A las audiencias, muchas gracias

Esta es mi última columna como Defensor de las Audiencias de El Colombiano.
Quiero expresarles a todos los lectores del periódico mi gratitud por el apoyo que me ofrecieron como un oidor de sus inquietudes.
Durante el año de 2016 recibí 2.364 comentarios y críticas. Todos fueron dirigidos a los editores y macroeditores en la Sala de Redacción y a la directora del periódico. De igual manera lo hice desde que asumí este compromiso.
Valoro la colaboración de quienes con asiduidad reportaron los errores y equivocaciones sobre los contenidos informativos o solicitaron aclaraciones, rectificaciones y explicaciones.
Percibí en los mensajes la intención de ayudar a mejorar la calidad de la información. Entiendo que una imprecisión o un error generan malestar y desconfianza, aunque esta visión no coincida con la del periodista.
Defendí la aspiración de los lectores de encontrar en el periódico la información veraz, plural, responsable y transparente a que tienen derecho como ciudadanos y miembros de una comunidad en la que el periódico es el vocero de sus intereses vitales.
La columna semanal buscó echarle luz a las críticas y cuestiones de los lectores con un énfasis pedagógico para estimular la participación de las audiencias y su formación crítica y, a la vez, alentar la autocrítica entre los periodistas.
Los ciudadanos se ven hoy confundidos por el bombardeo de noticias y de contenidos falsos. Los periódicos tienen en esta coyuntura, que asusta a muchos, la oportunidad de mantener con coraje y transparencia los valores y principios del periodismo. Las defensorías, como instrumentos de autorregulación profesional, contribuyen a esta causa.
Gracias a mis antecesores. A Jesús Vallejo Mejía, Javier Darío Restrepo, Juan Luis Mejía y Juan José García les correspondió abrir la ventana a los lectores para que sus voces se oyeran y fueran tenidas en cuenta en la sala de redacción.
Y gracias a las directoras de El Colombiano, Ana Mercedes Gómez Martínez y Martha Ortiz Gómez, por el voto de confianza. Siempre gocé de independencia y autonomía para ejercer esta compleja labor de mediador, que pudo dejar lectores insatisfechos y periodistas inconformes, quizás porque el papel de la defensoría es hablarle a la conciencia de unos y otros, sin intervenir directamente en las decisiones que se tomen en la sala de redacción y en otras instancias.
“El Defensor apunta a la consecución de dos objetivos indisolublemente unidos: el primero, el lograr la excelencia profesional; el segundo, el servir con eficiencia al ciudadano”. Estas palabras del periodista y profesor universitario Carlos Maciá Barber guiaron mi gestión. Invito a las audiencias a participar activamente con sus comentarios, críticas y aportes, con el objetivo de mejorar la calidad de la información que reciben.
Y a los periodistas, a buscar la verdad, más hoy cuando se predican posverdades y otras ideas afines que son una trampa para el periodismo, las audiencias y los ciudadanos. Mantener los principios, abrirle las puertas a la innovación, robustecer las relaciones con las audiencias, recibir los comentarios de ellas con humildad y alentar la autocrítica, son requisitos de credibilidad y periodismo de calidad. A todos nos interesa. Es, además, la obligación de quienes tenemos como misión garantizar el derecho a la información.

¿A quién creerle? (2)

La comunicación del lector José Manuel Restrepo en la que expresa su preocupación por el auge de las noticias falsas que difunden las redes sociales y que confunden a los ciudadanos es uno de los más importantes desafíos de los medios y de las audiencias.
En la última columna quedó planteado el camino: el periodismo no puede dejarse influir por este fenómeno de la información basura pero que alimenta la crisis de confianza y credibilidad y los ciudadanos deben fortalecer la actitud de audiencias críticas.
Jeff Jarvis, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, CUNY, dijo esta semana en Londres, según publicación de Carlos Fresneda, en el periódico español El Mundo, lo siguiente: “No podemos permitir que una poderosa herramienta como las redes sociales se convierta en una factoría de noticias falsas”.
Y añade que “a los medios tradicionales les queda también un trabajo duro por delante. Tienen que hacer un esfuerzo por recuperar la credibilidad y la confianza del público, resistir a la tiranía del clic y escuchar a los ciudadanos. La responsabilidad última la tiene la publicidad, dejando de alimentar las webs de fake news con anuncios”.
En las redacciones de los medios de comunicación se necesitan editores capaces de percibir y distinguir la realidad de los hechos y no la que simulan las fuentes perversas de la desinformación. Atender los asuntos de interés público es la misión del periodismo.
Y también se requiere que los ciudadanos tomen distancia de las redes sociales y de los medios de comunicación que florecen sobre el falso periodismo, superficial y compulsivo. Solo una recepción crítica de todos los mensajes que impactan los sentidos podrá defendernos de estas manipulaciones. La información es un bien, no es una mercancía. Es un derecho fundamental.
La angustia del lector José Manuel Restrepo está centrada en la avalancha de contenidos falsos y maliciosos de las redes sociales, pero este no es el único reto de los medios para recuperar la credibilidad. La falta de rigor es otro de los factores que afectan esta confianza.
Todos los días recibo comentarios y gazapos de los lectores, muchos de ellos por descuido de los autores y editores.
La calidad de la redacción afecta la reputación del periódico y de sus periodistas. Las equivocaciones e imprecisiones afectan la veracidad. Los lectores expresan con frecuencia el malestar porque no todos se corrigen en la sección Fe de errores y en la edición digital y porque se repiten.
Como lo he dicho con anterioridad, falta un programa de calidad en la redacción y de gestión de los errores.
En definitiva, el esfuerzo de los medios por interpretar la realidad de los hechos con las herramientas que nos da el periodismo y no basados en el espejismo de las redes sociales será factor decisivo para recuperar el espacio perdido en la opinión pública.
Considero que esta crisis es una coyuntura para que los medios de comunicación afiancen sus principios y usen las nuevas tecnologías para hacer el mejor periodismo. Pronto los lectores elegirán cómo informarse, a quién creerle.

¿A quién creerle?

El lector José Manuel Restrepo escribe. “Con preocupación y angustia me cuestionó como haremos los ciudadanos para obtener la información verídica y oportuna sobre lo que pasa en Colombia y el mundo… Con estupor vi a tres vecinos que daban por cierta la muerte del comandante de las Farc Timochenko, varias horas después de que se aclaró la noticia falsa. ¿Qué piensa usted como defensor de los lectores del fenómeno de las redes sociales que nos confunden y desorientan como en este caso tan sonado?”.
En otras oportunidades me he referido al riesgo de informarse por Twitter, Facebook y otras redes sociales que son utilizadas con frecuencia por personas que replican informaciones sin averiguar la veracidad, como les ocurrió a los tres vecinos que señala el lector. La falsa noticia le dio la vuelta al mundo a través de las redes sociales Los medios de comunicación verificaron este tuit procedente desde una cuenta de Twitter falsa atribuida al presidente Juan Manuel Santos.
Hay que tener en cuenta que los hechos deben ser verificados y contrastados en distintas fuentes de información antes de publicarse. Esta es la metodología periodística, es lo que hacen los profesionales de la información que además observan normas éticas y legales y valores como la veracidad, imparcialidad, responsabilidad y transparencia.
La rutina de averiguar y confirmar antes de publicar difiere de la conducta de quien teclea un tuit en forma irracional, abusiva y a veces criminal.
Esta oleada de noticias falsas y desinformación afecta por igual a las sociedades de todo el mundo.
Existen máquinas de propaganda sucia que se aprovechan de la credibilidad que ofrece un personaje o un medio de comunicación para suplantar los perfiles o crear uno falso y desde ahí promulgar contenidos malintencionados con apariencia de noticia.
Un estudio publicado esta semana por BBC con la colaboración de CrossCheck, un proyecto de periodismo de First Draft News, sobre cinco noticias falsas de la campaña política francesa, revela que fueron compartidas miles de veces por las audiencias principalmente en Facebook y Twitter.
En Alemania se discute un proyecto de ley para imponer multas millonarias a estas dos compañías para presionarlas a bloquear las cuentas que abusan divulgando mensajes xenófobos y de odio. Las sanciones también podrán ser aplicadas a las personas que amenacen y ofendan.
Y quien lo creyera, hay medios que aparentan ser periodísticos cuando en realidad son aparatos de propaganda. Un artículo, del 12 de marzo de este año, firmado por Steven Erlanger en The New York Times, afirma que gobiernos de Estados Unidos y Europa sostienen que “…RT es un agente de la política del Kremlin y una herramienta que utiliza el presidente Vladimir Putin para socavar las democracias occidentales con acciones como entrometerse en las recientes elecciones presidenciales estadounidenses y, según funcionarios europeos, intentar hacer lo mismo en Holanda, Francia y Alemania, países que celebrarán comicios este año”.
Esta crisis de confianza y credibilidad solo se resuelve con medios responsables que se abstienen de seguirle el paso a las redes sociales y audiencias críticas que identifican la información y la diferencian de otras especies.

Cuando a los lectores no les cuadran las cifras

Los errores numéricos en la información periodística se repiten con frecuencia, aunque no con la misma asiduidad son detectados y corregidos.
El dominio de los cálculos matemáticos, el análisis estadístico y en general la escritura de cifras, porcentajes, tasas, medidas, entre otros datos numéricos, son requisitos de la calidad periodística y atributos tan valiosos como la corrección idiomática.
Percibo, como lo contemplé en la última columna, que en las salas de redacción falta un acercamiento a estos temas que requieren de un mayor cuidado de autores y editores de las informaciones periodísticas.
Es oportuno indicar que solo una parte de las audiencias descubre las equivocaciones que suelen colarse en el periódico. Y solo, también, unos cuantos lectores acuciosos las advierten y comunican a la redacción.
Dos casos recientes son evidentes. El lector Federico Díaz González escribe que “…en la página 6 de la edición de marzo 1 aparecen, título: Mediterráneo: 9 de cada 10 niños cruzan solos, y subtítulo: Unicef revela que un tercio de los menores que emplean esa ruta para escapar de conflictos llegan sin sus padres. Me parece, señor Defensor, que hay incoherencia entre “9 de cada 10” (90 %) y “un tercio” (33 %)”.
El lector Lisandro Mesa O. detectó otro error: “En la página 12 de la edición impresa de hoy 6 de marzo se lee en la noticia Hay opción para excluidos de sistema educativo, que “…en la actualidad, 1.326 personas en condición de vulnerabilidad cursan los estudios de primaria, secundaria y media…El programa tiene capacidad, en cómodas instalaciones, para 1.700 personas. Hay cupo para otras 400…”. No me cuadran las cifras: 1.700 (capacidad total), menos 1.326 (cupos actuales), es igual a 374 (cupos disponibles). La nota exagera en 26 cupos al titular: Matriculas abiertas con 400 cupos”.
En esta nueva reflexión quiero hacer énfasis en algunos riesgos en los que también podemos caer los periodistas sino usamos los números y cálculos con cuidado.
El exceso de cifras puede confundir cuando no hay claridad y relación racional entre un dato y otro. Los números no pueden ser adorno de los textos. Tampoco deben servir para dramatizar ni para dar la impresión de veracidad y rigor.
Al efectuar un redondeo es preciso explicarlo para que el lector comprenda que se trata de este recurso y no del resultado de un cálculo matemático.
Citar la fuente de donde se tomaron las estadísticas es obligatoria condición de los principios de veracidad y transparencia. Así el lector podrá profundizar la información.
Cuando se trata de porcentajes, tasas, comparaciones y variaciones periódicas es necesario hacer claridad sobre las cifras totales y completas y sobre los términos y medidas.
Estoy de acuerdo con el periodista y profesor chileno Juan Pablo Figueroa Lasch: “En el mundo en el que casi todo está dominado por números, necesitamos herramientas que provienen de las ciencias para comprender mejor el terreno en el que se producen las noticias. Las ciencias auxiliares del periodismo, y en esta caso del periodismo investigativo, deben convertirse en aliadas, no en enemigas”.

Las competencias matemáticas

Las correcciones de números, cifras, porcentajes y las equivocaciones en operaciones matemáticas detectadas por las audiencias, a las cuales me referí en la última columna, motivan esta nueva reflexión sobre el asunto.
Los lectores Lisandro Mesa O., Michel Taverniers, Federico Díaz González, Carlos Gaviria Zuluaga, Gabriel Escobar Gaviria, entre otros, me envían con frecuencia sus críticas y comentarios sobre los errores numéricos que se cuelan en las informaciones. Gracias por ayudarnos a mejorar la calidad del periódico.
¿Por qué cometemos estos errores? El portal Lainformación.com entrevistó a John Allen Paulos, autor de libros como El hombre anúmérico: a la pregunta “¿Cuál es nuestro peor pecado?”, respondió que “para mí es el de no tener una perspectiva real del tamaño de las cifras de las que informan. Se habla de gastos de millones de dólares, pero daría igual que se hablara de billones o trillones, porque los números suenan igual. Pero tiene implicaciones políticas cuando se habla de invertir en una guerra, por ejemplo. Un millón de segundos son 11 días y medio, pero mil millones de segundos son 32 años, y un billón de segundos son 32.000 años. A veces se usan las Matemáticas y las cifras para confundir”.
Una propuesta procedente sería realizar una evaluación en la sala de redacción para buscar la superación de estas faltas, algunas de las cuales se podrían resolver con una lectura más al texto y el apoyo de editores y macroeditores.
La autocrítica que nos ayuda a avanzar en el buen uso del lenguaje, y en este caso, al correcto manejo de los números, porcentajes, promedios, tasas, medidas y en general cálculos aritméticos y estadísticos. Siempre están en juego la veracidad, la responsabilidad y la credibilidad del periodista y el medio de comunicación.
Un programa de refrescamiento de las matemáticas es valioso con el fin de mejorar las competencias pertinentes. Considero que es además el paso de entrada a lo que los teóricos llaman periodismo de precisión, periodismo de datos o de investigación.
Cada vez es más urgente mirar adentro de los balances, las estadísticas y las cifras que entregan las fuentes de información, principalmente las oficiales. A veces estas cifras desinforman en vez de aclarar. Son parciales y sesgadas o simplemente no dicen nada.
Las estadísticas de crímenes, los gastos de las campañas electores, las cifras de desempleo, el aumento del costo de vida, el análisis de las encuestas, la balanza comercial, las transacciones de la bolsa de valores y la fluctuación del dólar, para mencionar solo algunos temas, son insumos frecuentes y corrientes que el periodista debe manejar con todas las competencias matemáticas y estadísticas para informar con rigor y precisión.
Hay que ir de lo simple a lo complejo porque el periodismo de investigación se apoya en las averiguaciones que resultan del uso de una hoja de cálculo, o del análisis de una base de datos. Con frecuencia estas investigaciones son realizadas mediante proyectos colaborativos en lo que participan profesionales de otras disciplinas como ingenieros informáticos, estadísticos y expertos en análisis de encuestas de opinión.
El propósito es mejorar las competencias matemáticas para alcanzar la calidad periodística.

Números equivocados, cálculos errados…

El 22 % de los errores que reportan los lectores al defensor corresponden a inexactitudes y equivocaciones en números, cifras, medidas, porcentajes y cálculos matemáticos. Así lo expresé hace unas semanas cuando presenté el resumen de los mensajes recibidos durante 2016. En total los lectores detectaron 824 errores numéricos.
El lector Lisandro Mesa O. es uno de los más asiduos críticos. Se lamenta de la falta de precisión y rigor de los periodistas en las informaciones que incluyen cifras, porcentajes y operaciones matemáticas. Y demanda un mayor cuidado de los periodistas, editores y macroeditores para que se controle la calidad periodística.
En su más reciente comunicación dice: “…quisiera saber cuál es el argumento para que el periodista de la noticia sobre tecnología (Metro, página 12) haga la siguiente comparación: “…Las 148 zonas de wifi gratis para la gente que serán instaladas en todos los municipios del departamento, tienen un área de cobertura de 7.000 metros cuadrados…” frente a “…Los puntos de acceso a wifi que tiene Medellín por fuera de este convenio, tienen una cobertura inferior, 80 metros a la redonda…” que se lee en capacidad y cobertura de la noticia “Todos los municipios del departamento tendrán wifi” publicada hoy…” .
Se refiere al reportaje titulado Todos los municipios del departamento tendrán wifi, publicado en la edición del viernes 17 de febrero.
El asunto es que el área de cobertura en los municipios de Antioquia, según este plan tecnológico anunciado, está expresado en metros cuadrados (7.000), en tanto que para Medellín se registra en 80 metros a la redonda. Lo que “es lo mismo que 20.106,24 metros cuadrados”, calcula la operación matemática efectuada por el lector.
Quiere decir que en realidad es mayor el área de cobertura en Medellín, y no menor como dice la información.
En la sección Fe de errores del viernes 24 de febrero se aceptó el gazapo aunque no se explicó con claridad el cálculo acertado: “El lector Lisandro Mesa nos escribió para señalar que en el artículo “Todos los municipios del departamento tendrán wifi”, en la página 12, se cometió un error de cálculo en una comparación en la cual se afirmó que 80 metros a la redonda (lineales) son un área inferior a 7.000 metros cuadrados. En ese sentido, le damos la razón y les ofrecemos disculpas a él y a nuestros lectores por la ligereza en este cálculo matemático”.
En la información de sucesos, Miembros de “la Raya” se declararon culpables, el lector Lisandro Mesa O. encontró otro error, en una sencilla resta: “…18 de los 26 capturados fueron enviados a la cárcel, mientras que los otro siete…” resulta que veintiséis menos dieciocho es ocho, que es diferente de siete: 26 – 18 = 8 ≠ 7…”.
Creo que a los periodistas nos falta más concentración y persistir en el dominio de los números y emprender un programa de alfabetización matemática para poder adentrarnos en el periodismo de investigación y de datos. Y por supuesto, para honrar el principio de veracidad y merecer la credibilidad de los lectores.

Información y salud: dos derechos

La reflexión sobre los contenidos de salud continúa para responder a los lectores Alejandro Vargas G. y Mariana Mesa y en general animar la autocrítica en los medios y el análisis y el debate entre las audiencias. Hablamos de dos derechos fundamentales: información y salud.
Es evidente que algunos medios, particularmente radiales y televisivos, optan por el facilismo informativo. Son frecuentes las publicaciones escandalosas o sin rigor sobre investigaciones y sobre tratamientos curativos de algunas enfermedades. Estos contenidos, prematuros y en espera de nuevos desarrollos investigativos y analíticos no pueden generar falsas expectativas ni ilusiones. La información no debe confundir ni alamar, mejor debe orientar, como expliqué en la última columna.
En el primer caso siempre es un asunto de responsabilidad social ceñirse a los alcances de las exploraciones científicas y médicas. Las fuentes confiables explican las dimensiones y el peso específico de los hallazgos. Y sobre los métodos curativos es prudente indicar con precisión en qué casos son positivos los resultados y cuáles son las contraindicaciones y reservas. Hay que tener en cuenta que las condiciones pueden variar para cada paciente.
El derecho a la información tiene sus límites en los derechos humanos fundamentales, o personalísimos, como la vida, la libertad, la intimidad, la honra y el buen nombre. Esto quiere decir que las publicaciones sobre salud deben respetar normas y principios éticos y legales.
La confidencialidad de las historias clínicas y la observación de todos aspectos que lesionen la dignidad de las personas pueden generar alguna colisión de derechos.
Es necesario tener discreción al entrevistar a un paciente o una víctima de una calamidad pública. Es sensato hacerlo con respeto, preguntar primero si quiere contar y compartir su historia. También, advertir que puede ser publicada en un medio de comunicación social porque a veces pueden no estar en condiciones de atender al periodista.
“El respeto por la intimidad, la privacidad y la confidencialidad constituye una obligación moral y legal. Estos aspectos merecen un tratamiento muy delicado, sobre todo cuando se ponen en juego mediante mensajes televisados”, reza una de las recomendaciones a los periodistas, según lo explica el manual Salud, ética y medios de Comunicación, una publicación de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires.
Incluso los anuncios publicitarios deben ser revisados antes de su publicación. En casi todos los países rigen normas que los controlan para buscar que tengan el respaldo científico de las entidades gubernamentales y del cuerpo médico. En Colombia, estos productos anunciados deben tener el registro sanitario del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima.
Una de las razones es que los medios de comunicación pueden alentar la automedicación y el consumo de medicamentos sin la supervisión de un profesional de la medicina, con graves consecuencias para la salud pública. Un ejemplo es el uso indiscriminado e inconsulto de antibióticos, productos vitamínicos y de origen natural.
De todas maneras, a las audiencias les corresponde leer con sentido crítico todos los contenidos, máxime cuando se trata de asuntos que pueden afectar la salud y el bienestar.

En asuntos de salud, mejor orientar

Dos lectores abren la discusión sobre un asunto que gana cada vez más interés en los medios de comunicación y en la sociedad: la salud.
Cuando la información corresponde a temas de salud pública y en general a médicos y de salubridad y bienestar, no basta con consultar fuentes que revelen los datos. Se requiere del aporte de expertos y científicos que los confirmen y dimensionen para que el periodismo oriente en vez de alarmar y crear pánico.
Estos contenidos, sin la ayuda de fuentes médicas o científicas, también pueden provocar la situación contraria: informar con exagerado optimismo y dar recetas o soluciones a problemas de salud con base en las investigaciones preliminares.
En todo caso hay un alto riesgo de caer en publicaciones desproporcionadas y que pueden repercutir en la salud de las personas al generar comportamientos apresurados y malsanos.
El lector Alejandro Vargas G., médico y magíster en Epidemiología de la Universidad de Antioquia, escribe al respecto:
“Sobre las notas periodísticas que presentan casos de salud pública (eventos de brotes, epidemias, infecciones, muertes maternas, infantiles, etc.), es muy importante que antes de publicarlas en el periódico, pasen por una revisión de un equipo de epidemiología/salud pública de un ente territorial o una entidad Seccional en Salud…”.
Y añade: “Un buen artículo de salud verifica casos de salud pública, confirma evidencias científicas con expertos y provee datos importantes a la comunidad para generar actitudes sanas y seguras. De lo contrario, una nota mal procesada podría generar alarmas o pánico en la comunidad, en forma innecesaria. Es mi amable consejo para sus investigadores del área de salud…”.
La lectora Mariana Mesa también escribió: “…me siento confundida por las informaciones contradictorias de los medios sobre los alimentos que pueden producir cáncer… Ya no se sabe qué es bueno y qué es malo para la salud, ahora dicen que hasta el celular la afecta. ¿Qué pueden hacer por nosotros los televidentes y lectores expuestos a toda clase de informaciones sin control ni responsabilidad…?”.
Los medios de comunicación captan con mayor interés los temas de alto impacto en la salud y el bienestar de las personas pero también se detienen en los casos históricos que afectan a una región.
En la construcción de la agenda informativa o selección de temas noticiables pueden surgir distorsiones que magnifiquen un hecho en particular.
A veces, por la novedad y la rapidez se obvian algunos requisitos de verificación y contextualización de los hechos y en forma notoria se advierte la ausencia de las voces expertas que le pongan dimensiones y alcances a dichas informaciones.
El uso de internet ofrece una gran posibilidad de encontrar información apropiada y complementaria. Uno de los aspectos más relevantes es la colaboración que podemos recibir de grupos organizados de pacientes que plantean cuestiones de actualidad y suma pertinencia. Aunque, como lo he expresado en otras oportunidades, internet es un arma de doble filo, porque no todos los contenidos son veraces, imparciales y responsables. Los periodistas siempre debemos acudir a las fuentes que nos garanticen credibilidad y confirmar y verificar la información antes de publicarla.

Las lecciones de un error

La reflexión de hoy continúa el análisis de los comentarios de los lectores. De los 2.364 que recibí durante el año anterior, 824 corresponden a la categoría de críticas y errores en las informaciones publicadas. Esta cifra es el 39,4 % y representa una ligera disminución porcentual con respecto a las observaciones enviadas durante el año 2015: un total de 793 comunicaciones, el 37,4 %.
Este conjunto de críticas y errores atañen a tres grupos: más de la mitad, el 51%, a usos incorrectos del lenguaje; el 27 % a imprecisiones y errores numéricos; el 22 % a falta de claridad, rigor y transparencia en las informaciones.
Los gazapos más frecuentes detectados por los lectores se refieren a la confusión reiterada del uso de las palabras por que, por qué, porque y porqué; leísmo y loísmo mal empleados; discordancias de número y género; dequeísmo; uso incorrecto de preposiciones y conjunciones, barbarismos y tecnicismos; puntuación deficiente; errores de ortografía, y hasta erratas, o sea equivocaciones por mala digitación de caracteres.
El lenguaje periodístico debe ser claro, sencillo, propio y ameno, para que llegue a las audiencias.
Las imprecisiones y equívocos numéricos conforman el segundo grupo de errores más frecuentes. Se trata de operaciones aritméticas mal hechas, igual que porcentajes y decimales. Es frecuente el uso indistinto de comas y puntos en estas últimas cantidades, lo que confunde y contraría el Manual de estilo y redacción.
También ocurren fallos por mal uso de las unidades de medida y por no observar la escritura recomendada por la Real Academia Española o por el Sistema Internacional de Medidas.
El tercer porcentaje de esta clasificación compete a distintos fallos en el proceso de averiguación y confrontación de los hechos.
Las fuentes precarias, una o dos, no son suficientes para que la información alcance los estándares mínimos de imparcialidad y transparencia. Es norma que todos los datos sean producto de la verificación y confrontación de fuentes distintas y distantes, como lo he explicado en otras oportunidades.
La inclusión de opiniones en las informaciones y la elección de temas de la agenda motivan también quejas de los lectores. Lo mismo ocurre con las generalizaciones y las discordancias entre el título y el texto informativo.
Quizá la prisa con la cual trabajamos los periodistas y la falta de competencias lingüísticas explican en parte la frecuencia de los errores. Sin embargo, esta circunstancia no los justifica porque debemos tener suficiente conocimiento y destreza para usar correctamente el lenguaje. Al fin y al cabo este es nuestro principal instrumento.
Es oportuno mencionar nuevamente que escribir bien es una prioridad profesional, ética y de responsabilidad social. E insistir en la humildad, porque los periodistas no lo sabemos todo ni podemos averiguarlo todo. Como humanos, nos equivocamos. Pero debemos corregir y aprender las lecciones de un error, para nunca repetirlo.
Un programa de calidad que mejore la gestión de los errores, así como la colaboración de las audiencias para detectarlos ayudarán a la calidad del periódico. De nuevo, la invitación para que los lectores nos hagan críticas y observaciones. Siempre serán bienvenidas.

Las audiencias críticas

Por esta época corresponde darle una mirada a la interacción de las audiencias con la Defensoría. Durante el año 2016 recibí 2.364 mensajes de las audiencias, registrándose un incremento del 11 % con respecto a las cifras de participación del 2015, cuando los lectores me enviaron 2.119 comunicaciones.
El correo electrónico es el medio más utilizado por los lectores para sus comunicaciones, igual que el formulario al que acceden cuando visitan el sitio web de El Colombiano. No obstante, a veces recibo cartas, llamadas telefónicas y visitas.
Es de anotar que la Defensoría de las audiencias es destinataria solo de una parte del volumen total de mensajes. La mayor parte son dirigidos a la Dirección, a los editores y macroeditores y a los autores de las informaciones y artículos de opinión.
Igual que en los años anteriores, elaboré el Libro de Memorias de la Defensoría con destino a la dirección del periódico. Este documento contiene un resumen de las principales actividades realizadas en el periodo; la clasificación y análisis de los comentarios, críticas y sugerencias de los lectores; la compilación de las columnas del defensor de todo el periodo; el avance de la biblioteca digital que ya alcanzó 1.070 títulos todos de libros de periodismo, y las recomendaciones y anexos.
El conjunto de críticas y observaciones se clasifica de la siguiente manera:
Critican y señalan errores en las informaciones: 824, el 34. 9%; Denuncian y comentan: 802, el 33,9 %; Sugieren temas para investigar: 216, el 9,1 %; Sobre el sitio web y la aplicación móvil: 201 el 8,5 %; Critican editoriales y columnas de opinión: 160, el 6,8 %; Otros comentarios sobre el contenido: 70, el 3,0 %; Sobre otras áreas del periódico, 85, el 3,6 %; Sobre el periódico Q´Hubo: 6, el 0,3 %.
La tendencia general se mantiene aunque con algunas variaciones. Sin embargo quiero hacer dos anotaciones en esta oportunidad. La primera, a un ligero aumento de los mensajes que las audiencias dirigen a otras áreas del periódico: suscripciones, circulación, mercadeo y publicidad, al pasar de 48 casos, el 2, 3 % en 2015 a 85, el 3,6 % en 2016.
En segundo lugar, llamar la atención a lo que sucede en la categoría de mensajes que señalan críticas o detectan errores en las informaciones. Aunque con una leve disminución porcentual las cifras crecieron, lo que indica que los gazapos, erratas y equivocaciones se repiten con frecuencia: en el 2015 fueron 793 quejas, es decir el 37,4 % frente a las 824, el 34,9 %.
En la próxima reflexión continuaré este análisis, haciendo énfasis en la necesidad de mejorar la calidad del periódico para mantener la credibilidad y la confianza de las audiencias, además del ejercicio profesional fundamentado en los principios de veracidad, imparcialidad y servicio al interés general con responsabilidad y transparencia.
Una anotación final para agradecer los mensajes de los lectores. Los comentarios y críticas son vitales porque alientan la autocrítica en la sala de redacción y buscan alcanzar la excelencia y captar el interés que se merecen. Mi reiterada invitación para que se mantenga y se eleve el nivel de participación.