La gestión del foro de lectores

El lector José Raúl Giraldo escribe: “Estoy de acuerdo con su llamado para que los comentarios de los usuarios conserven el buen tono y también la buena redacción. Yo estoy de acuerdo con que los mensajes que ofenden sean suprimidos, pero quiero saber si hay otras maneras de evitar los comentarios incivilizados, como los define usted…”.
Otros lectores, entre ellos Jorge Escobar Eusse, abogan por la misma causa porque están convencidos que el foro de los lectores es una fuente de conocimiento y de deliberación que debe ser aprovechado de la mejor forma.
En la última columna expliqué que algunos medios de comunicación se han visto en la necesidad de cerrar estos espacios por diversas razones.
En realidad, hay tres maneras de abordar el asunto de la interacción de las audiencias. Según un estudio de World Association of Newspapers and News Publishers, WAN-IFRA, cuyos principales resultados fueron citados por la periodista Miriam Garcimartin, en el portal www.media-tics.com: “Hay 38 medios que realizan la moderación de un comentario antes de que se publique en la web, 42 que la llevan a cabo después y 16 que optan por un modelo mixto. Los que prefieren la primera opción encuentran que es la mejor forma de guiar la conversación y que no derive en algo indeseado, mientras que los de la segunda creen que la charla es más viva si los comentarios se publican al instante, además de considerarlo como una muestra de confianza hacia sus lectores. En el caso del modelo híbrido, si aparecen determinadas palabras clave se realiza una moderación previa.”.
También afirma la experta en medios digitales que “muchas personas utilizan esta oportunidad que les brindan los medios para insultar, amenazar o realizar comentarios fuera de tema. Los moderadores tienen que tratar de reconducir el debate y eliminar aquellos comentarios que consideren inapropiados (sin vulnerar la libertad de expresión), si no quieren que la marca se vea perjudicada. Si a ello le sumamos que los lectores también dan su opinión en las redes sociales, el problema se agrava ante la falta de recursos suficientes para realizar una óptima gestión”.
Sobre las redes sociales, un comentario adicional: se está llegando a un escenario de incertidumbre porque muchos ciudadanos le dan valor de información veraz a una simple opinión o a un dato falso puesto en circulación, muchas veces, por centenares de robots que multiplican las mentiras y el miedo en forma exponencial.
Y como sabemos, estos mensajes son replicados compulsivamente sin reflexión y en ocasiones sin leerlos.
De la misma manera, los comentarios de algunos lectores obedecen al impulso del llamado sesgo de confirmación que busca afanosamente expresar opiniones intolerantes y francamente ofensivas por no coincidir con el modo de ver las cosas.
El lenguaje grosero, discriminatorio, insultante, promocional y aún exagerado son las categorías en las que se pueden clasificar los comentarios filtrados por los medios de comunicación que tienen sistemas de moderación en la gestión del foro.
El mismo estudio al que hice referencia encontró que 53 medios permiten registrarse con un pseudónimo, 20 exigen el nombre real y en 18 no es requisito registrarse para opinar.
Esta es una visión rápida de la manera como se gestionan los comentarios de los lectores. El Colombiano modera los comentarios antes de publicarlos, tal como lo expliqué en las columnas anteriores.

¿Cómo pasar al debate constructivo?

El lector José Orlando Betancur dice que “…leí su columna y me convenzo cada vez más del error en el que caen quienes insultan con sus comentarios, en vez de aprovechar los espacios que nos da El Colombiano para participar, para opinar con argumentos y respeto por las demás personas….”.
El debate político del plebiscito del domingo 2 de octubre se convirtió en una gritería grosera en internet por los contenidos mentirosos, ofensivos y hasta criminales, tal como lo escribí. Este lenguaje de odio alcanzó límites inimaginables en las redes sociales y permeó el foro de los lectores y los demás mecanismos y herramientas de participación de los medios de comunicación, tal como lo señala el lector.
Hoy no se conciben los medios sin estos comentarios y sin estas redes sociales. La interacción es de la esencia de las ediciones digitales. Todos, desde los globales hasta los locales les han abierto las puertas a las audiencias para que lleguen hasta los periodistas con el comentario, la calificación o el aporte colaborativo. Los periodistas no estamos solos, la agenda informativa recibe la opinión de los lectores, oyentes y televidentes.
Los periodistas debiéramos recibir estas observaciones y críticas de una mejor manera. Ya no tenemos la única palabra, hay muchas voces por escuchar a partir de la publicación de nuestros contenidos.
En la interacción hay una clave, estratégica si se quiere, para conectar con sus intereses y sus necesidades, especialmente de los jóvenes que acuden preferencialmente a otros medios o a las redes sociales a buscar la información.
Jeff Jarvis, profesor de la Escuela de Periodismo de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, CUNY, dijo en una entrevista publicada por El Espectador, con ocasión del Festival Gabriel García Márquez en Medellín, lo siguiente: “Para empezar, no deben pensarse a sí mismos como periódicos, sino como un servicio a la comunidad. Deben escuchar a sus comunidades y entender sus necesidades, objetivos y deseos. Luego, deben tomar todas las herramientas que ofrece internet para ayudar a esas comunidades a alcanzar sus metas. Esto funciona con los millennials, pero también con cualquier otra generación…”.
Se necesita de un esfuerzo para construir una mejor relación con los lectores. No es en vano que ellos leen y luego comentan.
En las últimas columnas me referí al modelo de moderación de los comentarios como el camino para iniciar la construcción de un debate útil basado en la argumentación y el respeto. Seguramente pasará algún tiempo para que los comentarios incivilizados no malogren el diálogo y el debate en el foro de los lectores pero vale la pena insistir en el propósito.
Se requiere que estos espacios de interacción crezcan en la participación y calidad de los argumentos para que se conviertan en el escenario del debate ideal en una sociedad democrática.
Los medios de comunicación gozan de la primacía sobre las redes sociales porque los contenidos son producidos por periodistas profesionales, en tanto que las redes sociales son asaltadas con frecuencia por manipuladores que desorientan, distorsionan, desinforman, ofenden y hasta delinquen.
Si uno busca información confiable tendrá que apelar a las mejores fuentes, en este caso, a los medios de comunicación que publican lo que realmente ocurrió porqué fue verificado y confirmado desde varios puntos de vista.

Comentarios incivilizados: ¿Qué hacer?

El asunto de los comentarios de los lectores merece una reflexión adicional para llamar la atención y si es posible alentar la autocrítica de lectores y periodistas. Insisto en el tema porque en las últimas semanas he recibido numerosos mensajes de las audiencias, por la pugnacidad del debate político, expresando la inconformidad, en unos casos porque no aparecen publicados y en otros porque aprovechan el foro para insultar, difamar y sembrar el malestar y el odio.
Internet permite que los medios digitales abran espacios de participación para enriquecer los contenidos, fomentar el diálogo y el debate; para sugerir, criticar, apoyar, estar de acuerdo o en desacuerdo con la información o el artículo de opinión y controvertir con los foristas.
Bienvenida la participación. Los periodistas ya no tenemos la última palabra ni la verdad revelada. Ahora las audiencias pueden complementar, criticar y motivar la investigación de temas relacionados.
Pero estos avances tecnológicos, incluidas las redes sociales, posibilitan la circulación de toda suerte de insultos, mentiras y comentarios dañinos e indeseables que enrarecen y malogran el propósito de este diálogo digital.
Los medios de comunicación y las audiencias están en medio de este propósito, y a la vez despropósito: ¿cómo neutralizar la trasgresión y potenciar la deliberación? No es fácil lograrlo, pero es necesario avanzar para mejorar la salud de los lectores y en general de la información que ahora se extiende en virtud del juicio expresado luego de la lectura juiciosa.
Los filtros y la moderación son instrumentos que resultan insuficientes para alcanzar mejor calidad del foro.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital detalló en la última columna los criterios y requisitos establecidos por El Colombiano en los espacios de interacción. Es un punto de partida para que los comentarios de los lectores fluyan en el escenario que marcan las reglas del diálogo ciudadano civilizado y colaborativo.
Así, como es necesario una dosis de autocrítica por parte de los periodistas, para recibir el juicio de los lectores, es deseable cierta porción de cortesía y de racionalidad en las opiniones y observaciones.
Estos foros, igual que las redes sociales, fueron utilizados en este momento político del país, previo al plebiscito de hoy, por decenas de comentaristas para polarizar aún más la opinión pública, con mentiras, propaganda camuflada y contenidos calumniosos y abusivos.
El debate necesario y pertinente fue suplantado por estos mensajes distorsionados y alejados de la realidad, convirtiéndolos en información o mejor en desinformación para muchos.
Aquí está la gravedad del asunto. Un porcentaje creciente de personas se entera de esa realidad a través de redes sociales o de los comentarios sesgados y no por las informaciones de los periodistas que deben basarse en hechos verificados y contrastados desde varios puntos de vista.
“En un periodo de cinco años (2010-2015), el número de hogares conectados a internet en la región creció 14,1% promedio anual, esto significa que se alcanzó el 43,4% en el 2015, un valor que casi duplica el de 2010. El 54,4% de los habitantes de América Latina y el Caribe usó Internet en 2015, 20 puntos porcentuales más que en 2010…”, según datos publicados hace pocos días por el diario mexicano El Economista.
Por esta razón, urgen fórmulas pedagógicas y mejores sistemas de filtro y moderación para frenar los comentarios incivilizados, por decir lo menos, y elevar el nivel de la interacción.

Bienvenida la participación, pero con reglas

El lector Guillermo León Botero llamó para quejarse de algunos comentarios del foro de lectores: “¿Por qué tanto maltrato, por qué insultan y ofenden, por qué dicen necedades y no se aprovecha para un diálogo útil?…”. En contraste, otros lectores preguntan las razones por las cuales sus comentarios no se publican.
La interactividad es una de las mejores propiedades del periodismo digital. El monólogo de los periodistas se acabó para siempre. Ahora los lectores tienen la posibilidad de profundizar la información, controvertirla, cuestionarla o simplemente comentarla exponiendo, sus puntos de vista.
La participación de los lectores permite enriquecer la información siempre y cuando los juicios de los lectores estén orientados al diálogo inteligente y creador y no a la expresión de calumnias, injurias y maltratos, como lo he anotado en columnas anteriores. Las opiniones se pueden exponer sin insultos ni agravios personales.
La moderación de los comentarios es necesaria porque ayuda a mejorar la atmósfera de la conversación digital. Este proceso requiere de tiempo y recursos para realizar el filtro de los comentarios.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital, señala los criterios y requisitos de la interacción en el sitio web de El Colombiano. Son los siguientes:
No abusar, acosar, amenazar o intimidar a otros usuarios ya sea a través de los chats, foros, blogs o cualquier otro espacio de participación.
No usar estos espacios como medio para desarrollar actividades ilegales o no autorizadas tanto en Colombia, como en cualquier otro país.
Abstenerse de enviar correo electrónico no deseado (SPAM), así como también le está prohibido transmitir virus o cualquier código de naturaleza destructiva.
Abstenerse de compartir y/u ofrecer en el portal productos o servicios no autorizados por El Colombiano.
Abstenerse de compartir información no pertinente con las características del espacio de interacción y participación.
No publicar contenidos que inciten, promuevan, apoyen, defiendan o tengan el carácter de racistas, xenofóbicos, discriminatorios, terroristas, pornográficos o atentatorios del buen nombre, la honra y el honor de las personas y, en general, que atenten contra los derechos fundamentales de terceras personas.
No utilizar materiales protegidos por derechos de autor u otro material de cualquier clase sin el permiso expreso del propietario del material.
No utilizar un lenguaje vulgar, difamatorio, amenazante, denigrante, burdo, falso, engañoso, fraudulento, inexacto, injusto, que contenga exageraciones o aseveraciones no confirmadas, sea irrazonablemente dañino u ofensivo contra cualquier persona, individuo o comunidad, así sea solo identificable.
No utilizar textos, fotografías o ilustraciones de mal gusto, violatorios del derecho a la vida privada y a la intimidad.
No violar o promover la violación de cualquier ley, norma, regulación internacional, nacional, departamental o municipal.
Abstenerse de usar cualquier tecnología que supere los controles o límites que establezca el periódico para compartir contenidos dentro de sus espacios de interacción.
Además, es necesario tener en cuenta, que para garantizar un buen y adecuado uso de los espacios de participación, las personas encargadas de aprobar los comentarios necesitan un tiempo para procesar toda esa información, razón por la cual algunos comentarios no aparecen de inmediato.
Hasta aquí los criterios y requisitos de participación e interacción.
Bienvenida la participación fundada en los argumentos que promueven el diálogo, en vez de los agrarios indignantes, discriminatorios y delictuosos que quieren implantar unos pocos, en perjuicio de la mayoría de los lectores que luego de leer los textos periodísticos exploran los comentarios del foro.

Plebiscito y pluralidad informativa

El lector Miguel Ángel Suárez dice: “¿Cómo pueden garantizar el equilibrio los medios de comunicación en el debate por el Sí y por el No? ¿Usted cree que es posible?
En la última columna se referí inicialmente al cubrimiento que está realizando El Colombiano, para responderles a los lectores que me han escrito por este asunto clave para ejercer el derecho al voto en el plebiscito del 2 de octubre.
El artículo 20 de la Constitución garantiza el derecho a “…recibir información veraz e imparcial…”. Los códigos de ética periodística hacen énfasis en los principios de veracidad, imparcialidad, pluralidad, interés general, transparencia y otros valores exigidos por la información de calidad.
Y para completar el escenario, el manual de estilo del periódico dice: “EL COLOMBIANO acude a varias fuentes de información con el fin de ofrecer a sus lectores una visión plural de los hechos”.
Es cierto que los medios de comunicación tienen una filosofía editorial que los debe guiar en cada episodio o al menos a sentir la necesidad de cumplir con los estándares de veracidad e imparcialidad, para citar los que pide la Constitución.
Los lectores se merecen un ejercicio periodístico que les sirva, en este debate electoral, para formarse un juicio y votar en consecuencia en este acto democrático.
Algunas voces ciudadanas han expresado la validez y gratitud por el ejercicio de poner en la balanza los acuerdos de La Habana, publicados en la edición impresa. Y también, en la digital: Lo esencial de los 6 puntos del acuerdo Gobierno- Farc (http://www.elcolombiano.com/colombia/acuerdos-de-gobierno-y-farc/lo-esencial-de-los-6-puntos-del-acuerdo-gobierno-farc-BI4912470 )
Los ciudadanos pueden leer los aspectos más relevantes de esos acuerdos a la luz de opiniones de caracterizados partidarios del Sí y del No, con el fin de construir un juicio propio para votar informados, conscientes y libres.
“La paz, en todas sus acepciones y versiones, en todas sus posibilidades y consecuencias, debe ser un asunto general, una polémica de cada hogar, de cada empresa, de cada tribuna. No hay que temer al diálogo, al debate, a la divergencia. Es indispensable, hoy más que nunca, trazar el plano de las deliberaciones. Tener un ángulo político y una fuerza argumentativa para afrontar las nuevas realidades en el país que necesita una sociedad serena que delibere sobre su futuro”, convoca el editorial de El Colombiano del pasado 7 de septiembre.
Sin embargo, la preocupación del lector obedece al clima enrarecido por la pugnacidad de las palabras y las imágenes y por las campañas de desinformación y propaganda en redes sociales, pero que a veces se extienden a medios de comunicación.
La veracidad y la pluralidad están en alto riesgo por silencios prolongados sobre hechos de interés general, énfasis deliberados en torno a ciertas informaciones o por el escaso despliegue de noticias que tienen un mayor impacto en la sociedad. También, por esa fusión de opinión e información que puede confundir a las audiencias.
Es oportuno decir que opinión no es información. La opinión no informa aunque se base en hechos. La opinión esta llamada a convencer, a persuadir, a lograr la adhesión a una idea mediante la argumentación.
En cambio la información se sustenta en hechos ciertos, verificados y contrastados desde distintos puntos de vista.
Veracidad y pluralidad son atributos de la información y no de la opinión.

La balanza informativa

A escasos días del plebiscito el periodismo tiene un gran reto: informar con veracidad, imparcialidad y transparencia para que el ciudadano participe con libertad en las urnas.
El desafío es que el voto por el Sí o por el No sea consciente e informado.
En los últimos días han escrito y llamado varios lectores, unos a felicitar por la información y la campaña orientada para que el ciudadano analice el documento aprobado en La Habana por los negociadores del gobierno y de la guerrilla. Y, otros, a expresar sus observaciones sobre una información en tal o cual sentido.
Este reto periodístico es mayor por cuenta del grado de radicalización a que se ha llegado por parte de uno y otro bando y del gran muro de insultos y distorsiones escrito en las redes sociales. Muchos de los gritos y falacias son alentados por campañas proselitistas que quieren sembrar el discurso del odio.
EL COLOMBIANO, además de informar y opinar sobre los aspectos más importantes de dichos acuerdos, emprendió una campaña informativa para analizar cada uno de los seis puntos del acuerdo con la exposición de voceros representativos del Sí y del No.
La campaña alienta a los lectores a documentarse sobre los contenidos más trascendentales y a reflexionar mediante la ayuda de una balanza que permite sopesar los juicios resultantes de la lectura y la introspección.
Así lo explica Gustavo Gallo Machado, macroeditor de Actualidad: “Un acuerdo de 297 páginas, con términos que para muchos ciudadanos son difíciles, es un reto complicado de entender para cualquier colombiano. Por eso, luego de conocer el acuerdo final entre el Gobierno y las Farc, en el periódico nos preguntamos, qué podíamos hacer para explicar un poco más el documento. Ahí fue cuando surgió La Balanza, una iniciativa que pretende hacer pedagogía y darle argumentos al ciudadano para votar el próximo 2 de octubre en el plebiscito”.
Añade: “La Balanza además se enriquece con voces de expertos, quienes presentan sus puntos de vista sobre cada uno de los seis puntos. La Balanza deja un espacio en blanco para que nuestras audiencias participen y fijen su opinión, luego de conocer los puntos y evaluar las posiciones a favor y en contra”.
Y concluye: “De igual forma, en nuestra plataforma digital www.elcolombiano.com La Balanza también la presentamos para que sea compartida por nuestros lectores en las redes sociales con el hashtag #plebiscitoenlabalanza. La campaña irá hasta el 2 de octubre, cuando se vote el plebiscito”.
Considero valioso el esfuerzo periodístico para llevar a los lectores información de interés público, veraz, plural, contextualizada, transparente y con oportunidad, conforme a los postulados del periodismo responsable.
La información veraz, verificada y contrastada con las voces de los distintos sectores de la opinión pública alcanzan los estándares del periodismo ético y de calidad que se merecen las audiencias.
El cubrimiento periodístico de los hechos más relevantes de este plebiscito del 2 de octubre, que determinará el futuro del país en los próximos años y décadas, unido a la campaña pedagógica que explica y pone en contexto los puntos centrales de cada uno de los acuerdos, llevarán al ciudadano a tomar una decisión mejor informada.
Este propósito ya ha motivado voces de aprobación según se pueden leer en los comentarios de los lectores.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

La búsqueda de la imparcialidad

El lector Juan David Arango llamó inquieto por las fotografías publicadas este viernes, en primera plana, sobre las manifestaciones registradas en Caracas en contra y a favor del gobierno venezolano de Nicolás Maduro.

Esta fue la pregunta: “Me puede decir ¿qué quisieron decir ustedes con la foto dividida de las protestas en Caracas? Me gusta esa imagen porque presenta las dos caras de esas manifestaciones pero quiero que usted me diga su opinión como defensor….”.

En primer lugar valoro la capacidad de observación y el deseo de conocer cómo se decide la primera página del periódico.

Al respecto,  el macroeditor Gráfico, Germán Calderón Linares, explicó: “La información sobre marchas multitudinarias y número de participantes siempre ha sido compleja en cuanto a su cálculo por llevarse a cabo en espacios abiertos. Adicionalmente las cifras sobre manifestantes difieren en el número de simpatizantes dependiendo de las diversas fuentes, al no existir una oficial”.

Y añadió: “Ante este hecho, la propuesta desde el área gráfica fue remitirnos a la revisión de todas las fotografías que nos proveen nuestros servicios de prensa. En aras de la imparcialidad, usamos dos imágenes contrastadas en forma diagonal para que los lectores pudieran tener referencia visual de la magnitud de las dos movilizaciones, guardando la equidad en el tamaño y la disposición, y presentando simultáneamente dos espacios diferentes de la protesta a fin de informar de manera imparcial sobre las concentraciones”.

La información periodística se basa en hechos verificados y contrastados.  Los principios de veracidad, imparcialidad y pluralidad son requisitos fundamentales del periodismo.

La búsqueda de la imparcialidad llevó los macroeditores y editores a ponerse de acuerdo sobre  la mejor manera de ilustrar los acontecimientos de Caracas.

Un vistazo a las  imágenes de las portadas de la prensa venezolana desvela tres tendencias: los periódicos gobiernistas ignoraron la marcha de la oposición que clama por el revocatorio; los diarios del otro bando, desconocieron la protesta oficial, y un tercer grupo le dio cabida, en primera plana, a las dos marchas.

El Colombiano, tal como lo explica Calderón Linares, rompió el esquema y presentó dos segmentos de ambas marchas para informar sobre este asunto que marca un hito clave de la historia del hermano país.

Las portadas motivan observaciones frecuentes. En otro caso, el lector César Cárdenas cuestionó: “El domingo El Colombiano publicó en la portada una foto de espaldas del boxeador Yubergén Martínez como campeón. Me parece que a nuestros deportistas negros también se les puede dar un trato sin discriminaciones raciales. En cambio cuando es la campeona Mariana Pajón, publican sus fotos sonriendo y de frente. Le dejo la inquietud al editorialista”.

Quizá la duda quedó resuelta el jueves pasado cuando con idénticas especificaciones aparece la imagen de Dilma Rousseff, la depuesta presidenta de Brasil…

El macroeditor Calderón Linares respondió: “Extiendo la invitación a revisar nuestro suplemento deportivo que acompaña la edición del domingo 14 de agosto (página 6). Allí aparece la imagen frontal de nuestro Boxeador Yuberjén Martínez durante el combate. Foto acompañada de una crónica que destaca su actuación. En la misma portada del deportivo usamos otra de las imágenes suministrada por nuestras agencias de noticias aliadas en el cubrimiento Olímpico en donde se aprecia la foto de espaldas del gimnasta Jossimar Calvo”.

Considero que se trata de un recurso gráfico usado con frecuencia, ajeno a cualquier intención discriminatoria. Basta revisar el despliegue informativo que han tenido nuestros deportistas olímpicos.

La fotografía es un testimonio notarial

El principio de veracidad, primer valor del periodismo, rige igual para textos y fotografías. La imagen publicada debe corresponder en todas sus partes y características a la captada por el fotógrafo, quien es el notario de los hechos.
No se permiten ni manipulaciones ni retoques que alteren la información. El testimonio gráfico encarna tal fuerza informativa, descrita con la popular frase “una imagen vale más que mil palabras”.
La fotografía debe dar fe de los hechos. Sin embargo, Esa misma fascinación de la imagen la pone en riesgo por el uso de trucos y distorsiones, facilitados por programas informáticos, que la desvirtúan. Por lo tanto, estas adulteraciones van en contra de la ética y los fundamentos del periodismo resposable.
Los retoques pueden ir desde componer la imagen de un personaje para hacerlo aparecer más atractivo y esbelto hasta quitar y poner personas y objetos en la escena, manipulando la información quien sabe con qué propósitos.
La historia cuenta casos de retoques y modificaciones descubiertos como el de la portada de la revista Time, en junio de 1994, cuando oscureció el rostro de O. J. Simpson, acusado de haber matado a su exesposa y a un amigo.
O el del gobierno de Irán que distribuyó en 2008 una fotografía trucada de un ensayo nuclear en el que aparece un número mayor de misiles a los que efectivamente fueron disparados. Un engaño a la opinión mundial para ostentar un mayor avance nuclear.
Cuando son las agencias gubernamentales, en vez de los fotógrafos de prensa, las que suministran las fotografías cabe preguntar si se trata de información veraz e imparcial o de propaganda que busca desviar la atención, cuando menos.
Los códigos de ética periodística coinciden en prohibir esta clase de adulteraciones.
“Las fotografías que publica El Colombiano son huellas de los hechos, de las que se vale el periódico en su esfuerzo profesional por aprehender la realidad de la historia diaria, para comunicarla. La imagen fotográfica es un mensaje sin código, según Roland Barthes. Es lo real literal cuyo manejo, como el de los demás materiales informativos, debe hacerse con criterios de verdad, responsabilidad y justicia”, contempla el Manual de estilo y redacción de El Colombiano.
Añade: “Está prohibida en El Colombiano toda manipulación de las fotos que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de deterioros o corrección de defectos de revelado o transmisión). Por tanto, no se puede alterar una fotografía invirtiéndola, suprimiendo o agregando detalles. Ni siquiera con la intención de que el personaje fotografiado dirija su vista a la información a la que acompaña. La fotografía periodística, al contrario de la publicitaria, excluye la creación de situaciones artificiales con modelos o personas que posan para simular una noticia”.
Y advierte más adelante el Manual: “Cuando por cualquier circunstancia los editores decidan publicar una fotografía con distorsiones, el detalle de dicha distorsión debe explicarse en el pie de foto”.
Otro asunto que debe tenerse en cuenta en la obtención de las fotografías periodísticas es el del uso de la cámara oculta. A esta alternativa sólo se podrá acceder cuando es imposible tomar las imágenes de un hecho de interés público relevante, sin esconder o camuflar la cámara.
El periodismo ético y responsable busca la información por medios lícitos, sin trucos ni engaños. El juego debe ser limpio, siempre con las cartas sobre la mesa.

Directrices sobre fotografías de menores de edad

La publicación de fotografías y en general de informaciones sobre menores de edad está reglada en Colombia por la Ley 1098 de 2006, conocida también como el Código de la infancia y la adolescencia.
El Colombiano fijó una serie de directrices para respetar y garantizar los derechos de los niños y adolescentes. Esta es una síntesis del documento, para continuar la reflexión de la semana pasada y responderle al lector Juan David Aguirre:
1) Publicaciones relacionadas con delitos:
No está permitida la publicación de fotos (ni siquiera veladas), nombre, entrevistas o datos que identifiquen o puedan dar lugar a la identificación (como las iniciales, contextura física, color de piel, edad, etc.) de menores de edad o de adolescentes, en ninguno de los siguientes casos:
– Cuando sean víctimas de delitos.
– Cuando sean autores (presuntos o condenados) de delitos.
– Cuando sean testigos de hechos delictivos.
En el caso de que un menor de edad o adolescente sea víctima de un delito, y sea necesario establecer su identidad para efectos de restablecer sus derechos (encontrar a su familia, por ejemplo), podrán publicarse sus datos. Es la única excepción permitida por la ley.
2) Publicaciones no relacionadas con delitos:
Cualquier publicación, impresa o en la Web, (entrevista, fotografía, reportaje, crónica, etc.) relativa a menores de edad o adolescentes, requiere obligatoriamente autorización de los padres (o del padre o madre que tenga la patria potestad, cuando el otro padre/madre no exista o no tenga la patria potestad).
Por política de El Colombiano, dicha autorización tiene que constar por escrito. Esto se aplica incluso para el caso de noticias positivas, o de temas solidarios y de valores.
Adicionalmente, en el cuerpo de la información siempre debe aparecer el siguiente texto: “Las fotografías y nombre del menor de edad/adolescente, son publicadas con la autorización expresa de sus padres”.
3) En caso de que haya una noticia relativa a un menor de edad o adolescente, y no sea posible obtener la autorización de los padres (porque no existan, se desconoce su paradero, o porque no tengan la patria potestad), el permiso deberá otorgarlo el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF.
4) Participación de un menor de edad o adolescente en el medio de comunicación: Si el menor de edad o adolescente es el autor de una columna, reportaje, crónica o reseña, puede salir su nombre e imagen con la autorización expresa de los padres (ver punto 2).
Hasta aquí el memorando de la dirección a los redactores, fotógrafos, editores y macroeditores.
Los derechos de los niños son prevalentes y su garantía es aún más estricta cuando se trata de menores en condiciones de discapacidad física o mental o cuando las circunstancias ponen en riesgo los derechos a la intimidad, la honra, la imagen y el buen nombre.
Estas normas son objeto de permanente debate en organizaciones globales de periodistas y en el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef.
Los asuntos planteados por el lector Juan David Aguirre son muy amplios. En la próxima columna me concentraré en los casos de manipulación y edición de las fotografías, cuyos efectos atentan contra la veracidad al distorsionar la realidad de los hechos.
La fotografía de prensa es exigente y no admite retoques que alteren su originalidad. El rigor es la clave para garantizar la responsabilidad y la credibilidad, dos valores éticos del periodismo.

¿Se puede fotografiar a un transeúnte?

El lector Juan David Aguirre pregunta: “¿Hasta qué punto me pueden tomar una fotografía y publicarla en el periódico sin mi consentimiento? ¿Cuáles son las normas que rigen para la publicación de las fotografías periodísticas y las imágenes de televisión, no considera usted que a veces hay abusos…?”.
Tal vez el lector se refiere a la molestia que le puede causar verse en una fotografía tomada en la calle para informar sobre un acontecimiento o un hecho de interés público.
Por norma general no hay limitaciones en las circunstancias descritas por el lector. Germán Calderón Linares, macroeditor Gráfico dice: “El registro gráfico de terceras personas en la vía pública atiende a un interés periodístico de carácter social, urbano, científico, histórico o cultural de relevancia. En lugares privados sólo se publican con autorización expresa de la persona que aparece en la imagen”.
De todas maneras es importante tener en cuenta algunas consideraciones detalladas porque a veces surgen conflictos entre la libertad de expresión del fotógrafo y el derecho a la intimidad de las personas.
En lugares públicos no se requiere permiso para documentar con imágenes la información de interés o de importancia para las audiencias y la ciudadanía. Sin embargo, alguien podría solicitar que no les tomen fotografías en virtud de un derecho personalísimo, o sea aquellos que están íntimamente ligados a la personalidad, aún en sitios públicos.
Otro asunto limitante se presenta cuando una persona luce un vestido o un objeto protegido por derechos de propiedad intelectual, caso en el cual es necesario obtener su beneplácito.
Hay circunstancias en las que la ética periodística obliga al fotógrafo a tener cautela por la crudeza de las escenas causadas por hechos violentos y de terrorismo. Al menos evitar los primeros planos. En estos casos se puede violentar la sensibilidad de los lectores por la naturaleza amarillista de los registros.
Una pregunta que se debe hacer en las salas de redacción es qué información suma la publicación de estas fotografías que pueden afectar la sensibilidad de los adultos y de los niños. Es decir, si son necesarias y agregan valor informativo.
También hay debate profesional, ético y aún político sobre la publicidad de actos terroristas. Algunos autores consideran que la divulgación es uno de los objetivos que busca el terrorismo porque al aumentar el miedo multiplican el daño y potencian la violencia.
No es fácil resolver esta cuestión porque el periodismo es el garante del derecho a la información veraz y oportuna. No hacerlo sería un caso de censura o autocensura cuyas implicaciones igualmente son nocivas para la sociedad.
El asunto se resuelve en el cómo se informa para garantizar el derecho y no hacerle el juego al terrorismo. Nada fácil, repito, cuando hay que tomar decisiones sobre si se publica o edita una fotografía. Y aún más dramático, sobre cómo hacer el encuadre en el mismo instante que se decide tomar la fotografía.
Cuando se trata de menores de edad, “la Ley 1098 de Infancia y adolescencia prohíbe la publicación de fotografías e identidades de menores de edad que sean víctimas o victimarios de delitos. Se exceptúan las desapariciones (incluso una presunta desaparición forzada), pues las fotos pueden ayudar a dar con la ubicación del menor”, recuerda Germán Calderón Morales.
En la próxima columna voy a referirme a otros aspectos de interés sobre este asunto de las fotografías periodísticas.