¿A quién creerle? (2)

La comunicación del lector José Manuel Restrepo en la que expresa su preocupación por el auge de las noticias falsas que difunden las redes sociales y que confunden a los ciudadanos es uno de los más importantes desafíos de los medios y de las audiencias.
En la última columna quedó planteado el camino: el periodismo no puede dejarse influir por este fenómeno de la información basura pero que alimenta la crisis de confianza y credibilidad y los ciudadanos deben fortalecer la actitud de audiencias críticas.
Jeff Jarvis, profesor de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, CUNY, dijo esta semana en Londres, según publicación de Carlos Fresneda, en el periódico español El Mundo, lo siguiente: “No podemos permitir que una poderosa herramienta como las redes sociales se convierta en una factoría de noticias falsas”.
Y añade que “a los medios tradicionales les queda también un trabajo duro por delante. Tienen que hacer un esfuerzo por recuperar la credibilidad y la confianza del público, resistir a la tiranía del clic y escuchar a los ciudadanos. La responsabilidad última la tiene la publicidad, dejando de alimentar las webs de fake news con anuncios”.
En las redacciones de los medios de comunicación se necesitan editores capaces de percibir y distinguir la realidad de los hechos y no la que simulan las fuentes perversas de la desinformación. Atender los asuntos de interés público es la misión del periodismo.
Y también se requiere que los ciudadanos tomen distancia de las redes sociales y de los medios de comunicación que florecen sobre el falso periodismo, superficial y compulsivo. Solo una recepción crítica de todos los mensajes que impactan los sentidos podrá defendernos de estas manipulaciones. La información es un bien, no es una mercancía. Es un derecho fundamental.
La angustia del lector José Manuel Restrepo está centrada en la avalancha de contenidos falsos y maliciosos de las redes sociales, pero este no es el único reto de los medios para recuperar la credibilidad. La falta de rigor es otro de los factores que afectan esta confianza.
Todos los días recibo comentarios y gazapos de los lectores, muchos de ellos por descuido de los autores y editores.
La calidad de la redacción afecta la reputación del periódico y de sus periodistas. Las equivocaciones e imprecisiones afectan la veracidad. Los lectores expresan con frecuencia el malestar porque no todos se corrigen en la sección Fe de errores y en la edición digital y porque se repiten.
Como lo he dicho con anterioridad, falta un programa de calidad en la redacción y de gestión de los errores.
En definitiva, el esfuerzo de los medios por interpretar la realidad de los hechos con las herramientas que nos da el periodismo y no basados en el espejismo de las redes sociales será factor decisivo para recuperar el espacio perdido en la opinión pública.
Considero que esta crisis es una coyuntura para que los medios de comunicación afiancen sus principios y usen las nuevas tecnologías para hacer el mejor periodismo. Pronto los lectores elegirán cómo informarse, a quién creerle.

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