Criterios periodísticos y relevancia informativa

Con alguna frecuencia recibo preguntas y observaciones de los lectores sobre los criterios del periódico para publicar una información en la primera página o en cualquier sección.
La lectora Sol Beatriz Echevverry escribe: “…quiero que me explique cómo eligen las noticias de la primera página de El Colombiano y ¿por qué razón son diferentes a los otros periódicos del país?
Creo que lo primero es decir que cada periódico tiene unos principios que constituyen su filosofía editorial y la publicación obedece a un modelo periodístico previamente construido por sus directivos.
En otras ocasiones me he referido a los valores de El Colombiano, fundados en los principios de veracidad, pluralidad y responsabilidad social, consagrados en el Manual de estilo y redacción.
Los criterios periodísticos para confeccionar la agenda informativa y luego definir los temas de la primera página y de las demás secciones se ponen a prueba cada día en la primera reunión de la mesa central. En esta sesión, que se efectúa a las 8:00 a m., participan los macroeditores y editores de cada área periodística.
Además de hacer la evaluación de la edición en circulación proyectan la del día siguiente con los asuntos más relevantes de la actualidad y con los temas de investigación, propios del periódico, decididos en las reuniones semanales de planeación.
Los temas relevantes son los que afectan o interesan a un mayor número de ciudadanos; aquellos que acaban de ocurrir; los que tienen algún grado de prominencia por el protagonista y su función o prestancia pública o por el lugar de los hechos; los que generan mayores consecuencias e impactos; los que crean suspenso o corresponden a un seguimiento de trascendencia.
La proximidad y la rareza son factores noticiables que también son puestos sobre la mesa para el análisis de la pertinencia informativa.
A los macroeditores y editores corresponde la función de seleccionar los temas, hacer las asignaciones y asesorar la redacción y la producción fotográfica y de ilustración que se convenga.
También son los encargados de la decisión final sobre cómo es la disposición jerárquica en el momento de la edición y publicación.
El lector encuentra cada mañana una vitrina con la oferta informativa de primera página. Seguramente es la respuesta a sus intereses…
De todas maneras las audiencias podrán ayudar con sus aportes, preguntas y sugerencias a construir la agenda informativa del periódico.

Cambios en la edición digital generan nuevas obsrvaciones

Los cambios que realizan los medios de comunicación motivan  todo tipo de reacciones. El lector Carlos Alberto Lizarazo Lozano encuentra diferencias en los contenidos de las ediciones digital e impresa y sostiene que “…no me ha gustado su nueva página, pienso que enreda al lector y no se muestra tan amigable como lo era antes…”.
En su comunicación el lector Ricardo Hernández Ríos dice: “En su nueva edición digital todo está espectacular, nos permite navegar a modo de explorador. Muy buenos los recursos utilizados para esta mejor presentación. Muy buenos los vínculos multimedia para ampliar la información. De verdad se nota demasiado que pensaron en nosotros, su audiencia. Les aseguro que pronto ganarán un premio Internacional…”.
Juan Bautista Arboleda expresa: “Me gustan los cambios en el portal de El Colombiano. Todos son positivos porque la anterior página era muy deficiente y en esta navego con facilidad y encuentro información que antes no la tenía. En una palabra ganamos los lectores…”.
Estos son algunas de las observaciones recibidas la última semana, que se suman a las reacciones de crítica, sugerencia y felicitación que han dirigido las audiencias desde el primer día de los cambios.
Al respecto, Diego Alexander Agudelo Gómez, macroeditor digital comenta: “Con la aspiración de tener un sitio divertido, que asombre al lector, se diseñaron módulos que hacen énfasis en el impacto visual sin olvidar crear un entorno que permita la jerarquización oportuna de las noticias. Pero también se buscaba construir toda una estrategia que permitiera destacar a El Colombiano en el universo digital a partir de contenidos multimedia de alta calidad que conquistaran a la audiencia y además la motivara a compartirlos en sus redes sociales.”.
En la última columna me referí a los atributos de dichos cambios. Sin embargo, vale la pena hacer énfasis en los contenidos visuales y multimedia, los cuales han evolucionado en El Colombiano y en general en los medios de comunicación.
Las posibilidades de interacción también han tenido un desarrollo interesante. A ellas me referiré en la próxima columna.
Nuevamente invito a los lectores a conocer en forma detallada la evolución que ha tenido la edición digital de El Colombiano y a que nos envíen sus comentarios y sugerencias sobre dichos cambios.

Reacciones de los lectores a las novedades de la edición digital

En las dos últimas semanas he recibido numerosos comentarios de los lectores por los cambios en la página web. Algunos cuestionan, preguntan o señalan dudas y otros expresan felicitaciones por las novedades de la edición digital.
Martha Ortiz Gómez, directora de El Colombiano, dice en el editorial del 14 de noviembre: “A partir de mañana, como resultado de dos años de trabajo, nuestra audiencia podrá disfrutar de una nueva página web que conserva la esencia, credibilidad y periodismo de El Colombiano pero que se materializa en una experiencia multimedia impecable y deliciosa para la audiencia”.
Añade: “De esta evolución pueden esperar más oferta periodística gracias a textos enriquecidos con elementos y vínculos multimedia, una jerarquización de la información más clara, mejor navegación temática, impacto visual, un interesante acordeón por asuntos, amplio diálogo con las redes sociales, un motor de búsqueda inteligente, canales especializados y velocidad optimizada, entre otros”.
“Es una propuesta viva que hoy queremos presentar con humildad e ilusión, pues sabemos que siempre podrá mejorar y estamos dispuestos a vivir con ella ese viaje que significa para El Colombiano nunca dejar de soñar con ir más allá”, concluye.
Y Diego Alexander Agudelo Gómez, macroeditor digital sostiene: “El nuevo diseño de El Colombiano es el resultado de un riguroso trabajo de investigación y desarrollo que se llevó a cabo en el Ecolab, el laboratorio de innovación de El Colombiano. Basados en las nuevas tendencias de los medios en el entorno digital en cuanto a diseño, funcionalidades y estrategia de contenidos, se planteó una web versátil, que nos permite tener una redacción convergente en la que todos los periodistas pueden enriquecer sus contenidos y contribuir para ampliar su efectividad en la red”.
Pienso que la nueva página web es un salto en la búsqueda de una mejor presentación y sobre todo de una mejor información para todas las audiencias.
La edición digital tiene una apariencia renovada: ofrece información actual, con más contexto, concisa, con énfasis gráfico, seria y responsable. Más posibilidades de navegación porque su estructura sugiere ampliar y profundizar las informaciones y las opiniones, gracias a los nuevos recursos incorporados, a la estructura limpia y lógica.
A medida que naveguemos podremos descubrir los atributos de la nueva web.
Estamos prestos a recibir los comentarios y observaciones.

El control de calidad de la información

El uso adecuado y correcto del lenguaje es vital para el periodista por su alta exposición ante las más variadas audiencias. “Los periodistas no hablan peor ni mucho menos que el resto de la población, pero tienen mucha responsabilidad y se les debe exigir, dado que son una parte importante en el desarrollo de la lengua”, afirma Joaquín Müller-Thyssen, director de la Fundación Español Urgente, Fundéu.
El control de la calidad de la redacción debe ser ejercido por todos: periodistas, editores y medios de comunicación. La publicación debiera hacerse cuando se obtenga el respectivo certificado. Los vistos buenos de los editores y macroeditores, aun en medio del fragor que produce la palpitante actualidad, deben ser señal de certeza y responsabilidad.
Además de las correcciones de ortografía, concordancia, semánticas y simples erratas los editores deben leer los textos de los periodistas para mirar si cumplen los requisitos de veracidad, pluralidad y demás principios del periodismo.
Algunos medios de comunicación han establecido el lector invisible que detecta errores e incoherencias para lograr la calidad que se merecen las audiencias. Revisar, analizar, proponer y acompañar al autor son funciones permanentes de los editores. Deben ser agentes de cambio del control de los errores y líderes de la difusión pedagógica para evitar la repetición de las equivocaciones.
Quizá por no revisar el original en el proceso de edición se publicó incompleta la columna del pasado 17 de noviembre. Esta es la corrección pertinente.
El comentario íntegro del lector Eduardo Aristizábal Peláez es el siguiente: “El periodista debe tener mucho cuidado con el significado de las palabras, pero especialmente cuando los términos son jurídicos. Hemos leído o escuchado frases como: le aprobaron la demanda a Juan Sin Miedo. El receptor, también, equivocadamente, interpreta además que Juan Sin Miedo ganó la demanda que había instaurado. Y lo que en realidad sucedió fue, que la demanda presentada cumplió con todos los requisitos legales y constitucionales que todo proceso tiene que cumplir. Si utiliza el término exacto, sería: le admitieron la demanda o en caso contrario, la inadmitieron, pero no hay ningún pronunciamiento del juez, que a esas alturas, ni siquiera ha recibido el documento”.
Nuestras excusas a Aristizábal Peláez y a los lectores.

27 de octubre: Día de la corrección

El 27 de octubre es el Día de la corrección. La fecha fue acogida por la Unión de Correctores, Unico, entidad española fundada en 2005 que agrupa a los correctores y que realiza cada año un congreso internacional para debatir asuntos relativos a la corrección idiomática y de estilo en los medios de comunicación y en general en la industria editorial.
La ocasión es propia para animar una nueva reflexión. Primero para agradecer a los lectores que diariamente nos llaman o envían por correo electrónico sus críticas y señalan imprecisiones y errores en las informaciones. La participación de las audiencias en estos casos es vital para mejorar la calidad del periódico. También, para reconocer la labor de nuestros correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López.
Considero que los errores no debieran producirse, pero también es cierto que es humano errar. Lo que no tiene explicación razonable es que un error se repita, quizás por la falta de un sistema de gestión y control de calidad en la sala de redacción que lo impida.
En decisión acertada la dirección de El Colombiano ordenó desde inicios del año la publicación de la sección diaria Fe de errores, tal como lo hacen los diarios más importantes del mundo. The New York Times dice, por ejemplo que: “reconoce una responsabilidad ética de corregir todos los errores de hecho, grandes y pequeños”.
Y lo cumple hasta el extremo. El reportaje de David D. Kirkpatrick, publicado por este diario, fechado en Bengasi, Libia, fue corregido el día siguiente así: “Corrección: 19 de octubre 2012. Una versión anterior de este artículo identificó erróneamente la bebida que Ahmed Abu Khattala estaba bebiendo en el hotel. Fue un frappe fresa, no jugo de mango, que es lo que había ordenado.”.  http://www.nytimes.com/2012/10/19/world/africa/suspect-in-benghazi-attack-scoffs-at-us.html?pagewanted=all&_r=0

Las correcciones, ya sean tipográficas, gramaticales o de estilo, corresponden a una determinación dispuesta por el Manual de redacción para garantizar el periodismo veraz, ético y responsable.
Pienso que aun hace falta la publicación de la Fe de errores en la edición digital, que se corrijan los artículos y se agregue una nota que aclare la modificación. Y por supuesto, que se adopte una iniciativa pedagógica que mejore las competencias de los periodistas en lo que respecta a la corrección idiomática.
El lector se merece un periódico de calidad, legible y sin errores. Una meta que se logra con el apoyo de todos, lectores y periodistas.

Ébola: rigor informativo y responsabilidad

La observación del lector Juan Esteban Gómez, que animó la última reflexión, sumada a otras inquietudes que recibí esta semana, motiva este nuevo análisis sobre cómo informar sobre el virus del Ébola.
En los últimos días ha fluido más información en los medios colombianos e internacionales. En general, se aprecia un esfuerzo por comunicar con rigor y con la asesoría de fuentes médicas y científicas.
Aunque a veces nos vemos obligados a salvar escollos porque algunos médicos y científicos miran con recelo a los medios y a los periodistas, acusándolos de trivializar, vulgarizar, los conceptos hasta el punto de distorsionarlos o incluso desinformar.
La desconfianza quizás se funda en el riesgo de hacer un periodismo sensacionalista que busca mayor cuota de audiencia sin importar la magnitud y gravedad de la emergencia sanitaria, muchas veces con violación de los derechos de los pacientes.
En la relación con los organismos de gobierno también surgen peligros porque según se ha visto en algunos países el tema del virus del Ébola se contamina con posturas políticas o choca con funcionarios inexpertos e ignorantes que en vez de informar, confunden, ocultan y alarman.
Se han advertido, de igual manera, obstáculos al derecho de libre acceso a la información. “El miedo que las autoridades sentían al principio por la magnitud de la epidemia dio lugar a intentos contraproducentes de censurar los medios de comunicación”, destaca Cléa Kahn-Sriber, responsable de Reporteros Sin Fronteras para África.
No obstante, el periodismo responsable se concentra en buscar la veracidad de los hechos, mantener el rigor en el proceso de averiguación y confrontación de los datos y en contribuir a la educación para evitar el contagio y superar la crisis.
Para ello es preciso un clima de confianza y respeto entre los medios y las fuentes, ya sean científicas o gubernamentales, y entender que el periodista trabaja para la gente.
Siempre habrá medios responsables y periodistas amarillistas, igual que redes sociales que distorsionan y se burlan del dolor ajeno. Pero las audiencias seguramente optarán por el periodismo honesto, serio, útil, ético y de calidad.
BBC, por ejemplo, además de informar sobre el virus del Ébola por radio, televisión y todos sus servicios digitales de su web, estableció un canal informativo y educativo a través de Whatsapp con mensajes diarios de orientación a la población de los países afectados.

La ética, condición del periodismo de calidad

La reflexión de la última columna sobre los principios éticos del periodismo continúa hoy para darle respuesta a las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos.
El periodista debe enfrentar numerosas situaciones que lo pueden poner más allá de los límites éticos del periodismo responsable.
Una conducta antiética es usar la información que obtenemos de primera mano en provecho propio, como si se tratara de privilegios personales. O ejercer la profesión como trampolín para obtener beneficios y acceder a otras posiciones. Hay que revisar si hay conflictos de interés para advertirlos y salvarlos.
Las posturas banderizas le restan imparcialidad, equilibrio, transparencia y justicia a las informaciones, máxime cuando la afinidad induce a soslayar fuentes informativas distintas y distantes o a ocultarlas, con grave violación de los principios fundamentales de la profesión.
De igual manera se afecta la ética cuando se borran o confunden las líneas entre la información y la publicidad, cuando las relaciones públicas y comerciales limitan la libertad del periodista y la verdad tropieza o se ve obligada a saltar zancadillas.
Los periodistas estamos expuestos a seguir estrategias de mercadeo y tendencias de las redes sociales que ejercen cierta hegemonía y que nos puede mover más allá de los principios éticos y líneas editoriales propias. Suele suceder cuando la información busca despertar emociones y sensaciones, con descuido de su único fin: comunicar, informar.
Obtener la información por medios ilícitos como filtraciones, cámaras escondidas y acciones encubiertas son prácticas ilegales que solo se podrían justificar cuando la información es de alto valor e interés para la sociedad y no existen alternativas de averiguación. En estos casos, sin embargo, es necesario advertirlo a las audiencias.
En palabras de Fernando Gómez Martínez, director emérito de El Colombiano, estos son los valores éticos del periódico: “verdad, libertad, justicia, honradez, prudencia, caridad, decencia, bien público y patriotismo, ese haz de palabras y de conceptos forman la columnata de nuestra ética.”.
La ética periodística está en el primer plano: la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano entrega esta semana, aquí en Medellín, el premio Gabriel García Márquez a la Excelencia Periodística a Javier Darío Restrepo, nuestro maestro de ética, y a Marcela Turani, periodista mexicana. Enhorabuena.

El trabajo armónico de editores y periodistas

El lector Jorge León García escribe: “Estoy de acuerdo con lo que dicen Roberto Ojalvo y Jaime Restrepo, porque no siempre coinciden los títulos que ponen en la primera página y la información de las hojas interiores. ¿Qué funciones cumplen entonces los periodistas y los editores…?”.
El papel de los editores es vital, de ellos depende la calidad del periódico. Este fue el tema de reflexión de las últimas columnas.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano reza: “El editor representa al lector, y, al ponerse en el papel de éste, debe buscar qué es lo que le gustaría leer, cómo sería la mejor presentación, qué historia querría ver en el periódico. Así sabrá que los cambios que les sugiere a las informaciones de sus reporteros las hace en beneficio de los lectores”.
Las palabras del periodista Jean-François Fogel, en uno de sus talleres de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), lo retratan de cuerpo entero:
“En los buenos diarios siempre hay un editor que no hace el diario del día siguiente, de ello se encarga el editor ejecutivo. Del editor del que hablamos es aquel que lee el periódico y toma decisiones en relación con lo que leyó. Y lo hace porque su trabajo consiste en tener la cabeza por encima del agua, pues el periodismo en muchas ocasiones obliga a los redactores a sumergirse en su trabajo, haciendo que pierdan perspectiva”.
Nunca son despreciables las visiones de los redactores. Ellos están en la calle, en contacto con las fuentes y más cercanos que algunos editores que se encierran en la sala de redacción como si se tratara de una urna de cristal.
El trabajo armónico de editores y periodistas es el que garantiza la calidad. El editor acuerda con el periodista los temas; orienta el proceso de indagación; asesora y acompaña la redacción y la edición; nunca descuida la verificación ni la revisión de títulos, textos y demás recursos gráficos, antes de la publicación. Y después de ella, editor y periodista, realizan la evaluación, analizan las implicaciones y proyectan el seguimiento informativo.
Las tensiones propias de una relación profesional deben resolverse sobre la base de los mejores argumentos del periodismo. La misión profesional tiene al frente el compromiso con la verdad y el interés general de los ciudadanos, por encima de la presión de los otros poderes públicos y privados y de los afectos e inclinaciones particulares.

 

El papel del editor es la clave de la calidad periodística

Las últimas reflexiones sobre el arte y la destreza que exigen los títulos de las informaciones dieron lugar a varias preguntas de los lectores sobre las relaciones y el papel que cumplen los editores y macroeditores.
La mesa central de El Colombiano la integran los macroeditores, quienes planean, evalúan y toman las decisiones sobre la agenda informativa. Trabaja en dos tiempos: en la planeación de la edición diaria y en la previsión de asuntos de más largo aliento pero que la redacción debe atender para ediciones futuras o para el cubrimiento periodístico de acontecimientos que así lo ameritan.
Las directrices de la mesa central y de la dirección llegan a los editores de sección para que a su vez sean trasmitidas a los periodistas asignados para cada tema.
La labor del editor comienza en este instante. El enfoque, el tono, las fuentes, el género periodístico y la disposición de los recursos para iniciar la investigación deben ser discutidos con el redactor. Se supone que aquí quedan resueltos los interrogantes del enfoque fino que requiere cada tema para que reúna los requisitos de la calidad periodística, entre ellos: veracidad, imparcialidad, interés público, independencia y responsabilidad social.
Editores y macroeditores realizan una gestión de acompañamiento de principio a fin. Deben cuidar corrección idiomática, concordancia del título y del párrafo de entrada con el relato periodístico, contraste de las fuentes informativas, contexto, interés general. Deben comprender el tema informativo, saber si es noticia y si es oportuna su divulgación.
Un editor debe ser un pedagogo que construya y no simplemente ordene. Todos los días debe abrir la ventana de la sala de redacción y percibir, con sus sentidos, qué esperan sus audiencias, qué información es vital y necesita conocer el ciudadano.
Esta sensibilidad le orientará a la hora de construir la agenda informativa, optar por un título u otro, decidir la jerarquización temática y no fallar a la hora de vestir la primera página. Los hechos más importantes, de mayor impacto son los que se merecen el privilegio que da la exigente selección.
A veces las relaciones profesionales de periodistas, editores y macroeditores fallan en alguna de las fases de la producción, lo que provoca errores que desmejoran la calidad periodística.
Creo que el periodismo es un ejercicio colectivo.

Titulares imprecisos, discordantes, que desinforman

El director del Museo de Jericó, Roberto Ojalvo Prieto escribe: “Qué lástima que muchos lectores nos sintamos identificados con sus columnas como la de la referencia y que en el mismo periódico no tengan en cuenta sus apreciaciones y orientaciones”.
Añade: “Lo anterior por cuanto dos páginas más adelante de la columna en mención, aparece el siguiente titular: “Ómar Yepes deja el Partido Conservador”, cuando en realidad el contenido del artículo habla de su retiro de la presidencia y no del partido. Titulares como este sólo desorientan al lector distraído y le restan calidad a la información…”.
El lector Jaime Vásquez Restrepo expresa: “Me refiero al tema tratado en la página 11 de El Colombiano del pasado lunes 18 de agosto y que se refirió a la forma de titular analizando los diferentes puntos que llevan a que sea un arte y una cualidad para que la noticia no pierda veracidad, independencia, neutralidad, etc.”.
“Me pareció acertado el comentario allí expuesto, pero grande fue mi sorpresa al encontrar, en la misma edición, página 13, un titular que dice: “Ómar Yepes deja el Partido Conservador”; titular éste lejos de la realidad, ya que el doctor Yepes no deja el Partido Conservador sino que se retira de la Dirección de tal Partido. Mi pregunta es: ¿Los títulos sí son producto de una amplia discusión en la sala de redacción, como lo dice el texto de la página 11? Entonces ¿En qué quedamos?…”.
Realmente los titulares discordantes confunden y desinforman. El periodismo es exigente y requiere que la información sea clara y precisa. Que las pocas palabras del titular reúnan los elementos sustanciales del texto, concuerden con el y orienten al lector sobre el sentido del relato de los hechos.
Elegir las palabras con acierto, en forma simple, sin lugar a equívocos ni engaños es la labor del periodista y del editor.
A la hora de titular nunca sobra preguntarse cuál es el asunto principal y cuáles son los insumos informativos más interesantes, de mayor impacto, para las audiencias. Siempre importan el tono y el enfoque.
Estoy muy de acuerdo con el escritor y periodista inglés Cyril Connoly quien razonó al respecto: “La literatura es el arte de escribir algo que se va a leer dos veces, pero el periodismo es para ser leído una sola vez”.
Escríbale al Defensor de las Audiencias: defensordeaudiencias@elcolombiano.com.co