A los perros no les gusta la inequidad

El perro en el experimento. Foto Rooobert Bayer

El perro en el experimento. Foto Rooobert Bayer

 

A los lobos y los perros no les gusta la inequidad, como tampoco a los humanos y otros primates.

Eso sugiere un estudio de psicólogos de Messerli Research Institute de la University of Veterinary Medicine, Viena. Esos animales rehusaron cooperar en un experimento en el cual solo uno recibió una recompensa grande, mientras los demás una pequeña.

Parece que se trata de una conducta adquirida de un ancestro común según el estudio aparecido en Current Biology. No puede argumentarse que lo aprendieron de tantos años junto a los humanos.

El reconocimiento de la inequidad es una habilidad importante para las personas, en particular cuando se coopera con otros. Varias especies de primates muestran esa sensibilidad también. De otras especies poco se sabe. Varios estudios con perros han sugerido cierta aversión a esa condición, por ejemplo cuando no recibían una recompensa, pero otros sí luego de cumplir la misma acción.

Los parientes más cercanos de los perros, los lobos, exhiben la misma aversión, lo que se confirmó en este nuevo estudio. Cuando los perros presionaban un botón luego de que se los pedía el entrenador y no recibían nada o era algo de bajo valor frente a lo que recibían los demás, rehusaban participar en el experimento. Ese comportamiento fue observado también en los lobos, lo que sugiere que se trata de una conducta heredada de un ancestro común y no algo aprendido de los humanos. La domesticación de los perros no parece ser entonces la única razón por la que reaccionan frente a la inequidad.

En la prueba sin recompensa, solo el compañero obtuvo un premio en cada ronda. El otro nada. En la prueba de calidad, ambos recibieron recompensa, pero el otro recibía una mejor”, explicó Jennifer Essler, una de las investigadoras.

Esto, agregó, “mostró que el hecho de que el hecho de no recibir una recompensa fue la única razón por la que se rehusaban. No cooperaban porque el otro obtuvo algo, pero los demás no”.

También el la prueba de calidad, los lobos y los perros rehusaron continuar cooperando para presionar el botón. “Esta reacción no había sido obtenida en experimentos hasta ahora. Pero confirma aún más que perros y lobos entienden la inequidad”, dijo Essler. Los lobos son sin embargo más sensibles que los perros, requiriendo más órdenes del entrenador para continuar trabajando.

La jerarquía es importante, pero la domesticación, explicaron los investigadores, parece reducir el sentido de inequidad.

Los animales de más alto rango eran los que primero dejaban de cooperar, pues no obtener beneficios es algo a lo que no están acostumbrados.

Qué listos son los abejorros

Foto Wikipedia commons

Foto Wikipedia commons

 

Era exclusivo de los humanos. Luego se conoció en primates. Más tarde en mamíferos marinos. Después en aves. Y ahora… abejorros.

Un estudio publicó en Science mostró como esos insectos pueden ser entrenados para conseguir un objetivo usando una pequeña bola revelando capacidades de aprendizaje sorprendentes según científicos en Queen Mary University en el Reino Unido.

La investigación sugiere que las especies cuyos estilos de vida demandan capacidades de aprendizaje avanzadas podrían aprender nuevas conductas si existe una presión ecológica.

Nuestro estudio da la puntada final a la idea de que los pequeños cerebros de los insectos tienen una flexibilidad conductual limitada y solo capacidades simples de aprendizaje”, explicó el profesor Lars Chittka, coautor.

Otros estudios han demostrado que los abejorros podían resolver un rango de tareas cognitivas, pero hasta ahora habían imitado tareas similares a las rutinas naturales de las abejas de búsqueda de alimentos, como jalar cuerdas para obtener comida.

En este caso se examinó su flexibilidad para desarrollar tareas que no encuentran en su medio natural, para conocer los límites cognitivos de estos insectos y ver si podían usar un objeto no natural en una tarea que probablemente nunca encontró ningún abejorro en la historia evolutiva de la especie, según explicó Clint Perry, otros de los participantes.

El experimento exigía que los abejorros movieran una bola a un punto específico para obtener una recompensa en alimento. Primero fueron entrenados para conocer la ubicación exacta de la bola sobre una plataforma. Luego de obtener la recompensa, tenían que mover la bola al punto determinado.

Para aprender la técnica, fueron entrenadas bajo tres condiciones: unos observaban un abejorro ya entrenado mover la bola al centro para obtener el alimento, otros recibían una demostración fantasma, en la que un imán debajo de la plataforma movía la bola y un tercer grupo no recibió demostración, donde encontraban la bola en el centro con la recompensa.

Los abejorros que observaron la técnica de un modelo vivo aprendían la tarea con mayor facilidad que los que tuvieron la demostración fantasma o ninguna.

Olli J. Loukola, otro investigador, explicó que “los abejorros resolvieron la tarea de una manera distinta a la que les mostraron, sugiriendo que los observadores no copian solo lo que ven, sino que lo mejoran. Esto revela una impresionante cantidad de flexibilidad cognitiva, especialmente para un insecto”.

Así reacciona el cerebro adolescente a los ‘likes’ en redes sociales

Foto Wikipedia commons

Foto Wikipedia commons

La recompensa de las redes sociales: un estudio publicado en Psychological Science encontró que los mismos circuitos cerebrales activados al comer chocolate o al ganar dinero, se activan en los adolescentes cuando ven gran cantidad de ‘likes’ en sus fotos o en las fotos de sus amigos en una red social.

Un estudio que se hizo mediante escaneo cerebral d ellos muchachos.

A los 32 adolescentes de 13 a 18 años se les pidió participar en una pequeña red social tipo instagram. Luego les mostraron 148 fotografías en un computador durante 12 minutos, incluyendo 40 que cada uno había entregado, y se analizó su actividad cerebral mediante imágenes de resonancia magnética funcional.

Cada foto mostraba también el número de ‘likes’ que supuestamente había recibido de otros participantes, pero en verdad fue asignado por los investigadores.

Cuando veían sus propias fotos con un gran número de ‘likes’, observamos actividad en varias regiones cerebrales”, dijo Lauren Sherman, investigadora del Centro de Medios Digitales de Niños de la Universidad de California en Los Ángeles.

Una regio´n muy activa fue una parte del estriado llamada núcleo accumbens, integrante del circuito de recompensas del cerebro. Se cree que este es muy sensible durante la adolescencia.

También se observó con los ‘likes’ activación de regiones conocidas como las regiones sociales y otras relacionadas con la atención visual.

Para decidir si dar clic en una foto que les gustaba, los adolescentes eran muy influenciados por el número de otros likes que tenía la imagen.

Los adolescentes vieron fotos neutras, como de alimentos y amigos, y otras riesgosas, como de cigarrillos, alcohol y adolescentes con ropas provocativas. Para los 3 tipos, incluyendo las propias, era más probable que les dieran like si tenían ya otros likes.

Cuando miraban las riesgosas en comparación con las neutras, mostraban menos activación de áreas asociadas con el control cognitivo y la inhibición, incluyendo la corteza cingulada dorsal anterior, las cortezas prefrontales bilaterales y las cortezas laterales parietales, que son regiones relacionadas con la toma de decisiones y que pueden inhibirnos de participar en ciertas actividades o nos dan luz verde para seguir.

Ver fotos que implican una conducta riesgosa parece reducir la actividad en las regiones que ponen freno, debilitando tal vez el filtro ‘tenga cuidado’ en los adolescentes.

Si tiene hambre, mejor no tome decisiones

Foto Pixibay

Foto Pixibay

Nunca tome decisiones mientras esté… hambriento. Eso al menos es lo que sugiere un estudio que relaciona la grelina (hormona del hambre cuestionada últimamente) con un efecto negativo tanto en la toma de decisiones como en el control de los impulsos.

El estudio publicado en Neuropsychopharmacology fue hecho con ratas en la Universidad de Gotemburgo. Esta hormona es producida en el estómago cuando se tiene hambre.

Demostramos que los niveles altos de grelina vistos antes de comer o durante los ayunos, hacen que el cerebro actúe impulsivamente y afecte la capacidad de tomar decisiones racionales”, explicó Karolina Skibicka, docente en la Academia Sahlgrenska en esa universidad.

La impulsividad es compleja pero se puede descomponer en la acción impulsiva, esa incapacidad de resistir una respuesta motriz, y la elección impulsiva, la incapacidad de posponer una gratificación.

Muchos han experimentado la dificultad de resistirse a un sánduche o algún alimento más aún si saben que pronto se servirá el almuerzo y lo mismo aconteció con las ratas en el estudio.

Los científicos encontraron entre otras, que a las ratas que les daban grelina directamente en el cerebro, que imita cómo el estómago nos comunica la necesidad de comer, eran más datos a buscar a presionar un dispositivo para tener una recompensa en vez de esperar a pesar de que la perderían.

La capacidad de posponer gratificación para obtener una mayor después es una medida de elección impulsiva, por ejemplo elegir una galleta ya o varias unos minutos después, o comer un alimento calórico ya y no esperar la opción de uno más sano.

La persona que elige la gratificación inmediata a pesar de que esperar le traerá una mejor, se caracteriza por ser más impulsiva y eso implica una capacidad más pobre para tomar decisiones racionales.

Los altos niveles de la hormona evitaron que las ratas fueran capaces de esperar una recompensa mayor.

El estudio también mostró que los niveles aumentados de grelina causaban cambios genéticos en circuitos cerebrales relacionados con la impulsividad y la toma de decisiones.

Como la impulsividad es un rasgo de varias enfermedades neurosiquiátricas el hallazgo podría conducir a tratamientos enfocados en los receptores de grelina en el cerebro según los investigadores.

Resumen científico de la semana

1. La ficha que faltaba

Un nuevo microbio que representa un vínculo perdido en la evolución de la vida compleja fue portado por investigadores de Uppsala University en Nature. El hallazgo ayuda a entender mejor cómo hace miles de millones de años los tipos complejos de células que comprenden plantas, hongos, animales y por ende humanos, evolucionó de simples microbios. El microbio, llamado Loki, es una forma intermedia entre las células simples de los microbios y las complejas de los eucariotas. Fue hallado a 2.352 metros bajo el nivel del mar en unas ventanas hidrotermanales. En la foto, el sitio donde fue hallado Loki, cortesía Centre for Geobiology, R. Pedersen

2. Mi amigo el delfín

Un estudio durante más de 8 años durante el cual se hizo seguimiento a unos 200 delfines, se encontró que aunque no interactúen en redes sociales, poseen amigos con los que pasan más tiempo. Así como los humanos, buscan ciertas compañías y evaden otras. El estudio apareció en Marine Mammal Science. También se reúnen en grupos o comunidades en determinados sitios de su hábitat, en este caso una laguna estuarina en la costa oriental de Florida, sonde se adelantó la investigación.

3. Seis letras de la vida

El ADN tiene cuatro letras conocidas, A, C, G y T y sus miles de combinaciones hacen posible la variabilidad genética que permite todo el funcionamiento de los seres vivos. Hace unos lustros se agregó la quinta, metilcitosina, derivada de la Citosina. Y ahora científicos proponen la existencia de una sexta, la metiladenina, que ayuda a determinar el epigenoma y que por ende sería clave en la vida de las células. ¿Crece el alfabeto?

4. Requetecalentados

Durante todo el mes de marzo, la concentración de CO2 en la atmósfera superó las 400 partes por millón, un nivel que la Tierra no veía desde hace al menos 2 millones de años. El dióxido de carbono es el principal gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global y su auge se debe al consumo de combustibles fósiles para uso energético. El reporte lo hizo el Observatorio de Mauna Loa, que mide dicha concentración. El nivel viene al alza cada año que pasa.

5. Deme más cebolla

Sí, la cebolla lo hace llorar si no está triste o le ayuda a conservar algunas frutas. Y le da buen sabor a platos en ensaladas. Ahora tiene un uso más: sirve para fabricar músculos artificiales. Bueno, el ensayo hasta ahora incluye prototipos muy pequeños, de unas células, creados a partir de las células de la epidermis de este tubérculo. Si se congelan, cubren con oro y se les pasa una corriente eléctrica, se contraen o estiran dependiendo del voltaje. El desarrollo fue publicado en Applied Physics letters.

6. Una galaxia en los confines cósmicos

Es una hazaña llegar tan lejos: astrónomos extendieron la frontera cósmica de la exploración galáctica al encontrar una galaxia nacida cuando el universo apenas tenía un 5% de la edad actual. Está a más de 13.000 millones de años. La distancia fue medida con gran precisión. En ella se da una formación rápida de estrellas masivas. La galaxia observada es uno de los objetos más brillantes y masivos del universo temprano. El hallazgo apareció en el Astrophysical Journal.

7. Decisiones

Científicos que estudian cómo hace decisiones el cerebro grabaron por primera vez momento a momento las fluctuaciones en las señales cerebrales que se dan cuando un mono que hacía una elección libre cambiaba de decisión. Un rastreo de decisiones con mucha precisión. Un avance que podrá derivar en nuevas prótesis que sean controladas con el cerebro. El estudio apareció en eLife.

8. ¿Garrote o zanahoria?

¿Qué viene siendo más efectivo, si dar garrote o premiar con la zanahoria? Un estudio publicado en Cognition sugiere que para cambiar una conducta es más efectivo el castigo que la recompensa. Tiene un efecto dos a tres veces más fuerte. El tema ha ocupado a los sicólogos desde hace años y esta es una evidencia más a favor… del garrote.

9. Cargueros de agua

En la atmósfera de una enana blanca astrónomos detectaron una gran cantidad de hidrógeno y oxígeno, agua equivalente al 30 o 35% del agua contenida en los océanos de la Tierra y que fue llevada por al menos un asteroide del tamaño de Ceres, de 900 kilómetros de diámetro. El hallazgo reafirma la teoría de que el agua en los planetas llega en los cometas y asteroides, lo que sucedió en la Tierra también en las primeras épocas tras su formación. El estudio apareció en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.

10. ¿Aló, cuántos gusanitos tienes?

Ingenieros desarrollaron un teléfono celular que posee un microscopio que utiliza video para detectar de manera automática y cuantificar una infección por gusanos parásitos, a partir de una gota de sangre. El desarrollo fue presentado en Scence Translational Medicine y será de ayuda médica en regiones apartadas de África y otras comunidades marginadas del planeta, proporcionándole información a distancia al per5sonal de salud.

Crean un par de ratas compinches

Dos ratas son mejores que una. Y funcionan mucho mejor también.

Científicos hicieron algo parecido a una fusión de ratas de laboratorio, ligando electrónicamente sus cerebros para que pudieran trabajar juntas resolviendo un problema. Y esa conexión cerebro-cerebro permaneció fuerte aún cuando las ratas estuvieran separadas por más de 3.000 kilómetros.

El estudio fue publicado en Nature Scientific Reports.

Los experimentos fueron encabezados por Miguel Nicolelis, neurobiólogo de Duke University, mejor conocido por su trabajo en prótesis controladas por la mente.

“Nuestros estudios con las interfaces cerebro-máquinas nos convenció de que el cerebro era mucho más plástico de lo que creíamos”, dijo. “En esos trabajos, el cerebro se adaptaba con facilidad para aceptar un impulso de dispositivos fuera del cuerpo y aprendía incluso cómo procesa luz infrarroja invisible generada por un sensor artificial. Por eso nos preguntamos si podía asimilar señales de sensores artificiales, ¿podría asimilar la información de sensores de un cuerpo distinto?”

Para sus experimentos, entrenaron pares de ratas para presionar cierta tecla cuando una luz se encendiera en su jaula. Si presionaban la tecla correcta, obtenían agua como recompensa.

Cuando una rata del par, denominada codificadora, realizaba la tarea, el patrón de su cerebro era traducido a una señal electrónica enviada a su compañera, la decodificadora, que estaba separada de la primera. La luz no se apagaba en su jaula, por lo que el animal tenía que recibir el mensaje de la codificadora para saber cuál tecla presionar para tener la recompensa.

La decodificadora presionó la tecla correcta el 70% de las veces.

En los experimentos los cerebros de las ratas estaban conectadas vía microelectrodos por lo que cuando una presionaba la tecla, la otra sabía hacer lo mismo. Si los animales realizaban la tarea cooperativa correctamente, recibían la recompensa.

Los electrodos fueron conectados en la región cerebral que procesa la información motriz. Y la interfaz cerebro-cerebro que Nicolelis describe como un computador orgánico, funcionaba de dos formas: si la decodificadora elegía la tecla que no era, la codificadora no recibía recompensa, lo que animaba a las dos a trabajar en conjunto

“Vimos que cuando la decodificadora cometía un error, la codificadora cambiaba su función cerebral y conducta para hacerle más fácil la tarea a su compañera”.

Imagen cortesía Duke U.-Nicolelis

Las moscas beben para olvidar sus penas

Hasta las moscas beben para olvidar, más cuando les han rechazado una propuesta de sexo.

Sí, eso que parecía conducta típica de humanos desesperados y despechados, se observa en las moscas de las frutas también.

Cuando a un macho de estas moscas se le ofrece comida bañada en alcohol o su equivalente no alcohólico, su decisión dependerá de su se ha apareado recientemente o si ha sido rechazado por una hembra.

Aquellos a los que las hembras les han puesto el tatequieto, son más proclives a elegir la comida impregnada con alcohol quizás para olvidar el mal trance.

Es la primera vez, según los investigadores, que se descubre en moscas de las frutas una interacción social que influye en una conducta posterior.

“Es un vínculo sorprendente”, dijo Troy Zars, neurogenetista de la Universidad de Missouri, Colombia, no implicado en el estudio, reportó Science. Entender cómo sucede esto en el cerebro, podría ayudara a explicar con mayor amplitud cómo la conducta que recompensa se refleja allí y cómo el cerebro media en conductas complejas.

Los científicos sabían ya que cuando las moscas de las frutas ingieren alcohol, las conexiones de recompensa en sus cerebros se activan, haciendo que sea una experiencia ‘placentera’.

Por eso, científicos encabezados por Galit Shohat-Phir, de la Universidad de California y ahora en el Howard Hughes Institute, querían determinar si los dos tipos de recompensa estaban conectados en el cerebro. “No esperábamos encontrar este resultado”, dijo.

Los investigadores pusieron 24 moscas macho (Drosophila melanogaster) en una de estas situaciones: la mitad en grupos de cuatro, cada uno con 20 hembras listas para aparearse, permitiéndoles a los machos aparearse con varias. La otra mitad solos, cada uno con una hembra que se había acabado de aparear, haciendo que rechazara cualquier cortejo. Tras 4 días de repetido rechazo, los machos fueron movidos a contenedores con capilaridades con alimento, algunas con alcohol, otras sin él, qen las que podían alimentarse.

Se encontró que los machos apareados rechazaban el alcohol, mientras que los rechazados lo preferían, comentó Shohat-Phir. En promedio, los rechazados ingirieron 4 veces más alcohol que los apareados.

Todo esto es mediado por químicos como el neuropéptido f (NPF): se encontró menos en aquellos que no se aparearon y al reducir el nivel en los que sí, también consumieron más alcohol. Y este responde también por la asociación sexo-alcohol.

En humanos existe un químico similar (NPY) que se ha encontrado que tiene relación con la depresión y el consumo de alcohol y drogas.

Un hallazgo bien interesante.

Foto moscas D. melanogaster apareándose.

Cómo reversar efectos de la cocaína

Gracias al poder de la optogenética, investigadores en Suiza no solo establecieron el primer vínculo causal entre los cambios inducidos por la cocaína en células cerebrales y el comportamiento físico, sino que han revertido tales modificaciones, reveló un artículo en Nature.

Es un resultado muy excitante, dijo Mark Thomas, de la Universidad de Minnesota, quien no estuvo envuelto en el estudio. “Es una prueba de que reversando la plasticidad sináptica inducida por la droga se puede modificar el comportamiento. Desde esa perspectiva, es un gran paso adelante”.

Como en humanos, los ratones que ingieren cocaína se hacen más activos físicamente y ansiosos y con dosis repetidas estas situaciones incrementan, un fenómeno denominado sensibilización locomotriz, que demuestra que las primeras dosis de la droga provocan cambios en el cerebro.

La cocaína aumenta la activación neuronal del núcleo accumbens, una región cerebral relacionada con el placer y la recompensa, según Christian Lüscher, de la Universidad de Ginebra, quien dirigió el estudio. Es decir “la eficacia con la cual la transmisión que ocurre entre las neuronas aumenta”. Pero no existía prueba de que esto estaba relacionado con cambios de comportamiento.

Con el uso de optogenética se logró, una técnica en la cual canales de iones de algas sensibles a la luz se expresan en neuronas específicas haciendo que actúen en respuesta a la luz.

En una pequeña variación de esa técnica, Lüscher y colegas utilizaron estimulación por luz para reducir la actividad de las neuronas en aquel núcleo, reversando la actividad aumentada, llamada potenciación, que provoca la cocaína.

Cuando los ratones a los que se les había suministrado inyecciones de cocaína y fueron tratados con la optogenética modificada, la sensibilización locomotriz no aparecía y en cambio parecía que hubieran recibido la primera dosis de cocaína.

“Es destacable que en verdad funciona”, dijo Lüscher. “Ese era nuestro objetivo, pero que haya funcionado de tal manera tan confiable es muy interesante”.

La capacidad de reversar cambios celulares y conductuales provocados por drogas adictivas abre un camino de potenciales terapias, aunque estas están todavía un poco más lejanas.

Las palomas saben matemáticas

Las palomas pueden aprender reglas matemáticas abstractas, algo que se creía reservado para los primates, reportaron científicos.

No se crea que son capaces de resolver complejos problemas matemáticos, pero sí tienen cierta habilidad para el razonamiento numérico.

Distintas especies, de las abejas a los elefantes, dice un artículo en Science, pueden discriminar entre cantidades de artículos, sonidos u olores y representan números mentalmente. Solo los primates (desde los lemures a los chimpancés) razonan numéricamente, según se ha demostrado.

En 1998, por ejemplo, se mostró que los monos rhesus pueden coger el concepto de número ordinal. Es decir, dados dos conjuntos con de 1 a 9 objetos, pueden determinar que, por decir, un set de una cosa debería ser colocado antes de uno con dos cosas y así por el estilo.

Desde entonces esa capacidad se ha demostrado en distintas especies de primates, indicó Damian Scarf, psicólogo comparativo de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, cabeza del nuevo estudio sobre las palomas. “Siempre ha existido una pregunta: si esa habilidad es exclusiva de los primates”.

Scarf y colegas hicieron el test con 3 palomas. Pasó un año entrenándolas para ordenar 3 sets conteniendo de 1 a 3 objetos, tal como un set con un rectángulo amarillo, dos óvalos rojos y tres barras amarillas. Los conjuntos aparecerían en una pantalla de computador y las aves tenían que picotearlas en la secuencia ascendente correcta para tener una recompensa en comida. “Tenían que aprender que era el número de cosas lo que importaba, no el color ni la forma”.

Luego se les pedía a las palomas colocar dos sets conteniendo entre 1 y 9 ítems en la secuencia correcta, ascendente, para ver si entendían el principio básico detrás de los números ordinales. En el entrenamiento solo habían aprendido de 1 a 3, pero no fallaron cuando se les presentaron los otros números con formas, como 5 óvalos o 7 rectángulos.

El resultado estuvo por encima de la mera casualidad.

“Esto sugiere que a pesar de una organización cerebral completamente distinta y a pesar de cientos de millones de años de divergencia evolutiva, palomas y monos pueden resolver el problema de una manera similar”, opinó Elizabeth Brannon, de Duke University, neurocientífica cognitiva que había liderado el estudio de los rhesus.

Resumen científico de la semana del 29 al 2 de abril

Lunes: se me creció una mano

Una inquietud que parece loca pero, qué cuerda es. ¿Se ha preguntado cómo, durante su desarrollo, un órgano grita: paren, me detengo, dejo de crecer ya?
¿Por qué su mano es de un tamaño y no más grande que la otra, por ejemplo?
Una proteína descubierta en los ojos de la mosca de las frutas, descubierta por un grupo de investigadores de la universidad John Hopkins, es un paso adelante en el entendimiento de porqué el corazón y otros órganos se ajustan automáticamente a un tamaño, un tema encaminado a encontrar pistas que permitan el control del cáncer.
La proteína, Kibra, está ligada a señales químicas responsables de darle forma y tamaño al crecimiento de los tejidos al coordinar el control de la proliferación de células y de su muerte, según el estudio publicado en Developmental Cell.
Los científicos manipularon el papel de Kibra en una red de señales llamada la secuencia Hippo, consistente en varias proteínas que trabajan juntas. Contrapartes de los componentes del sistema Hippo e encuentran en la mayoría de lo animale, lo que sugiere que esa secuencia puede actuar como un regulador global del control del tamaño de los órganos, dijo Duojia Pan, profesor de Biología Molecular y Genética.
“La gente ha sentido curiosidad acerca de qué hace que un hipopótamo crezca mucho y un rató no”, indicó Pan, “así como nuestras dos manos que se desarrollan independientemente alcanzan el mismo tamaño”.
Los estudios muestran que Kibra regula a Hippo, que mantiene los órganos con su tamaño característico, evitando que el corazón y el hígado, por ejemplo, crezcan como los de un hipopótamo.
Kibra debe su nombre a kidney (riñón) y brain (cerebro) pues parece estar presente en estos dos órganos.
Hace dos años se demostró, al manipular la secuencia en el hígado de un ratón, que crecía mucho más que su tamaño habitual y se volvía canceroso.
Entender el sistema Hippo-Kibra sería importante para entender y tratar el cáncer, que literalmente es una enfermedad de crecimiento descontrolado.

Martes: un desempeño no esperado

Animar a las personas antes de emprender una tarea o actividad es lo más común. Pero hay un aspecto que no siempre se tiene en cuenta: la recompensa rápida.
Cómo se desempeña alguien en el estudio depende de factores como el tiempo dedicado y el interés en el tema. Ahora, según hallazgos publicados en Psychological Science, la rapidez con la que esperamos obtener la calificación también influye en el desempeño.
Los psicólogos Keri L. Kettle y Gerald Häubl, de la Universidad de Alberta en Canadá, investigaron la influencia del tiempo en que se espera la recompensa en el desempeño individual.
Para eso reclutaron estudiantes que debían hacer una presentación oral de 4 minutos, las que fueron calificadas por los compañeros de 0 a 100 y el promedio era la nota dada.
Los estudiantes participantes recibieron un e-mail 1, 8 y 15 días antes de la presentación y se les invitó a participar en el estudio. Los que aceptaron fueron informados de cuándo se les entregaría la nota y se les pidió predecir su calificación. Fueron luego asignados, al azar, a una cantidad específica de días en los cuales les entregarían la nota, de 1 a 17 días.
Los estudiantes que sabían que tendrían su calificación pronto, obtuvieron mejores resultados a aquellos que sabían que demoraría su nota. Es más: los que esperaban recibir su calificación pronto, esperaban obtener una nota peor que aquellos que iban a tener el resultado tarde.
El patrón sugiere que una retroalimentación rápida por anticipado mejora el desempeño porque la amenaza de una desilusión es más prominente.
Así, la gente se desempeña bien cuando las predicciones sobre su propio desempeño son menos optimistas, concluyeron los científicos.

Miércoles: la nebulosa de hidrógeno

El European Southern Observatory, una serie de telescopios en las montañas andinas chilenas, tomó una imagen en infrarrojo de la poco conocida y tenue nebulosa Gum 19, localizada en dirección a la constelación Vela a unos 22.000 años luz, en la que la mitad es oscura y el resto brillante.
En un lado, el hidrógeno caliente está iluminado por una estrella azul súper gigante, V391 Velorum. En la cinta de material luminoso y oscuro a la izquierda de V391 se desarrolla una fuerte formación de estrellas.
Luego de varios milenios, estas estrellas jóvenes, emparejados con los remanentes de la explosión de V391 Velorum en una supernova, alterarán la forma de Gum 19, que debe su nombre de una publicación de Colin Gum en 1955.
Esta nebulosa sirvió de base para la primera gran muestra de las regiones HII del cielo del sur.
HII se refiere al hidrógeno ionizado o energizado al punto de perder sus electrones. Tales regiones emiten luz en una longitud de onda bien establecida, dándoles a las nubes cósmicas un resplandor característico y, tal como ocurre en las nubes terrestres, las formas y texturas de estas regiones HII cambian a medida que pasa el tiempo, no uno corto sino durante largos periodos.
El horno que alimenta la luminosidad de Gum 19 es la gigante y súper caliente V391 Velorum, una estrella variable que puede cambiar repentinamente de brillo como resultado de una fuerte actividad que peude incluir la eyección de conchas de materia. La temepratura en su superficie es de 30.000 grados centígrados.
Estas estrellas no tienen larga vida. Tras unoa 10 millones de años, explotan como supernovas.

Jueves: los genes del pájaro que canta

No es reciente el interés por las aves canoras. Su estudio ha revelado una variedad de las propiedades fundamentales de sus sistemas biológicos. En particular, los estudios neurobiológicos han revelado la presencia de neuronas nuevas en el cerebro adulto, de cómo las hormonas esteroides afectan el desarrollo cerebral, las bases neuronales y la mecánica de las vocalizaciones y cómo la experiencia modifica la fisiología de las neuronas.
También han sido usados estos pájaros como modelos en el aprendizaje por imitación, una conducta que se cree es un sustrato para la adquisición del habla en los humanos.
Bueno, ahora un grupo internacional de científicos, reveló el Journal of Biology, descifró el genoma de los pájaros zebra (Taeniopygia guttata, junto a un análisis de la secuencia. Un proyecto comenzado en 2005 por diferentes iniciativas.
Pues bien, el genoma está constituido por 17.475 genes que codifican por proteínas, lo que provee una plataforma única para investigación genómica en este organismo, así en un futuro se afinen los detalles del genoma.
Se identificaron también las regiones reguladoras de ARN no codificante.
Se podrá, por ejemplo, comenzar a clarificar el proceso evolutivo de su fisiología.
Se encontró, por ejemplo, que cerca de 10.000 genes están expresados en la parte frontal de los pajaritos a los 50 días de nacidos, dentro del periodo crítico de aprendizaje vocal, lo que indica que en cualquier momento el 60 por ciento de los genes están expresados en el cerebro.

Viernes: regreso triunfal del halcón

Desafiando todas las posibilidades, la sonda japonesa Hayabusa se encuentra a sólo tres meses de su regreso a casa.
Hayabusa, halcón en español, estuvo extraviada durante las maniobras de aproximación al asteroide 25143 Itokawa, al que llegó en noviembre de 2005, lo que le produjo una alta pérdida de combustible, fallos en las baterías y una incomunicación que duró dos meses.
La pérdida de tres de sus cuatro motores accionados con xenón significaba que le tomaría tres años más el retorno a Tierra.
El único motor, dijo Junichiro Kawaguchi, director del proyecto, le permitió acelerar a 900 millas por hora, 400 metros por segundo durante el año pasado.
Se espera que a mitad de año descienda en paracaídas sobre una región de Australia, trayendo su preciada carga: el material recogido en Itokawa para su análisis y confirmar el origen de esta clase de cuerpos, remanentes de la formación del Sistema Solar.