¿Sirve vacunarse contra la influenza cada año?

Vacuna contra la influenza. Foto Daniel Paquet

Vacuna contra la influenza. Foto Daniel Paquet

Vacunarse con la influenza o no, he ahí el dilema anual. ¿Sirve? Tal vez es mejor que nada, ante las severas consecuencias que tiene adquirir el virus: alta incapacidad hasta hospitalización y amenaza de muerte en no pocos casos. Continuar leyendo

Las 10 noticias científicas de la semana

Domesticación de plantas. Wikipedia Commons

1. La agricultura alteró nuestros genes

La revolución genética agrícola. Y no tiene que ver con nuevos cultivos ni semillas modificadas. No. Un análisis genómico mostró genes humanos específicos que cambiaron durante y luego de la transición en Europa de una vida de cazadores errantes a agricultores hace 8.500 años. Sí, genes asociados con la estatura, la inmunidad, la digestión de la lactosa, la claridad de la piel, el color azul de los ojos y el riesgo de enfermedad celiaca. El estudio apareció en Nature.

2. De cómo mata la soledad

La soledad enferma y… mata. De hace tiempo se sabe que los adultos mayores que se sienten solos tienen mayor riesgo de muerte, incrementando 14% el riesgo de morir prematuramente. Ahora científicos detectaron que la soledad activa respuestas fisiológicas que pueden enfermarnos. El estudio apareció en Proceedings of the National Academy of Sciences. La soledad conduce a señales de estrés que en últimas pueden afectar la producción de glóbulos blancos.

3. Me equivoqué de cabeza

Gusanos con cabezas y cerebros cambiados. Sí, es la novedad que presentaron biólogos de la Universidad Tufts: desarrollaron una especie de platelmintos con cabezas y cerebros de otras especies, un trabajo que muestra circuitos fisiológicos como una nueva clase de epigenética (información por fuera de la secuencia genómica) que determina la anatomía a gran escala. El hallazgo de que la forma de la cabeza no está ligada al genoma sino que puede ser controlada manipulando sinapsis eléctricas en el cuerpo sugiere que las diferencias en especies podría ser determinada en parte por la actividad de redes bioeléctricas. El estudio apareció en el International Journal of Molecular Sciences.

4. Corazón reventado

La cardiomiopatía ventricular arritmogénica es la condición del corazón más común que puede producir muerte súbita durante el ejercicio. Investigadores encontraron en ratones una versión mutada de la desmoplaquina, una proteína que ayuda a mantener la estructura del corazón, que durante el ejercicio afecta las paredes de ese órgano llevando a un desarrollo temprano de esa cardiomiopatía. Un hallazgo presentado en el American Journal of Physiology que muestra la necesidad de detectar personas con esa mutación para tener un entrenamiento adecuado.

5. Estoy repleto

¿Le sucede? ¿No le cabe una cucharada más de comida? Tal vez las bacterias intestinales le estén enviando un mensaje. Un estudio sugiere que 20 minutos después de haber comido esas bacterias producen unas proteínas que pueden suprimir el deseo de comer en los animales. Al ser inyectadas en ratones, las proteínas actúan en el cerebro reduciendo el apetito. Es decir, las bacterias pueden ayudar a controlar cuándo y cuánto comer. La investigación apareció en Cell Metabolism.

6. Una increíble inteligencia colectiva

Científicos reportaron que los puentes que forman hormigas unidas de la especie Eciton hamatum son más sofisticados de lo que se creía. Es un ensamblaje que hacen automáticamente en una expresión de inteligencia colectiva. Estas hormigas, temidas en la selva, no conocen de obstáculos y si en el camino se presenta un obstáculo, forman un puente de muchos individuos unidos para sortearlo en una muestra de conducta compleja. El estudio apareció en Proceedings of the National Academy of Sciences.

7. Un anillo a la medida

Fobos se deshizo… esa será noticia esperada por la humanidad, si existiese entonces, en unos 10 a 20 millones de años. Sí, la mayor de las lunas de Marte pierde altura y en un momento dado el planeta causará su pulverización, esperando los astrónomos que el planeta rojo quede con un anillo, tal como otros planetas del Sistema Solar. Eso publicaron en un artículo en Nature Geoscience. El anillo perduraría entre 1 y 100 millones de años.

8. Calientitos

2015 pasará a la historia, por corto tiempo, como el año más caliente en 135 años de registro, en el que además se sobrepasó un límite psicológico: la temperatura parece que será 1°C más alta que la que tenía el planeta en la era preindustrial, reveló la Organización Meteorológica Mundial, que también reportó que el actual quinquenio ha sido el más caliente en ese periodo. Hasta ahora 2014 ha sido el más caliente y se cree que 2016 desbancaría a 2015.

9. Mosquitos antimalaria

mediante una técnica de edición de de genes científicos crearon mosquitos capaces de introducir genes que bloquean la malaria, eliminando la capacidad de estos insectos de transmitir la enfermedad a humanos, un esfuerzo más en la lucha contra ese mal. Los científicos insertaron un elemento de ADN en la línea germinal de Anopheles stephensi que derivaron en el gen que previno que no se transmitiera al 99,5% de los descendientes. El avance requiere ser confirmado en futuros estudios. Fue publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

10. Inmunoterapia que sirve

En una nueva forma de inmunoterapia contra la diabetes tipo 1, los pacientes no experimentaron reacciones adversas serias luego de recibir infusiones de al menos 2.600 millones de células seleccionadas especialmente para proteger la capacidad del cuerpo de producir insulina. El avance fue publicado en Science Translational Medicine. Las células fueron detectadas incluso un año después, mostrando la durabilidad del tratamiento.

El ébola en 1.900 palabras (informe especial)

El virus del ébola. Foto CDC

Diez meses de terror. Diez meses con el ébola, que hasta ayer (15 de octubre) había infectado 8.997 personas, de las cuales 4.484 habían fallecido, casi la totalidad en tres países africanos: Guinea (883), Liberia (2.458) y Sierra Leona (1.183).

Entre los infectados 427 son trabajadores de la salud, de los cuales 236 han fallecido.

Una emergencia sanitaria que mantiene en vilo al mundo.

El actual brote del ébola apareció en una aldea de Guinea, Meliandou, en la prefectura de Guéckédou el 6 de diciembre de 2013, y luego en Maceta. La primera víctima fue un niño de 2-3 años. Le siguió su madre en enero de este año y para marzo había 111 casos en tres prefecturas, llegando a la capital Conakry. Ya estaba en Lofa, Liberia.

El responsable es el Zaire ebolavirus, aunque científicos piensan que no fue introducido desde África Central sino que esta cepa pudo evolucionar en África Occidental.

En mayo el foco de la epidemia se expandió a los distritos de Kenema y Kailahun en Sierra Leona, aumentando los casos de Lofa en Liberia.

Después se extendió a otras regiones de esos países y alcanzó Senegal y Nigeria, en donde la situación se ha controlado. En el primero la OMS declarará este 17 de octubre el fin del brote, mientras Nigeria deberá esperar a completar los 42 días de activa vigilancia por si hay nuevos casos.

El nombre

El virus se conoció en 1976 por un brote en lo que hoy es la República Democrática del Congo, entonces Zaire, en la aldea Yambuku. Los belgas que lo identificaron con colegas americanos buscaron darle un nombre y pensaron en el virus del río Congo, que pasa por esa localidad, pero se podía confundir con otra fiebre ya existente. Si lo bautizaban con el de la villa se le estigmatizaría, por lo que buscaron en el mapa el sitio más cercano: era el río Ébola (río negro en el lenguaje local) y así lo bautizaron. Zaire ebolavirus.

Familia

Los ebolavirus pertenecen a la familia Filoviridae, que incluye los géneros marburgvirus y cuevavirus, cada uno con una especie, y ebolavirus con cinco especies.

Todos los ebolavirus africanos pueden infectar humanos y provocar síntomas similares, pero con diferencias en términos de progresión y virulencia, con fatalidades de menos del 40% para el Bundibugyo ebolavirus, a cerca del 60% en el Sudan ebolavirus y del 70 a 90% en el Zaire ebolavirus.

Transmisión

El virus no se transmite por el aire. Para contagiarse hay que estar en contacto con fluidos corporales de una persona que presenta los síntomas (saliva, lágrimas, heces, orina), con animales contaminados como primates, murciélagos de las frutas, antílopes o con algo que haya tocado el paciente, lo que es menos frecuente. En el sudor no se ha aislado todavía el virus.

También podría transmitirse por el contacto sexual. En semen se ha encontrado hasta 70 días después de que una persona se recuperó. Y también se encuentra en la leche materna, pero los fluidos más comunes de contagio han sido la sangre, las heces y el vómito.

El virus puede sobrevivir hasta 48 horas fuera del cuerpo humano a temperatura ambiente, aunque en cadáveres se ha detectado más tiempo.

Costumbres como el lavado de los muertos, incluyendo sus orificios, han aumentado los casos en diferentes pueblos, pues el virus está aún activo en el cadáver.

En el cuerpo

Una vez dentro del cuerpo, entra en las células y se replica. Después sale explosivamente de estas y produce la proteína que genera la gran devastación: la glicoproteína ebolavirus, que se pega a las células dentro de los vasos sanguíneos, lo que incrementa la permeabilidad de los vasos permitiendo el escape de sangre. El cuerpo pierde la capacidad de coagulación y engrosamiento de la sangre.

El virus evade el sistema de defensa del cuerpo neutralizando las señales de los neutrófilos que son los encargados de enviar señales de alarma a los glóbulos blancos. De hecho, infecta las células inmunitarias y viaja con ellas a otras partes del cuerpo, como hígado, riñón, cerebro.

Cada que el virus infecta una célula y produce el estallido se activan las citoquinas, responsables de producir inflamación cuando un agente extraño ataca el cuerpo. Esto desencadena los síntomas como de influenza, primera manifestación clara del ébola.

Así comienza, pues solo un 20% de las personas presentan sangrado externo por ojos y otras partes. Muchos sucumben antes de que aparezcan estos síntomas, algunos con solo un sangrado menor por encías o heridas.

Otros síntomas

Los síntomas como gripales aparecen en la primera fase de la enfermedad, experimentándose dolor de cabeza, dolor muscular, debilidad, seguidos de vómito, diarrea y baja presión arterial. El sangrado extremo ocurre hacia el final. Quienes fallecen mueren por falla multiorgánica y shock, shock producido por el sangrado en distintas partes del cuerpo y por los vasos sanguíneos. Incluso si no presenta sangrado externo, por dentro está filtrando sangre.

Solo cuando se desarrollan los síntomas comienza la fase de posible contagio.

Fases

Los síntomas comienzan a los 4-9 días luego de la exposición, pero la incubación puede durar hasta 21 días.

Entre los días 1 a 3 de manifestación presenta síntomas como de influenza. Entre los días 4 y 7 puede presentar diarrea, vómito, náuseas, baja presión, dolor de cabeza y anemia. Del 7 al 10, fase final, hay confusión y sangrado, interno y externo, llevando al coma, shock y la muerte.

Inmunidad

Algunas personas han resistido la infección y sobreviven. Puede deberse a su buena salud y tipo de exposición, quizás solo con una persona que estaba en fase inicial.

Se ha encontrado que algunas personas poseen células sin un marcador o que ha mutado sin el cual el ébola no logra adherirse a ellas.

Quienes poseen ciertas versiones del gen, B*7 o B*14, tiene mayor probabilidad de sobrevivir, por quienes poseen las versiones B*67 y B*15 tienden a fallecer.

Algunos resisten por completo la infección si poseen el gen NPC1, que los blinda contra el virus. El estudio fue hecho en laboratorio, por lo que no es totalmente seguro que sea así en el medio real, pero podría ser.

El diagnóstico

Una vez se han manifestado síntomas, existen varios tests para comprobar si se trata del ébola. Uno de los más precisos es el de la cadena de reacción de la polimerasa, técnica que busca material genético del virus y crea tantas copias que se logra detectar.

Esta prueba puede dar negativo en los 3 primeros días de los síntomas. O sea que entre 3 y 5 días después de la hospitalización se tiene la confirmación.

Otra prueba es Elisa, que tarda más de 3 días para dar un resultado positivo. Existen otras como el cultivo, la microscopía de electrones y el test de detección de antígenos.

El manejo de las muestras es un procedimiento crítico de riesgo alto, por lo que las normas de bioseguridad deben ser muy estrictas.

En los 3 países afectados hay 11 laboratorios de diagnóstico, con capacidad para realizar de 200 a 470 pruebas diarias.

Los afectados

Un reporte científico mostraba el siguiente cuadro de afectados hasta mediados de septiembre:

La mayoría de los pacientes tenían entre 15 y 44 años de edad, la mitad hombres, con una tasa de fatalidad de 70,8%.

El curso de la infección, incluyendo signos y síntomas, era de 11,4 días para los 3 países y un intervalo de serie de15,3 días.

El 95% de los afectados tenía síntomas a los 21 días de la exposición, periodo recomendado para el seguimiento de los contactos del paciente.

Entre la aparición de los síntomas y la hospitalización el tiempo transcurrido ha sido de 5 a 9 días, fase crítica para la diseminación de la enfermedad en la comunidad. Y entre la hospitalización y la muerte transcurrieron en promedio de 4,2 a 6,4 días. Un desenlace rápido.

Según el crecimiento exponencial y la tasa de reproducción que ya supera 1, se estima que para noviembre habría más de 20.000 casos: 5.740 en Guinea, 9.890 en Liberia, 5.000 en Sierra Leona según análisis científicos.

Ha habido casos de transmisión interna en Estados Unidos y España.

Tratamiento

Hoy no hay vacuna disponible ni medicinas eficaces para tratar el ébola. La intervención terapéutica se centra en anticuerpos, exitosa en macacos.

Otra es ARN modulatorio, junto a una promisoria medicina, BCX4430.

Existen dos candidatos a vacunas prometedores, que se encuentran en fase 1 de las pruebas.

Una ha sido desarrollada por GlaxoSmithKline con el Instituto de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos. Usa un vector de adenovirus derivado de chimpancés con un gen del ébola insertado.

La otra, de origen canadiense, usa un virus atenuado de la estomatitis vesicular, con un gen remplazado por otro del ébola.

Editorial

La letra con sangre debería entrar

El brote actual del ébola ha demostrado que el mundo no está preparado para enfrentar una epidemia de una nueva y mortal enfermedad, independiente de que en el presente caso se disemine o no por el mundo.

El ébola es una enfermedad de países pobres con un sistema de salud debilitado por guerras intestinas, que ha facilitado su reproducción. Una enfermedad que nunca preocupó, hasta ahora, al mundo industrializado pese a que irrumpió hace más de 35 años, como sucede con muchas otras enfermedades de lo países menos desarrollados.

No es fácil el control en un mundo interconectado en donde una persona puede visitar varias regiones en uno o dos días. Eso ha disparado las alarmas en países no africanos.

Los viajeros que adquieran la enfermedad pueden ser tratados en centros hospitalarios pero será difícil controlar los contactos que hayan tenido desde que surgieron los síntomas. Se suma que los sistemas de salud de los países no estaban preparados y aún no lo están. En Estados Unidos incluso se ha dado contagio entre personal que atendió al primer paciente llegado de Liberia, que luego falleció.

No hay protocolos claros. Y no los hay tampoco en un país como Colombia en donde el sistema de salud vive una crisis honda: un enfermo podría aparecer en cualquier pueblo pequeño, no necesariamente en la gran ciudad con el mejor hospital. Eso aumenta la cadena de posibilidades.

El país, hay que decirlo, no está preparado para recibir pacientes con ébola y tratarlos aunque el Ministerio de Salud diga lo contrario. Es que Colombia no ha sido capaz de reducir siquiera la malaria, una vieja conocida de nuestras poblaciones más pobres.

Seguro la emergencia mundial será controlada, aún no se sabe a qué costo ni cuándo, pero hay que sacar enseñanzas de esta crisis. Los países del primer mundo tienen ahora más que nunca la responsabilidad de responder con prontitud y eficacia ante cualquier nueva amenaza, algo que no se hizo con el ébola en sus primeros meses de desarrollo.

Y en adelante habrá que dedicarle más espacio a la prevención de salud, que en el caso de Colombia el actual sistema relegó. En el caso africano, las costumbres de los pueblos han ayudado a que se disemine el ébola, sugiriendo que las campañas y programas educativos de todo tipo deben ser prioridad ante cualquier amenaza sanitaria, independiente de si les es o no rentable a nuestras EPS.

Sin ser aves de mal agüero ni profetas del desastre, se debe considerar que el daño que se le ha hecho al medio ambiente podría tener incidencia en la aparición y diseminación de nuevos males que afecten la población mundial, sin pretender decir que el ébola y otros virus recientes que han pasado de animal a hombre se deban a esos desbarajustes pues aún no está demostrado. Pero sí ha aumentado la incidencia de distintas enfermedades tropicales, lo que ha sido confirmado.

Lecciones que habrá que aprender rápido.

Fuentes del informe: Organización Mundial de la Salud, LiveScience, The New England Journal of Medicine, The Lancet.

Las hormigas hacen fiesta ‘pro infección’

Tal como en las fiestas que hacían o hacen algunas mamás cuando un hijo tiene varicela para que los demás la contraigan en esas infantil, las hormigas actúan de la misma manera.

Sí. Las hormigas se esfuerzan por alcanzar una inmunidad social, ese fenómeno por medio del cual el contacto con individuos infectados puede otorgar resistencia en la comunidad, dice un nuevo estudio en el journal Plos Biology.

Las hormigas refriegan con sus congéneres infectadas con hongos para obtener una reducción de la infección al promover una respuesta inmunitaria.

“Este estudio es un aporte más al entendimiento de cómo los insectos se defienden de los patógenos”, dijo a The Scientist Philip Starks, ecólogo del comportamiento en Tufts University, quien no estuvo envuelto en la investigación.

La identificación de individuos infectados y la interacción con ellos puede tener ventajas, que solo se sienten cuando el patógeno está presente así la colonia no desperdicia energía en mantener la inmunidad cuando no hay amenaza alguna.

Este nuevo estudio partió de una observación previa del grupo de Sylvia Cremer en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria en Klosterneuburg, de que la introducción en la colonia de una hormiga infectada la protegía contra el patógeno. Cómo se obtenía esa protección no estaba claro, dijo Cremer pero se pensaba en dos mecanismos: inmunidad activa y pasiva. En la pasiva, los péptidos antimicrobianos se regulaban luego de que la infección pasara entre individuos por contacto físico, confiriendo resistencia contra el patógeno sin alentar una infección ni una respuesta inmunitaria. En la activa, los congéneres adquieren su infección al contactar la hormiga infectada promoviendo su propia respuesta inmunitaria para prepararse para una exposición subsiguiente.

Mediante infección con el hongo Metarhizium anisopliae, que se adhiere a la cutícula externa de los insectos e infecta solo tras haberse abierto camino hasta el cuerpo, lo que tarda un día, los científicos comprobaron que las hormigas emplean la inmunización activa.

En la foto de M. Konrad, hormigas Lasius neglectus infectadas