¿Saben quién come pájaros? ¡La mantis religiosa!

Foto Pixabay

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Los pájaros pequeños tienen una amenaza natural no conocida hasta ahora: la mantis religiosa.

Una amenaza natural que presentaron zoólogos de Suiza y Estados Unidos. Estos insectos carnívoros incluyen pájaros en su dieta y no solo en determinadas regiones: en todo el globo.  Continuar leyendo

Las mamás de azul brillante son mejores

Las mamás de azul son mejores. Sí, las herrerillas (pequeños pájaros paserinos) de corona brillantemente coloreada son mejores madres que las de tono opaco, dice un estudio de la Universidad de Nueva York.

A diferencia de las personas, que no pueden ver en ultravioleta, los pájaros sí. Si bien la cresta de un herrerillo luce azul para nosotros, para otro pájaro refleja la luz UV.

En el estudio de tres años se detectó que las madres con plumas más reflectivas no ponían más huevos pero sí cuidaban más sus polluelos que las hembras de tono opaco. Las madres de color brillante también experimentaban menores niveles de hormonas del estrés durante los duros períodos de crianza.

El estudio fue publicado en el journal Behavioral Ecology.

Kathryn Arnold, autora, indicó que “estudios previos han demostrado que los machos prefieren parejas con crestas de plumas más reflectoras de UV. Nuestro trabajo muestra que esta es una sabia decisión. El plumaje UV puede indicar calidad materna en los herrerillos, por lo que un macho que elija una hembra de colores brillantes ganará una buena madre para sus polluelos y una compañera menos estresada”.

En esta especie (Cyanistes Caeruleus) ambos sexos exhiben brillantes plumas reflectoras de UV. Los pájaros son monógamos, siendo la hembra la que incuba los huevos y ambos padres los alimentan.

Los investigadores analizaron la reflectancia de las plumas de la cresta de las hembras en relación con los índices de éxito reproductivo -postura de huevos, tamaño, número de polluelos que volaron- así como su estado maternal.

“Con hasta 14 polluelos para cuidar, las madres en el estudio los alimentaban cada par de minutos. Las hembras más opacas tenían el doble de estrés que las más brillantes. Estas eran más exitosas sacando adelante más de ocho hijos que las otras”.

Por el color las conoceréis.

El gen de la infidelidad

Hasta en las sociedades humanas se presenta: el macho tiene menos objeciones cuando de promiscuidad se trata, aunque hay hembras que revolotean por acá y por allá.

Bueno, en el caso de las aves parece ser similar por razones que no se sospechaban: Sí científicos habrían hallado un gen de la infidelidad.

Algunos pájaros cantan para mostrar felicidad, pero cuando un macho del diamante mandarín (zebra finch, Taeniopygia guttata) le canta a una hembra que no ha visto antes está buscando una aventura. Si ella responde, es que también lo desea.

En distintas especies de aves se presenta una relación de monogamia, aunque cierta parte de la descendencia se debe a relaciones por fuera de la pareja.

Cuando un macho se aparea con una hembra que no es la usual, está pasando sus genes más allá, pero las hembras adúlteras no a sabiendas de que el padre no le ayudará a criar los hijos.

Entonces, ¿por qué lo hacen? Un nuevo análisis del cortejo de miles de encuentros entre estos pájaros paserinos comunes en Australia e introducidos a otros países, así como el estudio genético de la paternidad reveló que las hembras que son hijas de machos más promiscuos son más dadas a aparearse con varias parejas.

¿La razón? Investigadores reportaron en Proceedings of the National Academy of Sciences que los machos portarían un gen de la promiscuidad que transmiten a sus descendientes, tanto machos como hembras.

Los científicos encabezados por Wolfgang Forstmeier y colegas del Max Planck Institute for Ornithology, demostraron que en esos pájaros monógamos las diferencias individuales en el apareamiento por fuera de la pareja tienen un componente hereditario que extrañamente es compartido entre los sexos, así que una selección positiva en machos para procrear fuera del nido conducirá a un mayor apareamiento extra pareja por las hembras, como respuesta evolutiva correlacionada.

Esa conducta se da solo por los genes respectivos, independiente de que ella no obtenga beneficio alguno con ese apareamiento adicional.

Aves de ciudad son más inteligentes

Unas por otras: vivir en la ciudad hace las aves más inteligentes.

A pesar de que el ambiente urbano es más difícil en ciertos sentidos (se encuentra uno cantidad de aves atropelladas por autos), de la contaminación y el ruido (que se ha demostrado afecta el canto y el apareamiento), pues lidiar con todo eso hace crecer el cerebro.

El tamaño del cerebro es un factor determinante que predispone los animales para su establecimiento exitoso en las ciudades, reportaron científicos encabezados por Alexei A. Makhalov, de Uppsala (Suecia) y colegas, en un artículo en Biology letters.

Los investigadores demostraron que diferentes especies de pájaros paserinos que tuvieron éxito en colonizar 12 ciudades europeas pertenecen a linajes con cerebro más grande que aquellas especies que evitan entrar en zonas urbanas.

Los científicos analizaron 82 especies de paserinos de 22 familias. Aquellas que eran capaces de reproducirse en las zonas centrales de las ciudades fueron considerados casos exitosos, frente a los que sólo merodean por los alrededores.

El análisis incluyó el tamaño del cerebro. Este ha sido asociado con la capacidad de los animales de adaptarse a nuevas o cambiantes condiciones ambientales, así como a comportamiento innovadores, que pueden ser muy útiles en tales condiciones ambientales.

Las aves de menor cerebro, sugiere el estudio, están expuestas a un mayor riesgo en las áreas urbanizadas.

Los investigadores emplearon la relación cuerpo-cerebro, conocida como fracción de Cuvier, que ha sido muy utilizada como aproximación a la inteligencia de un organismo así no sea la más exacta (hay monos con una relación mejor que la humana, por ejemplo).

Aunque el estudio se hizo solo con paserinos, podría deducirse que otras aves también tendrían esa ventaja adaptativa. Así lo sugiere Tim De Chant en Per Square Mile. Es el caso de las palomas, que se encuentran en gran número en ambientes urbanos y que para muchos no son un buen ejemplo de inteligencia.