El cine de Medellín y la violencia

Matar a Jesús, al Zarco, a Rosario, al Animal…

Oswaldo Osorio

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En el cine de Medellín siempre ha estado presente la violencia. Incluso en la inocencia y prosperidad de los años veinte, la película que inaugura esta cinematografía local, Bajo el cielo antioqueño (Gonzalo Acevedo, 1925), tiene un asesinato como parte esencial de la trama. Y después de Rodrigo D (Víctor Gaviria, 1990), la violencia ha sido el centro de prácticamente todas las producciones paisas, por lo que es el elemento que más define su cine, como también el aspecto que mejor ha posibilitado obras reflexivas y comprometidas con entender y explicar esta ciudad.  Continuar leyendo

Monty Python

Los fabricantes del chiste más gracioso del mundo

Oswaldo Osorio

La revista de cine Kinetoscopio, en su edición 120, dedicó su dossier a hacer un recorrido por los principales representantes de la historia de la comedia en el cine. Chaplin, Keaton, los hermanos Marx, Tati, Woody Allen y otros más hacen parte de este divertido grupo que define el humor en el cine por sus autores y comediantes. Este perfil de los Monty Python hace parte de este compendio.

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El chiste más famoso del mundo nunca fue contado. Y es famoso porque es el más gracioso y porque lo fabricaron -sin fabricarlo- los Monty Python. El chiste siempre está en fuera de campo para los espectadores (tal vez no se podía correr el riesgo) y es usado como arma de guerra de los Aliados contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En lugar de fusiles, los soldados avanzaban con el chiste traducido al alemán y lo gritaban en el campo de batalla, fulminando sistemáticamente de risa a los teutones, eso a pesar de su afamada falta de sentido del humor. Continuar leyendo

Tres versiones de Churchill

El hombre que un país necesitaba

Oswaldo Osorio

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Con mucha frecuencia la industria del cine coincide haciendo la misma película simultáneamente, ocurrió con Relaciones peligrosas y Valmont, con Impacto profundo y Armageddon, con los dos biopics de Yves Saint Laurent y con tantas otras. En 2017 el turno fue para el personaje de Wiston Churchill, de quien se hicieron La hora más oscura, de Joe Wright, Churchill, de Jonathan Teplitzky, y tuvo un gran protagonismo en la serie The Crown, de Netflix.

Son tres versiones del mismo personaje, con equivalente calidad, que terminan siendo complementarias. La gran diferencia radica en el momento de su vida que cada versión desarrolla. Mientras La hora más oscura habla de sus primeros días y consolidación triunfal como primer ministro del Reino Unido, Churchill también da cuenta de un corto lapso, cuando los Aliados se preparan para la invasión a Normandía y el poder de decisión del estadista se encuentra en declive, mientras que The Crown recrea sus últimos años en el gobierno.

Las tres lo miran casi de idéntica forma, como si hubieran revisado las mismas fuentes y coincidido en igual visión e interpretación de este histórico hombre, esto es, su tozudez y determinación en asuntos de Estado, sus momentos de desorientación y casi senilidad en su entorno cotidiano (a veces en el trabajo) y ese temple de líder inspirador que termina despuntando en los momentos más críticos. Incluso las interpretaciones, hechas por tres buenos actores (Gary Oldman, Brian Cox y John Lithgow), son también muy parecidas, aunque la de Oldman, como siempre, se pasa de manierista, y son esos excesos (y seguro el maquillaje) lo que le está dando todos esos premios.

También hay un manierismo en la concepción visual de La hora más oscura, frente al estilo más preciosista y clásico de Churchill y The Crown. Seguramente tiene que ver con la idea a la que hace referencia el título, pues fueron los días en que el mundo estaba acorralado por los nazis, pero por momentos ese expresionismo extremo, donde muchas veces todo está iluminado solo por un fuerte chorro de luz y la imagen está casi en blanco y negro, se hace más efectista y postizo que eficaz y legible. Fue una audaz decisión estética que pondrá a prueba el gusto del espectador.

Este caso es una muestra de cómo la industria del cine (de la que ya hacen parte las series de Netflix y otros canales de televisión) se repite y copia a sí misma, apenas con ligeras variaciones. Y son los detalles los que terminan haciendo la diferencia: La presencia de la esposa, por ejemplo, es más una figurante en La hora más oscura, mientras que resulta un personaje decisivo en Churchill y ayuda a construir mejor al protagonista. O el contraste en La hora más oscura entre su lóbrega concepción visual y la torpeza y complacencia de escenas como la del metro. También está el inteligente recurso del retrato que un pintor hace del estadista, para dar cuenta de la complejidad de este hombre, que utilizan en The Crown.

Tres versiones con sus más y sus menos sobre una figura histórica que merecía estas miradas, para las cuales puede resultar más enriquecedor el ejercicio de complementarlas y hacerse una sola visión del personaje y su tiempo que compararlas de forma excluyente.

15 Video clips recomendados de 2017

Necesariamente la industria musical estadounidense acapara la calidad y cantidad de los videos que se encuentran en línea. Habría que escarbar mucho en la red para encontrar muchos más buenos videos de otras latitudes. Para este año se siguen destacando el compromiso de artistas como Kendrick Lamar y St. Vincent por hacer, no uno, sino varios videos sobresalientes. El hip hop sigue aportando muchas de las ideas originales y potentes de esta expresión audiovisual, así como se pueden encontrar tendencias recurrentes en su creación, como los videos que apelan a una narrativa o estética de programa televisivo o los que aprovechan las posibilidades formales y discursivas de la interactividad, las redes sociales y los nuevos medios.

Oswaldo Osorio

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  1. Naive New Beaters – Words Hurt

Aunque la interactividad no es nada nuevo en los videos musicales, la forma como esta pieza capitaliza un relato con grandes valores de producción, además de las muchas ramificaciones en su argumento y las reflexiones que de fondo se pueden hacer de ellas, la convierten en una obra sólida, compleja y muy entretenida.

  1. Kendrick Lamar – Humble

De nuevo este rapero con sus imágenes potentes, llenas de poesía visual y cargadas de furia, irreverencia y simbolismo. No apela mucho a los efectos, solo se vale del ingenio y la creatividad para construir situaciones y escenarios que refuerzan y comentan sus cuestionadoras letras.

  1. St. Vincent – New York

Más que este video, se pueden mencionar todos los de esta artista creados con esa estética tan distintiva, en la que sobresalen los colores intensos y planos, acompañados por un diseño de arte que busca armonías y contrastes pictóricos, así como un protagonismo de los objetos. Un raro pero llamativo estilo a mitad de camino entre el minimalismo y el kitsch.

  1. The Academic – Bear Claws

Un ingenioso y original video que aprovecha el retraso de la transmisión en vivo de Facebook para construir un relato visual y musical definido por acumulación de pistas, tempos y colores. Parece solo un juego o un oportunismo tecnológico, pero realmente es una complicada e inteligente construcción audiovisual.

  1. Mike Will Made-It – Perfect Pint

Encajado dentro de un esquema muy conocido en el video clip (interpretar la canción viajando por una carretera -aunque también inspirado en el inicio de Miedo y asco en Las Vegas), el valor agregado de este trabajo es los numerosos relatos y apuntes visuales, simbólicos y fantásticos que, por gracia de los efectos especiales, van apareciendo a lo largo del recorrido. Todo un festín de creatividad, imaginación, onirismo y referencias a la cultura popular.

  1. Leningrad – Kolchik

Otro esquema muy recurrente, mostrar la acción en reversa. La diferencia con este video tiene que ver con sus altos valores de producción y los impresionantes efectos visuales. Varias subtramas se entrecruzan en una lógica de efecto causa y potenciado por la cámara lenta. Todo un deleite visual y narrativo apreciar detenidamente los detalles, personajes y acciones de este video.

  1. ZHU, Nero – Dreams

No solo son cuerpos desnudos, son miles de ellos como una gran masa, a veces danzante y otras inerte. Cuerpos que se amontonan, giran, levitan, chocan y explotan en una impactante esfera surreal, tan grotesca como fascinante.

  1. Grimes ft. Janelle Monáe – Venus Fly

Diseño de vestuario cargado de fantasía, color y concepto, además de efectos visuales y cámara lenta. Estos son los elementos con los que este video consigue una llamativa y contundente estética, en buena medida muy novedosa. Un trabajo cuidado y con pretensiones de gran producción, tanto que los créditos apenas si duran poco menos que el video mismo.

  1. Young Thug – Wyclef Jean

Lo que en principio parece solo una irónica e ingeniosa solución ante el problema de un cantante incumplido, a la larga termina siendo un auto reflexivo recorrido por los distintos procedimientos, tendencias y componentes de la elaboración de video clips de hip hop. Puro metalenguaje, gesto posmoderno y creativo cinismo.

  1. Bonobo – No Reason (feat. Nick Murphy)

Un estimulante y bello viaje surreal a través de una misma habitación que se repite casi una veintena de veces. Pero como el río de Heráclito, nunca es la misma habitación, cambian en ella numerosos detalles, pero el cambio esencial es la proporción de los objetos y de la misma habitación, consiguiendo con esto un tránsito por distintas dimensiones espaciales y temporales, pero contradictoriamente unidas por la continuidad del plano secuencia.

MENCIONES ESPECIALES

  1. Cassius – Go Up ft Cat Power & Pharrell Williams
  2. Portugal. The Man – Rich Friends
  3. Björk – The Gate
  4. Royal Blood – Lights Out
  5. Kesha – Praying

10 películas recomendadas de 2017

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Oswaldo Osorio

De todo lo estrenado este año en Colombia, la oferta no fue ni mejor ni peor que en la última década, eso sí, a pesar de que el noventa por ciento de la cartelera cada semana está copada por el cine de Hollywood, sigue llegando un segmento -no muy amplio- del cine mundial y alternativo, el cual compensa en calidad la avasallante cantidad de cine de consumo. Aunque todavía es necesario acudir a la piratería, las descargas por internet y las películas en línea para ver lo mejor del cine actual.

1. Toni Erdmann, de Maren Ade

El viaje emocional de padre e hija a través de un tipo de comedia casi sin referentes y tan inteligente como desconcertante. También es una historia sobre la productividad laboral, la felicidad y el sentido de la vida.

2. Sin nada que perder, de David Mackenzie

Un par de hermanos ladrones de bancos en un thriller cargado de resentimiento social y furia, mientras su contraparte, un viejo policía, los busca con calma y lucidez.

3. Nuestra hermana pequeña, de Hirokazu Koreeda

Con el universo característico de este director japonés, la historia de cuatro hermanas es un canto a la belleza, la familia, la fraternidad y el sosiego.

4. El viaje, de  Nick Hamm

Dos líderes políticos en un carro tratan de resolver el conflicto irlandés en un relato de gran fuerza dramática e ideológica a través de un voluble diálogo de consenso y liberación.

5. T2 Trainspotting, de Danny Boyle

Una historia que no se debe leer sin su primera parte, pues mantiene su visceralidad argumental e inventiva visual, pero con la carga emocional y existencial luego de dos décadas.

6. Paterson, de Jim Jarmusch

La cotidianidad y monótona vida de un chofer de bus se rompe eventualmente cuando escribe poesía. Un improbable personaje que sirve para hablar de la belleza de las cosas simples de la vida.

7. El cliente, de Asgar Farhadi

Vuelve este director iraní con un relato en el que la ética y  el contexto social y religioso de su país propician un duro, reflexivo y complejo drama.

8. Dunkerque, de Christopher Nolan

Aunque es una historia que simplifica su tema y contexto histórico, resulta fascinante y de gran poder cinemático lo que hace con su relato, el cual es planteado en tres tiempos narrados de forma diferencial.

9. Manchester junto al mar, de Kenneth Lonergan

La historia de un hombre con el corazón roto es contada aquí en un tono conmovedor y reflexivo, concentrándose en el drama de la puesta en escena y el universo emocional de los personajes.

10. Colossal, de Nacho Vigalondo

Empacada como un relato de cine fantástico, esta película desarrolla un genuino drama de crisis existencial, en el que de forma ingeniosa se combina cine de género y trama de personajes.

 

 

Las series de televisión

¿El nuevo cine o el cine reciclado?

Oswaldo Osorio

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Que el mejor cine se está viendo en la televisión, es una afirmación que se origina en el buen momento por el que está pasando la producción de series en la actualidad. No obstante, es una idea más provocadora que justa, no solo frente al cine alternativo e independiente, sino también en relación con lo que realmente puede estar ofreciendo de novedoso o elaborado este producto audiovisual que, sin duda, ahora es un verdadero fenómeno mediático y un atractivo formato para consumir historias en distintas plataformas para una nueva y creciente audiencia.

Los relatos por entregas para un público masivo tienen su antecedente más destacado en la obra de Balzac. Pero muy pronto el cine, con su progresiva popularidad a medida que avanzaba el siglo XX, hizo de los seriales la televisión aún no inventada, especialmente para el público más joven. Ya desde la segunda década de esa centuria, existían series como Fantomas (1913) o Los peligros de paulina (1914), que iniciaron una tradición del cine por entregas semanales que continuaría con una predilección por el western y, en las décadas del treinta y cuarenta, con los célebres seriales de súper héroes y personajes provenientes de los cómics, como Superman, Batman, La sombra, Dick Tracy y Flash Gordon, entre muchos otros.

Pero con la popularización de la televisión en los años cincuenta, las series pasan del cine a este nuevo medio y hacen carrera legendarios títulos como I Love Lucy, Alfred Hitchcock presenta, Dimensión desconocida, Star Treck, MASH y una larga lista que se convirtió en el campo de batalla de la lucha por las audiencias entre las tres grandes cadenas estadounidenses: NBC, CBS y  ABC. Cruzando el Atlántico, la BBC de Londres también consolidó una tradición de producción en esta línea que tuvo una importante difusión e impacto en la audiencia de América Latina.

Una nueva televisión

El punto de inflexión, no solo de las series, sino del negocio y la producción televisiva en general, se da paulatinamente en la década del noventa, cuando la televisión por cable empieza a marcar la diferencia en sus contenidos en relación con la televisión abierta. El caso paradigmático y exitoso de esta transformación es el canal HBO, con series como Los Soprano (1999), Six Feet Under (2001) o The Wire (2002), en las cuales los temas, los personajes y su tratamiento resultaron una verdadera novedad para la televisión. Aunque en realidad, podría decirse que este medio, antes pensado para un público genérico y familiar, se liberó de límites y censuras, invirtió en los valores de producción, buscó audiencias nicho y retomó de la tradición cinematográfica muchas de sus características, empezando por la expresividad de su lenguaje.

Todos estos factores, sumados a la accesibilidad de las nuevas plataformas, como la televisión por demanda, el internet y Netflix, han dado para que se esté hablando de una nueva Edad de oro de la televisión. Pero claro, se trata de una idea que solo toma en cuenta esta suerte de élite televisiva que son las prestigiosas series de los grandes canales (de televisión abierta, cable y online), pero el grueso de la parrilla de la pantalla chica sigue siendo una producción donde reinan los contenidos superfluos, estandarizados y sedientos de cualquier gota que le puedan exprimir al rating, a cualquier precio.

Un nuevo punto de inflexión se ha estado experimentando en los últimos años, especialmente luego de la popularización de Netflix, y por extensión con el consumo de series vía online. Además de la supresión de los cortes comerciales (que tiene una significativa incidencia en la construcción dramatúrgica de los relatos), el gran cambio cualitativo en relación con la televisión tradicional es que ya el espectador no tiene que esperar un día y un horario para poder ver cualquier contenido, sino que tiene a su disposición toda la temporada de una serie, para verla cuando quiera y en la dosis que se le antoje.

Esta posibilidad ha traído consigo una especie de nuevo comportamiento adictivo hacia el consumo de estos productos audiovisuales, pues al no haber límites, hay quienes ven una o varias temporadas de un tirón en un fin de semana. Aunque luego se les venga una larga resaca de abstinencia mientras se estrena la nueva temporada, pero una resaca que pueden aliviar con otra de las tantas series disponibles, igual o más adictivas.

Cine en televisión

La gran oferta y facilidad del consumo doméstico es la base de esta Edad dorada, pero esa disponibilidad de contenidos necesariamente tuvo que estar respaldada por unas características que también hicieran la diferencia con otras épocas de la televisión: el tipo de contenidos, apelar a los géneros, invertir en la producción y la complejidad en la construcción de los personajes y relatos son las más sobresalientes.

Y efectivamente, ver series como  Twin Peaks, Vikings, Juego de tronos, True Detective o Sense 8 es como estar viendo el mejor cine pero en la confortabilidad y la autonomía del hogar. No obstante, este “nuevo cine”, en buena medida, lo que ha hecho es traer los contenidos y valores de producción de la pantalla grande a estas plataformas contemporáneas, por lo que, de cierta forma, se puede antojar reciclado y recurrente para un público más cinéfilo, aunque no para una nueva y cada vez más joven audiencia, que se sorprende y disfruta con esta novedosa ráfaga de contenidos que puede ver desde la cama o el sofá.

A pesar de las innegables cualidades de muchas de estas series, también es necesario cuestionarse por los ingredientes en que basa su popularidad, y hay tres que llaman especialmente la atención, por ser proclives a enganchar de forma fácil y hasta sensacionalista a cualquier espectador: la violencia, el erotismo y los villanos como protagonistas. La más exitosa serie del momento, Juego de tronos, es el mejor ejemplo de esto. En un inventario rápido de los títulos más populares del nuevo milenio, se podría constatar que la mayoría tienen al menos dos de estos tres componentes.

Pero más allá de esta cuestión, así como de la mala manera en que muchas series terminan desfigurándose con el exceso de capítulos y temporadas, esta forma narrativa se está imponiendo con gran fuerza en la cultura popular como un producto intermedio entre el cine y la televisión, con los mejores valores y ventajas de uno y otro medio. Y en este nuevo fenómeno no hay que olvidar el importante papel que las redes sociales están cumpliendo, tanto publicitando las series como en la construcción de un discurso hipertextual sobre sus temas, personajes y universos, lo cual hace que estos relatos no sean solo lo que encierran los cuatro lados de una pantalla, sino una apropiación de los contenidos nunca antes vista, y en eso, especialmente, radica su mayor triunfo sobre cualquier otra forma de contar historias conocida hasta ahora.

Publicado en agosto de 2017 en la revista Visor, No. 7, de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Pontificia Boliviariana.

Game of Thrones

Dos defectos de la séptima temporada (Con spoilers, obviamente)

Gloria Isabel Gómez

Escuela de Crítica de Cine

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Hace años, cuando comencé a ver Game of Thrones, quería que Jon Snow tuviera un romance con Daenerys, pero siempre creí que era solo una ilusión de fanática y que en la lógica de la serie eso no sucedería. Sin embargo, en la séptima temporada pasó, y no fue el único acontecimiento que sorprendió a todos los espectadores.

Esta temporada tuvo algunos aciertos pero fueron superados por dos grandes defectos:

Desde que en el último episodio de la sexta temporada Varys fue y volvió de un continente a otro en menos de media hora, comenzó a gestarse lo que este año sería un desastre episodio tras episodio: el desequilibrio. Cada serie tiene un tempo y un ritmo particular que construye durante cada entrega. Game of Thrones nos acostumbró a que las distancias entre un lugar y otro eran vastas e inmensas. Pero esta vez, los personajes y los cuervos iban y volvían a su antojo durante el mismo episodio, lo que restaba coherencia narrativa a la serie, llenándola de vacíos argumentales.

Cuando un espectador tiene herramientas visuales previas de un universo ficticio se vuelve más sagaz, se concentra más en los detalles: Por eso las cadenas con las que sacaron al dragón del agua fueron más protagónicas que la impresionante secuencia en la que ese mismo dragón cae del cielo, se desangra y muere. Por esa misma razón, todos nos preguntamos ¿Por qué Sansa y Arya no acudieron a Bran para resolver su disputa? ¿Cómo es que Gendry vio que el oso tenía ojos azules a esa distancia y en medio de una tormenta de nieve? En una de las escenas eliminadas de esta temporada, Sansa visita al Cuervo de Tres Ojos para esclarecer las intenciones de Little Finger. Si se grabó, fue porque los guionistas sabían que sería poco lógico que la conversación no sucediera, pero se descartó* para generar sorpresa durante el episodio final.

El otro defecto de esta temporada es que fue demasiado complaciente. A pesar de las fastuosas escenas de batallas y combates ningún personaje de las familias importantes (Lannister, Stark, Targaryen) sufrió afectaciones serias durante los seis episodios (la muerte del dragón impactó más a los espectadores que a la misma Daenerys). Dramáticamente, esto pone a la serie en aprietos. Es posible que el hecho de que los capítulos ya no estén basados en los libros publicados por George R. R. Martin tenga mucho que ver. Los guionistas se han liberado totalmente del canon oficial de la saga y esto inevitablemente afecta la versión televisiva.

También está claro que el presupuesto de cada episodio aumentó ostensiblemente: Dragones en primeros planos, la aparición de Nymeria y los extras que participaron de las batallas son algunos ejemplos. Un amigo me dijo: “Esta temporada fue más de los productores que de los guionistas”, y tiene razón por las formas obvias en las que economizaron con diálogos: tiempos, recorridos y escenas que hubieran hecho de esta una temporada grandiosa.

A medida que avanzaba la temporada, el nivel de complacencia se unió cada vez más al desequilibrio ya mencionado: Nos alegramos porque Bronn y Jamie sobrevivieran al ataque de Daenerys con los Dothraki, pero nos decepciona que hayan salido del lago como si nada, y peor aún, que hayan llegado a King’s Landing con facilidad. Olenna confiesa haber asesinado a Joffrey y nos complace que sea soberbia y tenga una muerte tranquila, pero nos cuestiona el porqué Jamie no la atacó más ferozmente después de conocer esa información (Porque por más blando que se haya vuelto el personaje, él es el Kingslayer).

Como espectadora, terminé esta temporada con dos sensaciones contrarias: la alegría por los personajes que se reúnen, se aman y sobreviven, pero la decepción por la historia que los llevo a ello, tan comprimida en siete episodios que no le hace justicia a esa premisa prometida: “Winter is here”.

* HBO no ha publicado los videos con las escenas eliminadas pero Isaac Hempstead Wright contó algo sobre la escena en cuestión.

Publicado originalmente en: https://elcinesana.wordpress.com/

Rodrigo D y la Cinemateca de Medellín

Por la memoria fílmica

Oswaldo Osorio

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Es probable que Rodrigo D: No futuro, de Víctor Gaviria, sea si no la más, una de las más importantes películas del cine colombiano. Las razones son muchas: la forma como descubre una parte de la ciudad y un universo marginal inéditos en el cine nacional, el uso de un método de trabajo e investigación que tiene como base el realismo y los actores naturales, el visceral uso de la música, su audaz propuesta alejada de la narrativa clásica y su inclusión en la selección oficial del Festival de Cannes.

Por esa importancia es que Proimágenes Colombia y la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano acaban de hacerle un proceso de restauración que, además, le dará una nueva vida en el formato digital (se hizo junto con otros tres cortos del director: Los habitantes de la noche, La vieja guardia y Los músicos). Esta labor de recuperación y restauración de la historia fílmica del país, que ya se ha hecho con el cine silente, la obra de Carlos Mayolo o la de Dunav Kuzmanich, evidencia la consciencia que ya existe acerca de la importancia de los archivos como parte esencial de la memoria nacional.

Lo significativo de esta cinta y su recuperación resultó ser ideal y de gran fuerza simbólica para presentar, el pasado 25 de agosto, la Cinemateca Municipal de Medellín, una necesidad por la que el gremio audiovisual estuvo reclamando e impulsando hasta que fue posible encontrar la voluntad política para ponerla en marcha. La Cinemateca, además, será precisamente dirigida por el cineasta Víctor Gaviria, de quien es conocido no solo su interés en el cine por hacer películas, sino que siempre se le ha visto como un gestor de la cultura cinematográfica, especialmente a través de los festivales que dirige y organiza.

El emblemático Teatro Lido, que será la sede inicial de la Cinemateca, casi llenó sus 1200 butacas para presenciar este nacimiento de la esperada entidad del cine antioqueño y la reencarnación al digital de su obra más importante. Ver Rodrigo D después de más de un cuarto de siglo de estrenada (1990) fue constatar tanto lo significativo de esos factores enumerados en el primer párrafo como la certeza del vital papel que cumple el cine como parte de la memoria de una sociedad.

Esa ciudad de Medellín que mira Víctor Gaviria a mediados de los ochenta, es una sociedad escindida, y en ella se revela un universo marginal marcado por la desesperanza de una generación que veía negado su futuro, los unos por vía de una suerte de nihilismo punk y los otros porque siempre están de cara a la muerte en su dinámica delincuencial como consecuencia de un mundo sin oportunidades.

Es un relato que sigue con la vitalidad y relevancia de hace casi tres décadas, con la furia del punk y el metal dándole voz a una generación sin expectativas de vida, así como con el espíritu de un cine que prescinde del argumento clásico y del uso de la acción como gancho, porque prefiere ser consecuente con ese universo atropellado y caótico que empezaba a explicar la oscura noche que estaba a punto de cubrir a esta ciudad.

Brian Moser en el Festival de Cine de Jardín

El cineasta que descubrió a Colombia

Oswaldo Osorio

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Una de las funciones esenciales de un festival de cine es destacar o rescatar obras a las que difícilmente el público general tendría acceso. Es por eso que en un evento como estos, la formación de públicos empieza por la curaduría de una serie de películas y la selección de unas muestras especiales significativas cinematográficamente. Para este segundo Festival de Cine de Jardín, que se realiza entre el 20 y 23 de julio, además de una docena de títulos relacionados con el tema de la tierra, habrá una muestra de la obra del documentalista Brian Moser.

Ese tema tan amplio, la tierra, será desarrollado cinematográfica y académicamente desde tres líneas: territorio en conflicto, medio ambiente y cosmogonías. La obra de Moser, que se centra en la exploración y estudio de las comunidades indígenas americanas, tiene títulos orientados hacia estas tres distintas líneas. Este documentalista inglés, que también es geólogo y fotógrafo, llegó a Colombia a finales de la década del cincuenta y, junto con el antropólogo Donald Tayler, se dedicó a conocer y documentar distintas regiones del país donde hubiera grupos indígenas amenazados por la presencia del hombre blanco.

Casi veinte años antes de que la emblemática serie de televisión nacional Yuruparí, de Audiovisuales, diera a conocer estas comunidades en los años ochenta, ya Brian Moser había llevado sus cámaras a la selva amazónica y a la Sierra Nevada de Santa Marta, no solo para registrar las costumbres y visión del mundo de los indígenas colombianos, sino para poner en evidencia todos los problemas que los acechaban como pueblos ancestrales, ya sea por el contacto con la civilización occidental, la disminución de su territorio invadido por la explotación económica de los colonos o la evangelización de distintas iglesias.

Es así como en Pira-paraná (1960) registra de la vida cotidiana de los indígenas Makuna, casi al borde de la desaparición; así como lo hizo en Los últimos cuiva (1970). En La guerra de los dioses (1971) da cuenta de cómo los evangelizadores crean misiones o colonias religiosas en la selva con el único fin de despojar de sus creencias a los indígenas e imponerles su fe; en su serie Antes de Colón (1993), con las películas Invasión, Conversión y Rebelión, hace un profundo análisis del estado de los pueblos indígenas en toda América y del choque contra la sociedad occidental y sus afanes de progreso.

Y si bien el cine de Brian Moser es esa especie de escasa joya del cine rescatada por este festival, el evento cuenta con otro grupo de películas que abordan este tema capital, desde clásicos del cine como Fitzcarraldo de Werner Herzog, hasta título actuales como La sal de la tierra (Win Wenders) o Un asunto de tierras (Patricia Ayala); esta mirada también se desarrollará a partir de un seminario en conferencias y conversatorios con invitados como Brigitte Baptiste, Alfredo Molano, Wiliam Ospina y Gustavo Wilches.

Se trata de un Festival de cine con un tema que lo toca todo, una oportunidad para ver películas, pero también para reflexionar sobre el pasado y el presente del país y el mundo, todo a partir de un hilo conductor definido por la frase “con los pies en la tierra”.

Un jefe en pañales, de Tom McGrath

Cine infantil para adultos

Oswaldo Osorio

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Ahora el cine infantil suele no ser solo infantil. Muchas películas tienen la capacidad de funcionar perfectamente para los niños de distintas edades, pero también resultar estimulantes y cargadas de connotaciones para el público adulto, aun para el más exigente. Eso es lo que sucede con películas como El gigante de hierro, Toy Story, Monsters Inc, Up, Los Croods, Ralph El demoledor, Intensamente o el cine de Miyazaki, por solo mencionar algunos ejemplos.

Igualmente ocurre con esta película (The Boss Baby, 2017), de Dreamworks Studios y basada en el libro ilustrado de Marla Frazee. Se trata de la historia del nuevo bebé que llega a un hogar donde ya hay un niño, quien se siente desplazado por su nuevo hermano. Pero además, (advertencia de spoilers) es una trama de espionaje, pues en realidad el bebé es una especie de ejecutivo que tiene una misión en la competencia que hay entre la Corporación de bebés y la de cachorros.

Así que, como las buenas películas, esta tiene un doble conflicto que le da mayor significación y complejidad: el interno, que es la contienda entre “hermanitos”, y el externo, que es la disputa entre las dos compañías. Aunque mencionado así, solo se trata de las líneas argumentales, pero en el fondo, cada conflicto está cargado de unas implicaciones más complejas que plantean cuestionamientos y reflexiones de tipo sicológico y social.

De un lado, está esa metáfora de la que parte el relato (que es la que propone el cuento original) y que habla de ese tirano en que se convierte un bebé cuando llega a demandar todo el tiempo de los padres, así como el consecuente desplazamiento al que se ven sometidos los demás hermanos, lo cual no puede menos que traer frustración y resentimiento en ellos. De otro lado, propone, si no una crítica, al menos un cuestionamiento por la forma en que muchas personas han cambiado su sentido y naturaleza “paternal”, de los niños hacia los animales, en este caso perros, pero también se aplica a los gatos.

Estos planteamientos, por supuesto, están de fondo, y cada espectador, dependiendo de su edad y su interés en la interpretación de las películas, podrá comprender y reflexionar en diferentes niveles. Sin embargo, ese elaborado y polisémico fondo no es obstáculo para desarrollar una historia tremendamente entretenida y divertida, sembrada de momentos ingeniosos y chistes inteligentes y llenos de referentes cinematográficos, musicales y de la cultura popular que cada quien capta a su medida de atención y conocimiento.

Las grandes productoras se han dado cuenta de que puede ser más rentable una película que funcione para los dos públicos, porque eso garantiza que toda la familia le pague boleta. Además, podrá ser bien tratada por la crítica, lo cual le puede dar una vida que vaya más allá de la coyuntura de su exhibición en cartelera.