hacen demasiado bajos provocando síntomas desde letargo a náuseas, convulsiones y coma.

También se da el caso de personas, en particular las ancianas, que no toman la cantidad de agua que requieren.

El estudio apareció en Proceedings of the National Academy of Sciences.

El ébola en 1.900 palabras (informe especial)

El virus del ébola. Foto CDC

Diez meses de terror. Diez meses con el ébola, que hasta ayer (15 de octubre) había infectado 8.997 personas, de las cuales 4.484 habían fallecido, casi la totalidad en tres países africanos: Guinea (883), Liberia (2.458) y Sierra Leona (1.183).

Entre los infectados 427 son trabajadores de la salud, de los cuales 236 han fallecido.

Una emergencia sanitaria que mantiene en vilo al mundo.

El actual brote del ébola apareció en una aldea de Guinea, Meliandou, en la prefectura de Guéckédou el 6 de diciembre de 2013, y luego en Maceta. La primera víctima fue un niño de 2-3 años. Le siguió su madre en enero de este año y para marzo había 111 casos en tres prefecturas, llegando a la capital Conakry. Ya estaba en Lofa, Liberia.

El responsable es el Zaire ebolavirus, aunque científicos piensan que no fue introducido desde África Central sino que esta cepa pudo evolucionar en África Occidental.

En mayo el foco de la epidemia se expandió a los distritos de Kenema y Kailahun en Sierra Leona, aumentando los casos de Lofa en Liberia.

Después se extendió a otras regiones de esos países y alcanzó Senegal y Nigeria, en donde la situación se ha controlado. En el primero la OMS declarará este 17 de octubre el fin del brote, mientras Nigeria deberá esperar a completar los 42 días de activa vigilancia por si hay nuevos casos.

El nombre

El virus se conoció en 1976 por un brote en lo que hoy es la República Democrática del Congo, entonces Zaire, en la aldea Yambuku. Los belgas que lo identificaron con colegas americanos buscaron darle un nombre y pensaron en el virus del río Congo, que pasa por esa localidad, pero se podía confundir con otra fiebre ya existente. Si lo bautizaban con el de la villa se le estigmatizaría, por lo que buscaron en el mapa el sitio más cercano: era el río Ébola (río negro en el lenguaje local) y así lo bautizaron. Zaire ebolavirus.

Familia

Los ebolavirus pertenecen a la familia Filoviridae, que incluye los géneros marburgvirus y cuevavirus, cada uno con una especie, y ebolavirus con cinco especies.

Todos los ebolavirus africanos pueden infectar humanos y provocar síntomas similares, pero con diferencias en términos de progresión y virulencia, con fatalidades de menos del 40% para el Bundibugyo ebolavirus, a cerca del 60% en el Sudan ebolavirus y del 70 a 90% en el Zaire ebolavirus.

Transmisión

El virus no se transmite por el aire. Para contagiarse hay que estar en contacto con fluidos corporales de una persona que presenta los síntomas (saliva, lágrimas, heces, orina), con animales contaminados como primates, murciélagos de las frutas, antílopes o con algo que haya tocado el paciente, lo que es menos frecuente. En el sudor no se ha aislado todavía el virus.

También podría transmitirse por el contacto sexual. En semen se ha encontrado hasta 70 días después de que una persona se recuperó. Y también se encuentra en la leche materna, pero los fluidos más comunes de contagio han sido la sangre, las heces y el vómito.

El virus puede sobrevivir hasta 48 horas fuera del cuerpo humano a temperatura ambiente, aunque en cadáveres se ha detectado más tiempo.

Costumbres como el lavado de los muertos, incluyendo sus orificios, han aumentado los casos en diferentes pueblos, pues el virus está aún activo en el cadáver.

En el cuerpo

Una vez dentro del cuerpo, entra en las células y se replica. Después sale explosivamente de estas y produce la proteína que genera la gran devastación: la glicoproteína ebolavirus, que se pega a las células dentro de los vasos sanguíneos, lo que incrementa la permeabilidad de los vasos permitiendo el escape de sangre. El cuerpo pierde la capacidad de coagulación y engrosamiento de la sangre.

El virus evade el sistema de defensa del cuerpo neutralizando las señales de los neutrófilos que son los encargados de enviar señales de alarma a los glóbulos blancos. De hecho, infecta las células inmunitarias y viaja con ellas a otras partes del cuerpo, como hígado, riñón, cerebro.

Cada que el virus infecta una célula y produce el estallido se activan las citoquinas, responsables de producir inflamación cuando un agente extraño ataca el cuerpo. Esto desencadena los síntomas como de influenza, primera manifestación clara del ébola.

Así comienza, pues solo un 20% de las personas presentan sangrado externo por ojos y otras partes. Muchos sucumben antes de que aparezcan estos síntomas, algunos con solo un sangrado menor por encías o heridas.

Otros síntomas

Los síntomas como gripales aparecen en la primera fase de la enfermedad, experimentándose dolor de cabeza, dolor muscular, debilidad, seguidos de vómito, diarrea y baja presión arterial. El sangrado extremo ocurre hacia el final. Quienes fallecen mueren por falla multiorgánica y shock, shock producido por el sangrado en distintas partes del cuerpo y por los vasos sanguíneos. Incluso si no presenta sangrado externo, por dentro está filtrando sangre.

Solo cuando se desarrollan los síntomas comienza la fase de posible contagio.

Fases

Los síntomas comienzan a los 4-9 días luego de la exposición, pero la incubación puede durar hasta 21 días.

Entre los días 1 a 3 de manifestación presenta síntomas como de influenza. Entre los días 4 y 7 puede presentar diarrea, vómito, náuseas, baja presión, dolor de cabeza y anemia. Del 7 al 10, fase final, hay confusión y sangrado, interno y externo, llevando al coma, shock y la muerte.

Inmunidad

Algunas personas han resistido la infección y sobreviven. Puede deberse a su buena salud y tipo de exposición, quizás solo con una persona que estaba en fase inicial.

Se ha encontrado que algunas personas poseen células sin un marcador o que ha mutado sin el cual el ébola no logra adherirse a ellas.

Quienes poseen ciertas versiones del gen, B*7 o B*14, tiene mayor probabilidad de sobrevivir, por quienes poseen las versiones B*67 y B*15 tienden a fallecer.

Algunos resisten por completo la infección si poseen el gen NPC1, que los blinda contra el virus. El estudio fue hecho en laboratorio, por lo que no es totalmente seguro que sea así en el medio real, pero podría ser.

El diagnóstico

Una vez se han manifestado síntomas, existen varios tests para comprobar si se trata del ébola. Uno de los más precisos es el de la cadena de reacción de la polimerasa, técnica que busca material genético del virus y crea tantas copias que se logra detectar.

Esta prueba puede dar negativo en los 3 primeros días de los síntomas. O sea que entre 3 y 5 días después de la hospitalización se tiene la confirmación.

Otra prueba es Elisa, que tarda más de 3 días para dar un resultado positivo. Existen otras como el cultivo, la microscopía de electrones y el test de detección de antígenos.

El manejo de las muestras es un procedimiento crítico de riesgo alto, por lo que las normas de bioseguridad deben ser muy estrictas.

En los 3 países afectados hay 11 laboratorios de diagnóstico, con capacidad para realizar de 200 a 470 pruebas diarias.

Los afectados

Un reporte científico mostraba el siguiente cuadro de afectados hasta mediados de septiembre:

La mayoría de los pacientes tenían entre 15 y 44 años de edad, la mitad hombres, con una tasa de fatalidad de 70,8%.

El curso de la infección, incluyendo signos y síntomas, era de 11,4 días para los 3 países y un intervalo de serie de15,3 días.

El 95% de los afectados tenía síntomas a los 21 días de la exposición, periodo recomendado para el seguimiento de los contactos del paciente.

Entre la aparición de los síntomas y la hospitalización el tiempo transcurrido ha sido de 5 a 9 días, fase crítica para la diseminación de la enfermedad en la comunidad. Y entre la hospitalización y la muerte transcurrieron en promedio de 4,2 a 6,4 días. Un desenlace rápido.

Según el crecimiento exponencial y la tasa de reproducción que ya supera 1, se estima que para noviembre habría más de 20.000 casos: 5.740 en Guinea, 9.890 en Liberia, 5.000 en Sierra Leona según análisis científicos.

Ha habido casos de transmisión interna en Estados Unidos y España.

Tratamiento

Hoy no hay vacuna disponible ni medicinas eficaces para tratar el ébola. La intervención terapéutica se centra en anticuerpos, exitosa en macacos.

Otra es ARN modulatorio, junto a una promisoria medicina, BCX4430.

Existen dos candidatos a vacunas prometedores, que se encuentran en fase 1 de las pruebas.

Una ha sido desarrollada por GlaxoSmithKline con el Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Usa un vector de adenovirus derivado de chimpancés con un gen del ébola insertado.

La otra, de origen canadiense, usa un virus atenuado de la estomatitis vesicular, con un gen remplazado por otro del ébola.

Editorial

La letra con sangre debería entrar

El brote actual del ébola ha demostrado que el mundo no está preparado para enfrentar una epidemia de una nueva y mortal enfermedad, independiente de que en el presente caso se disemine o no por el mundo.

El ébola es una enfermedad de países pobres con un sistema de salud debilitado por guerras intestinas, que ha facilitado su reproducción. Una enfermedad que nunca preocupó, hasta ahora, al mundo industrializado pese a que irrumpió hace más de 35 años, como sucede con muchas otras enfermedades de lo países menos desarrollados.

No es fácil el control en un mundo interconectado en donde una persona puede visitar varias regiones en uno o dos días. Eso ha disparado las alarmas en países no africanos.

Los viajeros que adquieran la enfermedad pueden ser tratados en centros hospitalarios pero será difícil controlar los contactos que hayan tenido desde que surgieron los síntomas. Se suma que los sistemas de salud de los países no estaban preparados y aún no lo están. En Estados Unidos incluso se ha dado contagio entre personal que atendió al primer paciente llegado de Liberia, que luego falleció.

No hay protocolos claros. Y no los hay tampoco en un país como Colombia en donde el sistema de salud vive una crisis honda: un enfermo podría aparecer en cualquier pueblo pequeño, no necesariamente en la gran ciudad con el mejor hospital. Eso aumenta la cadena de posibilidades.

El país, hay que decirlo, no está preparado para recibir pacientes con ébola y tratarlos aunque el Ministerio de Salud diga lo contrario. Es que Colombia no ha sido capaz de reducir siquiera la malaria, una vieja conocida de nuestras poblaciones más pobres.

Seguro la emergencia mundial será controlada, aún no se sabe a qué costo ni cuándo, pero hay que sacar enseñanzas de esta crisis. Los países del primer mundo tienen ahora más que nunca la responsabilidad de responder con prontitud y eficacia ante cualquier nueva amenaza, algo que no se hizo con el ébola en sus primeros meses de desarrollo.

Y en adelante habrá que dedicarle más espacio a la prevención de salud, que en el caso de Colombia el actual sistema relegó. En el caso africano, las costumbres de los pueblos han ayudado a que se disemine el ébola, sugiriendo que las campañas y programas educativos de todo tipo deben ser prioridad ante cualquier amenaza sanitaria, independiente de si les es o no rentable a nuestras EPS.

Sin ser aves de mal agüero ni profetas del desastre, se debe considerar que el daño que se le ha hecho al medio ambiente podría tener incidencia en la aparición y diseminación de nuevos males que afecten la población mundial, sin pretender decir que el ébola y otros virus recientes que han pasado de animal a hombre se deban a esos desbarajustes pues aún no está demostrado. Pero sí ha aumentado la incidencia de distintas enfermedades tropicales, lo que ha sido confirmado.

Lecciones que habrá que aprender rápido.

Fuentes del informe: Organización Mundial de la Salud, LiveScience, The New England Journal of Medicine, The Lancet.

La otra historia de Don Quijote

Sorpresas te da el espacio. Y allí, muy cerca de la Tierra encontraron a Don Quijote, que tenía la personalidad trocada.

Sí, resulta que Don Quijote es un objeto cercano a la Tierra, un asteroide, o al menos eso era lo que se creía desde hace 30 años. Denominado 3552 Don Quijote, es el tercer mayor objeto cercano y un equipo encabezado por Joshua Emery, de la Universidad de Tennessee, Knoxville, hizo un descubrimiento del que algunos sospechaban.

Don Quijote tenía una doble personalidad. Es que se le consideraba asteroide pero en verdad es un… cometa.

Se estima que un 5 por ciento de los objetos cercanos son cometas muertos que han perdido todo el agua y el dióxido de carbono en la forma de hielo que le da su coma (una de las partes del cometa, esa nube que rodea al núcleo) y la cola.

El equipo halló que Don Quijote no es ni lo uno ni lo otro. Es un cometa aún activo, posiblemente con hielo de agua y no solo rocas.

“Siempre ha sido considerado como algo extraño”, dijo Emery. “Su órbita lo trae cerca a la Tierra, pero también más allá de Júpiter. Tal órbita es similar a la de un cometa, no a la de un asteroide, que tiende a ser más circular, por lo que pensaban que había perdido sus depósitos de agua”.

Mediante el telescopio espacial Spitzer de la Nasa, examinaron de Nuevo fotografías de Don Quijote en 2009 cuando estaba en el punto más cercano al Sol y encontraron que tenía un coma y una cola débil.

Emery también reexamine imágenes de 2004 cuando estaba en su punto más lejano al Sol y determine que su superficie está compuesta de polvo de silicato, similar al polvo del cometa. También determine que Don Quijote no tenía coma ni cola a esa distancia, lo cual es común en estos objetos porque requieren la radiación solar para formar el coma y las partículas solares cargadas para formar la cola. Y también precisaron el tamaño y la escasa reflectividad de su superficie.

Don Quijote es otro ahora.

Regreso del más allá

Cuando una persona entra en coma, poco más se puede hacer por él. Ese parecía el caso de Josh Villa, un joven que sufrió un accidente automovilístico en Estados Unidos. Tras meses sin progreso, fue enviado a casa casi como un vegetal.
Pero Theresa Pape, del Departamento de Asuntos para Veteranos, se interesó en él y lo involucró en un estudio de seis semanas para recibir estimulaciones electromagnéticas del cerebro. Esa técnica se ha ensayado con algún resultado en personas que padecen Parkinson, migraña o que han sufrido un derrame. Era la primera vez que se usaba en alguien en coma.
Al comienzo de las 15 sesiones hubo pocos cambios. Pero al final algo cambió. Comenzó a mirar hacia donde escuchaba que le conversaban. Luego siguió órdenes simples y hablaba alguna palabra. Luego de las 30 sesiones paró el tratamiento, no hubo más progresos, según el informe en New Scientist.
Seis semanas después recibió otras 10 sesiones, pero no mejoró. Pese a todo, hoy es más fácil cuidarlo. Cuando se le habla, mueve los labios como diciendo que escucha. También abre y cierra los ojos para expresarse.
La transición del estado de coma al de mínima conciencia no podría atribuirse al uso de esa técnica, según John Whyte, del Instituto de Rehabilitación Moss en Pensilvania. Otras personas han llegado a esa fase sin tal ayuda.
Para Steven Laureys, del Grupo de Investigación del Coma en Bélgica, se entiende tan poco de las personas en esa condición, que cualquier estudio, así sea sencillo, aporta luces.
La madre de Villa cree que ahora le resulta más fácil atenderlo. No lo ve como alguien sumido en una depresión, sino que incluso puede quejarse.
Útil o no, el tema ha suscitado interés. La estimulación magnética transcraneal apunta a activar o inhibir áreas del cerebro haciendo más fácil o difícil la activación de las células.
En la foto, persona en estado de coma.