Río Amazonas es viejito: 9 millones de años

Boca del Amazonas. Foto ESA

Boca del Amazonas. Foto ESA

Contribuye con un quinto de toda el agua dulce que va a los océanos y su cuenca es la más grande del planeta, pero aunque eso se dé por sabido, ¿cuándo surgió el río Amazonas?

Científicos de las Universidades de Amsterdam y Brasilia establecieron una fecha en la cual apareció el río: hace 9,4 a 9 millones de años, muchísimo antes de lo que sugieren estudios previos de otros autores.

El estudio publicado en el journal Global and Planetary Change comprendió análisis geoquímicos y palinológicos de sedimentos de una perforación para hidrocarburos, a más de 4,5 kilómetros bajo el nivel del mar.

Los resultados revelan un cambio en la composición del sedimento y material residual de plantas durante el Mioceno tardío. Esto representa un cambio en el río de das tierras bajas tropicales a los Andes, o sea el surgimiento del río transcontinental.

Otros estudios han concluido que surgió tan tarde como 1 a 1,5 millones de años o tan temprano como 2,6 millones de años.

El estudio, asimismo, ofrece una nueva perspectiva en los cambios en la composición en la cuenca de drenaje. El aumento en los restos de pastos sugiere un levantamiento de la montaña y cambios en el clima del Cuaternario que afectaron el paisaje y tal vez abrieron nuevos espacios para la colonización de los pastos.

Especial fin de semana

Cuando Colón llegó, lo que aquí había era un gentío

 

Pise donde pisó Colón con todo su batallón. Pero es que antes del señor Cristóbal como que muchísimos más habían pisado y vivido en las tierras americanas.

Fue el 12 de octubre de 1492 cuando nació para el Viejo Continente un Nuevo Mundo, lleno de misterios, de retos y de recursos para saquear entonces y aún hoy.

Pero vayamos a un punto concreto: la Amazonia, esa región, pulmón del mundo, misteriosa por siempre.

Distintas versiones sugieren que lo que los exploradores encontraron allí fue un río repleto de pueblos. No se crea que sólo es ficción.

En su vendido libro 1941, Charles Mann, hace un recuento histórico para concluir que cuando Colón llegó, en América había mucha más población que lo que ha contado la historia. No todo eran selvas vírgenes aunque, obvio, no existían las multitudes de hoy.

Fue el contacto entre las dos poblaciones lo que minó a los aborígenes, cuya población se redujo por enfermedades como la viruela.

Hace pocos meses arqueólogos brasileños y de la Universidad de Gothenburg hallaron las ruinas de unos 90 asentamientos al sur de la ciudad de Santarem. “Lo más sorprendente es que muchos de ellos están alejados de los ríos y están situados en sitios de la selva poco poblados hoy”, dijo Per Stenborg, del Departamento de Estudios Históricos.

Desde siempre, hasta los arqueólogos han creído que las tierras del interior habían estado poco pobladas antes de la llegada de los españoles en los siglos 16 y 17. Una razón: los suelos en esas áreas son estériles por lo general, aparte de que el acceso al agua es difícil en las estaciones secas.

Por eso se constituyó en un misterio cuando Francisco de Orellana, en su viaje por el río Amazonas, dibujó la región como muy poblada, con pueblos situados no sólo a lo largo del cauce sino hacia dentro.

El grupo de arqueólogos suecos y brasileños hallaron suelos fértiles rodeados de otros áridos, suelos artificiales conocidos como la tierra del indio o tierra negra amazónica, creada por los pobladores.

“Encontramos depresiones en el paisaje, algunas de cientos de metros de diámetro en varios asentamientos”, dijo Stenborg. Podrían haber sido reservorios de agua.

Parecen corresponder los relatos de Orellana con los recientes descubrimientos.

Los hallazgos han sido complementados recientemente con otras intervenciones. En la Amazonia occidental, la arqueóloga Denise Schaan de la Universidad Federal de Pará ha rastreado misteriosas esculturas en la tierra, cavadas hace 700 a 2000 años. El propósito de esas 269 obras circulares y rectangulares en un área de unos 24.00 kilómetros cuadrados, es un misterio, pero sugiere la presencia de pueblos más avanzados de lo creído.

“Solamente pudieron ser levantadas por poblaciones grandes y coordinadas”, dijo.

Con base en análisis de los sedimentos enriquecidos con las sobras del carbón –que pudieron ser fertilizados intencional o incidentalmente por ocupantes humanos- el geógrafo emérito de la Universidad de Wisconsin estima en 9 millones los pobladores que vivían en la región en el siglo 15.

El exterminio irracional a que fueron sometidas las poblaciones americanas explica parte del colapso. Mann deduce que el imperio Inca, por ejemplo, fue diezmado gracias a los metales que tomaron y emplearon los españoles para fabricar armas. En ese entonces el número de incas superaba con creces a los exploradores ibéricos.

Si bien los incas tenían acceso y conocían los metales, los empleaban para otros fines.

“Los españoles llegaron y los indios morían a tasas increíblemente altas”, decía en los años 60 el antropólogo Henry F. Dobyns tras analizar registros en la catedral de Lima (Perú).

El impacto social y cultural de las enfermedades llegadas de Europa con los extranjeros fue colosal.

Aunque ha habido críticos a la obra, como David Henige, que creen que es imposible demostrar la existencia de una población numerosa, dataciones en cavernas en Lagoa Santa (Brasil) sugieren que los indios vivieron allí miles de años.

No será fácil ponerse de acuerdo en las cifras, pues hasta Dobyns habló de 100 millones de indígenas en América a la llegada de los españoles, una elevada tasa reproductiva para haberse dado en solo 15.000 años tras el paso de los siberianos por el estrecho de Bering. No puede olvidarse que recientes investigaciones apuntan a una presencia más antigua de pobladores en el continente americano.

Sea como sea, la historia está para ser redescubierta. Lo que vio y relató Orellana seguramente fue algo más que zombies o extraterrestres y, eso a la vez habla de que la tragedia tras la llegada española fue peor de lo que se ha reconocido, así no todos los pueblos hayan sido exterminados o reducidos por los codiciosos conquistadores.