Fe de errores incompleta

El Colombiano tomó la decisión de publicar la sección Fe de errores para enmendar las imprecisiones, equivocaciones y toda suerte de fallos detectados por las audiencias o por los editores y periodistas. Una decisión acertada y consecuente como lo que estipulan el Manual de estilo y redacción y las políticas para mejorar la calidad.
No obstante, considero que los errores deben enmendarse tanto en la edición impresa como en la digital. Actualmente se corrigen solo en la primera pero en la web permanecen los fallos.
Estos ejemplos dan cuenta de las correcciones:
Caso 1. Página 12, edición del 18 de mayo.
En un párrafo del reportaje Otra avalancha de solidaridad para Salgar, se lee: “Según el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, Carlos Iván Márquez, la inversión alcanzará los 35.000 millones de pesos desde que comenzó la atención de la emergencia. Recursos aportados por la entidad, el Ministerio de Vivienda, la Gobernación de Antioquia, el Banco Agrario y la Fundación Bertha Hernández, entre otras…”.
La Fe de errores del día siguiente detecta y corrige: “… y la Fundación Bertha Hernández”. Correcto: Fundación Bertha Martínez”.
Caso 2. En la página 16 del 11 de mayo El Colombiano publicó una información imprecisa con el título El camino de Envigado hacia el Área Metropolitana: “Este cuatro de julio los envigadeños irán a las urnas para definir si su municipio ingresa o no como socio activo al Área Metropolitana…”.
La corrección de la Fe de errores, publicada el 12 de mayo precisa: “… la fecha exacta en que los envigadeños irán a las urnas es el 10 de julio”.
Caso 3. El 19 de febrero de este año, en la misma sección Fe de errores se descubrió y explicó otro error: “… el alcalde de Bello, Óscar Suárez Mira…”. Correcto: (…) el alcalde de Bello, César Suárez Mira…”.
Así ocurre: la Fe de errores detecta algunos y los corrige de una manera válida pero solo para los lectores de la edición impresa.
El periódico The New York Times tiene una sección similar y las correcciones las efectúa también en la edición digital. Por ejemplo, este 9 de mayo aclaró un dato equivocado:
“Un artículo de abril 27, acerca de la confirmación en Colombia de dos casos adicionales de bebes nacidos con daño cerebral, luego de que sus madres que contrajeran Zika durante el embarazo, establece que el año en que los investigadores encontraron secuencias de genes del Zika en la sangre de tres niños en Haití fue diciembre de 2014 y no de 2015”.
Efectivamente, al artículo Colombia Confirms More Birth Defects Linked to Zika, de la sección de Salud del 27 de abril le añadieron la respectiva corrección. (http://www.nytimes.com/2016/04/27/health/zika-virus-haiti.html?_r=0).
Pienso que esta es una corrección integral que obliga a los medios de comunicación que suman cada vez más lectores en las plataformas web, todos ansiosos de encontrar información veraz y de calidad.
Estoy de acuerdo con la opinión del periodista José Cervera, del periódico español El Diario: “Errar es humano, y por eso no hay actividad más humana que corregir lo errado y aprender para procurar no volver a equivocarse en el futuro. Internet es un inmenso depósito de información que durará muchos años, y que seguirá alimentándose y creciendo; si no creamos mecanismos para que los errores puedan ser reconocidos, corregidos y correctamente archivados acabaremos por no saber qué es verdad y qué es mentira…”.
Habrá que volver sobre esta reflexión…

El lenguaje de los medios de comunicación

Bien vale la pena una reflexión más sobre el lenguaje periodístico con ocasión del Día del Idioma. Ya lo he hecho en otras ocasiones para señalar los errores más frecuentes, insistir sobre la urgencia de escribir correctamente, celebrar la publicación de la Fe de errores y felicitar a los lectores que se han constituido como guardianes del idioma y nos envían todos los días sus críticas y comentarios.
Los atributos de la redacción periodística son los mismos del lenguaje, aunque con algunos énfasis. La primera propiedad es la claridad, vale decir que el periodista debe comprender los hechos que narra y presentarlos en forma transparente y sencilla. Comunicar, en pocas palabras, es poner en común; lo que escribe lo comprende fluidamente el lector y las audiencias.
La concisión es otra de las cualidades del lenguaje periodístico. Consiste en expresar los datos directamente, sin antesalas ni parrafadas. Usar frases cortas, palabras propias y precisas es clave. Siempre es válido releer para recortar lo que suene largo y ampuloso.
Y la corrección. Escribir según las normas del lenguaje, sin errores. Si, sin equivocaciones porque se pone en riesgo la veracidad de los hechos y la credibilidad del periodista y del medio de comunicación. Un solo error deja por el suelo el más importante y lucido relato.
Varios autores coinciden en señalar que escribir bien es una obligación ética del periodista, igual que corregir todos los errores para recuperar la confianza y honrar la veracidad de la información.
Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen. Al respecto, el ingeniero Gabriel Escobar Gaviria, columnista, cazador de gazapos, lector crítico y estudioso de los asuntos idiomáticos explica por qué se perpetúan los errores:
“Por el desinterés de los educadores en todos los niveles de corregir los errores que los estudiantes traen de todos los medios que frecuentan: un error empieza a hacer carrera y todos lo aceptan por estar con la moda. Muchas páginas webs de centros educativos aparecen con errores y no se diga de las tareas propuestas por los profes vía internet. El desinterés por actualizarse de algunos correctores y algunos comunicadores que no hacen esfuerzo alguno para estar al día, siguen corrigiendo con la edición XX del Diccionario de la Real Academia (1984) y vamos en la XXIII (2014). Varios de ellos no conocen la Gramática 2009 ni la Ortografía 2010.
Y añade: “La pereza de traducir las novedades tecnológicas: ¿para qué maus, si tenemos ratón?, ¿para qué tablet, si tenemos tableta?, ¿mail, si tenemos correo? La imitación al exitoso que inventa un error y en poco tiempo todos los colegas lo están imitando. Ejemplo: las comillas simples para todo, aunque la norma no las autorice”.
Es un riesgo escribir sin consultar los diccionarios. No vale la pena ser tan audaz. Nadie se las sabe todas ni el conocimiento es estático: nuestro idioma está en evolución. Nuevas palabras aparecen por necesidad o incluso por moda, pero si son bien nacidas pronto la Real Academia Española les dará la bienvenida.
Además de consultar fuentes idóneas el periodista debe leer. Quien lee escribe mejor que quien no lo hace habitualmente. Leer literatura realista y periodismo de calidad es uno de los consejos que listan los expertos.
Escribir bien, correctamente, es el desafío del periodismo responsable y de calidad. Las audiencias se lo merecen…

Discrepancias por el número de personas que marcharon

Hoy continúa la reflexión sobre ¿cuántas personas marcharon el pasado 2 de abril en Medellín? Recibí nuevos comentarios sobre la columna del pasado domingo y también sobre el cubrimiento periodístico de la marcha del Centro Democrático.
El lector José María Ospina dice: “Por qué tanto alboroto por una cifra imposible de determinar. ¿A quién le interesa ese dato tan preciso…?”.
El lector Bernardo González White escribe: No me quedó muy clara la teoría del ingeniero consultado sobre la asistencia a la marcha del 2 de abril. En un área de 25.000 metros cuadrados ubica 4 personas por metro cuadrado, o sea un total de 100.000 cristianos”.
Y precisa más adelante: “Ocurre que la marcha fue como una marea, en movimiento, y se sumaban personas en diferentes sitios… Salí un poco antes de las 10 de la mañana y la cabeza de la marcha llenaba la avenida La Playa desde el Teatro Pablo Tobón Uribe hasta la carrera Córdova. Continué todo el recorrido hasta llegar al Parque de las Luces y regresé por la Oriental, La Playa, hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe y aún salía gente…”.
“Si esos 25.000 metros cuadrados fueron ocupados al menos dos veces por los manifestantes, creo que el cálculo de 200.000 manifestantes no es exagerado. (La más nutrida y ordenada manifestación que he visto en muchos años). Y eso que el “pueblo, pueblo” y la clase obrera no estuvieron presentes”, concluye.
Otro lector, Francisco Mora C. sostiene: “. Le hice un cálculo similar a un amigo. Pero, recuerde, que él área del recorrido no estuvo permanentemente llena. Por la misma dinámica de la marcha. Una cosa es una marcha y otra una manifestación”.
Añade: “De todos modos mi cálculo lo hice en base en unos 2.000 metros entre el Pablo Tobón y el parque de Cisneros. Un promedio de 15 metros de ancho, no se ocuparon las vías en su totalidad. Son 30.000 metros cuadrados y dos personas por metro cuadrado para poder caminar tranquilamente. Son 60, 70 u 80 mil personas. El cálculo en el país son 600.000 manifestantes. De 8 millones de electores uribistas y unos 6 millones de santistas aburridos, según el Centro Democrático, unos 14 millones, no sé francamente porqué le hacen tanta fiesta a las marchas…”.
Considero que está claro que si hay métodos matemáticos para calcular el número de participantes en una marcha. Y lo lógico es que el lector lo sepa aunque es un compromiso complejo para el periodismo.
Vale la pena precisar que el estimativo del ejercicio desarrollado por el Ingeniero de Sistemas de Información Geográfica corresponde a un momento dado. Puede variar si hay marchantes por fuera del polígono definido, es decir, si aún hay manifestantes sin salir del punto de inicio cuando la cabecera de la protesta ha llegado al Parque de la Luz, la meta.
O al contrario, si hay espacios dentro de la marcha que alteren la densidad de cuatro personas por metro cuadrado también varía el cálculo matemático.
Para un partido político los números son importantes, aunque con certeza solo valen los guarismos electorales, los demás son cálculos y estimativos que ofrecen esta clase de discrepancias.
Pienso que para los organizadores es vital medir el poder de la convocatoria que expresó el malestar social de un número significativo de ciudadanos. La marcha es un símbolo de triunfo o fracaso y por esta razón es evidente el debate entre quienes la minimizan o la maximizan y entre quienes se obsesionan por una u otra cifra.

¿Cuántas personas marcharon el 2 de abril?

Varios lectores me enviaron mensajes y llamaron para quejarse por la información publicada el domingo pasado sobre la marcha organizada por el Centro Democrático para expresar el malestar de un sector de la ciudadanía con políticas del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Los comentarios procedentes servirán para la reflexión autocrítica en la sala de redacción.
Los periodistas que hicieron el cubrimiento consultaron dos fuentes para tener el dato sobre el número de asistentes a la marcha: la alcaldía lo estimó en 80.000 marchantes y los organizadores en 250.000. Este dato indignó a varios de los lectores que solo miraron el primero.
Los periodistas no hicieron cálculos, pero como ocurre con frecuencia en la información política, los simpatizantes ven las cosas diferentes a los opositores.
Consulté un profesor e investigador universitario para que hiciera un ejercicio de cálculo, basado en operaciones matemáticas y me envió el siguiente documento que establece el estimativo máximo de participantes, si la marcha fue densa en todo el recorrido:
– Para determinar el número de asistentes a una marcha, se debe calcular el área del recorrido, para luego determinar la densidad de personas.
– Para realizar este cálculo vamos a utilizar una herramienta disponible de manera gratis para cualquier persona: Google Earth (https://www.google.com/earth/).
– Luego de abrir el programa, nos ubicamos en la ciudad de Medellín, específicamente en la zona donde se realizó la marcha del pasado 2 de abril.
– Con la herramienta de agregar un polígono, dibujamos este, desde el lugar inicial de la marcha (calle 51 – carrera 40), tomando la avenida La Playa en sentido Oriente-Occidente, hasta llegar al cruce con la Avenida Oriental (carrera 46) y a partir de este punto en sentido norte sur hasta el sector del Parque San Antonio (calle 45), en este punto se dirige hacia calle 44 (San Juan) y en sentido Oriente – Occidente hasta el Parque de las Luces).

marcha
– Calculando el área, da aproximadamente 25.000 m2 (metros cuadrados).
– Cuando una marcha tiene una densidad máxima y además avanza, se calcula que por metro cuadrado pasan 4 personas.
– Ahora, si hacemos una multiplicación, del área aproximada ocupada por la marcha, y suponemos que tuvo una densidad máxima:
25.000 m2 x 4 (personas) = 100.000 personas.
– En ese orden, y según los datos de este ejercicio, podemos tener máximo 100.000 personas en este tramo de la ciudad.
Hasta aquí el aporte del ingeniero de Sistemas de Información Geográfica, que prefiere reservar su nombre.
Este cálculo es usado por algunos periódicos, que lo publican junto a los informes de las autoridades y de los organizadores. El diario español El País, de Madrid, establece en su Libro de Estilo: “En las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el método utilizado…”.
Otras metodologías son más precisas: se toman fotografías aéreas de alta resolución que luego son ampliadas y con la ayuda de programas informáticos determinan a los asistentes y así los suman uno por uno.
Sobre este asunto del cálculo de manifestaciones estoy de acuerdo con la visión de Jessica Weiss, exeditora ejecutiva de The International Center for Journalists, Ijnet: “Informar sobre el tamaño de una multitud es un desafío que los periodistas de todo el mundo enfrentan al cubrir eventos como protestas o conciertos. Y los cálculos se vuelven aún más difíciles para los eventos políticos, ya que los bandos opuestos pueden convertir las estimaciones en herramientas de relaciones públicas”. (https://ijnet.org/es/blog/t%C3%A9cnicas-para-calcular-el-n%C3%BAmero-de-personas-en-una-multitud).

“ACORRALADA MEDELLÍN POR EL SMOG”

El título corresponde a uno de los 36 informes de la serie periodística sobre la contaminación de la ciudad, publicada por El Colombiano, en febrero y marzo de 1976.
Este asunto, que preocupa hoy como hace cuarenta años, motiva esta columna, para ampliar la respuesta al lector León Darío Giraldo J. y atender la inquietud, de la lectora Eugenia Montoya A.: “…¿por qué los periodistas no investigan más sobre el problema ambiental? Miren los comentarios de los lectores a los artículos que ustedes mismos han publicado. Hay denuncias de fábricas que contaminan, opiniones serias, ideas para el alcalde Federico, etc. Ahí están, con nombres propios…”.
En 24 horas más de 200 lectores expresaron sus juicios sobre las decisiones tomadas por el alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga para contrarrestar la emergencia ambiental.
El foro es un ejemplo de diálogo útil. Los comentarios expresan, además de las opiniones sobre dichas medidas, decenas de sugerencias y aportes para autoridades y ciudadanos.
Tiene razón la lectora: estas inquietudes deben servir para que los periodistas profundicen sobre los agentes y fuentes de contaminación y contribuyan a tomar conciencia ambiental.
Dos ejemplos ilustran la participación activa de las audiencias: Jotavelez dice: “Federico muy bien. Aún quedan medidas por tomar, qué vamos a hacer con los buses y camiones. Considero que igual que a las volquetas se les debe restringir su funcionamiento en ciertos días y horarios. Y en cuanto a horarios flexibles, que todas las instituciones privadas empiecen a trabajar a las 7:00 a. m., las públicas a las 8:00 a. m. y los colegios a las 9:00 a. m. Lo del tele trabajo está bien ojalá lo acojan los empresarios…”.
Androides sostiene: “Yo tuve un bus hace tiempos pero tengo algo que aportar, en las mañanas de 4.30 a. m. a 9.00 a. m. se sube al barrio y se baja el bus lleno y después de las nueve solo se cargan dos o tres pasajeros y así todo el día hasta las 5.00 p. m. que vuelve uno a subir la gente para el barrio. La empresa de buses nos obligaba a continuar quemando la gasolina en el tiempo muerto…”.
El esmog, que es un mal que aqueja a Medellín desde hace varias décadas, se ha vuelto peligroso en los últimos años: ha cobrado vidas y es visible el deterioro de la salud y la calidad del aire en toda la ciudad.
El tratamiento periodístico a este fenómeno debe ser riguroso y permanente, tal como está planteado en la columna del domingo anterior. Así lo reitera el periodista y escritor Javier Darío Restrepo cuando afirma: “El tema ambiental supone un cubrimiento integral. Con esto quiero decir que no puede limitarse a la reproducción de boletines o de entrevistas, sino que debe abarcar todos los temas conexos, puesto que esa conexidad es cada vez más compleja porque lo ambiental afecta o puede ser afectado por asuntos como la economía, la política, la planeación, el uso del tiempo libre, la acción de la justicia, las políticas sociales, etcétera. En cuestión ambiental todo está relacionado con todo, es un principio impuesto por la experiencia”.
Añade más adelante: “Esa afectación de lo ambiental, en activa y en pasiva, vuelve tan exigente el cubrimiento periodístico que la solución ideal en las redacciones es el trabajo en equipo, que permita una información integral. No se puede ignorar, so pena de incurrir en graves errores, que lo ambiental atraviesa todos los temas”. (Entrevista publicada en el libro de María Clara Valencia, Guía periodística Agenda Verde, Fundación Konrad Adenauer Stiftung, 2015: http://www.kas.de/wf/doc/18683-1442-4-30.pdf).

Con un ojo crítico

En la columna del 14 de febrero, Los comentarios y críticas de los lectores, me referí a los mensajes recibidos por la Defensoría de las audiencias en el año 2015. En total fueron 2.119 comunicaciones, el 34,7 % correspondientes a críticas y errores de contenido.
A este subconjunto le hice un examen de acercamiento: la radiografía señala que el 50,6 % atañe al uso incorrecto del lenguaje; el 26,4 % a falta de claridad y carencia de fuentes que contrasten los datos, principalmente; el 22,8 %, a malos cálculos matemáticos, errores numéricos o en la escritura de guarismos y porcentajes y a deficiencias en el uso del sistema internacional de medidas.
Este análisis detallado permitió conocer los casos más frecuentes y emprender, en consecuencia, una acción pedagógica entre los periodistas, para mejorar la calidad de los contenidos de El Colombiano.
Una de las claves para alcanzar el objetivo es la lectura crítica que realizan las audiencias. Conocer las dudas y los errores que detectan, permite enmendarlos y evitar su repetición.
Con grata asiduidad recibo informes de errores y gazapos de quienes con un ojo crítico leen el periódico. Es una fortuna contar con audiencias de esta calidad porque nos permiten mejorar los textos desde el punto de vista del uso correcto del lenguaje y también en asuntos que corresponden a la ética y a los principios del periodismo.
El lector Rodrigo Cadavid Mejía escribió sobre el examen de algunas informaciones y para cuestionar mi última columna, Los peligros del periodismo de “palabras prestadas”: “En su columna de esta semana usted defiende, en un todo y por todo, a los periodistas de El Colombiano; según usted, ellos comprueban toda la información recibida de otras fuentes. Por lo menos, esto fue lo que yo entendí. Si es correcto, no se cómo explica usted tanto error conceptual y técnico que aparece en ese medio; que no se corrige, sino que se vuelve a repetir; aunque no sea el mismo, pero si similar…”.
Considero que la información es un bien público y que el periodismo se funda en los principios de veracidad, imparcialidad, transparencia y responsabilidad social. Su razón de ser es mantener informadas a las audiencias, a la ciudadanía. Contribuir a lograrlo es asunto de todos: periodistas, medios y lectores.
Los errores que detectan nuestras audiencias son puntos de partida para una acción pedagógica en la Sala de Redacción. Es clara la instrucción para escribir los textos con limpieza, siguiendo los requisitos de verificación datos y contraste de fuentes. Pero falta un mayor esfuerzo para alcanzar mejores estándares de calidad y credibilidad. En la sección Fe de errores se enmiendan algunos, ojalá se corrigieran todos.
Añade el lector Cadavid Mejía en otro de los apartes: “…en la página 17, (Entrevista al presidente de Celsia, Ricardo Sierra Fernández, edición del 24 de febrero), donde se lee ´…el millón de VTU (sic)…´. Lo correcto es BTU (British Thermal Unit), que es una unidad de energía o de trabajo. De todas maneras, me queda la duda que esa expresión la haya hecho el presidente de una empresa generadora de energía, que tiene porque conocer el tema y, más bien, el periodista oyó y le sonó mejor BTU con V pequeña y para salvar responsabilidad puso las comillas. Es mi gran duda…”.
Al respecto, el autor de la información explica que “el lamentable error se debió a un descuido en la digitación y en segundo lugar a la falta de corrección del texto antes de publicarse”.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

Los peligros del periodismo de “palabras prestadas”

El lector Juan Leonardo Montoya se cuestiona la conducta de algunos periodistas que reproducen casi textualmente los boletines y acuden pasivos a las ruedas de prensa.
“Voy a quejarme en sentido general de algunos medios de comunicación y a preguntarle su opinión: ¿no le parece poco profesional la información que reproduce las mismas palabras de los comunicados y ruedas de prensa sin averiguar más ni agregar antecedentes…? ¿Qué piensa usted? ¿No cree que los periodistas están fallando?”.
Al respecto, José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Local y Regional, explica: “Buena parte de la labor del periodista es la de fiscalizar, husmear, indagar que hay más allá de los hechos y versiones que entregan las autoridades, gremios, laboratorios, el ciudadano informado y el hombre de a pie. Para una información objetiva y transparente puede tener tanto valor lo que dice el Presidente de la República, como lo que dice un ciudadano del común al que se le han violado sus derechos o fue testigo de un acontecimiento.
Y añade: “El boletín de prensa, como la voz de quien llama a denunciar determinado hecho es apenas un insumo en la confección de las noticias. Es responsabilidad del periodista ir más allá del mismo para corroborarlo, desmentirlo o simplemente descartarlo por su falta de valor. De semillas insignificantes nacen los grandes árboles y el hombre mismo”.
Ni más ni menos. El maestro Javier Darío Restrepo enfatiza sobre el asunto: “Un periodismo que se limita a reproducir esos materiales es un periodismo mediocre, que no le ofrece garantía alguna al lector y que lo deja indefenso en manos de las oficinas de prensa de las entidades privadas o públicas, en las que suele hacerse propaganda, pero no información”.
Los boletines de prensa son puntos de partida y referencia. Sus contenidos deben someterse a la verificación y contraste de fuentes diversas para que se conviertan en información periodística veraz, imparcial, transparente y responsable.
El séptimo punto del decálogo del periodista creado por escritor el argentino Tomás Eloy Martínez es contundente: “Evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero”.
Este periodismo de “palabras prestadas”, reproducidas fiel y torpemente de notas y ruedas de prensa, va en contravía de los principios éticos y del interés general, pilares que construyen la confianza y la credibilidad de las audiencias. Una sola fuente no es garantía de información confiable.
Considero que los periodistas de El Colombiano, verifican los datos y declaraciones que contienen los comunicados y notas, los amplían y aclaran, los contextualizan y producen un texto con los estándares de calidad exigidos por el Manual de estilo y redacción.
Con respecto a las ruedas de prensa observo que a veces se atomizan y algunos periodistas optan por la pasividad sin preguntar ni repreguntar en estos actos que se repiten con alta frecuencia, principalmente en entidades gubernamentales. Por fortuna en nuestro medio no existen las ruedas de prensa de meras declaraciones, sin preguntas.
No se puede olvidar que estas son acciones de los departamentos de comunicación, cuyos objetivos son diferentes a los del periodismo, porque ofrecen la visión unilateral y parcial de los hechos que afectan a la ciudadanía.
Los boletines de prensa bien elaborados, con declaraciones de interés público y rico en datos soportan el valor periodístico suficiente para incluir algún aparte dentro de la información compilada, producto de la averiguación realizada por el propio periodista.

 

Los comentarios y críticas de las audiencias

La Memoria de la Defensoría de las audiencias es el documento que cada año entrego a la Dirección del periódico. Contiene el resumen de las actividades; el análisis y la clasificación de los comentarios, observaciones, sugerencias y críticas de los lectores; las columnas del Defensor, y algunos anexos y recomendaciones.
El año pasado recibí 2.119 comunicaciones, casi todas por correo electrónico y en menor medida a través de llamadas telefónicas y cartas.
La clasificación de los mensajes indica que el mayor volumen corresponde al señalamiento de errores de diversa índole y de críticas al contenido: 37,4 %. En el año de 2014 esta categoría alcanzó el 38,4 %.
El segundo rango más alto, 33,6 %, lo ocuparon los comentarios, sugerencia y denuncias de los lectores sobre hechos relativos y complementarios a las informaciones. En el año inmediatamente anterior fue del 27.7 %.
En el tercer volumen mayor de comunicaciones de las audiencias están clasificadas las que atañen a observaciones y recomendaciones para adelantar investigaciones periodísticas, por parte de la redacción, sobre temas que afectan el interés general: el 9,5 %, guarismo similar al de 2014.
Un 5,6 % del conjunto de mensajes corresponde a críticas y aplausos u observaciones a los editoriales y columnas de opinión.
Otros datos son los siguientes: comentarios y quejas sobre el sitio web, 9,0 %; otros comentarios sobre el contenido, 2,4 %; sobre áreas del periódico diferentes a la de contenidos, 2,3 %.
Vale advertir que la Defensoría de las audiencias solo recibe una parte de los mensajes. También les llegan comunicaciones a la directora y a los periodistas, editores.
Estos mensajes los dirijo a los macroeditores y a la dirección para que les respondan a los lectores y decidan las acciones pertinentes. Sobre algunos de los comentarios escribo esta columna semanal e internamente estimulo la autocrítica en la sala de redacción, mediante la lectura sugerida de libros y documentos en la intranet del periódico.
Es evidente que en sala de redacción urge una mejor gestión de calidad para que los gazapos no se repitan y para sostener y mejorar los estándares que le dan credibilidad a la información, a sus autores y al periódico.
La publicación de la sección Fe de errores, en la edición impresa y en el sitio web es una acción sensata y transparente. Sin embargo, no todas las equivocaciones se corrigen, lo que puede originar una atmósfera de frustración en los lectores que contribuyen a detectarlas y de apatía en el interior del periódico. Y lo peor, el deterioro de la confianza y la credibilidad porque la imprecisión y el error quedan sin enmendarse.
De acuerdo con la filosofía del periódico los errores deben corregirse lo más pronto posible por razones éticas y de calidad, así lo consagra el Manual de estilo y redacción.
Los periodistas no somos infalibles, podemos errar, pero también podemos y debemos corregir. No hacerlo es sumarle otro error, como he insistido en columnas anteriores referentes a este mismo asunto de la Fe de errores.
¿A quién corresponde corregir los gazapos? En primer lugar el autor del texto informativo debe escribirlo correctamente. Es también función de los editores y macroeditores, quienes deben darle el último chequeo antes de la publicación Y también compete a los lectores. Muchos hacen un gran aporte cuando detectan los errores y nos envían sus críticas y comentarios.
En este orden de ideas les reitero la invitación a las audiencias para que nos ayuden a mejorar la calidad del periódico.

“Eres lo que escribes…”

Con frecuencia recibo quejas por el lenguaje ofensivo, agresivo y de odio que se emplea a veces en los comentarios y mensajes de las redes sociales y del el foro de lectores.
Es una realidad que preocupa. Las expresiones agresivas van desde la burla hasta el lenguaje de odio usado abusivamente para lastimar a otras personas por motivos raciales, de sexo y de credos religiosos e ideológicos y aún por condiciones socioeconómicas.
Estos mensajes se reproducen exponencialmente por acciones de aprobación complaciente, irreflexiva y aún cómplice, cuando se trata de un comentario difamatorio o injurioso.
A veces surgen voces que van en contravía de las expresiones inmoderadas que reclaman argumentos en vez de frases irracionales y mal expresadas.
La libertad de expresión es uno de los derechos más valiosos conquistados por la humanidad y consagrada en el universo de las normas que rigen a los ciudadanos de todas las latitudes. Solo hay un límite: el de los demás derechos humanos.
El derecho a insultar no existe. Además es una salida falsa de quienes quieren interactuar sin ideas ni argumentos.
Suplantar la identidad o usar un seudónimo para agredir y disparar palabras desde la trinchera del anonimato es un delito. Un acto tan cobarde como quien tira la piedra y esconde la mano, en vez de dar la cara y expresar libremente sus juicios sin menoscabar el buen nombre y reputación del otro.
No hay justificación para revelar intimidades o echar al vuelo rumores y prejuicios alejados de la verdad. Hacerlo, trasgrede el derecho a la intimidad y honra de las personas.
Burlarse de alguien y discriminarlo por cual causa son conductas infames que atentan contra la dignidad de las personas y pueden ser castigadas con “el precio del dolor”.
Más allá de ponerle lupa legal a estos excesos de intolerancia y desenfreno verbal o de complacencia irreflexiva, que encajan perfectamente en los tipos penales de los códigos, urge una acción colectiva que desestimule las expresiones insultantes y aliente la argumentación.
El mundo de hoy, que no se explicaría sin las redes sociales, tan involucradas en la vida personal como en la de los medios de comunicación. Si se utilizan para molestar, maltratar, calumniar e injuriar, la conducta de los autores oscila entre la de un incivil y la de un transgresor.
“Eres lo que escribes, eres como escribes”, es una frase afortunada que debe trascender el cuidado del lenguaje y la corrección idiomática que usa el autor en sus tuits y comentarios.
EL COLOMBIANO acaba de lanzar una campaña (#HablaDeTI), en Twitter, Facebook y Youtube (Las redes sociales hablan de quien las utiliza, reportaje de Marcela Vargas Aguiar, publicado el 31 de enero, página 33). La reflexión tiene el propósito de enriquecer la interactividad de las audiencias y desanimar la intolerancia y la comunicación violenta a través de las redes.
La explica la directora Martha Ortiz Gómez: “El periódico cree en las redes sociales y en el debate pero quiere promover que se haga con respeto y argumentación. Colombia ha tenido suficiente intolerancia y violencia, si queremos evolucionar a un país en paz, contemporáneo y democrático debemos elevar el nivel de nuestras conversaciones para que de ellas salgan conclusiones relevantes, y que podamos construir tanto desde los acuerdos como desde los desacuerdos”.
Creo que la interacción, a través de las redes sociales y del foro de lectores, compromete también el esfuerzo de formar audiencias activas y responsables, que participen y actúen de manera inteligente, tolerante, cívica, correcta y civilizada.

Lecciones de un plagio (2)

Esta reflexión continúa las consideraciones de la columna de la semana pasada sobre las lecciones que deja un plagio, referida al caso de la copia del artículo publicado por The New York Times, en el que incurrió la editora internacional de EL Colombiano, Diana Carolina Jiménez Bermúdez y que descubrió y alertó la lectora y suscriptora María Cecilia Mejía Jaramillo.
El trabajo en las áreas de información internacional de los periódicos requiere sumo cuidado por parte de los periodistas que recogen, analizan, contextualizan, verifican y contrastan informaciones de distintos sitios, autores y fuentes.
“El Colombiano cuenta con varias agencias internacionales con las que se contrató el envío de información. Se trata de las agencias AFP (fotografías y videos), Reuters (textos y fotografías), EFE, (textos), AP (textos, fotografías e infografías) y a nivel nacional tenemos contrato con la agencia Colprensa (fotografías, textos, infografías y videos)”, explica Gustavo Gallo Machado, macroeditor de Actualidad encargado.
Y agrega: “Las agencias internacionales las usamos como un insumo más, pues ellas nos entregan información a la que no tenemos acceso por no estar en el país donde salió la noticia, o porque no fue posible hablar con las fuentes inicialmente planteadas. De acuerdo con el Manual de Estilo de El Colombiano, se debe citar la agencia que nos envió la información y respetar las fuentes que están en el despacho informativo. Además el periodista firma la noticia para darle mayor transparencia a la información y asumir responsabilidades. Si está fuera del país cubriendo una noticia, al lector se le aclara que fue Enviado especial a ese territorio o país”.
El plagio es una conducta antiética. Así lo revelan todos los códigos de ética del periodismo. Uno de ellos, el de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico lo expresa con claridad y sencillez: “Canon 11: La firma o crédito del o la periodista debe ser emblema o marca de garantía de que la noticia, escrita o gráfica, ha sido trabajada con esmero, honestidad y diligencia. La firma o crédito no debe aparecer, por lo tanto, cuando el periodista sólo ha editado o ligeramente modificado una información o fotografía suministrada o cuando el periodista exija que se suprima su firma. El plagio es inaceptable”.
El acopio de datos que realiza el periodista en su labor investigativa lo obliga a respetar las fuentes y la autoría por razones éticas y legales, primero éticas.
En este lamentable caso se rompió la conducta honesta al apropiarse de las palabras, las frases y los párrafos de otro autor, sin citarlo ni darle el crédito a la publicación.
El plagio es uno de los errores más graves que puede cometer un periodista porque destruye la credibilidad, su principal patrimonio. Y de paso deja mal trecha la del medio de comunicación.
Atribuir, citar la fuente, a menos que se pacte su reserva, es elemental. El lector tiene derecho a conocer quién dice qué para poder formarse un juicio sobre la calidad de la información. Se irrespeta a los lectores porque se publica como original lo que es periodismo de segunda mano, es decir que se apropia de la creatividad y el esfuerzo del autor original, en todo o en parte.
Además, plagiar la obra de otro viola el principio de veracidad y deshonra a quien así actúa.
Queda la gran lección de que solo el juego limpio del periodismo garantiza la credibilidad. Que las audiencias tienen derecho a recibir información veraz, imparcial, responsable y transparente. Y que como María Cecilia Mejía Jaramillo, los lectores nos pueden ayudar a mantener la credibilidad y a mejorar la calidad.