Nacimiento, de Martín Mejía Rugeles

La madre naturaleza

Oswaldo Osorio

Nacimiento

 

Cada espacio trae consigo sus tiempos y estados de ánimo, incluso pueden determinar la configuración del carácter. Por eso la gente citadina es distinta a la del campo, o la rivereña a la de la montaña. En esta película ese espacio es una cálida región, tupida de verdor, bordeada por un cristalino río y escasamente poblada. Ante tales condiciones, sus habitantes viven en la parsimonia de la cotidiana subsistencia, mientras una cámara pacientemente los observa y, de paso, nos sorprende y ensimisma con la creación de bellas imágenes. Continuar leyendo

La mujer de los siete nombres, de Nicolás Ordoñez, Daniela Castro Valencia

El cine del posconflicto

Ángela Cardona – Escuela de Crítica de cine

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Hablar de conflicto armado, guerrilla, Farc y paz en Colombia toca fibras profundas en cada ciudadano del país, ya que ha afectado a todos directa o indirectamente. A partir de las experiencias y percepciones políticas de cada individuo estos temas adquieren definiciones y versiones muy variadas, pero en su mayoría se van hacia los extremos, es decir, en un país tan politizado y dividido, es común encontrar ideas opuestas, es blanco o negro, el asunto es que la realidad demuestra que la vida no es así, en el fondo todos nos movemos entre el bien y el mal, y es humano contradecirse para evolucionar nuestras ideas. Continuar leyendo

Tres escapularios, de Felipe Aljure

El primer muerto es el que cuenta

Oswaldo Osorio

escapularios

Esta película es sobre la muerte y la guerra, el amor y el desamor, pero también sobre la vida. Es un relato intimista de dos soldados en medio de un conflicto en el que creen más por haber sido arrinconados a ello que por convicción. Es una película de carretera con una propuesta visual y de producción que marca diferencias en el contexto cinematográfico nacional. Es la tercera película de un director que nunca decepciona y que aquí se muestra más grave y desencantado con las ideas que plantea. Continuar leyendo

Regreso a casa, de Arild Andresen

Dos extraños en un país extraño

Oswaldo Osorio

regresoa

Esta película comienza siendo noruega y termina siendo mayormente colombiana, al menos en los aspectos generales de la puesta en escena, pues se trata de una coproducción entre los dos países en la que un padre regresa a este país con un niño colombiano a quien había adoptado. Lo que en principio se vislumbraba como un melodrama en torno a la desconexión entre padre e hijo terminó siendo una suerte de aventura emocional poblada de aristas y pequeños giros, resultando de esto una trama en general atractiva y entretenida. Continuar leyendo

Viacrucis, de Harold De Vasten

Nociones de un cine posible

Oswaldo Osorio

viacrucis

En Colombia hay muchas películas nacionales invisibles, aun cuando tienen buen presupuesto, actores reconocidos o una significativa participación en festivales. Pero también hay otro renglón de películas pequeñas, de muy bajo presupuesto o sin ninguno para su promoción, con actores poco conocidos o no actores y que plantean un sistema de producción que hace viable un proyecto pequeño. Esta película pertenece a ese segundo grupo, el cual es mucho más invisibles todavía. Continuar leyendo

Amalia la secretaria, de Andrés Burgos

Como un confite chupado

Oswaldo Osorio

amalia

Parafraseando a Bukowski, hay personas para quienes su vida entera parece un jueves por la tarde, ya sea por su actitud, sus expectativas o por el trabajo que tienen. Amalia es una de ellas, y esta película ilustra su realidad con tanta gracia como patetismo. Pero ese no es su único objetivo, por eso, como en casi todas las historias, el relato introduce un elemento externo que hará que la protagonista se cuestione y, quién sabe, tal vez cambie a una vida que se parezca más a los distintos días de la semana. Continuar leyendo

El cine de Medellín y la violencia

Matar a Jesús, al Zarco, a Rosario, al Animal…

Oswaldo Osorio

violenciamedallo

En el cine de Medellín siempre ha estado presente la violencia. Incluso en la inocencia y prosperidad de los años veinte, la película que inaugura esta cinematografía local, Bajo el cielo antioqueño (Gonzalo Acevedo, 1925), tiene un asesinato como parte esencial de la trama. Y después de Rodrigo D (Víctor Gaviria, 1990), la violencia ha sido el centro de prácticamente todas las producciones paisas, por lo que es el elemento que más define su cine, como también el aspecto que mejor ha posibilitado obras reflexivas y comprometidas con entender y explicar esta ciudad.  Continuar leyendo

Matar a Jesús, de Laura Mora

“Dispare con odio”

Oswaldo Osorio

matarjesus

La realidad, la violencia y la marginalidad siguen instaladas en el mejor cine de Medellín. Es tan inevitable como necesario que el cine (y no la televisión, con su tendencia a banalizarlo y glamurizarlo todo) continúe explorando y reflexionando sobre estos tópicos, con ese compromiso y cercanía que logra para entender la complejidad de unos personajes y su contexto, así como para trasmitirle al espectador, no solo una historia, sino casi una vivencia y un entendimiento más sensible de estas problemáticas. Continuar leyendo

La sargento Matacho, de William González

Esa cosa bandolera

Oswaldo Osorio

matacho

La historia nacional siempre ha sido una deuda del cine colombiano, y especialmente hay unos episodios o temas que han debido abordarse desde hace mucho tiempo y con mayor frecuencia. Uno de ellos es el de los llamados bandoleros en la época de la Violencia. Esta película paga una cuota de esa deuda al contar la historia de Rosalba Velasco, alias La sargento Matacho, un relato convincente en su puesta en escena que propone una singular mirada de la guerra desde esta particular mujer.

Lo que más llama la atención de esta historia, por supuesto, es la naturaleza de su protagonista, no solo por el hecho de ser mujer, con todo lo que esto implica, como se verá, sino también porque, inicialmente, es una víctima, pero que luego deviene en victimaria. Esa ambigüedad moral y lo que podría verse como una justificación de sus acciones y su actitud, de alguna manera la hace un personaje más complejo y atractivo. Aunque también se puede cuestionar su construcción y el insólito papel que desempeñó en este conflicto.

Después de presenciar la muerte de su esposo a manos de las fuerzas oficiales, Rosalba comienza a hacer parte de la resistencia que los liberales instauraron en el campo, lo que subsecuentemente terminará siendo el nacimiento de la guerrilla en el país (véase Canaguaro, de Dunav Kuzmanich). Primero, se arroja de frente a la guerra por su cuenta, impulsada por el deseo de venganza; y después, termina siendo reclutada por los grupos armados y hasta siendo la pareja de varios de sus jefes, incluso quedando embarazada varias veces.

Hasta aquí puede ser claro lo que ocurre con esta mujer y su contexto, no obstante, el relato se ve condicionado por un aspecto que lo cambia todo y que se puede leer de distintas formas: resulta que la  sargento Matacho, como fue bautizada por arrojada y sanguinaria, es presentada como un ente que no habla ni puede tener algún contacto emocional con nadie. Esto se puede ver como una consecuencia de la despersonalización por el trauma de la guerra o también que lo que parecía ser ese personaje complejo y atractivo, termina siendo un monigote unidimensional que solo reacciona en circunstancias extremas.

Es por eso que es el coro de personajes que la rodea y sus circunstancias, son lo que mueve la historia y plantea sus ideas sobre el conflicto y este significativo periodo de la historia del país. Ella, en cambio, parece quedar reducida a un objeto, ya de ese mundo machista (el de esta cultura y la época) o de la guerra misma; o incluso un objeto del mismo argumento y de la narración.

En otras palabras, esta película puede ser vista como el intenso relato de una mujer arrastrada a la espiral de la guerra, o también como la historia que reposa sobre un ambiguo personaje que es presentado como una cosa (una víctima convertida en aguerrida victimaria), pero que termina siendo otra (excusa argumental y objeto unidimensional usado por su entorno machista).

La sensación que queda, entonces, es la de una película acertada en su puesta en escena, la recreación de una época y su contexto, una mirada reflexiva al interior del conflicto y un coro de actores y personajes que hacen funcionar tanto el relato como la historia. Pero por otro lado, esa protagonista, que sirvió de hilo conductor para que todo esto sucediera y con la que el espectador se identifica casi todo el metraje, en retrospectiva parece solo eso, un hilo fino al que hay que inventarle una interpretación en los sucesos, sin dimensión ni matices, un animalito que solo sirve para matar y para parir… Aunque ya a partir de esta última contradicción se podría empezar a escribir otra crítica de la misma extensión.

 

 

 

Iván D. Gaona

Un cineasta

Oswaldo Osorio

retratos

El título de cineasta siempre está asociado a los directores que han realizado al menos un largometraje. Y aunque Iván D. Gaona ya dirigió su ópera prima, la película Pariente (2016), mucho antes se había ganado el crédito de cineasta, esto a fuerza de una sólida obra constituida por una serie de cortometrajes que revelaron a un autor dueño de una particular y sensible mirada a un universo que había sido ignorado por el cine nacional. Gaona es el invitado especial del Festival Pantalones cortos, organizado por la Corporación Dunav Kuzmanich, y todas sus películas se podrán ver esta semana en la ciudad de Medellín.

Esta obra empezó con los cortometrajes Tumbado (2005) y El Pájaro Negro (2008), pero es con Los retratos (2012) con el título que se dio a conocer por su larga lista de premios y participación en festivales. En esta bella y divertida película una anciana, que vive en el campo, se gana en una rifa una cámara que toma fotografías instantáneas. El encuentro de ella y su esposo con este artefacto empieza por el extrañamiento y termina en la fascinación de ver su imagen y posar para luego mirarse. Es un relato intimista y espontáneo, que da cuenta de una anécdota cargada de connotaciones en relación con ese entorno rural, con la cotidianidad y con reflexiones sobre el fenómeno de la imagen misma.

Hay en esta historia un personaje llamado Completo, quien es el que le enseña a los ancianos a manejar la cámara. A Completo lo vemos en todos los cortos y en el largometraje de Gaona. Incluso hay un cortometraje titulado con su nombre y protagonizado por él. Este dato es muy significativo porque es uno de los tantos aspectos que nos habla de la unidad del universo que propone este director santandereano. Un universo donde el color local del campo es dibujado con elocuencia a partir de detalles y gestos sutiles y cotidianos.

En sus demás trabajos, El tiple (2013), Naranjas (2013), Forastero (2014) y Volver (2016), ese color local y esos personajes prevalecen y dan cuenta de una dinámica de provincia donde la cotidianidad es potenciada por la sinceridad y fuerza de las emociones y de las relaciones interpersonales, pero también por esa violencia latente, ya sea sugerida o explícita, que está siempre de sonido de fondo en los campos del país.

La mencionada unidad de ese universo adquiere un acabado mayor con su largometraje Pariente, una de las pocas películas que habla abiertamente sobre el paramilitarismo en Colombia, pero lo hace entre las gruesas líneas que traza sobre aspectos que le interesan mucho más este cineasta, como el amor, la música, lo cotidiano, el contacto entre las personas y ese color local que nos revela un mundo inédito en las representaciones audiovisuales del país.