Ají para… vivir más

Ají

¿El camino hacia la vejez? Comer alimentos picantes.

Es que un estudio de investigadores de la escuela de Medicina de la Universidad de Vermont mostró que el consumo del ají picante se asocia con un 13% de reducción en la mortalidad, en especial muertes debidas a enfermedad del corazón o derrame.

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Bacterias intestinales afectarían nuestra conducta

El cerebro: un mundo sorprendente. Foto Wikipedia Commons

El cerebro: un mundo sorprendente. Foto Wikipedia Commons

¿Pueden las bacterias en los intestinos modificar nuestra conducta? Podría ser. Esto, por extraño que parezca, tiene su razón de ser según estudios con ratones. Podrían incidir en problemas psiquiátricos.

Una investigación publicada en eLife sugiere que unas combinaciones específicas de bacterias en el intestino producen sustancias que afectan el contenido de mielina y provocan conductas de evasión social en los ratones.

O sea que enfocándose en el contenido bacteriano intestinal o sus metabolitos podría ser una forma de enfrentar desórdenes psiquiátricos y enfermedades relacionadas con la mielina, como la esclerosis múltiples.

Esta es una enfermedad autoinmune caracterizada por el daño en la mielina, esa capa aislante alrededor de los axones de las neuronas que permiten la rapidez en la conducción de los impulsos eléctricos.

La ‘mielinación’ es vital en el desempeño diario del cerebro. Un daño en la mielina deriva en la transmisión sináptica defectuosa y en síntomas clínicos. Por ejemplo, estudios previos han mostrado en modelos clínicos de depresión un adelgazamiento de la mielina y una reducción en las fibras ‘mielinadas’.

En el nuevo estudio se identificaron metabolitos producidos por bacterias intestinales que afectan el contenido de mielina en el cerebro de ratones inducidos a mostrar síntomas tipo depresión.

Los científicos transfirieron bacterias fecales del intestino de los ratones deprimidos a otros modificados para no experimentar esa condición. Esa sola transferencia de microbiota fue suficiente para producir conductas antisociales en cambios en la expresión de los genes de la mielina y en el contenido de la sustancia en los cerebros de los ratones que recibieron las bacterias.

En un paso adelante, los científicos identificaron comunidades bacterianas asociadas con niveles más altos de cresol, sustancia que puede pasar la barrera de sangre del cerebro y que en ensayos en laboratorio ha mostrado su capacidad de impedir la formación de mielina en células.

Sí, nuestras bacterias nos modifican.

Resumen científico de la semana

1. Estrellas viajeras

Aunque no se crea, un tercio de las estrellas en nuestra Vía Láctea han modificado su órbita. No están en su lugar original, según el artículo en The Astrophysical Journal. El estudio se basó en la observación de 100.000 estrellas durante 4 años. El desplazamiento ha sido largo, así como muchas personas van a vivir a países muy distintos y lejanos al que nacieron. De la composición química de cada una se deriva su historia de vida, dijeron los astrofísicos.

2. Un planeta especial

Mediante el telescopio espacial Spitzer se confirmó el hallazgo del planeta rocoso más cercano al Sistema Solar. Está a 21 años luz y aunque no puede ser visto de manera directa no por los telescopios, la estrella donde está sí es visible al ojo desnudo hacia la constelación Casiopea. Pese a ser rocoso no tiene condiciones para la vida pues orbita muy cerca de su estrella. Tiene una masa 4,5 veces la terrestre y su año dura 3 días de los nuestros. Alrededor de esa estrella giran además un gran planeta exterior y otras dos Supertierras.

3. Qué estrés

Las plantas siguen sorprendiendo. Otra sorpresa más: Aunque no poseen un sistema nervioso utilizan señales normalmente usadas por los animales cuando se encuentran bajo condiciones de estrés. El estudio fue publicado en Nature Communications. Responden al ambiente de manera similar a los animales, con una combinación de respuestas eléctricas y químicas pero con un mecanismo diferente. Un aporte más que muestra la increíble versatilidad de las plantas, consideradas antes como simples organismos inmóviles.

4. Extraños grafitis en otro mundo

La Nasa reveló imágenes tomadas por la sonda Cassini en abril en un sobrevuelo de la luna Tetis de Saturno. Se observan unas rayas rojas sobre la superficie, a manera de grafitis, como si hubieran sido pintadas con aerosol. No se sabe a ciencia cierta a qué se deben, podría ser hielo impuro, pero todo es mera especulación. En otro sobrevuelo a finales de año se tomarán fotos en mayor resolución para ver si se resuelve el misterio.

5. Arcilla apetitosa

Chimpancés en las selvas de Uganda están comiendo cada vez más arcilla como suplementación mineral en su dieta reportaron investigadores en Plos One. Estos primates han sido observados comiendo y bebiendo de hoyos arcillosos y de los nidos de las termitas. Parece que han comenzado a ingerir más minerales consumiendo la arcilla que les ayuda a desintoxicarse y digerir el alimento. Además, la disminución de las palmas en las cuales obtenían minerales ha incidido igualmente.

6. Era el ébola

Ensayos con la vacuna experimental VSV-ZEBOV en 7.500 participantes en Guinea sugieren que confiere alta protección contra el ébola a los 10 días de la vacunación en adultos que han estado expuestos al virus por contacto cercano con una persona recientemente infectada. Los resultados fueron publicados en The Lancet y sugieren además que la vacuna es segura y se registraron efectos secundarios mínimos en las pruebas. El estudio fue patrocinado por la Organización Mundial de la Salud. Una esperanza.

7. Mis dos manos nuevas

Médicos del hospital infantil de Filadelfia reportaron el primer trasplante bilateral de manos en un niño que había sufrido amputación de manos y pies tras una infección después de un trasplante de riñón. La complicada cirugía del trasplante fue en un niño de solo 8 años, que hasta el momento avanza en su recuperación. En cuanto a sus pies, había recibido ya prótesis, con lo cual se espera puede desenvolverse mejor en sus actividades.

8. Microbios que deprimen

Bacterias depresivas. O que la causan. Científicos reportaron en Nature Communications una relación entre las bacterias intestinales y la ansiedad y depresión en las personas. Se encontró que no son solo las bacterias sino la doble comunicación alterada entre el sujeto estresado temprano en su vida y su microbiota lo que conduce a esas situaciones. En el estudio ratones fueron sometidos a estrés y luego a bacterias intestinales, derivando en ansiedad y depresión.

9. Auroras en una enana

Astrónomos lograron deducir la existencia de auroras en una lejana estrella enana marrón, todo un logro pues solo se han observado en planetas del Sistema Solar. Se trata de una enana a 20 años luz según la revelación en Nature. El hallazgo sugiere que esos cuerpos tienen más características de planetas, pues no alcanzaron la masa para generar reacciones de hidrógeno. Estas enanas son muy tenues, poco brillantes, y la observación se confirmó con radiotelescopio.

10. Un cometa orgánico

Los análisis realizados por la sonda Philae sobre el cometa 67P en el cual descendió y se perdió, detectaron compuestos orgánicos formando aglomerados y no disueltos de manera aislada. Eso no se había visto en otros cometas y para algunos reafirma la hipótesis de que fueron esos viajeros del espacio los que trajeron la vida al planeta en el intenso bombardeo inicial luego de su formación.

80 millones de bacterias se traspasan en un beso (bésame microbio)

El microbioma del beso. O, más claro, la increíble cantidad de bacterias que se transmiten en un beso. Sí: hasta 80 millones en un beso apasionado de 10 segundos.

Eso revela un estudio de los Países Bajos, que encontró además que las parejas que se besan al menos 9 veces al día tienen comunidades microbianas similares en sus bocas.

Pero que el pánico no acabe los besos: solo una pequeña fracción de aquella cantidad coloniza el cuerpo humano, según Remco Kort, coautor del estudio, profesor de la Universidad de Amsterdam.

Uno posee más de 100 billones de microorganismos en el cuerpo, el microbioma , una colección que ayuda a digerir la comida, prevenir enfermedades, sintetizar nutrientes y esa comunidad es moldeada por la genética, la dieta y la edad. Ah, claro, y en los besos también se puede modificar según el estudio aparecido en Microbiome.

El estudio se realizó con 21 parejas, incluidas dos de homosexuales. No solo se conocieron sus costumbres referentes al beso y a besarse, sino que se tomaron muestras de sus bocas.

Se encontraron unos 700 tipos de bacterias en la boca. Aquellos que se besan con frecuencia tienen una microbiota oral similar. La de la lengua era más parecida que la de la saliva.

“La lengua es donde la bacteria halla un nicho y coloniza por largos periodos de tiempo”, dijo Kort. En contraste, la saliva es un ambiente dinámico. En ella vemos el efecto directo del beso, pero desaparece con el tiempo”.

Sobre sus efectos en la salud hay poco o ningún estudio.

Se encontró además que el 74% de los hombres besa con más frecuencia que sus parejas mujeres. En total, los hombres reportaron unos 10 besos al día, por solo 5 de las mujeres.

Los resultados se usarán en el besómetro (kiss-o-meter), una exhibición interactiva en Micropia, el primer museo de microbios en Amsterdam. Las parejas se podrán besar en el museo y un sensor leerá el tipo de beso y el número de bacteria probablemente transmitido entre las dos personas.

Leche materna abunda en bacterias

No cabe la menor duda: la microbiota intestinal es determinante en la salud de los pequeños. Y aunque proviene por distintos medios, uno de ellos es la leche materna.

Sí: científicos españoles establecieron el mapa de esos microorganismos en la leche materna, la principal fuente de alimentación en los neonatos y encontraron que es mucho más amplia de lo creído: unas 700 especies que la madre pasa al hijo.

Hasta ahora, dijeron, no se conocía la composición de esa masa bacteriana. Mediante una técnica de secuenciación masiva de ADN se identificó un conjunto de bacterias dentro de la leche, el microbioma.

El calostro es la primera secreción de las glándulas mamarias tras el parto. En algunas muestras del líquido, se hallaron más de 700 especies de microorganismos, de acuerdo con la publicación en el American Journal of Clinical Nutrition.

Los coautores María Carmen Collado, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos y Alex Mira del Centro de Altas Investigaciones en Salud Pública, dijeron que los géneros de bacterias más comunes en el calostro fueron Weissella, Leuconostoc, Staphylococcus, Streptococcus y Lactococcus.

En el fluido desarrollado entre el primero y el sexto mes de alimentación, se observaron bacterias típicas de la cavidad oral, como Veillonella, Leptotrichia y Prevotella.

“No pudimos determinar aún si esas bacterias colonizan la boca del bebé o si la bacteria oral del niño alimentado con el pecho entra en la leche y cambia su composición”, dijeron.

El estudio mostró además que la leche de madres más obesas o aquellas con un peso mayor al recomendado contiene menor diversidad de especies.

El tipo de nacimiento también afecta el microbioma de la leche: la de las madres sometidas a cesárea es diferente y no tan rica en microorganismos que la de las mamás con parto vaginal. Sin embargo cuando la cesárea no era planeada, la composición era muy similar a la de las madres con alumbramiento vaginal.

Esto sugiere que el estado hormonal de la madre en el trabajo de parto juega un rol en la composición. “La ausencia de señales de estrés fisiológico, así como las señales hormonales del trabajo de parto, podrían influir en la composición microbiana y en la diversidad d ella leche”, expresaron los investigadores.

Las bacterias nos hacen de todo

Cada vez resulta más asombrosa la capacidad de supervivencia de las bacterias. Y, también, cómo obran sobre diversos organismos para mantenerse.

Hemos visto en otras notas, cómo cuando están en el cerebro (T. gondii) modifican el temperamento de las personas. Veíamos que bacterias intestinales también tienen efectos sobre el cerebro, lo que se demostró hace pocas semanas en ratones (Instituto Karolinska de Sucecia).

Ahora, en el journal mBio, Sandrine Claus, del Imperal College London, y colegas, demuestran que las bacterias en el intestino, además de ayudar en la digestión de los alimentos, podrían estar ejerciendo cierto nivel de control sobre el funcionamiento metabólico de otros órganos. El hallazgo presenta un nuevo acercamiento el entendimiento de la relación simbiótica entre humanos y su fauna intestinal y, muy interesante, revela cómo cambios en la microbiota intestinal puede afectar la salud de los individuos.

“La microbiota (intestinal) alienta la capacidad metabólica del hospedero para procesar nutrientes y drogas y modula las actividades de múltiples conexiones en varios sistemas de órganos”, dijo la investigadora.

Los científicos demostraron en ratones la asociación de una familia de bacterias y el metabolismo de lípidos del hígado.

Otro hallazgo del estudio, según Claus, es que la colonización intestinal estimula mucho la expresión y la actividad del citocromo P450 3ª11, una enzima esencial en los mecanismos de desintoxicación de drogas.

Somos unas bacterias.

La temida metástasis se deja ver

Cuando se logra controlar un cáncer, una preocupación grande es que no se traslade a otro sitio, la temida metástasis, cuyo mecanismo no es bien entendido.

Encontrar entonces algo que brinde un indicio de una posible diseminación, sería una bendición.

Pues bien, ayer científicos publicaron en el Journal of Clinical Investigation un marcador que puede predecir la probabilidad de que dos tipos de cáncer se extiendan a otros tejidos del cuerpo: un cáncer de hígado y unos raros tumores neuroendocrinos.

“Es un gran reporte”, dijo Fahd Al-Mulla, de Kwait University, citado por The Scientist, quien no participó en el estudio.

“Si usted puede identificar un paciente en las etapas tempranas que está en alto riesgo de progresión de la enfermedad, uno puede modificar la terapia”, opinó Stephen Hewitt, del Nacional Cancer Institute de Estados Unidos.

El primer tumor en aparecer en un paciente, el tumor primario, raramente es la causa de muerte. Más a menudo, la enfermedad se torna seria cuando las células cancerosas se apartan del tumor inicial y se diseminan a través de los vasos linfáticos y sanguíneos para formar tumores secundarios en otra parte del organismo.

En los últimos años, se han identificado biomarcadores moleculares en un puñado de cánceres, como melanoma, próstata y pulmón, pero aunque parecen tener un potencial predictivo, falta realizar ensayos clínicos para probar su verdadera utilidad.

En la imagen, un carcinoma hepatocelular, la forma más común de cáncer primario del hígado.

Ratones presas de un microbio

Se sabe que algunos microbios modifican el comportamiento. En los humanos está más que demostrado. Un caso es el Toxoplasma gondii, cuando entra al cerebro.

Un estudio publicado esta semana en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences muestra que ciertos microbios intestinales adquiridos temprano en la vida pueden impactar el desarrollo cerebral en ratones y subsecuentemente el comportamiento.

Infecciones microbianas nocivas han sido ligadas a desórdenes del desarrollo neuronal, incluyendo el autismo y la esquizofrenia. Y los roedores infectados con patógenos microbianos antes y después del nacimiento demostraron anormalidades del comportamiento, tal como una forma de ansiedad y una función cognitiva disminuida, llevando a Rochellys Diaz Heijtz, neurobiólogo del Instituto Karolinska en Suecia y sus colegas a preguntarse si la microbiota intestinal podría incidir también en el comportamiento.

Hallaron así que los ratones libres de gérmenes parecían explorar más que los que tenían microbiota normal, aventurándose a áreas más lejanas, a la vez que pasaban más tiempo a la luz y en actividades más riesgosas, indicando que padecían de menos ansiedad que los otros.

Al mirar más de cerca los efectos en el cerebro, encontraron que los ratones sin gérmenes tenían menos modificaciones en los niveles de ciertos neurotransmisores en el stratium, la parte del cerebro involucrada en la regulación de las funciones motriz y cognitiva.

Te gusto yo, ¿o son mis bacterias las que te atraen?

Cada vez, parece, queda menos espacio para la libre determinación. Un parásito, el T. gondii, por ejemplo, está en el cerebro de cientos de millones de personas y les ha modificado su personalidad. Ahora llega lo que nadie esperaba.

Científicos parecen haber demostrado que podríamos tener sexo dirigidos por las bacterias: lo tendríamos con quienes tienen bacterias similares a las que poseemos en nuestros intestinos. Es decir: ¿te gusto yo o son mis bacterias las que te apetecen?

Eso se desprendería de un estudio publicado en Proceedings of the Nacional Academy of Sciences que halló que las moscas Drosophila prefieren aparearse con otras que se alimentan de la misma dieta como producto de las bacterias que viven en su sistema digestivo.

Estas aparentes preferencias, que surgen justo luego de una generación, sugieren que la microbiota de un organismo puede facilitar la rápida evolución y la especiación.

“Es un paper interesante”, dijo Patty Gowaty, de la Universidad de California, Los Ángeles, quien no tuvo que ver con el estudio. “Pensar que esas bacterias intestinales podrían estar asociadas con los eventos reproductivos de los individuos es fascinante”.

“Existe mucha investigación emergente hoy acerca de los efectos fisiológicos de la microbiota, y los cambios en ella en respuesta a las condiciones ambientales”, indicó a The Scientist el genetista evolutivo Paul Hohenlohe, de Oregon State University. “Este estudio agrega las preferencias de apareamiento”. Él no estuvo vinculado a la investigación.

Diane Dodd, de Yale University, crió hace años moscas Drosophila melanogaster en distintos medios por más de 25 generaciones y encontró que las criadas con residuos vegetales se apareaban con mayor probabilidad con las criadas en el mismo medio, así como las criadas con maltosa tendían a aparearse con las criadas en el mismo medio.

Para averiguar el porqué, Eugene Rosenberg, de Tel Aviv University, coautor del presente estudio, cultivó moscas en distintos dietas y confirmaron los hallazgos de Dodd. Al suministrarles antibióticos a las moscas para eliminar las bacterias, ellas se apareaban indistintamente, sin preferencias por un medio en especial.

Para Gowaty, esa es sólo una posibilidad, la otra es una interacción entre los sexos.

Al restablecer una bacteria en una de las moscas, Lactobacillus plantarum, las preferencias de apareamiento retornaron.

No se sabe en verdad cómo se da, pero podría ser por las feromonas sexuales, en las que se encontraron diferencias según la dieta, pero es sólo un indicio.

La mosca Drosophila melanogaster es uno de los animales más estudiados, por cierto parecido genético con los humanos. ¿Será que nuestras bacterias nos dicen con quién tener sexo?