Las nuevas posibilidades de interacción de la página web

Los lectores de la edición digital de El Colombiano pueden acceder a las nuevas oportunidades de interacción que permiten los cambios que presenta hoy la página web, los cuales se suman a la mejor usabilidad y los novedosos recursos que ofrece. A estos últimos asuntos me referí en las dos columnas anteriores.
Considero que es importante tener en cuenta que “Los portales podrán contener espacios para que los usuarios interactúen o participen en secciones de comentarios, foros de discusión, propuesta de contenidos noticiosos, preguntas o discusiones en línea en aquellos casos en donde se hagan entrevistas o reportajes streaming, blogs, redes sociales entre otros. En general espacios en donde se pueda compartir contenidos”, según explica el periódico.
Al final de cada contenido informativo o de opinión el lector encuentra tres opciones, Comentarios, que es el foro de lectores, para discutir y opinar sobre el contenido, y los nuevos espacios: reporte un error y agregar información.
El comentario puede ser compartido a través de las redes sociales, marcar como favorito y ordenar según varios criterios.
Reportar los errores, ortográficos, gramaticales o semánticos, así como las imprecisiones y equivocaciones de cualquier naturaleza, contribuye a mejorar la calidad de la información. Aquí el lector encuentra un formulario que le pregunta por el error y por cómo lo escribiría.
Agregar la información es otra de las novedades. El periódico invita a la colaboración de los lectores para que aporten la información que poseen o los indicios de ella con el fin de continuar la investigación periodística. Es fácil agregar archivos documentales y se garantiza la reserva de la identidad y de la fuente.
“Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema”, convoca el periódico.
El manual de términos y condiciones que se encuentra al final de los contenidos, en el área de interacción, es un documento detallado que invito a leer porque regla las relaciones de El Colombiano con sus audiencias, usuarios y clientes.
Allí se encuentran definiciones, procedimientos y aspectos éticos y legales que es conveniente conocer para que las audiencias tengan claridad sobre los derechos y deberes.

Cambios en la edición digital generan nuevas obsrvaciones

Los cambios que realizan los medios de comunicación motivan  todo tipo de reacciones. El lector Carlos Alberto Lizarazo Lozano encuentra diferencias en los contenidos de las ediciones digital e impresa y sostiene que “…no me ha gustado su nueva página, pienso que enreda al lector y no se muestra tan amigable como lo era antes…”.
En su comunicación el lector Ricardo Hernández Ríos dice: “En su nueva edición digital todo está espectacular, nos permite navegar a modo de explorador. Muy buenos los recursos utilizados para esta mejor presentación. Muy buenos los vínculos multimedia para ampliar la información. De verdad se nota demasiado que pensaron en nosotros, su audiencia. Les aseguro que pronto ganarán un premio Internacional…”.
Juan Bautista Arboleda expresa: “Me gustan los cambios en el portal de El Colombiano. Todos son positivos porque la anterior página era muy deficiente y en esta navego con facilidad y encuentro información que antes no la tenía. En una palabra ganamos los lectores…”.
Estos son algunas de las observaciones recibidas la última semana, que se suman a las reacciones de crítica, sugerencia y felicitación que han dirigido las audiencias desde el primer día de los cambios.
Al respecto, Diego Alexander Agudelo Gómez, macroeditor digital comenta: “Con la aspiración de tener un sitio divertido, que asombre al lector, se diseñaron módulos que hacen énfasis en el impacto visual sin olvidar crear un entorno que permita la jerarquización oportuna de las noticias. Pero también se buscaba construir toda una estrategia que permitiera destacar a El Colombiano en el universo digital a partir de contenidos multimedia de alta calidad que conquistaran a la audiencia y además la motivara a compartirlos en sus redes sociales.”.
En la última columna me referí a los atributos de dichos cambios. Sin embargo, vale la pena hacer énfasis en los contenidos visuales y multimedia, los cuales han evolucionado en El Colombiano y en general en los medios de comunicación.
Las posibilidades de interacción también han tenido un desarrollo interesante. A ellas me referiré en la próxima columna.
Nuevamente invito a los lectores a conocer en forma detallada la evolución que ha tenido la edición digital de El Colombiano y a que nos envíen sus comentarios y sugerencias sobre dichos cambios.

Reacciones de los lectores a las novedades de la edición digital

En las dos últimas semanas he recibido numerosos comentarios de los lectores por los cambios en la página web. Algunos cuestionan, preguntan o señalan dudas y otros expresan felicitaciones por las novedades de la edición digital.
Martha Ortiz Gómez, directora de El Colombiano, dice en el editorial del 14 de noviembre: “A partir de mañana, como resultado de dos años de trabajo, nuestra audiencia podrá disfrutar de una nueva página web que conserva la esencia, credibilidad y periodismo de El Colombiano pero que se materializa en una experiencia multimedia impecable y deliciosa para la audiencia”.
Añade: “De esta evolución pueden esperar más oferta periodística gracias a textos enriquecidos con elementos y vínculos multimedia, una jerarquización de la información más clara, mejor navegación temática, impacto visual, un interesante acordeón por asuntos, amplio diálogo con las redes sociales, un motor de búsqueda inteligente, canales especializados y velocidad optimizada, entre otros”.
“Es una propuesta viva que hoy queremos presentar con humildad e ilusión, pues sabemos que siempre podrá mejorar y estamos dispuestos a vivir con ella ese viaje que significa para El Colombiano nunca dejar de soñar con ir más allá”, concluye.
Y Diego Alexander Agudelo Gómez, macroeditor digital sostiene: “El nuevo diseño de El Colombiano es el resultado de un riguroso trabajo de investigación y desarrollo que se llevó a cabo en el Ecolab, el laboratorio de innovación de El Colombiano. Basados en las nuevas tendencias de los medios en el entorno digital en cuanto a diseño, funcionalidades y estrategia de contenidos, se planteó una web versátil, que nos permite tener una redacción convergente en la que todos los periodistas pueden enriquecer sus contenidos y contribuir para ampliar su efectividad en la red”.
Pienso que la nueva página web es un salto en la búsqueda de una mejor presentación y sobre todo de una mejor información para todas las audiencias.
La edición digital tiene una apariencia renovada: ofrece información actual, con más contexto, concisa, con énfasis gráfico, seria y responsable. Más posibilidades de navegación porque su estructura sugiere ampliar y profundizar las informaciones y las opiniones, gracias a los nuevos recursos incorporados, a la estructura limpia y lógica.
A medida que naveguemos podremos descubrir los atributos de la nueva web.
Estamos prestos a recibir los comentarios y observaciones.

El control de calidad de la información

El uso adecuado y correcto del lenguaje es vital para el periodista por su alta exposición ante las más variadas audiencias. “Los periodistas no hablan peor ni mucho menos que el resto de la población, pero tienen mucha responsabilidad y se les debe exigir, dado que son una parte importante en el desarrollo de la lengua”, afirma Joaquín Müller-Thyssen, director de la Fundación Español Urgente, Fundéu.
El control de la calidad de la redacción debe ser ejercido por todos: periodistas, editores y medios de comunicación. La publicación debiera hacerse cuando se obtenga el respectivo certificado. Los vistos buenos de los editores y macroeditores, aun en medio del fragor que produce la palpitante actualidad, deben ser señal de certeza y responsabilidad.
Además de las correcciones de ortografía, concordancia, semánticas y simples erratas los editores deben leer los textos de los periodistas para mirar si cumplen los requisitos de veracidad, pluralidad y demás principios del periodismo.
Algunos medios de comunicación han establecido el lector invisible que detecta errores e incoherencias para lograr la calidad que se merecen las audiencias. Revisar, analizar, proponer y acompañar al autor son funciones permanentes de los editores. Deben ser agentes de cambio del control de los errores y líderes de la difusión pedagógica para evitar la repetición de las equivocaciones.
Quizá por no revisar el original en el proceso de edición se publicó incompleta la columna del pasado 17 de noviembre. Esta es la corrección pertinente.
El comentario íntegro del lector Eduardo Aristizábal Peláez es el siguiente: “El periodista debe tener mucho cuidado con el significado de las palabras, pero especialmente cuando los términos son jurídicos. Hemos leído o escuchado frases como: le aprobaron la demanda a Juan Sin Miedo. El receptor, también, equivocadamente, interpreta además que Juan Sin Miedo ganó la demanda que había instaurado. Y lo que en realidad sucedió fue, que la demanda presentada cumplió con todos los requisitos legales y constitucionales que todo proceso tiene que cumplir. Si utiliza el término exacto, sería: le admitieron la demanda o en caso contrario, la inadmitieron, pero no hay ningún pronunciamiento del juez, que a esas alturas, ni siquiera ha recibido el documento”.
Nuestras excusas a Aristizábal Peláez y a los lectores.

De la calidad de redacción depende la credibilidad

A una nueva reflexión obligan los nuevos comentarios de los lectores sobre las últimas columnas referidas a la sección Fe de errores.
Tras señalar errores frecuentes en El Colombiano, el lector David Correa  Roldán dice: “…desearía mayor pulcritud en el material de cada edición, en especial, en los artículos de los periodistas de planta. Se trata de un medio que ejerce gran influencia en buena parte del país y que tiene por ello mismo una responsabilidad pedagógica…”.
Un lector anónimo manifiesta: “¡Sin palabras!… Definitivamente se queda uno… ¡sin palabras…!!!”, al detectar un notable error de ortográfica en un texto sobre literatura.
Y otro lector, Eduardo Aristizábal Paláez, expresa: “El periodista debe tener mucho cuidado con el significado de las palabras, pero especialmente cuando los términos son jurídicos. Hemos leído o escuchado frases como: le aprobaron la demanda a Juan sin Miedo. El receptor, también, equivocadamente, interpreta además que Juan sin Miedo ganó la demanda que había instaurado.
Añade: “Y lo que en realidad sucedió fue, que la demanda presentada cumplió con todos los requisitos legales y constitucionales que todo proceso tiene que cumplir. Si utiliza el término exacto, sería: le admitieron la demanda o en caso contrario, inadmitieron, pero no hay ningún pronunciamiento del juez, que a esas alturas, ni siquiera ha recibido el documento”.
Sean Coughlan, escritor de artículos de educación en BBC, anota que Charles Duncombe, un empresario de internet, asegura que la mala ortografía le cuesta millones de libras al Reino Unido: “…un análisis de las cifras de un sitio web con faltas de ortografía reveló que esto puede reducir las ventas en línea hasta en 50%.”.
De la calidad de la redacción dependen la credibilidad que le otorgan las audiencias a los medios de comunicación y a sus periodistas y, como anota Coughlan, también la confianza de los consumidores a la hora de comprar.
La calidad de la redacción es la mejor carta de presentación que tiene un periodista. Se nos exige el dominio del lenguaje como una de las primeras cláusulas de la responsabilidad social.
El reto de escribir bien aumenta en estos tiempos de internet, porque la inmediatez compite con el rigor, pero, a la vez, la red permite resolver al instante una duda ortográfica, semántica o de otra índole con un solo clic.

Los lectores opinan que la columna fe de errores requiere más compromiso

Varios lectores me enviaron comentarios sobre la penúltima columna, 27 de octubre: Día de la corrección, para manifestar sus opiniones sobre la sección Fe de errores que el periódico publica para rectificar y aclarar las equivocaciones.
La lectora Ofelia Ramírez Orozco dice: “Felicitaciones a las directivas de El Colombiano por las notas de Fe de errores. Yo las leo siempre y me parece que reconocerlos los errores nos da confianza en sus periodistas”.
El lector Michel Taverniers, uno de los más asiduos colaboradores expresa: “La falta de rigor en algunas noticias le quita seriedad y confianza en el periódico. Más que los descuidos ortográficos o de puntuaciones, me llaman la atención, equivocaciones geográficas, históricas y de nombres que denotan ligerezas y despreocupaciones en la búsqueda de la excelencia por parte de algunos periodistas. Lo importante, como lo señala usted, es no repetir las faltas continuamente como, por ejemplo, el mal uso de los porqués o de los kilómetros cuadrados. Sé que la mayoría de los lectores no se dan cuenta de estas imprecisiones (o no les importan), que ponen en duda la credibilidad del periódico”.
Añade: “Errores recientes se hallaron en el nombre equivocado del presidente de Nigeria, en la ubicación errónea de la ciudad de Reus, en la inclusión errada de los Ardennes belgas a los Países Bajos y, últimamente, la captura de Marquitos en un lugar inexistente de la frontera colombo brasileña. Aunque incompleta, saludo, como usted, la nueva publicación de la sección diaria Fe de errores”.
Y concluye: “… quisiera insistir en el hecho de que la cancelación de los cursos de historia y geografía en los colegios en los años 80 por reemplazarlos por ‘sociales’ dio como resultados generaciones de bachilleres incultas en ambas materias”.
El lector Carlos Gaviria Zuluaga manifiesta: “Me parece importante la publicación de la columna Fe de errores, pero siento que falta rigurosidad en la detección de los mismos. Da la impresión de que se hace por cumplir algún requisito de la Dirección, no de otra manera se explica que diariamente queden faltando tantos por señalar, incluso más significativos que los publicados”.
Sobre la determinación de corregir los errores e imprecisiones estoy muy de acuerdo con Josep Rovirosa, Defensor del lector de La Vanguardia: “…responde a un compromiso ético con el lector que no tiene que ser omitido bajo ningún concepto”.

27 de octubre: Día de la corrección

El 27 de octubre es el Día de la corrección. La fecha fue acogida por la Unión de Correctores, Unico, entidad española fundada en 2005 que agrupa a los correctores y que realiza cada año un congreso internacional para debatir asuntos relativos a la corrección idiomática y de estilo en los medios de comunicación y en general en la industria editorial.
La ocasión es propia para animar una nueva reflexión. Primero para agradecer a los lectores que diariamente nos llaman o envían por correo electrónico sus críticas y señalan imprecisiones y errores en las informaciones. La participación de las audiencias en estos casos es vital para mejorar la calidad del periódico. También, para reconocer la labor de nuestros correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López.
Considero que los errores no debieran producirse, pero también es cierto que es humano errar. Lo que no tiene explicación razonable es que un error se repita, quizás por la falta de un sistema de gestión y control de calidad en la sala de redacción que lo impida.
En decisión acertada la dirección de El Colombiano ordenó desde inicios del año la publicación de la sección diaria Fe de errores, tal como lo hacen los diarios más importantes del mundo. The New York Times dice, por ejemplo que: “reconoce una responsabilidad ética de corregir todos los errores de hecho, grandes y pequeños”.
Y lo cumple hasta el extremo. El reportaje de David D. Kirkpatrick, publicado por este diario, fechado en Bengasi, Libia, fue corregido el día siguiente así: “Corrección: 19 de octubre 2012. Una versión anterior de este artículo identificó erróneamente la bebida que Ahmed Abu Khattala estaba bebiendo en el hotel. Fue un frappe fresa, no jugo de mango, que es lo que había ordenado.”.  http://www.nytimes.com/2012/10/19/world/africa/suspect-in-benghazi-attack-scoffs-at-us.html?pagewanted=all&_r=0

Las correcciones, ya sean tipográficas, gramaticales o de estilo, corresponden a una determinación dispuesta por el Manual de redacción para garantizar el periodismo veraz, ético y responsable.
Pienso que aun hace falta la publicación de la Fe de errores en la edición digital, que se corrijan los artículos y se agregue una nota que aclare la modificación. Y por supuesto, que se adopte una iniciativa pedagógica que mejore las competencias de los periodistas en lo que respecta a la corrección idiomática.
El lector se merece un periódico de calidad, legible y sin errores. Una meta que se logra con el apoyo de todos, lectores y periodistas.

Ébola: rigor informativo y responsabilidad

La observación del lector Juan Esteban Gómez, que animó la última reflexión, sumada a otras inquietudes que recibí esta semana, motiva este nuevo análisis sobre cómo informar sobre el virus del Ébola.
En los últimos días ha fluido más información en los medios colombianos e internacionales. En general, se aprecia un esfuerzo por comunicar con rigor y con la asesoría de fuentes médicas y científicas.
Aunque a veces nos vemos obligados a salvar escollos porque algunos médicos y científicos miran con recelo a los medios y a los periodistas, acusándolos de trivializar, vulgarizar, los conceptos hasta el punto de distorsionarlos o incluso desinformar.
La desconfianza quizás se funda en el riesgo de hacer un periodismo sensacionalista que busca mayor cuota de audiencia sin importar la magnitud y gravedad de la emergencia sanitaria, muchas veces con violación de los derechos de los pacientes.
En la relación con los organismos de gobierno también surgen peligros porque según se ha visto en algunos países el tema del virus del Ébola se contamina con posturas políticas o choca con funcionarios inexpertos e ignorantes que en vez de informar, confunden, ocultan y alarman.
Se han advertido, de igual manera, obstáculos al derecho de libre acceso a la información. “El miedo que las autoridades sentían al principio por la magnitud de la epidemia dio lugar a intentos contraproducentes de censurar los medios de comunicación”, destaca Cléa Kahn-Sriber, responsable de Reporteros Sin Fronteras para África.
No obstante, el periodismo responsable se concentra en buscar la veracidad de los hechos, mantener el rigor en el proceso de averiguación y confrontación de los datos y en contribuir a la educación para evitar el contagio y superar la crisis.
Para ello es preciso un clima de confianza y respeto entre los medios y las fuentes, ya sean científicas o gubernamentales, y entender que el periodista trabaja para la gente.
Siempre habrá medios responsables y periodistas amarillistas, igual que redes sociales que distorsionan y se burlan del dolor ajeno. Pero las audiencias seguramente optarán por el periodismo honesto, serio, útil, ético y de calidad.
BBC, por ejemplo, además de informar sobre el virus del Ébola por radio, televisión y todos sus servicios digitales de su web, estableció un canal informativo y educativo a través de Whatsapp con mensajes diarios de orientación a la población de los países afectados.

Informar sobre el ébola

El lector Juan Esteban Gómez dice: “En mi universidad debatieron sobre el ébola: el profesor explicó que los medios informan poco sobre esta enfermedad que se extiende ya a otros países. Le pregunto qué deben hacer los periodistas para informar lo que está ocurriendo en África y lo que puede presentarse en otros países…”.
Hasta ahora no se han registrados casos de la enfermedad del Ébola en Colombia, pero siempre hay un riesgo de contagio. Me parece pertinente la inquietud del lector porque en igual sentido recibí observaciones de otros lectores y periodistas.
Quizás lo primero que hay que considerar es que el ejercicio del periodismo responsable es clave para evitar alarma, desinformar y no violar los derechos humanos de los pacientes.
Por estos días España polemiza por el tratamiento que las autoridades sanitarias y gubernamentales le han dado a los casos registrados, particularmente el de la auxiliar de enfermería Teresa R. También los medios de comunicación han sido cuestionados por revelar el nombre y los apellidos de la paciente, lo cual es considerado inapropiado; por la información docudramatizada sobre la familia y hasta de la mascota de la enferma, y por el asedio periodístico y la divulgación de una noticia falsa sobre su muerte en una cadena de radio.
Los lectores esperan información verdadera, oportuna y responsable. La Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), llamó la atención de los periodistas y los invitó a realizar un cubrimiento conforme a la metodología y normas éticas de la profesión:
1. Ofrecer una información rigurosa y contrastada.
2. Evitar los bulos, los rumores y la especulación.
3. Seleccionar fuentes expertas, suficientemente acreditadas desde el punto de vista técnico y clínico como portavoces.
4. Respetar la intimidad de los afectados, de su familia y de su entorno.
5. Poner profesionales especializados en salud al frente de la información de esta crisis.
En estos casos de salud pública se presentan dificultades que debe sortear el periodista. Tanto en Guinea Conacry, en donde se presentó en marzo este nuevo caso del virus del Ébola, que hoy se ha convertido en una epidemia incontrolada, como en Liberia, los gobiernos han puesto trabas al libre acceso de medios y periodistas. Esta actitud, quizás tomada por las publicaciones erróneas, sensacionalistas e indignantes de algunos medios, atenta contra el derecho de información y la libertad de expresión.

La ética también preocupa a los lectores

De varias comunicaciones recibidas sobre el asunto de la ética periodística, tema de reflexión en las últimas columnas a partir de las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos, considero de interés publicar algunas de ellas.
En primer lugar el lector Albeiro de Jesús Quintero dice: “…como suscriptor de tan importante diario, he leído un artículo este 22 de septiembre donde se invita a la prensa hablada y escrita y a los diferentes medios de comunicación, a tener ética en la información”.
Se pregunta más adelante: “Cuánto daño irreparable se le hace a una persona o institución cuando no se confirma con la fuente la llamada “noticia”, pero más grave me parece que, después de saber la real verdad, no se dan a la tarea de corregir e informar masivamente como lo hicieron al publicar la falsa noticia. Personalmente y muchas personas, hemos sido afectados por los medios de comunicación que desinformaron a la opinión pública, con mentiras inventadas por personas inescrupulosas. La lectora Juliana María Hoyos tiene mucha razón en su apreciación,,, los periodistas deben de respetar y tener ética y ser profesionales en la información antes de publicar la noticia”.
El lector Eduardo Aristizábal anota: “Excelente la nota de hoy. Puede ser un juego de palabras, pero a mi me gusta hablar de la ética condición del periodista de calidad, teniendo en cuenta que la ética es de la persona. Claro que el efecto es el mismo de acuerdo al título original. Y finalmente, hay una frase lapidaria y definitiva que me gusta mucho: ‘para ser buen periodista, hay que ser buena persona’. Lo anterior porque ser buena persona conlleva muchas condiciones de tipo también ético”.
Y, en una carta a la directora, publicada el 24 de septiembre, página 23, el lector Óscar Ossío Uribe pregunta: “¿Cuál es la ética que se debe enseñar a los estudiantes de Comunicación Social y Periodismo y que debería imperar en los medios para evitar la explotación sexual (así sea visual) del cuerpo de la mujer?”.
La ética periodística preocupa y afecta a los lectores. El periodismo ético, de calidad, exige los mayores estándares de veracidad, honradez profesional, independencia, interés público sobre el interés particular, respeto a la intimidad y demás derechos personalísimos, el respeto por el secreto y altas dosis de humildad y responsabilidad social.