Periodismo e inmigración

La lectora Ana Sofía Sánchez comentó la última columna. Dijo: “…nos podíamos ahorrar muchos actos violentos si se piensa antes de hablar y de escribir. Estoy ciento por ciento de acuerdo con el llamado que hace la columna del defensor de las audiencias sobre el cuidado que deben tener los periodistas cuando tocan el tema de la inmigración, que es global y que causa grandes conflictos sociales en otros países. Me pregunto cómo mejorar el lenguaje violento, discriminatorio e inapropiado que vemos en radio y otros medios y aún en la vida cotidiana…”.
Esta reflexión cruza por las salas de redacción y los estudiosos de los temas de opinión pública y análisis de contenidos de los medios de comunicación.
Elegir las palabras es clave para informar con mayor imparcialidad y poder mostrar la realidad con estándares confiables de veracidad. Un término poco claro, ambiguo, con una connotación negativa que estimule prejuicios, pone en riesgo la misión del periodismo responsable.
Son políticas del periódico relatar los hechos con claridad y precisión. La primera obligación del periodista, como lo he citado en varias oportunidades, es escribir bien, conocer el lenguaje y expresarse correctamente, es decir, conforme a las normas que rigen la redacción periodística.
En el caso de las informaciones sobre la migración, además del significado de las palabras, no se deben perder de vista connotaciones, prejuicios y generalizaciones más o menos extendidas en la sociedad.
El reto es encontrar la palabra adecuada, la frase precisa, para evitar estas trampas e informar sin distorsionar.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano dice: “Los estereotipos son formas incompletas del conocimiento, que resultan de una observación superficial y parcial de los hechos, las personas o los grupos humanos, los países, las regiones. Con frecuencia están contaminados por el prejuicio. Por tanto, el uso de estereotipos y generalizaciones sobre aquéllos será sometido a examen para evitar expresiones que lesionen la dignidad de las personas o de los grupos humanos, los países y las regiones, y que conduzcan a emitir juicios injustos.”.
Un caso actual es el de Inglaterra. Hoy se preguntan los periodistas en las salas de redacción y los estudiosos en las universidades cómo influyeron los medios en la decisión que tomó el Reino Unido de abandonar la Unión Europea.
The Sun, The Daily Mail y The Daily Mirror fueron criticados por la cobertura de los refugiados. “No ahorraron portadas en letras mayúsculas y frenéticas advirtiendo sobre los peligros de la inmigración. La columnista de The Sun, Katie Hopkins, llegó a comparar a los inmigrantes con “cucarachas” que ´se extienden como el norovirus´. La declaración provocó críticas de Naciones Unidas, y constituye una indicación preocupante de los altos niveles de lenguaje hostil que los diarios británicos estaban manejando”, señala Farahnaz Mohammed en un artículo publicado por la Red de Periodistas Internacionales, Ijnet.
Añade que “Como periodistas, no podemos esperar erradicar la xenofobia o la ignorancia voluntaria. Sin embargo, podemos examinar nuestros propios prejuicios personales y mantener nuestra labor en un nivel editorial superior… No importa qué tan completos e imparciales sean los medios de comunicación, siempre habrá una minoría a la que no le afectarán las estadísticas, las investigaciones y las proyecciones. Al mismo tiempo, sabemos que los palos y las piedras rompen huesos, pero que las palabras empiezan revoluciones. Como periodistas, debemos ser cuidadosos con las que utilizamos”.

Temas sensibles: ¡cuidado con las palabras!

El tratamiento de la información sobre la inmigración precisa altas dosis de rigor y responsabilidad por tratarse de asuntos sensibles en los que es fácil caer en trampas xenófobas o en estereotipos. La elección de un término impreciso o inadecuado nos puede llevar a esos terrenos.
El lector Federico Díaz González cuestiona el reportaje sobre la presencia de inmigrantes que buscan en Medellín una alternativa para llegar a Centroamérica y luego a Norteamérica.
Dice: “En la página 13 de la edición de junio 21 aparece el siguiente titular: ´Decenas de inmigrantes transitorios rondan Belén´. Nada hay objetable en este título, pero en el subtítulo dice: “Un grupo de caribeños, africanos y asiáticos merodea la sede central de Migración Colombia en la comuna 16…´. Según el DRAE, el verbo merodear significa ‘vagar por las inmediaciones de algún lugar, en general con malos fines’ o ‘vagar por el campo viviendo de lo que se coge o roba’. En otras palabras, el verbo tiene implicaciones negativas”.
“En mi opinión es injusto usar ese verbo para referirse a migrantes cuyo único propósito es obtener un salvoconducto para permanecer algunos días en Colombia. Al sumarles a sus desgracias los significados negativos de “merodear”, El Colombiano maltrató a personas en clara situación de inferioridad”, concluye el lector.
José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Local lo reconoce: “Tiene razón el lector y faltó rigurosidad de parte del periodista y su editor. Cada palabra, cada signo de puntuación, cada expresión tienen sentido y vida propia y como tales deben ser manejados”.
A cada palabra corresponde un significado y muchas tienen connotaciones de diversa índole. Es evidente que el término usado en el reportaje periodístico citado no es el propio ni el adecuado. Desde la misma definición se infiere que está relacionado con actitudes sospechosas. En este caso, alejadas de los hechos narrados por el periodista. Y más lejos aún de su intención.
Es posible que los vecinos vean estas aglomeraciones con otros ojos, percibiéndolas como situaciones de riesgo, incomodidad y algunos con altas dosis de prejuicios.
Pero el periodismo tiene la responsabilidad de acercarse de otra manera: con ojos abiertos, sin esos prejuicios y con la actitud transparente fundada en los valores de la ética.
La veracidad está en juego. Oír voces diversas garantiza el pluralismo y la imparcialidad; el contexto explica el proceso migratorio para evitar distorsiones; la claridad del lenguaje permite transmitir los hechos a las audiencias; los derechos humanos también están en riesgo y a un solo paso de criminalizar y maltratar a estas personas puestas en un escenario de precariedad.
Las palabras deben ser escogidas con rigor. Así lo exige el lenguaje periodístico. En temas sensibles es prioritario redoblar la atención para no expresar ideas distorsionadas, ya sea por una falla léxica o por la connotación que trasmita a las audiencias.
La palabra merodear conlleva una carga que puede interpretarse como una acusación, en este caso, a los inmigrantes que buscan resolver su presencia irregular, no delictiva, en el país.
Los sinónimos son escasos en el periodismo. La propiedad es un atributo del lenguaje que avala la comunicación entre el periodista y el lector. Muchas palabras cambian de significado de una región a otra.
El lenguaje es el principal instrumento del que se vale el periodista. Debe dominarlo, debe saber expresarse. Y los diccionarios son los mejores aliados para conocer los significados y las connotaciones sociales de cada término.

El rigor de los sondeos

A raíz del sondeo que realizó el periódico en su sitio web para conocer la opinión sobre el uso de la marihuana con fines medicinales, la lectora Miriam Fabiola Arbeláez pregunta: “¿Qué validez tienen los sondeos que todos los días realizan la televisión, la radio y también los periódicos…?”.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital explica que “Nuestro sondeo funciona de esta manera: El sistema permite votar una sola vez por navegador, es decir si una persona vota y después vuelve y carga la página e intenta votar de nuevo le aparecerá un mensaje que dice: ´NO PUEDES VOTAR. YA PARTICIPASTE´. El sistema se basa en los cookies de los navegadores para no permitir que una persona vote en múltiples ocasiones, sin embargo si un usuario borra la información del navegador podría repetir el voto, o también si ingresa al sitio web a través de otro navegador”.
Y añade: “Los votos son seguros, teniendo en cuenta que se sabe que son efectuados por personas, el sistema tiene una seguridad que impide que se hagan peticiones de votos externas por medio de robots. Reflejan el pensamiento de las personas que deciden votar, hay que tener en cuenta que no todos los lectores votan. También hay que tener en cuenta que hasta los servidores de la CIA han sido hackeados, por eso no estamos exentos de un ataque, pero nuestro sistema cuenta con la seguridad necesaria para este tipo de sondeos”.
El profesor universitario y autor León Darío Bello Parias anota al respecto; El nombre que se le da es adecuado, un sondeo puede considerarse como una primera impresión sobe algo, nunca generalizable a toda una población.
Agrega que “hay que tratar de identificar esa población que es aún más reducida, valga decir, el sondeo lo pueden responder sólo los que tienen acceso a Internet por un lado, luego que miren El Colombiano y por último que tengan la tendencia a contestar preguntas por éste medio, parecen muchas condiciones. Lo cierto del caso, es que estadísticamente no tienen valor científico, en algunos momentos pueden desorientar más que orientar. Por eso es importante tener el referente de quienes pueden contestar el sondeo, Nunca mencionar Los antioqueños opinan…”, que son titulares usuales. Es como los que hace CMI y todos esos medios que usted conoce…”.
En realidad El Colombiano hace pocos sondeos de esta clase. Para efectuar los sondeos o encuestas políticas en tiempo de elecciones o para medir la aprobación o desaprobación de los programas gubernamentales, los dirigentes y las instituciones, contrata a la reconocida firma Invamer Gallup.
Considero que los demás sondeos, cada vez más frecuentes en los medios de comunicación, principalmente en la televisión, no tienen rigor estadístico y por lo tanto hay que mirarlos con distancia, solo como un ejercicio de participación de la audiencia.
De todas maneras, los objetivos y reglamentación deben ser conocidos por los lectores, oyentes o televidentes. Las opciones para votar deberían ser múltiples y, por supuesto, la publicación incluir datos como el tiempo que estuvo abierta la votación, el número de votantes y tener cuidado con las extrapolaciones y generalizaciones.
Finalmente recomiendo, en el caso del periódico, la adopción de un reglamento básico que aclare las inquietudes de las audiencias y disipe las dudas y sospechas que afecten la credibilidad y la confianza.

“Aunque usted no lo crea…” y otros títulos

La lectora Ester Sofía Marín pregunta “Por qué los medios de comunicación emplean títulos como la ´increíble y sorprendente historia…´, ´la primera vez, aunque usted no lo crea…´, y otra serie de palabras sensacionalistas que desinforman y exageran solo por llamar la atención…”.
La lectora pone sobre la mesa un tema de sumo interés por cierta moda de titular para ganar lectores, sin caer en la cuenta que muchas veces se manipula y desinforma debido a que el título de la información no corresponde al contenido del artículo periodístico.
Esta definición del título periodístico es del autor José Manuel Zorrilla: “Los titulares son, en resumen, textos autónomos que encabezan las noticias que publica la prensa, identifican el relato informativo, designan los hechos, destacan gráficamente, poseen un lenguaje propio y tienen la misión de llamar la atención de los lectores para que lean los textos informativos que le siguen e incluso para que compren el periódico…”.
Si bien, uno de los objetivos es captar el interés de la audiencia, los medios a veces abusan y se exceden en presentar las informaciones con titulares con enfoques transgresores de los principios éticos y periodísticos.
Algunas ejemplos: darle más trascendencia a un hecho que no la tiene; también, lo contrario: usar eufemismos para ocultar la realidad; manipular la información para provocar una sensación determinada; usar frases hechas que desvirtúan y desvían la esencia de la información.
Es frecuente encontrar títulos que usan expresiones impactantes como “por primera vez”, “aunque usted no lo crea”, “espectacular”, “increíble” y otras similares que más bien pueden producir un efecto contrario al de llamar la atención porque crean un ambiente de duda.
El uso de los números da credibilidad. Pero el abuso no. Se volvió moda titular “4 razones para mejorar…”, “7 ejercicios que reducen…”.
Tampoco es recomendable forzar las figuras literarias como la metáfora, la onomatopeya, la metonimia y la hipérbole.
El periodismo debe ser esquivo al usar frases célebres, refranes o derivaciones. Esta no es la mejor práctica. La originalidad es una cualidad del lenguaje.
La amenidad es deseable, sin caer en el humor fácil. El periodismo informa y no tiene entre sus funciones entretener y hacer reír.
En los medios sensacionalistas estos titulares son comunes, y aún otros que riñen con la veracidad o que exacerban los sentidos apelando a la discriminación, al sexo, a la sangre, al dolor y en general al morbo.
El titular es el resumen de la noticia o el reportaje. Sintetizar, identificar y seducir al lector para que lea lo que sigue son los atributos de un buen título que garantice la veracidad, imparcialidad y transparencia de los hechos.
El afán de conquistar lectores pone en riesgo la veracidad y la responsabilidad del periodismo. Algunos medios de comunicación cambian la acción del clic por la obligación de dar el contenido que prometen en el título y que el lector espera y se merece.
El lector se cansa de las ofertas engañosas o exageradas al no encontrar lo anunciado y sentirse defraudado por estos modelos periodísticos que riñen con la veracidad: exponen la calidad y la credibilidad porque prefieren el escándalo y el grito a la información veraz y responsable.
Los principios éticos y periodísticos deben estar presentes a la hora de poner el título, entre otras cosas porque el lector identifica cuál es el medio de comunicación que le informa sin distorsiones.

Fe de errores incompleta

El Colombiano tomó la decisión de publicar la sección Fe de errores para enmendar las imprecisiones, equivocaciones y toda suerte de fallos detectados por las audiencias o por los editores y periodistas. Una decisión acertada y consecuente como lo que estipulan el Manual de estilo y redacción y las políticas para mejorar la calidad.
No obstante, considero que los errores deben enmendarse tanto en la edición impresa como en la digital. Actualmente se corrigen solo en la primera pero en la web permanecen los fallos.
Estos ejemplos dan cuenta de las correcciones:
Caso 1. Página 12, edición del 18 de mayo.
En un párrafo del reportaje Otra avalancha de solidaridad para Salgar, se lee: “Según el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, Carlos Iván Márquez, la inversión alcanzará los 35.000 millones de pesos desde que comenzó la atención de la emergencia. Recursos aportados por la entidad, el Ministerio de Vivienda, la Gobernación de Antioquia, el Banco Agrario y la Fundación Bertha Hernández, entre otras…”.
La Fe de errores del día siguiente detecta y corrige: “… y la Fundación Bertha Hernández”. Correcto: Fundación Bertha Martínez”.
Caso 2. En la página 16 del 11 de mayo El Colombiano publicó una información imprecisa con el título El camino de Envigado hacia el Área Metropolitana: “Este cuatro de julio los envigadeños irán a las urnas para definir si su municipio ingresa o no como socio activo al Área Metropolitana…”.
La corrección de la Fe de errores, publicada el 12 de mayo precisa: “… la fecha exacta en que los envigadeños irán a las urnas es el 10 de julio”.
Caso 3. El 19 de febrero de este año, en la misma sección Fe de errores se descubrió y explicó otro error: “… el alcalde de Bello, Óscar Suárez Mira…”. Correcto: (…) el alcalde de Bello, César Suárez Mira…”.
Así ocurre: la Fe de errores detecta algunos y los corrige de una manera válida pero solo para los lectores de la edición impresa.
El periódico The New York Times tiene una sección similar y las correcciones las efectúa también en la edición digital. Por ejemplo, este 9 de mayo aclaró un dato equivocado:
“Un artículo de abril 27, acerca de la confirmación en Colombia de dos casos adicionales de bebes nacidos con daño cerebral, luego de que sus madres que contrajeran Zika durante el embarazo, establece que el año en que los investigadores encontraron secuencias de genes del Zika en la sangre de tres niños en Haití fue diciembre de 2014 y no de 2015”.
Efectivamente, al artículo Colombia Confirms More Birth Defects Linked to Zika, de la sección de Salud del 27 de abril le añadieron la respectiva corrección. (http://www.nytimes.com/2016/04/27/health/zika-virus-haiti.html?_r=0).
Pienso que esta es una corrección integral que obliga a los medios de comunicación que suman cada vez más lectores en las plataformas web, todos ansiosos de encontrar información veraz y de calidad.
Estoy de acuerdo con la opinión del periodista José Cervera, del periódico español El Diario: “Errar es humano, y por eso no hay actividad más humana que corregir lo errado y aprender para procurar no volver a equivocarse en el futuro. Internet es un inmenso depósito de información que durará muchos años, y que seguirá alimentándose y creciendo; si no creamos mecanismos para que los errores puedan ser reconocidos, corregidos y correctamente archivados acabaremos por no saber qué es verdad y qué es mentira…”.
Habrá que volver sobre esta reflexión…

¿El 46 % de qué…?

El rigor y la precisión son atributos del periodismo que con frecuencia escasean en los porcentajes, medidas, dimensiones, magnitudes y cifras de algunas informaciones. En las últimas semanas las audiencias han señalado varios errores:
El primer caso. El lector Rodrigo Cadavid Mejía, encontró imprecisiones en el reportaje, El inodoro es un lujo para el 46% del planeta, publicado el 5 de mayo.
Señala: “1) En la primera página dice muy claro, en el titular, que “…para el 46% del planeta” y luego en el texto habla de 2 mil millones sin inodoros. De dónde saca el periodista que ese 46%, de la población del planeta, equivale a dos mil millones. Haga la operación con la población aproximada de hoy que es de un poco más de 7.400.000.000 (siete mil cuatrocientos millones) y le da mucho más de 3 mil millones”.
Y continúa: “2) En la página 5, en el titular, vuelve y pone 2.000 millones, ratificando el error o la falta de información clara, ya que en el gráfico dice que “…46% de las…en países en desarrollo…”. Aquí aclara el error de la primera página y de ésta…”.
Segundo caso. Detectado por Marco Aurelio Arango Yepes, profesor de estadística de la Universidad de San Buenaventura. Hace referencia al reportaje, En 3 años vivirán en Sabaneta 100.000 personas, publicado el pasado 13 de marzo. Dice: “Con su nota periodística sobre Sabaneta , efectuó una relación entre el tamaño de ese municipio (15 kilómetros cuadrados) manifestando que tenía un área 554 veces más pequeña que el barrio Belén de Medellín…según el periodista, el Barrio Belén tendría 554 X 15 = 8.310 kilómetros cuadrados, con esta extensión este barrio de Medellín sería más grande que varios departamentos de Colombia como Caldas, Risaralda, Atlántico y Quindío, inclusive muy lejos del tamaño de la ciudad de Bogotá que no supera los 1.600 kilómetros cuadrados…”.
El anumerismo ha sido definido por John Allen Paulos como “incapacidad de manejar cómodamente los conceptos básicos de las matemáticas, como por ejemplo, los conceptos fundamentales de número y azar”, que afecta a los periodistas y a otras personas.
Esta suerte de temor o reverencia por los números lleva a la incorrección cuando los periodistas manejamos porcentajes, operaciones matemáticas, interpretaciones estadísticas y aun cifras simples, como los casos señalados anteriormente.
La consecuencia de estas equivocaciones es la pérdida de confianza y credibilidad. Si un dato está equivocado, el lector dudará, con razón, de la certeza de la información.
Considero que el rigor es condición de la calidad periodística y valor fundamental del principio de veracidad.
Ante un número, un porcentaje, una cifra, lo mejor es reducir la velocidad de la escritura y aumentar el nivel de concentración y análisis para no caer en equivocaciones.
Pienso también que es muy útil revisar cada número escrito, consultar a los expertos y mejorar las competencias matemáticas. Y, por supuesto, rectificar las equivocaciones.
Un buen ejemplo de corrección es el sistema de The New York Times. En la sección respectiva, Corrections, equivalente a la sección Fe de errores de El Colombiano, publica la respectiva enmienda. Y luego, al final del artículo, también añaden la respectiva nota. Es recomendable que los medios de comunicación lo hagan así, para que no se perpetúe y se multiplique el error. Y además, para honrar los principios de veracidad y responsabilidad social del periodismo.

¿Grados centígrados o grados Celsius?

La reflexión de la semana pasada sobre El lenguaje de los medios de comunicación motivó diferentes reacciones entre los lectores.
Una de las comunicaciones recibidas, la de Lisandro Mesa O., dice: “Me llama la atención esta frase en relación a los errores: “Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen” y quisiera hacer una reflexión al ejercicio que describo a continuación; favor ingresar a la página web del diario, diríjase al buscador de noticias y escriba por ejemplo: “grados centígrados”, obtenemos 789 resultados, tenemos por ejemplo cuales y cuantos columnistas han cometido el gazapo (15), también observamos cual es el año donde más se cometió el error (2014 con 127), cuando fue la última vez que se cometió el error (22/04/2016)…”. Esta consulta, en el buscador de El Colombiano, corresponde a los años posteriores a 1970.
Y añade más adelante: “… y más que molestia la sensación es de tristeza, el ejercicio se puede repetir con “grados Richter” o cualquier otro gazapo en el que cae el periodismo escrito y las estadísticas no dejan de sorprender. Hay algo que me sorprende todavía más: el Manual de estilo y redacción de El Colombiano en su página 58, capitulo 3.8 al hablar de Temperaturas: “Las temperaturas se darán siempre señalando los grados y su respectiva unidad de medida. Así: Medellín tuvo ayer una temperatura de 37 grados centígrados. Recuérdese que existen otras referencias, como grados Celsius (equivalente a centígrados)…”.
Tiene razón el lector Mesa: El Diccionario de la Real Academia explica que “el uso del grado centígrado está obsoleto en el ámbito científico”.
Ahora se dice grados Celsius. Esa es la recomendación, aunque se advierte el uso generalizado de grados centígrados. Considero que el periodismo debe optar por la corrección idiomática para que todos los lectores, de todas las latitudes, pueden comprender la información.
Propiedad y precisión son dos atributos del lenguaje. Explica Wikipedia que “Anders Celsius definió su escala en 1742 considerando las temperaturas de ebullición y de congelación del agua, asignándoles originalmente los valores 0 °C y 100 °C, respectivamente (de manera que más caliente resultaba en una menor temperatura)”.
Esta escala para medir la temperatura pertenece al Sistema Métrico Internacional adoptado por casi todos los países del mundo desde 1960.
Sobre la referencia al Manual de estilo y redacción de El Colombiano considero que debe ser corregido y actualizado en su próxima edición porque ya no se debe escribir más grados centígrados sino grados Celsius. Se advierte que en otros países las temperaturas están dadas en grados Farenheit.
Es oportuno señalar que el símbolo establecido internacionalmente es °C, que consiste en un pequeño círculo seguido sin espacio de la letra C. Se deja un espacio entre la cifra y el símbolo: 23 °C, según lo aconseja la Fundación Español Urgente, Fundéu.
El lector Juan Crisóstomo Jiménez también comentó el tema: “…Está bien que se busque escribir bien, pero veo que algunos lectores son más papistas que el papa y todo lo critican…”.
Pienso que los periodistas no somos infalibles. Nos equivocamos como cualquier persona, pero tenemos la responsabilidad de escribir bien, correctamente. Alex Grijelmo, periodista y escritor español dice: “…quien no reconoce el error, no mejora”.
Seguramente la discusión no termina aquí…Mientras tanto, mi gratitud y la del periódico a quienes nos envían sus críticas.

El lenguaje de los medios de comunicación

Bien vale la pena una reflexión más sobre el lenguaje periodístico con ocasión del Día del Idioma. Ya lo he hecho en otras ocasiones para señalar los errores más frecuentes, insistir sobre la urgencia de escribir correctamente, celebrar la publicación de la Fe de errores y felicitar a los lectores que se han constituido como guardianes del idioma y nos envían todos los días sus críticas y comentarios.
Los atributos de la redacción periodística son los mismos del lenguaje, aunque con algunos énfasis. La primera propiedad es la claridad, vale decir que el periodista debe comprender los hechos que narra y presentarlos en forma transparente y sencilla. Comunicar, en pocas palabras, es poner en común; lo que escribe lo comprende fluidamente el lector y las audiencias.
La concisión es otra de las cualidades del lenguaje periodístico. Consiste en expresar los datos directamente, sin antesalas ni parrafadas. Usar frases cortas, palabras propias y precisas es clave. Siempre es válido releer para recortar lo que suene largo y ampuloso.
Y la corrección. Escribir según las normas del lenguaje, sin errores. Si, sin equivocaciones porque se pone en riesgo la veracidad de los hechos y la credibilidad del periodista y del medio de comunicación. Un solo error deja por el suelo el más importante y lucido relato.
Varios autores coinciden en señalar que escribir bien es una obligación ética del periodista, igual que corregir todos los errores para recuperar la confianza y honrar la veracidad de la información.
Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen. Al respecto, el ingeniero Gabriel Escobar Gaviria, columnista, cazador de gazapos, lector crítico y estudioso de los asuntos idiomáticos explica por qué se perpetúan los errores:
“Por el desinterés de los educadores en todos los niveles de corregir los errores que los estudiantes traen de todos los medios que frecuentan: un error empieza a hacer carrera y todos lo aceptan por estar con la moda. Muchas páginas webs de centros educativos aparecen con errores y no se diga de las tareas propuestas por los profes vía internet. El desinterés por actualizarse de algunos correctores y algunos comunicadores que no hacen esfuerzo alguno para estar al día, siguen corrigiendo con la edición XX del Diccionario de la Real Academia (1984) y vamos en la XXIII (2014). Varios de ellos no conocen la Gramática 2009 ni la Ortografía 2010.
Y añade: “La pereza de traducir las novedades tecnológicas: ¿para qué maus, si tenemos ratón?, ¿para qué tablet, si tenemos tableta?, ¿mail, si tenemos correo? La imitación al exitoso que inventa un error y en poco tiempo todos los colegas lo están imitando. Ejemplo: las comillas simples para todo, aunque la norma no las autorice”.
Es un riesgo escribir sin consultar los diccionarios. No vale la pena ser tan audaz. Nadie se las sabe todas ni el conocimiento es estático: nuestro idioma está en evolución. Nuevas palabras aparecen por necesidad o incluso por moda, pero si son bien nacidas pronto la Real Academia Española les dará la bienvenida.
Además de consultar fuentes idóneas el periodista debe leer. Quien lee escribe mejor que quien no lo hace habitualmente. Leer literatura realista y periodismo de calidad es uno de los consejos que listan los expertos.
Escribir bien, correctamente, es el desafío del periodismo responsable y de calidad. Las audiencias se lo merecen…

El rigor del periodismo medioambiental

El lector León Darío Giraldo J. dice: “…he leído en las últimas columnas sus respuestas a quienes vemos con preocupación el problema energético empeorado por el fenómeno del Niño y por el cambio climático. Soy docente y hoy quiero preguntarle a usted, señor defensor, cuál es la responsabilidad de un medio de comunicación en materia de medioambiente, ahora que todos los ciudadanos debemos interesarnos más por cuidar la naturaleza…”.
Ramiro Velásquez Gómez, periodista y columnista del periódico, especializado en temas científicos y medioambientales explica al respecto: “En cuanto a la temática medioambiental los medios están en el deber de informar sobre las acciones, afectaciones y medidas relacionadas con el sector, más hoy en día cuando es uno de los temas prioritarios para el bienestar individual y colectivo no solo en el presente sino a futuro”.
Añade: “No se pueden limitar a la información oficial, por lo general referida a determinaciones sobre una situación específica sino que deben contextualizar sobre el estado general de esa problemática, y tampoco pueden limitarse a la denuncia o inquietud ciudadana sin profundizar en ella, una denuncia que cobra mayor realce hoy por la conciencia ciudadana acerca de la protección al medio ambiente. El tema debe tener continua presencia en los medios por ser un asunto esencial”.
Quizá el título de periodismo medioambiental no es el más preciso, tampoco el de periodismo verde o ecológico. En realidad falta una especialización académica que lo acredite, incluso estos temas escasean en la bolsa de asignaturas de las facultades y programas de Periodismo y Comunicación.
Veracidad, rigor, contraste de informaciones, transparencia y responsabilidad social son los valores fundamentales del periodismo, independientemente de la naturaleza de los hechos que relate.
En asuntos sobre medioambiente es frecuente encontrar tonos subidos que crean cierto pánico o al menos alarma entre las audiencias. O bien, matices que copian las voces de calma, y aún de engaño, emitidas por autoridades gubernamentales o por otros agentes.
El periodismo debe informar sin palabras sensacionalistas ni frases apaciguadoras que desvían la atención o distorsionan la realidad de los hechos.
El reto consiste en consultar, además de los voceros gubernamentales y empresariales, a los académicos y a las personas afectadas para construir una información más completa y aproximada a la verdad.
Siempre ir más allá de la noticia escueta. Siempre ir al origen y a las causas. Profundizar, investigar los porqués y los impactos de una catástrofe o contingencia; explicarlos en términos sencillos; hacer pedagogía y orientar a la ciudadanía, y mantener la continuidad del tema, como lo describe Ramiro Velásquez Gómez.
Con respecto a las fuentes, insisto en la formalidad de oír a todas las partes, de preguntarles y repreguntarles y de buscar a los expertos para que traduzcan en un lenguaje más asequible y elemental los conceptos más técnicos y complejos.
Los periodistas encargados de los temas medioambientales tienen por delante el gran objetivo de formarse en asuntos como biodiversidad, huella de carbono, capa de ozono, desarrollo sostenible, recursos naturales, calidad del aire y del agua, contaminación, combustibles fósiles, energías alternativas, erosión, cambio climático, reciclaje y decenas de conceptos más. Este aprendizaje continuo le dará la solvencia profesional necesaria para informar con mejores estándares de calidad y de responsabilidad social.
Una frase final para alertar sobre la magnitud de contenidos tóxicos, interesados y distorsionantes que encontramos en internet al lado de otros valiosos, transparentes y pertinentes sobre el medioambiente, su gestión responsable y la formación de una opinión pública bien informada.

Lo más leído, lo más comentado

El lector Héctor Fabio Morales pregunta: “No entiendo cómo funciona la lista de lo más comentado. No entiendo por qué una información que poco nos interesa aparece en el primer lugar y otras de mayor importancia las veo más atrás o ya no aparecen en la clasificación que ustedes hacen. Quiero, señor defensor que me aclare qué es lo que pasa…”.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital encargado, explica al respecto:
“Lo más leído, Lo más compartido y Lo más comentado, es una zona ubicada en la columna derecha de la página web de elcolombiano.com; para su clasificación se tiene en cuenta las noticias publicadas en las últimas 24 horas. La idea es que allí se refleje el consumo que la audiencia hace de nuestros contenidos cada día. No tendría mucho sentido que siempre se mostrara la misma noticia como la más vista, si ese módulo digital mostrara la noticia más leída de todo el sitio web, es muy probable que la medalla de oro de Mariana Pajón en los Juegos Olímpicos de 2012 o un artículo sobre el salario mínimo de 2016 estuvieran siempre en el primer lugar”.
Añade: “Lo más comentado es un ranquin de acuerdo al número de comentarios que la audiencia recibe al interior del artículo, no se tiene en cuenta los comentarios que sobre esa noticia se hacen en redes sociales ya que esas son plataformas diferentes. Lo más compartido es un top 5 jerarquizado por el número de veces que han sido compartidos los artículos en la red social Facebook, que es la más utilizada en el mundo.”.
Pienso que hoy las audiencias participan activamente en el proceso informativo. Los contenidos son expuestos por los medios de comunicación precisamente para que los lectores comenten, sugieran, agreguen pistas para profundizar la investigación, entre otras acciones. Ya nos son solo receptores pasivos de la información, son lectores activos y pueden ir más allá hasta convertirse en coautores.
De acuerdo con los niveles de interacción, los medios digitales establecen esta zona en la que se hace la clasificación de las informaciones más leídas, comentadas y compartidas. Es una guía que muestra las acciones de las audiencias con respecto a los contenidos informativos y de opinión.
Incluso hay algunas experiencias que permiten reordenan, jerarquizar, todos los contenidos originales para presentar una propuesta nueva, según las preferencias de los lectores.
Un análisis que bien podrían realizar las facultades de Comunicación y Periodismo es el de estudiar la índole y calidad de los comentarios de un contenido específico, porque es claro que la clasificación o ranquin que hacen los medios, entre ellos El Colombiano, obedece solo al criterio de cantidad.
Así, un contenido de mayor trascendencia o impacto puede tener menos comentarios y además menos lectura que otro más ligero, que haga, por ejemplo, alusión a un personaje de la farándula.
Estos volúmenes de mensajes y comentarios también se explican por el momento o por la misma naturaleza de la información. Los resultados de un clásico local de fútbol motivan la participación de los hinchas, y un crimen, con rasgos dramáticos y crueles, también origina muchos comentarios.
Puede concluirse que este ranquin corresponde al modo de actualidad y relevancia otorgado por las audiencias, según la mayor o menor interacción. O como dicen algunos autores: se trata de la agenda alternativa, construida por la audiencia que actúa como editora.
Finalmente, considero de gran valor estas inquietudes de los lectores porque les dan la razón a quienes ven en las plataformas digitales la mayor fortaleza de los medios impresos, y su futuro.