Qué sale de un amor entre primos

Amores entre primos no siempre terminan como no se desearía: una completa revisión de casos publicada en The Lancet vincula el matrimonio consanguíneo con dos veces un aumento en el riesgo de defectos de nacimiento como problemas respiratorios o síndrome de Down.

Un riesgo similar se encontró en mujeres que conciben cuando tienen más de 34 años de edad.

Un estimativo indica que cerca del 80 por ciento de los matrimonios en toda la historia se han dado entre primos primeros o segundos. Y hay casos ilustres: Charles Darwin, Albert Einstein, Edgar Allan Poe y otros.

Y con frecuencia se dice que los primos son el primer amor.

De todas maneras el aumento del riesgo es menor: de un 2 al 6 por ciento, indicando que solo una minoría de bebés nacidos de parientes sanguíneos o madres mayores desarrollan alguna anomalía, expresó Eamonn Sheridan, genetista clínico en la Universidad de Leeds en el Reino Unido.

La población objeto fue la de Bradford, en donde los paquistaníes tienen un alto grado de matrimonios entre primos.

En contraste con estudios previos, no se halló un aumento de defectos de nacimiento de madres que fumaban, ingerían alcohol, eran obesas o por estatus socioeconómico, aunque los investigadores explicaron que la cohorte no fue muy grande para detectar efectos significativos relacionados con esos factores.

Cuervos se comunican por gestos

Señalar y coger objetos para llamar la atención es una conducta solo observada en humanos y nuestros parientes cercanos: los grandes simios.

Pero Simona Pika, del Max Planck Institute for Ornithology y Thomas Bugnyar, de la Universidad de Viena, entregaron la primera evidencia de que los cuervos (Corvus corax) también usan los gestos deícticos para verificar el interés de una potencial pareja o para fortalecer un lazo ya existente.

Hacia los nueves meses los bebés humanos comienzan a usar gestos deícticos como señalar o tomar objetos, previo a las primeras palabras. Los científicos piensan que tales gestos se fundamentan en capacidades de inteligencia relativamente complejas y representan el punto de inicio para el uso de símbolos y por tanto del lenguaje humano. Los gestos deícticos son marcas en el desarrollo del habla humana.

La observación de tales gestos entre los grandes simios, para sorpresa, es más bien escasa. Los chimpancés (Pan troglodytes) en el Parque Nacional Kibala en Uganda, por ejemplo, emplean el rascado directo para indicar distintos puntos de su cuerpo para ser aseados.

Esta comunicación deíctica había sido reservada solo para los primates. Según aquellos dos investigadores, esa conducta no está restringida a humanos y grandes simios. Por dos años investigaron la conducta no vocal de miembros marcados de una comunidad cuervos salvajes en el Cumberland Wildpark en Grünau, Austria.

Pudieron observar que los cuervos usan sus picos como las manos para mostrar y ofrecer objetos como musgos, piedras y palos. Esos gestos estaban dirigidos sobre todo a parejas del sexo opuesto y resultaron en la orientación frecuente de los recipientes hacia los objetos y los que los señalaban. Subsecuentemente, los cuervos interactuaban uno con otro, por ejemplo manipulando juntos el objeto.

Los cuervos son aves de la familia de los córvidos, como las urracas, sobrepasan en inteligencia a la mayoría de las otras especies aviares.

Sus marcas en varios test de inteligencia son tan altos como los de los grandes simios. Los cuervos en particular se caracterizan por una comunicación intra-pareja compleja, largos periodos para formar lazos de unión y un alto grado de cooperación entre compañeros.

El nuevo estudio revela que los gestos diferenciados han evolucionado en especies con un alto grado de capacidades colaborativas.

Humanos pagan el alto costo de vivir más

Tener un cerebro grande, que no ser cabezón, parece ser el principio del fin de los humanos. Un precio quizás alto para la inteligencia.

Las noticias que llegaron la semana pasada hablaban de que el cerebro de los chimpancés no perdían volumen cuando los animales envejecían, lo que en humanos es una señal clara de declinación cognitiva general.

El hallazgo publicado en Proceedings ot the National Academy of Sciences sugiere que la degeneración neurológica extrema es el precio que pagamos los humanos por unos cerebros más grandes y mayor ciclo vital.

“Los seres humanos y los chimpancés siguen un ciclo vital simlar en años absolutos hasta que se envejece, entonces los humanos se las han arreglado para extender su vida”, dijo Todd Preuss, antropólogo y neurocientífico del Yerkes National Primate Research en Atlanta, citado por The Scientist pero no involucrado en el estudio. El estudio muestra que durante esos años extras experimentamos una mayor declinación en la función cerebral, agregó.

Vaias especies sufren una reducción cerebral pequeña al envejecer, pero en los humanos el proceso de degeneración neuronal es tan extremo que se pierde de un 10 a 15 por ciento del volumen cerebral durante la vida, según Chet Sherwood, líder del estudio citado, antropólogo en The George Washington University en Washington.

Para ver si ese encogimiento cerebral se presentaba en otros animales, Sherwood y colegas analizaron nuestros parientes más cercanos, los chimpancés. Con imágenes de resonancia midieron el volumen cerebral de 87 humanos, de 22 a 88 años y el de 90 chimpancés de 10 a 51 años de edad.

A diferencia de los órganos humanos, que comienzan a encogerse cuando las personas entran en sus 40 y que disminuyen de tamaño más dramáticamente tras los 70, el cerebro de los chimpancés no se encoge al envejecer. Esto sugiere que el fenómeno en los humanos se puede atribuir a los 40 años promedio de vida que adicionalmente viven los humanos luego de los 45.

Vivir más, sí, pero ¿a qué precio?

Especial fin de semana

Acéptelo: las plantas se secretean entre ellas

 

Quizás, tras leer este informe, cambie su pensamiento sobre las plantas. La vieja noción que entregaban los profesores de que son organismos inmóviles que sólo se alimentan y reproducen, no es valedera hoy.

Las plantas no sólo se comunican entre sí, por las raíces o por compuestos volátiles, sino que lo hacen con los animales.

De una u otra manera, han desarrollado formas para saber quién crece en el vecindario y tal como nos sucede a los humanos, algunas crecen mejor en ambientes sociales, mientras que otras se defienden en la soledad.

Hay árboles que, por ejemplo, no se desarrollan bien en presencia de otros miembros de su especie. Un estudio reciente encontró que semillas que acaban de surgir no parecen responder a los químicos de sus parientes mayores. Scott Mangan y colegas del Smithsonian Tropical Research Institute determinaron que cinco especies de árboles tropicales crecen mejor en el suelo donde habitan especies distintas a las suyas.

Esa aversión podría deberse a que los enemigos naturales de un árbol dado, podrían estar en el suelo adyacente. Este proceso ha presionado esos árboles para evolucionar métodos de dispersión como las frutas o las semillas que vuelan, mecanismos que eviten la competencia con sus padres.

No es el único caso, En la Universidad de California en Davis, de acuerdo con una información en Discover, científicos hallaron que algunas especies viven mejor si tienen parientes cerca. Envían señales químicas por el aire producidas por el follaje y las ramas, señales vitales para proteger las plantas de un ataque de insectos.

Richard Karbam encontró en otra investigación que plantas idénticas genéticamente crecen lado a lado para defenderse de los herbívoros., incluyendo las orugas y los grillos, de una manera más eficiente que como lo hacen plantas aisladas.

“Son capaces de responder a señales de otros individuos en la cercanía”, dijo Karban, quien investiga si esa protección se extiende a otros miembros de la familia.

Ya en 2007, Josef Stuefer, de Radboud University en Holanda, había precisado que otras plantas como la frambuesa y los tréboles forman redes. Los individuos permanecen conectados unos a otros durante cierto periodo de tiempo, conexiones que les permiten compartir información por canales internos.

Los tréboles, demostró, se secretean por esos canales, por llamarlo así, si hay enemigos cerca. Si una de las plantas es atacada por gusanos, los otros miembros de la red son alertados por las señales internas. Una vez advertidos, las plantas intactas refuerzan su resistencia química y mecánica de modo que se hacen menos atractivas para los gusanos. De este modo pueden estar un paso delante de sus depredadores. Estudios experimentales han revelado que esto reduce mucho el daño que sufren.

Es quizás por todo esto que biólogos evolutivos comienzan a pensar en el comportamiento altruista de las plantas. El altruismo puede haber surgido dado que en determinados momentos mejorar la probabilidad de supervivencia de otro organismo incrementa las oportunidades de reproducción para pasar los genes a los descendientes.

En el American Journal of Botany, Guillermo Murphy y Susan Dudley exploraron el reconocimiento de congéneres entre Impatiens pallida, nometoques como nombre vulgar. Los individuos de esta especie crecen en estrecha proximidad y responden fuertemente a la competencia sobre el suelo. Midieron la respuesta de estas plantas a dos potenciales señales de competencia (cambios en la calidad de la luz –señal sobre el suelo- y la presencia de raíces cercanas –señal subterránea) para plantas que crecían con parientes o con extraños.

La respuesta, hallaron, varía dependiendo de si crecía con parientes o si lo hacía con plantas extrañas, lo que demuestra que es capaz de reconocerlos, revelando un grado interesante de complejidad dado que ambos tipos de respuestas diferían de plantas que crecían sin ningún vecino.

Entre parientes, no aumentaban la disposición de recursos en las hojas ni en las raíces. Antes, aumentaban su elongación y las ramas, lo que puede ser un ejemplo de cooperación familiar para adquirir los recursos sin necesidad de ensombrecer a sus parientes vecinos.

Como la luz es un factor limitante para el crecimiento de esta planta en el bosque bajo donde crecen, si compitiera con sus vecinos era más probable que dispusiera de sus recursos en las hojas.

Eso es precisamente lo que hace cuando se trata de extraños: mueve los recursos a las hojas y menos hacia raíz y yemas, con lo que provee más sombra a sus rivales.

Esta respuesta se da solo en plantas que se desarrollan con otras raíces contiguas, indicando que la comunicación entre raíces debe ser necesaria para reconocer la familia.

Tan importante como eso, es distinguir los enemigos. Por eso algunas se han ingeniado un llamado de emergencia. Ciando la larva de Spodoptera exigua se alimenta en el maíz, este libera unos compuestos volátiles que actúan como un imán para las avispas Cotesia marginiventris, que deposita entonces sus huevos sobre la larva.

Puede decirse entonces que las plantas son organismos sociales más listos de lo que se cree. No tienen voz como la nuestra, pero sí… se guiñan el ojo.

Con amigos se vive más

Tener amigos no sólo es divertido para los humanos. Los lazos sociales, se ha dicho, mejoran la salud y la vida de las personas.
Investigadores reportaron en Current Biology que las hembras babuinas que mantenían lazos estrechos con otros dentro de su grupo, vivían mucho más que aquellas cuyos lazos eran menos estables.
“Nuestros resultados sugieren que relaciones sociales cercanas y estables tienen beneficios reproductivos significativos”, expresó Joan Silk, de la Universidad de California. Esto se añade a la creciente evidencia en humanos y otros animales que las hembras con redes sociales fuertes y colaboradoras son más saludables y tienen mayor éxito reproductivo.
Los babuinos forman lazos fuertes con sus parientes, una conexión respaldada por la suerte dado que leones y leopardos a menudo los cazan.
No se sabe porqué viven más, pero podría ser que aquellas dedicadas a sus parejas manejen menores niveles de estrés.
Lo mismo que en los humanos.