Resumen científico de la semana (10-16)

1. Llegaron mensajes de las estrellas

Las partículas del más allá. Al fin se esclarece. La nave Stardust, que viajó por el espacio para capturar partículas interestelares sí cumplió su cometido. Lanzada en 199 voló cerca del cometa Wild 2 para recoger material en un gel especial y luego cayó sobre el desierto del Lago Salado en Utah, Estados Unidos, en 2006. Se dijo que el golpe del aterrizaje había contaminado las muestras. Ahora un estudio en Science demuestra que 71 rastros de partículas, 25 parecían haber sido atrapadas en el espacio y 7 tienen origen interestelar. En la foto se aprecia uno de esos finos granos traídos por la sonda.

2. Salados hasta la muerte

Cerca de 1.650.000 personas mueren cada año por exceso de sal. No es que suden mucho ni que les caiga un bulto encima. No. Ingieren más de los 2 gramos diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud y en consecuencia mueren por enfermedades cardiovasculares reportó el New England Journal of Medicine. El consumo promedio mundial es de 3,95 gramos, de los 2,18 en África subsahariana a los 5,51 en Asia central. Salados.

3. Edición de genes

Nuevas tecnologías en uso permitirán la edición de genes en distintos productos agrícolas como las frutas, no solo para mejorar su sabor sino agregarles algunas características como el dulzor. El estudio fue publicado en Trends in Biotechnology. La edición de genes comienza a ser empleada además en el arreglo de mutaciones que causan enfermedades. La edición permitiría mejorar incluso frutos modificados genéticamente para crear, por ejemplo, un superbanano.

4. Tatequieto a la fiebre

La chikungunya es una enfermedad de reciente aparición en las Américas aunque lleva tiempo deambulando por el planeta. Provoca fiebres, dolores articulares y de cabeza entre otras manifestaciones, aunque rara vez ocasiona la muerte. Científicos revelaron que los primeros ensayos clínicos de una vacuna en desarrollo provocó reacción inmune en 25 personas. El anuncio fue de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

5. Mente y cuerpos conectados en la enfermedad

El sistema inmunitario estaría ligado a las enfermedades mentales. Científicos reportaron en Jama que los niños con niveles altos de una proteína liberada en la sangre en respuesta a infecciones tienen mayor riesgo de desarrollar enfermedades mentales como sicosis o depresión, lo que sugiere que la enfermedad mental y las enfermedades físicas crónicas como la diabetes 2 y la enfermedad coronaria pueden compartir un mecanismo biológico común.

6. Obesidad cancerígena

Ojo al sobrepeso. Un índice de masa corporal alto aumenta el riesgo de desarrollar 10 de los más comunes tipos de cáncer. Cada 5 kilos por metro cuadrado de aumento en ese índice está claramente relacionado con un mayor riesgo de cáncer de útero (62%), vesícula biliar (31%), riñón (25%), cerviz (10%), tiroides (9%) y leucemia (9%). También aumenta el riesgo general de cáncer de hígado, colon, ovario y seno. El estudio apareció en The Lancet.

7. Hablando en silencio

Científicos descubrieron lo que parece una nueva forma de comunicación entre las plantas por medio de la cual comparten una gran cantidad de información genética. El estudio se hizo con dos plantas (Arabidopsis y tomate) y su parásita. Esta envía una gran cantidad de moléculas mensajeras, al parecer diciendo las acciones que quiere que desarrolle la planta atacada, tal vez para que reduzca sus defensas, algo que será objeto de otro estudio. La investigación fue publicada en Science.

8. Un sueño desordenado

Un gen, Lhx1, responsable en gran parte de los ciclos de sueño y vigilia, fue identificado por científicos del Instituto Salk, lo que lo convierte en un objetivo claro para tratamiento de desórdenes del sueño y para el reconocido efecto del jet lag que afecta a los viajeros, se reveló en eLife. Hay varios genes relacionados con el sueño, pero este parece ser pieza clave en mantener todos en sincronización. El hallazgo podría derivar un día en un medicamento que regule su funcionamiento.

9. El hombre encoge los glaciares

El derretimiento de los glaciares se ha acelerado por razones antropogénicas, reveló un estudio publicado en Science. Aunque estos responden a variaciones como la radiación solar, queda claro que el ritmo actual se debe a la acción humana. La desaparición de estas masas de hielo incide en el aumento del nivel del mar y en la disponibilidad de agua. En las dos últimas décadas la tasa de deshielo aumentó de manera significativa por la mano del hombre.

10. Esporas al ataque

Las esporas de una bacteria común en el ambiente ayudas a encoger los tumores sólidos reveló un estudio en Science Translational Medicine, una estrategia que sería útil dado que no afecta las células vecinas al tumor. El procedimiento se hizo con perros mediante inyecciones de la bacteria Clostridium novyi modificada. El resultado podría deberse a las enzimas de la bacteria que destruirían células cancerígenas una vez adentro del tumor explicaron los científicos.

Las abejas se automedican

Como la ida al médico no les es nada fácil, las abejas se automedican. Sí, tal como se lee.

Una investigación de North Carolina State University mostró que las abejas, cuando su colonia se infecta con un hongo nocivo, recoge grandes cantidades de una resina de un árbol para combatir la infección. Un sorprendente hallazgo sobre la increíble complejidad de la vida en la naturaleza.

“A la colonia no le importa gastar energía y el esfuerzo de las obreras en recolectar las resinas”, dijo Michael Simone-Finstrom, investigador de postdoctorado en el Departamento de Entomología de esa universidad y cabeza del estudio.

“Por lo tanto este comportamiento se ha desarrollado dado que el beneficio para la colonia excede los costos”.

Las abejas normalmente untan sus panales con propóleos, una mezcla de resinas de plantas y cera con propiedades antifúngicas y antibacteriales. Las abejas domésticas usan los propóleos para rellenar los agujeros en sus colmenas. Sin embargo, los científicos encontraron que, amenazadas por un hongo, producen una cantidad mucho mayor de propóleos, 45% más. Las abejas también remueven físicamente las larvas infectadas que han sido parasitadas por el hongo y que son empleadas por este para crear esporas.

Los propóleos, han determinado los científicos, reducen de manera sustancial la tasa de infección de los panales.

Estos insectos distinguen entre el hongo nocivo del benigno, dado que no aumentan los propóleos cuando se trata de una especie benigna. En vez de eso, remueven físicamente las esporas. En el estudio se encontró que la automedicación tiene límites. Las colonias infectadas con bacteria patogénica no reúnen más propóleos pese a que este también tiene propiedades antibacteriales. “Hubo un ligero incremento, pero no significativo estadísticamente”, dijo Simone-Finstrom says. Es algo que seguirán investigando.

El estudio fue publicado en el journal Plos One y sirve de ayuda para los apicultores que prefieren una colmena sin resinas, pues es pegajosa y es más difícil trabajar con ella. Pero su presencia, quedó demostrado, tiene su fin y en últimas es una ventaja.

Foto de propóleos, cortesía

El hongo más veloz y el hongo que escupe

Tal como los futbolistas y beisbolistas que se la pasan escupiendo todo un partido, no porque los hayan visto, diferentes hongos escupen literalmente para ayudarse a enviar sus esporas lejos con una aceleración sorprendente.

Los hongos amantes de los excrementos, los coprophilous han perfeccionado una técnica con la cual pueden lanzar las esporas a velocidades de 4 a 21 metros por segundo. La medalla de oro en aceleración la obtiene Ascobolus immersus, con un registro de 1.800.000 m s-2, una aceleración que puede ser el récord del vuelo más rápido en la naturaleza.

Para ponerlo en contexto, de acuerdo con el experto Moselio Schaechter en su blog de las pequeñas cosas (Small Things Considered), una bala que sale por el tubo de un rifle con una velocidad de 600 m s-1 alcanza una aceleración de 200.000 m s-2.

La marca en cuanto a distancia la tiene Pilobolus kleinii, cuyas esporas se han encontrado a 2,5 metros de distancia. Todo un suceso considerando que el hongo no pide ni la vigésima parte de una pulgada.

Para alcanzar esa distancia, la esporangiofora aumula fluido rico en azúcares e iones, lo que incrementa la concentracio´n de osmolitos y aumenta la presión dentro de la vesícula bulbosa. Con eso se lgora la explosiva descarga del fluido que lleva la espora más lejos que cualquier otro hongo.

Lo llamativo del mecanismo es que la ruptura de la esporangiofora se da en un punto muy preciso por lo que el líquido es lanzado casi instantáneamente con la espora.

Un escupitajo al fin y al cabo, como se aprecia en el video.

¿Cuántos animales son agricultores?

Aparte de los humanos, ¿cuántos animales más cultivan? Eso, al menos indicaría el desarrollo de una conducta social compleja.

Son varios, dice el experto Dustin Rubenstein. Se sabe que las hormigas cultivan su comida y también algunos escarabajos. También hay subtipos de agricultura en ciertos peces. No son muchos, pero los humanos no son los únicos.

Hace pocas semanas se reportó que las amebas se sumaron al exclusivo grupo, lo que es una sorpresa para Rubenstein. Ellas se alimentan de bacterias: habitan un área y se comen todas las bacterias. Cuando la comen, forman un grupo para cooperar que envía esporas afuera para repoblar otras áreas y hallar nueva comida. Se encontró que algunas amebas cargan bacterias en las esporas, lo que les serviría para inocularlas en una nueva área que les servirá de casa y granja a la vez.

En esta relación podría haber cierto mutualismo: como las amebas no se comen todas las bacterias, las que quedan copan nuevos espacios, situación por la que podrían dejarse lanzar con las esporas.

El experto recordó que cuando los humanos desarrollaron la agricultura, crecieron y fueron más sociables. Ese podría ser el caso en los demás animales.

Hay amebas dedicadas a la agricultura

Qué cosas se ven en la naturaleza. ¿Recuerda las amibas? Dicen, para quien no lo ha padecido, que un dolor provocado por ellas es asunto para revolcarse.

Pero hay amibas bien particulares. O especiales. Y sigámoslas llamando amebas, para evitar confusiones.

Hay por ejemplo una ameba agricultora que, tal como los humanos, cuando se va de viaje, empaca comida para no aguantar hambre.

En un estudio presentado en Nature, los biólogos evolutivos Joan Strassmann y David Queller de Rice University demostraron que la ampliamente estudiada ameba social Dictyostellum discoideum, incrementa las chances de sobrevivir a través de una rudimentaria forma de agricultura.

Debra Broca, otra investigadora de Rice, halló que algunas amebas secuestran cepas particulares de bacterias para uso posterior.

Cerca de un tercio de las Dicty son agricultoras. En vez de consumir toda la bacteria que encuentran, comen menos y la incorporan a sus sistemas migratorios. Transportar bacterias es un rasgo genético de estas amebas, pues al hacer un experimento se encontró que hay unas que siempre son agricultoras y otras que nunca.

Cuando las agricultoras se unen a un gastrópodo terrestre, migran en busca de alimento y forman un cuerpo como una fruta, o un tallo de amebas muertas que remata en un sorus, una estructura que contiene esporas fértiles. Luego liberan en el ambiente las esporas con bacterias como material para continuar creciendo.

Las que no son agricultoras siempre se comen todo el alimento, las otras no.

La foto muestra las amebas con el cuerpo tipo fruta, cortesía Scott Solomon.

¡Una bacteria con 100 millones de años!

Convivieron con los dinosaurios. Sí, puede suponerse. Bueno, al menos vivieron en el mismo tiempo.

Son los organismos más viejos del planeta. Unas bacterias que viven en el fondo del mar Ártico tienen 100 millones de años. Podrían ser más longevas: aquel es el periodo de hibernación, de acuerdo con un estudio de Casey Hubert, de la Universidad de Newcastle y el Grupo de Geociencias, presentado en el encuentro de la Society for General Microbiology, citado por New Scientist.

Los científicos se encontraron tal sorpresa cuando estudiaban la actividad biológica en muestras sedimentarias del fondo del mar en la isla noruega de Svalbard.

El grupo esperaba hallar organismos que florecían en el frío, pero que morían ante las altas temperaturas.

A los 20 grados, había algo de actividad microbial en los sedimentos, viéndose un segundo pico de actividad cuando la temperatura llegaba a los 55 grados.

¿Qué era aquello? Una especie de microbios amantes de las altas temperaturas, termófilos, atrapados en sedimentos como esporas que sólo germinaban cuando la temperatura se acercaba a los 50 grados.

¿Andan esos organismos, como el famoso banco, en el lugar equivocado? Si sólo se desarrollan en el calor, ¿qué diablos hacen en el piso del congelado Ártico?

Hubert especula que las corrientes se encargaron de transportar estas bacterias de su nicho caliente al frío Ártico, donde permanecían dormitantes.

El sedimento las entierra, hasta que la temperatura sube lo suficiente para germinar, lo que puede tomar más de 100 millones de años. Las esporas se mantienen viables durante millones, por lo que pueden soportar el largo periodo de enterramiento. Foto en el Ártico.