Corregir: cuestión de calidad, transparencia y ética

“Debo confesar que contar los errores, hacer fe de ellos, mostrarlos en público, me ha ayudado a cicatrizar las heridas que siempre dejan en un profesional el cumplimiento fatal de los gajes del oficio”.
La reflexión es del periodista y escritor Juan Cruz, en el libro ¡En qué estaría yo pensando!, de Alex Grijelmo, quien logró que treinta periodistas de El País escribieran sobre sus errores.
Sylvia Stead, defensora del lector The Globe and Mail, diario de Toronto, Canadá, dice: “El periodista tiene ahora una relación más transparente y abierta con los lectores, que saben lo que estás haciendo, saben lo que quieren y te dan información. Es más divertido, más relajado, pero tienes que verificar lo que utilizas. Es tu reputación”, dice.
Además aconseja: “Sé transparente, no escondas tus errores, no te limites a eliminar el artículo. Los tabloides británicos publicaron la historia falsa y después la borraron sin dar explicaciones…”.
Si caemos en el infortunio de publicar un error, debemos corregirlo cuanto antes. Es humano errar pero también es humano subsanar las equivocaciones.
Los manuales de redacción y las cartas filosóficas y éticas de los periódicos establecen la urgencia de corregir los errores. Además, el ordenamiento jurídico lo dispone cuando se trata de rectificaciones solicitadas al medio de comunicación.
El Manual de estilo y redacción reza: “EL COLOMBIANO no debe publicar informaciones erróneas. Si, a pesar de todo, llegasen a publicarse, se corregirán con franqueza y claridad para reparar, en cuanto sea posible, la desinformación o el daño que el error pudiera haber causado…”.
Corregir los errores es un acto de honradez profesional porque en algún grado se afecta la veracidad u otro principio del periodismo. Si estamos prestos para criticar, debemos estarlo para reconocer nuestras equivocaciones. Esta acción devuelve la credibilidad perdida.
Las secciones de corrección y fe de errores no bastan. Se requiere establecer un programa de gestión que los controle y evite. Los periodistas debemos mejorar las competencias del uso del lenguaje, que es nuestro principal instrumento, similar al bisturí del cirujano.
Corregir es cuestión de calidad, de transparencia y de ética.
El libro de Grijelmo, que acaba de ser publicado, es un conjunto de lecciones correctas que devuelven la credibilidad y ponen a salvo la responsabilidad social del periodismo.

La agenda de los medios y el interés de las audiencias

La reflexión de hoy complementa la última, titulada Criterios periodísticos y relevancia informativa, para responder las observaciones de la lectora Sol Beatriz Echeverry.
A pesar de cierta pasividad de las audiencias, algunos lectores escriben para expresar felicitaciones o críticas a los temas seleccionados para incluir en la primera plana o en las páginas interiores.
No siempre coincide la agenda de los medios con la agenda o las expectativas de las audiencias. Sobre cómo es la selección temática, José Guillermo Palacio, macroeditor de Actualidad, explica:
“La agenda se define, de manera concertada, luego de múltiples propuestas desde la redacción y discusiones, el grupo de macroeditores del periódico, que orientan, el día a día. Noticias o investigaciones de alta sensibilidad e impacto ciudadano, político o social su publicación, por lo general, debe contar con la aprobación de la Dirección”.
Y añade: “Se hace con base a iniciativas innovadoras y noticiosas sobre los hechos más destacados en la ciudad, la región, la nación y el mundo. De acuerdo con su importancia se define el género periodístico en el cual debe presentarse como la noticia, análisis, reportaje, crónica, reportaje gráfico, etc.”.
Y sobre la manera de construcción de la primera plana, dice: “Con parámetros similares se decide qué tipo de información debe ir en la primera página. Tras ser evaluadas y jerarquizadas se les otorga la ubicación debida”.
Este proceso lleva implícito valores y criterios periodísticos como el tamaño de la información, la frecuencia con la que opta por el tema y el grado de importancia o su jerarquía con la que se destaca tanto en la primera página como como en las interiores.
Los directivos y editores ponderan y gradúan los asuntos más importantes, de acuerdo con la filosofía y el modelo informativo. Estas acciones no deben poner en riesgo la realidad de los hechos, porque estaríamos a las puertas de un escenario de autocensura.
Estoy muy de acuerdo con quienes consideran la información un bien social. Los intereses y la agenda de las audiencias podrán coincidir con la agenda informativa que construyen los medios de comunicación en la medida que se observen los principios fundamentales del periodismo, sin caer en otro error: confundir el interés público con el interés del público.

De la calidad de redacción depende la credibilidad

A una nueva reflexión obligan los nuevos comentarios de los lectores sobre las últimas columnas referidas a la sección Fe de errores.
Tras señalar errores frecuentes en El Colombiano, el lector David Correa  Roldán dice: “…desearía mayor pulcritud en el material de cada edición, en especial, en los artículos de los periodistas de planta. Se trata de un medio que ejerce gran influencia en buena parte del país y que tiene por ello mismo una responsabilidad pedagógica…”.
Un lector anónimo manifiesta: “¡Sin palabras!… Definitivamente se queda uno… ¡sin palabras…!!!”, al detectar un notable error de ortográfica en un texto sobre literatura.
Y otro lector, Eduardo Aristizábal Paláez, expresa: “El periodista debe tener mucho cuidado con el significado de las palabras, pero especialmente cuando los términos son jurídicos. Hemos leído o escuchado frases como: le aprobaron la demanda a Juan sin Miedo. El receptor, también, equivocadamente, interpreta además que Juan sin Miedo ganó la demanda que había instaurado.
Añade: “Y lo que en realidad sucedió fue, que la demanda presentada cumplió con todos los requisitos legales y constitucionales que todo proceso tiene que cumplir. Si utiliza el término exacto, sería: le admitieron la demanda o en caso contrario, inadmitieron, pero no hay ningún pronunciamiento del juez, que a esas alturas, ni siquiera ha recibido el documento”.
Sean Coughlan, escritor de artículos de educación en BBC, anota que Charles Duncombe, un empresario de internet, asegura que la mala ortografía le cuesta millones de libras al Reino Unido: “…un análisis de las cifras de un sitio web con faltas de ortografía reveló que esto puede reducir las ventas en línea hasta en 50%.”.
De la calidad de la redacción dependen la credibilidad que le otorgan las audiencias a los medios de comunicación y a sus periodistas y, como anota Coughlan, también la confianza de los consumidores a la hora de comprar.
La calidad de la redacción es la mejor carta de presentación que tiene un periodista. Se nos exige el dominio del lenguaje como una de las primeras cláusulas de la responsabilidad social.
El reto de escribir bien aumenta en estos tiempos de internet, porque la inmediatez compite con el rigor, pero, a la vez, la red permite resolver al instante una duda ortográfica, semántica o de otra índole con un solo clic.

Los lectores opinan que la columna fe de errores requiere más compromiso

Varios lectores me enviaron comentarios sobre la penúltima columna, 27 de octubre: Día de la corrección, para manifestar sus opiniones sobre la sección Fe de errores que el periódico publica para rectificar y aclarar las equivocaciones.
La lectora Ofelia Ramírez Orozco dice: “Felicitaciones a las directivas de El Colombiano por las notas de Fe de errores. Yo las leo siempre y me parece que reconocerlos los errores nos da confianza en sus periodistas”.
El lector Michel Taverniers, uno de los más asiduos colaboradores expresa: “La falta de rigor en algunas noticias le quita seriedad y confianza en el periódico. Más que los descuidos ortográficos o de puntuaciones, me llaman la atención, equivocaciones geográficas, históricas y de nombres que denotan ligerezas y despreocupaciones en la búsqueda de la excelencia por parte de algunos periodistas. Lo importante, como lo señala usted, es no repetir las faltas continuamente como, por ejemplo, el mal uso de los porqués o de los kilómetros cuadrados. Sé que la mayoría de los lectores no se dan cuenta de estas imprecisiones (o no les importan), que ponen en duda la credibilidad del periódico”.
Añade: “Errores recientes se hallaron en el nombre equivocado del presidente de Nigeria, en la ubicación errónea de la ciudad de Reus, en la inclusión errada de los Ardennes belgas a los Países Bajos y, últimamente, la captura de Marquitos en un lugar inexistente de la frontera colombo brasileña. Aunque incompleta, saludo, como usted, la nueva publicación de la sección diaria Fe de errores”.
Y concluye: “… quisiera insistir en el hecho de que la cancelación de los cursos de historia y geografía en los colegios en los años 80 por reemplazarlos por ‘sociales’ dio como resultados generaciones de bachilleres incultas en ambas materias”.
El lector Carlos Gaviria Zuluaga manifiesta: “Me parece importante la publicación de la columna Fe de errores, pero siento que falta rigurosidad en la detección de los mismos. Da la impresión de que se hace por cumplir algún requisito de la Dirección, no de otra manera se explica que diariamente queden faltando tantos por señalar, incluso más significativos que los publicados”.
Sobre la determinación de corregir los errores e imprecisiones estoy muy de acuerdo con Josep Rovirosa, Defensor del lector de La Vanguardia: “…responde a un compromiso ético con el lector que no tiene que ser omitido bajo ningún concepto”.

27 de octubre: Día de la corrección

El 27 de octubre es el Día de la corrección. La fecha fue acogida por la Unión de Correctores, Unico, entidad española fundada en 2005 que agrupa a los correctores y que realiza cada año un congreso internacional para debatir asuntos relativos a la corrección idiomática y de estilo en los medios de comunicación y en general en la industria editorial.
La ocasión es propia para animar una nueva reflexión. Primero para agradecer a los lectores que diariamente nos llaman o envían por correo electrónico sus críticas y señalan imprecisiones y errores en las informaciones. La participación de las audiencias en estos casos es vital para mejorar la calidad del periódico. También, para reconocer la labor de nuestros correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López.
Considero que los errores no debieran producirse, pero también es cierto que es humano errar. Lo que no tiene explicación razonable es que un error se repita, quizás por la falta de un sistema de gestión y control de calidad en la sala de redacción que lo impida.
En decisión acertada la dirección de El Colombiano ordenó desde inicios del año la publicación de la sección diaria Fe de errores, tal como lo hacen los diarios más importantes del mundo. The New York Times dice, por ejemplo que: “reconoce una responsabilidad ética de corregir todos los errores de hecho, grandes y pequeños”.
Y lo cumple hasta el extremo. El reportaje de David D. Kirkpatrick, publicado por este diario, fechado en Bengasi, Libia, fue corregido el día siguiente así: “Corrección: 19 de octubre 2012. Una versión anterior de este artículo identificó erróneamente la bebida que Ahmed Abu Khattala estaba bebiendo en el hotel. Fue un frappe fresa, no jugo de mango, que es lo que había ordenado.”.  http://www.nytimes.com/2012/10/19/world/africa/suspect-in-benghazi-attack-scoffs-at-us.html?pagewanted=all&_r=0

Las correcciones, ya sean tipográficas, gramaticales o de estilo, corresponden a una determinación dispuesta por el Manual de redacción para garantizar el periodismo veraz, ético y responsable.
Pienso que aun hace falta la publicación de la Fe de errores en la edición digital, que se corrijan los artículos y se agregue una nota que aclare la modificación. Y por supuesto, que se adopte una iniciativa pedagógica que mejore las competencias de los periodistas en lo que respecta a la corrección idiomática.
El lector se merece un periódico de calidad, legible y sin errores. Una meta que se logra con el apoyo de todos, lectores y periodistas.

Ébola: rigor informativo y responsabilidad

La observación del lector Juan Esteban Gómez, que animó la última reflexión, sumada a otras inquietudes que recibí esta semana, motiva este nuevo análisis sobre cómo informar sobre el virus del Ébola.
En los últimos días ha fluido más información en los medios colombianos e internacionales. En general, se aprecia un esfuerzo por comunicar con rigor y con la asesoría de fuentes médicas y científicas.
Aunque a veces nos vemos obligados a salvar escollos porque algunos médicos y científicos miran con recelo a los medios y a los periodistas, acusándolos de trivializar, vulgarizar, los conceptos hasta el punto de distorsionarlos o incluso desinformar.
La desconfianza quizás se funda en el riesgo de hacer un periodismo sensacionalista que busca mayor cuota de audiencia sin importar la magnitud y gravedad de la emergencia sanitaria, muchas veces con violación de los derechos de los pacientes.
En la relación con los organismos de gobierno también surgen peligros porque según se ha visto en algunos países el tema del virus del Ébola se contamina con posturas políticas o choca con funcionarios inexpertos e ignorantes que en vez de informar, confunden, ocultan y alarman.
Se han advertido, de igual manera, obstáculos al derecho de libre acceso a la información. “El miedo que las autoridades sentían al principio por la magnitud de la epidemia dio lugar a intentos contraproducentes de censurar los medios de comunicación”, destaca Cléa Kahn-Sriber, responsable de Reporteros Sin Fronteras para África.
No obstante, el periodismo responsable se concentra en buscar la veracidad de los hechos, mantener el rigor en el proceso de averiguación y confrontación de los datos y en contribuir a la educación para evitar el contagio y superar la crisis.
Para ello es preciso un clima de confianza y respeto entre los medios y las fuentes, ya sean científicas o gubernamentales, y entender que el periodista trabaja para la gente.
Siempre habrá medios responsables y periodistas amarillistas, igual que redes sociales que distorsionan y se burlan del dolor ajeno. Pero las audiencias seguramente optarán por el periodismo honesto, serio, útil, ético y de calidad.
BBC, por ejemplo, además de informar sobre el virus del Ébola por radio, televisión y todos sus servicios digitales de su web, estableció un canal informativo y educativo a través de Whatsapp con mensajes diarios de orientación a la población de los países afectados.

Informar sobre el ébola

El lector Juan Esteban Gómez dice: “En mi universidad debatieron sobre el ébola: el profesor explicó que los medios informan poco sobre esta enfermedad que se extiende ya a otros países. Le pregunto qué deben hacer los periodistas para informar lo que está ocurriendo en África y lo que puede presentarse en otros países…”.
Hasta ahora no se han registrados casos de la enfermedad del Ébola en Colombia, pero siempre hay un riesgo de contagio. Me parece pertinente la inquietud del lector porque en igual sentido recibí observaciones de otros lectores y periodistas.
Quizás lo primero que hay que considerar es que el ejercicio del periodismo responsable es clave para evitar alarma, desinformar y no violar los derechos humanos de los pacientes.
Por estos días España polemiza por el tratamiento que las autoridades sanitarias y gubernamentales le han dado a los casos registrados, particularmente el de la auxiliar de enfermería Teresa R. También los medios de comunicación han sido cuestionados por revelar el nombre y los apellidos de la paciente, lo cual es considerado inapropiado; por la información docudramatizada sobre la familia y hasta de la mascota de la enferma, y por el asedio periodístico y la divulgación de una noticia falsa sobre su muerte en una cadena de radio.
Los lectores esperan información verdadera, oportuna y responsable. La Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), llamó la atención de los periodistas y los invitó a realizar un cubrimiento conforme a la metodología y normas éticas de la profesión:
1. Ofrecer una información rigurosa y contrastada.
2. Evitar los bulos, los rumores y la especulación.
3. Seleccionar fuentes expertas, suficientemente acreditadas desde el punto de vista técnico y clínico como portavoces.
4. Respetar la intimidad de los afectados, de su familia y de su entorno.
5. Poner profesionales especializados en salud al frente de la información de esta crisis.
En estos casos de salud pública se presentan dificultades que debe sortear el periodista. Tanto en Guinea Conacry, en donde se presentó en marzo este nuevo caso del virus del Ébola, que hoy se ha convertido en una epidemia incontrolada, como en Liberia, los gobiernos han puesto trabas al libre acceso de medios y periodistas. Esta actitud, quizás tomada por las publicaciones erróneas, sensacionalistas e indignantes de algunos medios, atenta contra el derecho de información y la libertad de expresión.

La ética también preocupa a los lectores

De varias comunicaciones recibidas sobre el asunto de la ética periodística, tema de reflexión en las últimas columnas a partir de las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos, considero de interés publicar algunas de ellas.
En primer lugar el lector Albeiro de Jesús Quintero dice: “…como suscriptor de tan importante diario, he leído un artículo este 22 de septiembre donde se invita a la prensa hablada y escrita y a los diferentes medios de comunicación, a tener ética en la información”.
Se pregunta más adelante: “Cuánto daño irreparable se le hace a una persona o institución cuando no se confirma con la fuente la llamada “noticia”, pero más grave me parece que, después de saber la real verdad, no se dan a la tarea de corregir e informar masivamente como lo hicieron al publicar la falsa noticia. Personalmente y muchas personas, hemos sido afectados por los medios de comunicación que desinformaron a la opinión pública, con mentiras inventadas por personas inescrupulosas. La lectora Juliana María Hoyos tiene mucha razón en su apreciación,,, los periodistas deben de respetar y tener ética y ser profesionales en la información antes de publicar la noticia”.
El lector Eduardo Aristizábal anota: “Excelente la nota de hoy. Puede ser un juego de palabras, pero a mi me gusta hablar de la ética condición del periodista de calidad, teniendo en cuenta que la ética es de la persona. Claro que el efecto es el mismo de acuerdo al título original. Y finalmente, hay una frase lapidaria y definitiva que me gusta mucho: ‘para ser buen periodista, hay que ser buena persona’. Lo anterior porque ser buena persona conlleva muchas condiciones de tipo también ético”.
Y, en una carta a la directora, publicada el 24 de septiembre, página 23, el lector Óscar Ossío Uribe pregunta: “¿Cuál es la ética que se debe enseñar a los estudiantes de Comunicación Social y Periodismo y que debería imperar en los medios para evitar la explotación sexual (así sea visual) del cuerpo de la mujer?”.
La ética periodística preocupa y afecta a los lectores. El periodismo ético, de calidad, exige los mayores estándares de veracidad, honradez profesional, independencia, interés público sobre el interés particular, respeto a la intimidad y demás derechos personalísimos, el respeto por el secreto y altas dosis de humildad y responsabilidad social.

La ética, condición del periodismo de calidad

La reflexión de la última columna sobre los principios éticos del periodismo continúa hoy para darle respuesta a las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos.
El periodista debe enfrentar numerosas situaciones que lo pueden poner más allá de los límites éticos del periodismo responsable.
Una conducta antiética es usar la información que obtenemos de primera mano en provecho propio, como si se tratara de privilegios personales. O ejercer la profesión como trampolín para obtener beneficios y acceder a otras posiciones. Hay que revisar si hay conflictos de interés para advertirlos y salvarlos.
Las posturas banderizas le restan imparcialidad, equilibrio, transparencia y justicia a las informaciones, máxime cuando la afinidad induce a soslayar fuentes informativas distintas y distantes o a ocultarlas, con grave violación de los principios fundamentales de la profesión.
De igual manera se afecta la ética cuando se borran o confunden las líneas entre la información y la publicidad, cuando las relaciones públicas y comerciales limitan la libertad del periodista y la verdad tropieza o se ve obligada a saltar zancadillas.
Los periodistas estamos expuestos a seguir estrategias de mercadeo y tendencias de las redes sociales que ejercen cierta hegemonía y que nos puede mover más allá de los principios éticos y líneas editoriales propias. Suele suceder cuando la información busca despertar emociones y sensaciones, con descuido de su único fin: comunicar, informar.
Obtener la información por medios ilícitos como filtraciones, cámaras escondidas y acciones encubiertas son prácticas ilegales que solo se podrían justificar cuando la información es de alto valor e interés para la sociedad y no existen alternativas de averiguación. En estos casos, sin embargo, es necesario advertirlo a las audiencias.
En palabras de Fernando Gómez Martínez, director emérito de El Colombiano, estos son los valores éticos del periódico: “verdad, libertad, justicia, honradez, prudencia, caridad, decencia, bien público y patriotismo, ese haz de palabras y de conceptos forman la columnata de nuestra ética.”.
La ética periodística está en el primer plano: la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano entrega esta semana, aquí en Medellín, el premio Gabriel García Márquez a la Excelencia Periodística a Javier Darío Restrepo, nuestro maestro de ética, y a Marcela Turani, periodista mexicana. Enhorabuena.

El periodismo sin ética es irresponsable

La lectora Juliana María Hoyos dice: “… sigo sus artículos que usted escribe los lunes sobre los medios de comunicación y por eso le solicito, si es posible, que hable de los principios de ética que deben respetar los periodistas en Colombia…”.
Considero que esta preocupación de los periodistas es también de las audiencias.
La práctica del periodismo sigue procedimientos profesionales en cada una de sus fases. La recolección de los datos, la verificación de los hechos, la confrontación y el contraste de fuentes de información, la redacción, la corrección idiomática, entre otras tareas, obedecen todas a parámetros universales que corresponden a los principios del periodismo.
A estas rutinas profesionales se suma la observación de las leyes y de las líneas editoriales planteadas en los libros de estilo y redacción.
El periodismo debe respetar la ley y los derechos humanos. En el fondo de todo el trabajo periodístico está la ética: “como el zumbido sigue al moscardón”, en palabras del Nobel Gabriel García Márquez. La ética es un requisito de la calidad, son los valores con los que el medio de comunicación y en particular el periodista rotula el ejercicio profesional.
Al sensacionalismo se puede llegar con las mejores prácticas profesionales, incluso sin trasgredir las leyes pero ¿será ético exagerar una información de crónica roja más allá de lo estrictamente noticioso?
Informar sobre suicidios no es ilegal, pero sí antiético, porque ahondar en los detalles pueden inducir a otras personas a atentar contra sus vidas.
La información publicitaria disfrazada es perversa porque el periodismo busca informar, no vender.
Divulgar rumores, filtrar información sin confirmar, es antiético. Igual ocurre cuando falta imparcialidad y equilibrio al soslayar fuentes y versiones por privilegiar otras. O cuando se confunde el interés del público con el interés público.
“La supervivencia del periodismo depende de la responsabilidad ética que los medios asuman respecto a los derechos de los ciudadanos a recibir una información veraz mediante una buena praxis de la profesión periodística. La ética periodística es una herramienta fundamental para la evolución de la vida democrática de cualquier sociedad”, sostiene María Dolores Masana Argüelles, vicepresidenta de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, FAPE.