3 + 4 = 9 dice el perro

Foto Donaldo Zuluaga

Dos más dos son cuatro diría el lobo, pero el perro no estaría tan seguro.

Sí, la capacidad de considerar mentalmente cantidades es un valioso recurso para las especies sociales, una habilidad importante en la búsqueda de alimento o para determinar si un grupo oponente sobre pasa al suyo en número.

Así, científicos del Messerli Research Institute en el Vetmeduni Vienna estudiaron si los perros podían discriminar entre diferentes cantidades y descubrieron que los lobos se desempeñan mejor. Tal vez aquellos perdieron con la domesticación esa capacidad.

La investigación fue publicada en Frontiers in Psychology.

No solo las personas, también hay animales que discriminan bien entre cantidades. Los leones, las hienas y los chimpancés, para citar tres ejemplos. Solo se acercan a un grupo de atacantes si su grupo sobrepasa al de los intrusos. Utilizan información numérica para hacer decisiones sobre su vida social.

Ya en 2012, Friederike Range y Zsofia Virányi del Messerli Research Institute en University of Veterinary Medicine Vienna demostraron que los lobos eran capaces de discriminar diferentes cantidades de alimentos. En el estudio actual evaluaron si los perros tenían esa competencia.

Evaluaron 13 perros presentándoles pedazos de queso. Eran colocados secuencialmente en dos tubos opacos, uno a la izquierda y el otro a la derecha. Eventualmente los perros tenían que decidir cuál tubo contenía más queso que el otro y presionando el dispositivo correcto obtenían su recompensa del tubo. Los perros no veían cuando la persona colocaba el queso, lo que elimina la influencia humana en su decisión.

A ellos se les mostraban los pedazos secuencialmente, excluyendo la posibilidad de que decidieran por factores como el volumen total. Tenían que representarse mentalmente el número de pedazos en el tubo.

El análisis de los resultados mostró que los perros son incapaces de discriminar entre comparaciones difíciles como 2 pedazos de comida versus 3 o 3 versus 4. Los lobos, al contrario, se desempeñaron mejor.

Los perros son buenos distinguiendo las cantidades de comida cuando las pueden ver por completo, lo cual no requiere representación mental.

Para los investigadores tratan de discernir si el desempeño se debe a dificultades en el procesamiento de número o a que perdieron esa capacidad por la domesticación.

Y esta podría ser una buena explicación: los perros domésticos no tienen que buscar alimento: se los proporcionan las personas.

Con buen genio es más difícil recordar algo

Si usted es de los que se mantiene de mal humor, no tiene excusas para decir: “se me olvidó”.

Una investigadora de la Universidad de Missouri encontró que ser olvidadizo tiene algo que ver con el genio o semblante.

Elizabeth Martin, estudiante de doctorado de Psicología en el College of Arts and Science. halló que el buen genio disminuye nuestra capacidad de memoria de corto plazo o de trabajo.

Esa memoria, dijo, “es la capacidad para recordar ítems en una conversación mientras usted la tiene”. Esto explica, agregó, porqué uno no es capaz de recordar un número telefónico que obtiene en una fiesta donde la está pasando muy bien.

El estudio puede ser el primero en demostrar que el estar con ánimo positivo puede impactar negativamente la capacidad de almacenamiento de la memoria. Eso muestra que aunque los sistemas en el cerebro estén conectados, es posible afectar un proceso pero no los otros.

El estudio se realizó con voluntarios a los que se les medía el semblante antes de presentarles un videoclip. Aquellos que vieron uno gracioso estaban de mejor ánimo. A ambos grupos se les presentó un test de memoria y aquellos que estaban de mejor humor se desempeñaron peor que quienes vieron uno sobre cómo instalar un piso.

“Mientras el almacenamiento de la memoria de trabajo disminuye, estar de buen genio no es tan malo. Se ha demostrado que aumenta las habilidades para solucionar creativamente problemas y otros aspectos del pensamiento”, dijo Martin.

Lo que sigue será averiguar el impacto del buen genio en situaciones de la vida real, como en un salón de clases.

El estudio apareció en Cognition and Emotion.