El macho que no necesita de la hembra

S. alburnoides. Foto I. Catalao

S. alburnoides. Foto I. Catalao

No tuvo participación ninguna hembra. Fue obra de un macho. Eso fue lo que hallaron investigadores de Portugal al estudiar un extraño tipo de pez híbrido en el río Ocreza.  Continuar leyendo

No tiene pene pero es papá

El M. ibericus. Foto J. Abolafia

El M. ibericus. Foto J. Abolafia

Es papá, pero carece de pene. Y no lo logra mediante fertilización asistida.

Un nemátodo descubierto en la península ibérica se aparea sin penetrar la hembra. En vez de eso bombea una cápsula llena de esperma que sale de su cuerpo y pasa a una estructura tipo embudo en la vulva de ella. Así, entra al tracto reproductivo para fertilizarla.

Hace tiempo examinamos la península y nunca encontramos una especie similar”, dijo Joaquín Abolafia, biólogo de la Universidad de Jaén, descubridor de la nueva especie, reportó Live Science.

Esta especie es diferente a las demás en sus extraños genitales. Tiene además dos capas de piel, una de las cuales viene de una muda juvenil. En vez de eliminar esa piel la mantiene atada. La segunda piel lo protege de secarse en los veranos, según el artículo presentado en Zootaxa.

El nemátodo posee además cavidades bucales asimétricas, a diferencia de los otros.

La criatura fue hallada en una pila de compost cerca a Jaén, viviendo junto a otro nemátodo también desconocido, Protorhabditis hortulana, que es uno de los más pequeños nemátodos de suelo encontrados, de solo 222 micrómetros.

La nueva especie sin pene es la Myolaimus ibericus. Es un género con pocos miembros, solo unas 15 especies, varias registradas solo una vez.

Este nemátodo es pequeño, de solo 0,8 milímetros.

Para Abolafia, los extraños genitales de M. ibericus pueden haber evolucionado debido a la competencia por el apareamiento. La secreción pegajosa del esperma es similar a los tapones de apareamiento de ciertas especies, con los que se tapa el tracto reproductivo de la hembra para evitar fertilización por otro individuo. Incapaz de penetrar esos tapones, los espículos pueden haberse hecho innecesarios y desaparecieron.

Arañas malgeniadas no dejan macho con cabeza

Irascibles son. No todas, sí muchas hembras. Pero esta puede convertirse en toda una amenaza.

En arañas es común que tras copular la hembra se coma al macho, literalmente, practique eso que se llama canibalismo.

Algunas lo hacen incluso antes del apareamiento sin haber asegurado la fertilización de sus huevos. ¿Por qué?

Eso trataron de responder investigadores de Experimental Station of Arid Zones (EEZA-CSIC). “La tendencia hacia el canibalismo podría depender de la genética agresiva de las hembras que atacan los machos del mismo modo que atacan las presas”, explicó Rubén Rabaneda-Bueno, primer autor del estudio en Ethology.

Para evaluar la personalidad de la hembra en el canibalismo sexual, los investigadores les ofrecieron machos seleccionados al azar a un grupo de tarántulas vírgenes y documentaron i los atacaban o copulaban.

Antes de eso habían estudiado la personalidad voraz de las hembras al ser alimentadas con escarabajos y otras presas.

Luego buscaron una conexión entre la personalidad caníbal y la nutricional de las hembras.

“Las más caníbales eran también más voraces con sus presas y por eso las mejores nutridas. Es sorprendente dado que tienen los recursos más nutritivos para invertir en su descendencia antes de hallar los primeros machos”, dijo Rabaneda.

“Su prioridad debería ser asegurar la fertilización de sus huevos en vez de eliminar potenciales donantes (de esperma)”.

Las menos nutridas deberían ser las más voraces explotando esa fuente de alimento antes de copular.

“Concluimos que hay una genética agresiva que varía entre las hembras y hace que actúen agresivamente cuando se alimentan con una presa o cuando se acercan al macho en el cortejo”, indicó Jordi Moya Laraño, director del estudio. “Otras son dóciles en ambos contextos, sugiriendo la existencia de diferentes personalidades”.

Hay que aclarar que el canibalismo no depende del tamaño de las tarántulas y que el tamaño de las hembras no es lo decisivo en la tendencia caníbal en las tarántulas como se ha visto en otras especies.

Este animal de verdad clava a su pareja

No así no parece bueno el sexo porque ¡qué dolor! Los gatos muerden y los ganso tienen penes con espinas, pero lo de un pequeño gastrópodo marino parece sobrepasar los límites: entierra el bulbo peneano en la cabeza de la hembra clavándola de verdad.

El Siphotperon sp de la costa nordeste de Austalia es hermafrodita y tiene tanto órganos reproductivos femeninos como masculinos que usa simultáneamente durante el sexo.

Como órgano masculino tiene dos prolongaciones de pene consistentes en un bulbo que transfiere el esperma y un apéndice como una aguja que chuza la pareja y le inyecta un fluido con hormonas sexuales, alohormonas.

Esta conducta, conocida como transferencia traumática de secreción es común entre gastrópodos hermafroditas, pero en verdad no le hace daño a la pareja.

Este comportamiento ha sido muy documentado, pero no se entiende bien. Se piensa que ayuda a los individuos a incrementar el éxito reproductivo al inhibir la fertilización por otros o aumentando su propia fertilización, pero no es claro aún.

Pero los investigadores han notado también que distintas especies, aún miembros de la misma especie, ‘clavan’ a sus parejas en distintas regiones del cuerpo, aumentando la intriga sobre cómo deciden dónde chuzar su pareja.

El estudio fue publicado en Proceedings of the Royal Society B.

En la foto de R Lange-JW y N Anthes aparece el extraño apareamiento.

Un pie al servicio de la ciencia

Nigua o pulga de arena

A veces hay que experimentar en carne propia para sacar adelante una idea científica. Y eso fue lo que hizo Marlene Thielecke, estudiante de doctorado en Charité University Medicine en Berlín (Alemania). Ella, literalmente, puso su pié en nombre de la ciencia.

Mientras estudiaba en Madagascar formas de prevenir infecciones por tungiasis, se dió cuenta que algo tenía ya.

La tungiasis es provocada por una especie de pulga, nigua como se le conoce por acá (Tunga penetrans). Este diminuto insecto se abre paso en la piel de la persona. Durante dos semanas aumenta su tamaño varias veces, alcanzando los 10 milímetros. Por una abertura al fin de su cono abdominal, respira, defeca y expulsa sus huevos. La hembra muere por o general a las 4-6 semanas.

Pero entonces ¿cómo tiene sexo? ¿Cómo se reproduce? ¿Lo hace antes de ingresar al cuerpo o ya adentro?

La estudiante alemana se dio cuenta que estaba infectada. No se extrajo la nigua del pie, sino que comenzó a protegerla. Las personas atacadas por una nigua forman un pequeño círculo en la piel, se enrojece, pica y se hace doloroso y se infecta a veces. Esto es la tungiasis.

Al comienzo la nigua no le molestaba, Crecía normal, pero observó que no ponía huevos, lo que era inusual para una hembra metida en la piel y en edad madura. También vivió mucho: 2 meses. Ya el punto se le había puesto molesto, con dolor y difícilmente caminaba.

Para evitar la posibilidad de que la hembra fuese apareada mientras estaba metida en la piel del pie, usó calcetines todo el tiempo. Al final tuvo que matarla por el dolor que padecía.

De regreso a Berlín habló con su supervisor Hermann Feldmeier, experto en la enfermedad.

La falta de huevos y la larga vida pudo deberse a que nunca fue fertilizada, concluyeron en un artículo publicado en Travel Medicine and Infectious Disease.

Comprobaron aparentemente que la fertilización ocurre cuando la hembra está metida en la piel, donde deja un pequeño hueco unido a su abdomen, por donde el macho le transfiere el esperma.

¿De qué sirve el hallazgo? Por ahora de no mucho, solo para saber que el parásito puede vivir mucho dentro del cuerpo si no es fertilizado.

Y como el estudio solo se hizo con una nigua, habrá que replicarlo con muchas más para confirmar resultados.

Estudio demuestra que el tamaño sí importa

Claro que el tamaño importa. Si no, pregúnteles a las hembras… escarabajo.

Un estudio de las Universidades de Uppsala en Suecia y la Universidad de Cincinnati demostró por primera vez, según los autores, la fuerza evolutiva detrás de la evolución de los genitales del macho.

El mecanismo apareció publicado en Current Biology. La investigación involucró una especie de escarabajo, la Callosobruchus maculatus.

Entre estos insectos, el apareamiento involucra varios machos copulando con una hembra.

“Cuando una hembra copula con varios machos, estos compiten por la fertilización de sus huevos”, dijo Michal Polak, profesor de ciencias biológicas en la U. de Cincinnati, uno de los coautores.

Como la hembra se aparea con varios machos “la función del órgano copulatorio del macho puede determinar cuál de ellos fertilizará más huevos. Nuestros resultados revelan que la morfología de los genitales del macho afecta el éxito fertilizante en estos escarabajos”.

La competencia por producir descendientes es la fuerza conductora de la evolución. La competencia entre machos que ocurre tras la inseminación puede ser una fuerza evolutiva importante que ha derivado en toda una diversidad de formas y tamaños de los órganos sexuales masculinos, expuso Polak. Esa competencia de machos ha generado una gran diversidad biológica que puede contribuir directamente a la formación de nuevas especies.

“Los órganos reproductivos de los animales con fertilización interna cambian más rápido durante la evolución que todos los otros rasgos morfológicos”, agregó.

“Virtualmente en todos los grupos de animales, de gusanos y moluscos a reptiles y mamíferos, los órganos sexuales del macho difieren mucho entre especies cercanamente relacionadas, mientras los genitales femeninos permanecen relativamente sin cambios”.

En el experimento, los investigadores suecos Cosima Hotzy, Goram Arnqvist y Johanna L. Ronn produjeron machos con largas espinas genitales y otros con espinas cortas. Los de espinas más largas tenían sustancialmente más descendientes.

Podría deberse también a algún otro rasgo, por lo que para descartar esa posibilidad a algunos se les modificó sus espinas quirúrgicamente con láser. Al ver el apareamiento de los insectos modificados, se halló que los que tenían la espina más larga eran más exitosos e incluso el líquido seminal entraba más rápido al cuerpo de la hembra cuando esta se apareaba con uno de espina larga que con una corta.

Una evidencia de que la morfología genital masculina influye en el éxito en la competencia postcopulatoria por la fertilización.

Antes de morir: yo con yo

El instinto de supervivencia. Hay quienes creen que la función de los organismos vivos en este mundo es dejar descendientes que aseguren la viabilidad de la especie.
Curioso lo que le sucede al pequeño caracol Physa acuta, que vive en ríos y lagos.
No se gasta afanes para encontrar una pareja. Espera y espera hasta que parezca. Pero cuando huele un depredador, como hermafrodita que es, se fertiliza, para procrear, reveló un estudio de Josh Auld, del National Evolutionary Synthesis Center en Durham.
“No pueden esperar una pareja indefinidamente, en especial si el riesgo de muerte es alto”, dijo.
Este caracol de color café tiene todo lo que se requiere para la reproducción. Dado que cada uno produce espermatozoides y huevos, tienen más de una opción para dejar descendencia.
El problema es que cuando se autofertilizan, la descendencia es menos viable. Es una especie de tiro al aire.
Cuando detectan peligro, ahí cambia todo, de acuerdo con el estudio presentado en Evolution. Se apuran para fertilizarse, pues después de todo es mejor dejar descendencia, así no sea tan saludable.
Para sorpresa, Auld halló que en aguas con la esencia de depredador, a los hijos del caracol autofertilizado no les va tan mal.
Increíbles asuntos de la naturaleza.