¿Grados centígrados o grados Celsius?

La reflexión de la semana pasada sobre El lenguaje de los medios de comunicación motivó diferentes reacciones entre los lectores.
Una de las comunicaciones recibidas, la de Lisandro Mesa O., dice: “Me llama la atención esta frase en relación a los errores: “Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen” y quisiera hacer una reflexión al ejercicio que describo a continuación; favor ingresar a la página web del diario, diríjase al buscador de noticias y escriba por ejemplo: “grados centígrados”, obtenemos 789 resultados, tenemos por ejemplo cuales y cuantos columnistas han cometido el gazapo (15), también observamos cual es el año donde más se cometió el error (2014 con 127), cuando fue la última vez que se cometió el error (22/04/2016)…”. Esta consulta, en el buscador de El Colombiano, corresponde a los años posteriores a 1970.
Y añade más adelante: “… y más que molestia la sensación es de tristeza, el ejercicio se puede repetir con “grados Richter” o cualquier otro gazapo en el que cae el periodismo escrito y las estadísticas no dejan de sorprender. Hay algo que me sorprende todavía más: el Manual de estilo y redacción de El Colombiano en su página 58, capitulo 3.8 al hablar de Temperaturas: “Las temperaturas se darán siempre señalando los grados y su respectiva unidad de medida. Así: Medellín tuvo ayer una temperatura de 37 grados centígrados. Recuérdese que existen otras referencias, como grados Celsius (equivalente a centígrados)…”.
Tiene razón el lector Mesa: El Diccionario de la Real Academia explica que “el uso del grado centígrado está obsoleto en el ámbito científico”.
Ahora se dice grados Celsius. Esa es la recomendación, aunque se advierte el uso generalizado de grados centígrados. Considero que el periodismo debe optar por la corrección idiomática para que todos los lectores, de todas las latitudes, pueden comprender la información.
Propiedad y precisión son dos atributos del lenguaje. Explica Wikipedia que “Anders Celsius definió su escala en 1742 considerando las temperaturas de ebullición y de congelación del agua, asignándoles originalmente los valores 0 °C y 100 °C, respectivamente (de manera que más caliente resultaba en una menor temperatura)”.
Esta escala para medir la temperatura pertenece al Sistema Métrico Internacional adoptado por casi todos los países del mundo desde 1960.
Sobre la referencia al Manual de estilo y redacción de El Colombiano considero que debe ser corregido y actualizado en su próxima edición porque ya no se debe escribir más grados centígrados sino grados Celsius. Se advierte que en otros países las temperaturas están dadas en grados Farenheit.
Es oportuno señalar que el símbolo establecido internacionalmente es °C, que consiste en un pequeño círculo seguido sin espacio de la letra C. Se deja un espacio entre la cifra y el símbolo: 23 °C, según lo aconseja la Fundación Español Urgente, Fundéu.
El lector Juan Crisóstomo Jiménez también comentó el tema: “…Está bien que se busque escribir bien, pero veo que algunos lectores son más papistas que el papa y todo lo critican…”.
Pienso que los periodistas no somos infalibles. Nos equivocamos como cualquier persona, pero tenemos la responsabilidad de escribir bien, correctamente. Alex Grijelmo, periodista y escritor español dice: “…quien no reconoce el error, no mejora”.
Seguramente la discusión no termina aquí…Mientras tanto, mi gratitud y la del periódico a quienes nos envían sus críticas.

Discrepancias por el número de personas que marcharon

Hoy continúa la reflexión sobre ¿cuántas personas marcharon el pasado 2 de abril en Medellín? Recibí nuevos comentarios sobre la columna del pasado domingo y también sobre el cubrimiento periodístico de la marcha del Centro Democrático.
El lector José María Ospina dice: “Por qué tanto alboroto por una cifra imposible de determinar. ¿A quién le interesa ese dato tan preciso…?”.
El lector Bernardo González White escribe: No me quedó muy clara la teoría del ingeniero consultado sobre la asistencia a la marcha del 2 de abril. En un área de 25.000 metros cuadrados ubica 4 personas por metro cuadrado, o sea un total de 100.000 cristianos”.
Y precisa más adelante: “Ocurre que la marcha fue como una marea, en movimiento, y se sumaban personas en diferentes sitios… Salí un poco antes de las 10 de la mañana y la cabeza de la marcha llenaba la avenida La Playa desde el Teatro Pablo Tobón Uribe hasta la carrera Córdova. Continué todo el recorrido hasta llegar al Parque de las Luces y regresé por la Oriental, La Playa, hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe y aún salía gente…”.
“Si esos 25.000 metros cuadrados fueron ocupados al menos dos veces por los manifestantes, creo que el cálculo de 200.000 manifestantes no es exagerado. (La más nutrida y ordenada manifestación que he visto en muchos años). Y eso que el “pueblo, pueblo” y la clase obrera no estuvieron presentes”, concluye.
Otro lector, Francisco Mora C. sostiene: “. Le hice un cálculo similar a un amigo. Pero, recuerde, que él área del recorrido no estuvo permanentemente llena. Por la misma dinámica de la marcha. Una cosa es una marcha y otra una manifestación”.
Añade: “De todos modos mi cálculo lo hice en base en unos 2.000 metros entre el Pablo Tobón y el parque de Cisneros. Un promedio de 15 metros de ancho, no se ocuparon las vías en su totalidad. Son 30.000 metros cuadrados y dos personas por metro cuadrado para poder caminar tranquilamente. Son 60, 70 u 80 mil personas. El cálculo en el país son 600.000 manifestantes. De 8 millones de electores uribistas y unos 6 millones de santistas aburridos, según el Centro Democrático, unos 14 millones, no sé francamente porqué le hacen tanta fiesta a las marchas…”.
Considero que está claro que si hay métodos matemáticos para calcular el número de participantes en una marcha. Y lo lógico es que el lector lo sepa aunque es un compromiso complejo para el periodismo.
Vale la pena precisar que el estimativo del ejercicio desarrollado por el Ingeniero de Sistemas de Información Geográfica corresponde a un momento dado. Puede variar si hay marchantes por fuera del polígono definido, es decir, si aún hay manifestantes sin salir del punto de inicio cuando la cabecera de la protesta ha llegado al Parque de la Luz, la meta.
O al contrario, si hay espacios dentro de la marcha que alteren la densidad de cuatro personas por metro cuadrado también varía el cálculo matemático.
Para un partido político los números son importantes, aunque con certeza solo valen los guarismos electorales, los demás son cálculos y estimativos que ofrecen esta clase de discrepancias.
Pienso que para los organizadores es vital medir el poder de la convocatoria que expresó el malestar social de un número significativo de ciudadanos. La marcha es un símbolo de triunfo o fracaso y por esta razón es evidente el debate entre quienes la minimizan o la maximizan y entre quienes se obsesionan por una u otra cifra.

¿Cuántas personas marcharon el 2 de abril?

Varios lectores me enviaron mensajes y llamaron para quejarse por la información publicada el domingo pasado sobre la marcha organizada por el Centro Democrático para expresar el malestar de un sector de la ciudadanía con políticas del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Los comentarios procedentes servirán para la reflexión autocrítica en la sala de redacción.
Los periodistas que hicieron el cubrimiento consultaron dos fuentes para tener el dato sobre el número de asistentes a la marcha: la alcaldía lo estimó en 80.000 marchantes y los organizadores en 250.000. Este dato indignó a varios de los lectores que solo miraron el primero.
Los periodistas no hicieron cálculos, pero como ocurre con frecuencia en la información política, los simpatizantes ven las cosas diferentes a los opositores.
Consulté un profesor e investigador universitario para que hiciera un ejercicio de cálculo, basado en operaciones matemáticas y me envió el siguiente documento que establece el estimativo máximo de participantes, si la marcha fue densa en todo el recorrido:
– Para determinar el número de asistentes a una marcha, se debe calcular el área del recorrido, para luego determinar la densidad de personas.
– Para realizar este cálculo vamos a utilizar una herramienta disponible de manera gratis para cualquier persona: Google Earth (https://www.google.com/earth/).
– Luego de abrir el programa, nos ubicamos en la ciudad de Medellín, específicamente en la zona donde se realizó la marcha del pasado 2 de abril.
– Con la herramienta de agregar un polígono, dibujamos este, desde el lugar inicial de la marcha (calle 51 – carrera 40), tomando la avenida La Playa en sentido Oriente-Occidente, hasta llegar al cruce con la Avenida Oriental (carrera 46) y a partir de este punto en sentido norte sur hasta el sector del Parque San Antonio (calle 45), en este punto se dirige hacia calle 44 (San Juan) y en sentido Oriente – Occidente hasta el Parque de las Luces).

marcha
– Calculando el área, da aproximadamente 25.000 m2 (metros cuadrados).
– Cuando una marcha tiene una densidad máxima y además avanza, se calcula que por metro cuadrado pasan 4 personas.
– Ahora, si hacemos una multiplicación, del área aproximada ocupada por la marcha, y suponemos que tuvo una densidad máxima:
25.000 m2 x 4 (personas) = 100.000 personas.
– En ese orden, y según los datos de este ejercicio, podemos tener máximo 100.000 personas en este tramo de la ciudad.
Hasta aquí el aporte del ingeniero de Sistemas de Información Geográfica, que prefiere reservar su nombre.
Este cálculo es usado por algunos periódicos, que lo publican junto a los informes de las autoridades y de los organizadores. El diario español El País, de Madrid, establece en su Libro de Estilo: “En las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el método utilizado…”.
Otras metodologías son más precisas: se toman fotografías aéreas de alta resolución que luego son ampliadas y con la ayuda de programas informáticos determinan a los asistentes y así los suman uno por uno.
Sobre este asunto del cálculo de manifestaciones estoy de acuerdo con la visión de Jessica Weiss, exeditora ejecutiva de The International Center for Journalists, Ijnet: “Informar sobre el tamaño de una multitud es un desafío que los periodistas de todo el mundo enfrentan al cubrir eventos como protestas o conciertos. Y los cálculos se vuelven aún más difíciles para los eventos políticos, ya que los bandos opuestos pueden convertir las estimaciones en herramientas de relaciones públicas”. (https://ijnet.org/es/blog/t%C3%A9cnicas-para-calcular-el-n%C3%BAmero-de-personas-en-una-multitud).

“ACORRALADA MEDELLÍN POR EL SMOG”

El título corresponde a uno de los 36 informes de la serie periodística sobre la contaminación de la ciudad, publicada por El Colombiano, en febrero y marzo de 1976.
Este asunto, que preocupa hoy como hace cuarenta años, motiva esta columna, para ampliar la respuesta al lector León Darío Giraldo J. y atender la inquietud, de la lectora Eugenia Montoya A.: “…¿por qué los periodistas no investigan más sobre el problema ambiental? Miren los comentarios de los lectores a los artículos que ustedes mismos han publicado. Hay denuncias de fábricas que contaminan, opiniones serias, ideas para el alcalde Federico, etc. Ahí están, con nombres propios…”.
En 24 horas más de 200 lectores expresaron sus juicios sobre las decisiones tomadas por el alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga para contrarrestar la emergencia ambiental.
El foro es un ejemplo de diálogo útil. Los comentarios expresan, además de las opiniones sobre dichas medidas, decenas de sugerencias y aportes para autoridades y ciudadanos.
Tiene razón la lectora: estas inquietudes deben servir para que los periodistas profundicen sobre los agentes y fuentes de contaminación y contribuyan a tomar conciencia ambiental.
Dos ejemplos ilustran la participación activa de las audiencias: Jotavelez dice: “Federico muy bien. Aún quedan medidas por tomar, qué vamos a hacer con los buses y camiones. Considero que igual que a las volquetas se les debe restringir su funcionamiento en ciertos días y horarios. Y en cuanto a horarios flexibles, que todas las instituciones privadas empiecen a trabajar a las 7:00 a. m., las públicas a las 8:00 a. m. y los colegios a las 9:00 a. m. Lo del tele trabajo está bien ojalá lo acojan los empresarios…”.
Androides sostiene: “Yo tuve un bus hace tiempos pero tengo algo que aportar, en las mañanas de 4.30 a. m. a 9.00 a. m. se sube al barrio y se baja el bus lleno y después de las nueve solo se cargan dos o tres pasajeros y así todo el día hasta las 5.00 p. m. que vuelve uno a subir la gente para el barrio. La empresa de buses nos obligaba a continuar quemando la gasolina en el tiempo muerto…”.
El esmog, que es un mal que aqueja a Medellín desde hace varias décadas, se ha vuelto peligroso en los últimos años: ha cobrado vidas y es visible el deterioro de la salud y la calidad del aire en toda la ciudad.
El tratamiento periodístico a este fenómeno debe ser riguroso y permanente, tal como está planteado en la columna del domingo anterior. Así lo reitera el periodista y escritor Javier Darío Restrepo cuando afirma: “El tema ambiental supone un cubrimiento integral. Con esto quiero decir que no puede limitarse a la reproducción de boletines o de entrevistas, sino que debe abarcar todos los temas conexos, puesto que esa conexidad es cada vez más compleja porque lo ambiental afecta o puede ser afectado por asuntos como la economía, la política, la planeación, el uso del tiempo libre, la acción de la justicia, las políticas sociales, etcétera. En cuestión ambiental todo está relacionado con todo, es un principio impuesto por la experiencia”.
Añade más adelante: “Esa afectación de lo ambiental, en activa y en pasiva, vuelve tan exigente el cubrimiento periodístico que la solución ideal en las redacciones es el trabajo en equipo, que permita una información integral. No se puede ignorar, so pena de incurrir en graves errores, que lo ambiental atraviesa todos los temas”. (Entrevista publicada en el libro de María Clara Valencia, Guía periodística Agenda Verde, Fundación Konrad Adenauer Stiftung, 2015: http://www.kas.de/wf/doc/18683-1442-4-30.pdf).

El rigor del periodismo medioambiental

El lector León Darío Giraldo J. dice: “…he leído en las últimas columnas sus respuestas a quienes vemos con preocupación el problema energético empeorado por el fenómeno del Niño y por el cambio climático. Soy docente y hoy quiero preguntarle a usted, señor defensor, cuál es la responsabilidad de un medio de comunicación en materia de medioambiente, ahora que todos los ciudadanos debemos interesarnos más por cuidar la naturaleza…”.
Ramiro Velásquez Gómez, periodista y columnista del periódico, especializado en temas científicos y medioambientales explica al respecto: “En cuanto a la temática medioambiental los medios están en el deber de informar sobre las acciones, afectaciones y medidas relacionadas con el sector, más hoy en día cuando es uno de los temas prioritarios para el bienestar individual y colectivo no solo en el presente sino a futuro”.
Añade: “No se pueden limitar a la información oficial, por lo general referida a determinaciones sobre una situación específica sino que deben contextualizar sobre el estado general de esa problemática, y tampoco pueden limitarse a la denuncia o inquietud ciudadana sin profundizar en ella, una denuncia que cobra mayor realce hoy por la conciencia ciudadana acerca de la protección al medio ambiente. El tema debe tener continua presencia en los medios por ser un asunto esencial”.
Quizá el título de periodismo medioambiental no es el más preciso, tampoco el de periodismo verde o ecológico. En realidad falta una especialización académica que lo acredite, incluso estos temas escasean en la bolsa de asignaturas de las facultades y programas de Periodismo y Comunicación.
Veracidad, rigor, contraste de informaciones, transparencia y responsabilidad social son los valores fundamentales del periodismo, independientemente de la naturaleza de los hechos que relate.
En asuntos sobre medioambiente es frecuente encontrar tonos subidos que crean cierto pánico o al menos alarma entre las audiencias. O bien, matices que copian las voces de calma, y aún de engaño, emitidas por autoridades gubernamentales o por otros agentes.
El periodismo debe informar sin palabras sensacionalistas ni frases apaciguadoras que desvían la atención o distorsionan la realidad de los hechos.
El reto consiste en consultar, además de los voceros gubernamentales y empresariales, a los académicos y a las personas afectadas para construir una información más completa y aproximada a la verdad.
Siempre ir más allá de la noticia escueta. Siempre ir al origen y a las causas. Profundizar, investigar los porqués y los impactos de una catástrofe o contingencia; explicarlos en términos sencillos; hacer pedagogía y orientar a la ciudadanía, y mantener la continuidad del tema, como lo describe Ramiro Velásquez Gómez.
Con respecto a las fuentes, insisto en la formalidad de oír a todas las partes, de preguntarles y repreguntarles y de buscar a los expertos para que traduzcan en un lenguaje más asequible y elemental los conceptos más técnicos y complejos.
Los periodistas encargados de los temas medioambientales tienen por delante el gran objetivo de formarse en asuntos como biodiversidad, huella de carbono, capa de ozono, desarrollo sostenible, recursos naturales, calidad del aire y del agua, contaminación, combustibles fósiles, energías alternativas, erosión, cambio climático, reciclaje y decenas de conceptos más. Este aprendizaje continuo le dará la solvencia profesional necesaria para informar con mejores estándares de calidad y de responsabilidad social.
Una frase final para alertar sobre la magnitud de contenidos tóxicos, interesados y distorsionantes que encontramos en internet al lado de otros valiosos, transparentes y pertinentes sobre el medioambiente, su gestión responsable y la formación de una opinión pública bien informada.

Bienvenidos a las publicaciones digitales

Tres lectoras se quejaron en los últimos días porque no pudieron acceder a publicaciones de El Colombiano a través de la web o porque tuvieron dificultades para registrarse o encontrar la información deseada.
La lectora Rosa Eugenia Ramírez pregunta: ¿Por qué la revista Nueva no aparece publicada o tardan muchos días en hacerlo? Soy lectora diaria de El Colombiano porque vivo en España y me interesa saber que está pasando en mi patria en donde viven mis familiares y amistades y ustedes tienen la información que busco…”.
También la lectora identificada como Adriana escribió varias veces en las últimas semanas: “¿Cuándo van a subir la revista Nueva del sábado 5 de Marzo a la edición digital? ¿Qué lástima que cada semana tenga que ´recordarles´ que la suban? ¿Será que ustedes no revisan sus contenidos? ¿Será que yo soy la única persona en el mundo que mira esta revista….?”.
Blanca Ligia Hurtado se queja: ¿Cómo hago para leer las revistas Viernes y Nueva, que ustedes publican los sábados, pero que a veces no puedo comprar el periódico esos días…?”.
Cómo acceder a las publicaciones. Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital encargado explica al respecto: “Para ver en internet las publicaciones impresas de El Colombiano existen dos maneras: la primera es escribiendo digitales.elcolombiano.com en cualquier navegador o haciendo clic en ´Impreso´ que aparece en la parte superior de elcolombiano.com. Ambas maneras llevan a una página que pide registro para acceder, la visualización de las ediciones impresas en internet es gratuita, sin embargo es necesario registrarse”.
“El formulario para usuarios nuevos pide unos datos básicos para registrarse, como nombre, correo electrónico y número de documento de identidad. Luego de este paso el usuario accede a la plataforma donde encuentra todas las publicaciones impresas, como el periódico El Colombiano, los suplementos de Deportes y Generación y las revistas Viernes, Paladares, Yok, Qué me pongo, Nueva y Turbo, así como todos los especiales impresos”.
Y añade: “Además de la última edición de cada publicación, en este lugar los usuarios pueden encontrar el histórico de las ediciones anteriores”.
Sobre la pregunta concreta de las publicaciones Nueva y Turbo, aclara: “En los últimos días hemos tenido algunos inconvenientes con la publicación de estas revistas en nuestras plataformas digitales, la razón es que es un servicio externo, que no corresponde a El Colombiano, y en algunas ocasiones los archivos que se suben a internet no llegan a tiempo. Es decir los días sábados para la revista Nueva y los miércoles, cada 15 días, para la revista Turbo”.
Considero necesario advertir que en elcolombiano.com se publican casi todas las informaciones de la edición impresa de El Colombiano, con excepción de algunos contenidos que son exclusivos del periódico impreso.
Los contenidos de elcolombiano.com se actualizan a medida que suceden los hechos o se registran nuevos desarrollos de las informaciones originales de la edición impresa o de la digital. Son dos plataformas informativas que se complementan y a las cuales son bienvenidos los lectores.
Posteriormente haré referencia a otros recursos de la web del periódico, especialmente a las facilidades que ofrecen las aplicaciones para los dispositivos móviles.

Lo más leído, lo más comentado

El lector Héctor Fabio Morales pregunta: “No entiendo cómo funciona la lista de lo más comentado. No entiendo por qué una información que poco nos interesa aparece en el primer lugar y otras de mayor importancia las veo más atrás o ya no aparecen en la clasificación que ustedes hacen. Quiero, señor defensor que me aclare qué es lo que pasa…”.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital encargado, explica al respecto:
“Lo más leído, Lo más compartido y Lo más comentado, es una zona ubicada en la columna derecha de la página web de elcolombiano.com; para su clasificación se tiene en cuenta las noticias publicadas en las últimas 24 horas. La idea es que allí se refleje el consumo que la audiencia hace de nuestros contenidos cada día. No tendría mucho sentido que siempre se mostrara la misma noticia como la más vista, si ese módulo digital mostrara la noticia más leída de todo el sitio web, es muy probable que la medalla de oro de Mariana Pajón en los Juegos Olímpicos de 2012 o un artículo sobre el salario mínimo de 2016 estuvieran siempre en el primer lugar”.
Añade: “Lo más comentado es un ranquin de acuerdo al número de comentarios que la audiencia recibe al interior del artículo, no se tiene en cuenta los comentarios que sobre esa noticia se hacen en redes sociales ya que esas son plataformas diferentes. Lo más compartido es un top 5 jerarquizado por el número de veces que han sido compartidos los artículos en la red social Facebook, que es la más utilizada en el mundo.”.
Pienso que hoy las audiencias participan activamente en el proceso informativo. Los contenidos son expuestos por los medios de comunicación precisamente para que los lectores comenten, sugieran, agreguen pistas para profundizar la investigación, entre otras acciones. Ya nos son solo receptores pasivos de la información, son lectores activos y pueden ir más allá hasta convertirse en coautores.
De acuerdo con los niveles de interacción, los medios digitales establecen esta zona en la que se hace la clasificación de las informaciones más leídas, comentadas y compartidas. Es una guía que muestra las acciones de las audiencias con respecto a los contenidos informativos y de opinión.
Incluso hay algunas experiencias que permiten reordenan, jerarquizar, todos los contenidos originales para presentar una propuesta nueva, según las preferencias de los lectores.
Un análisis que bien podrían realizar las facultades de Comunicación y Periodismo es el de estudiar la índole y calidad de los comentarios de un contenido específico, porque es claro que la clasificación o ranquin que hacen los medios, entre ellos El Colombiano, obedece solo al criterio de cantidad.
Así, un contenido de mayor trascendencia o impacto puede tener menos comentarios y además menos lectura que otro más ligero, que haga, por ejemplo, alusión a un personaje de la farándula.
Estos volúmenes de mensajes y comentarios también se explican por el momento o por la misma naturaleza de la información. Los resultados de un clásico local de fútbol motivan la participación de los hinchas, y un crimen, con rasgos dramáticos y crueles, también origina muchos comentarios.
Puede concluirse que este ranquin corresponde al modo de actualidad y relevancia otorgado por las audiencias, según la mayor o menor interacción. O como dicen algunos autores: se trata de la agenda alternativa, construida por la audiencia que actúa como editora.
Finalmente, considero de gran valor estas inquietudes de los lectores porque les dan la razón a quienes ven en las plataformas digitales la mayor fortaleza de los medios impresos, y su futuro.

Cuando se habla de gigavatios…

El lector Lisandro Mesa O. cuestiona la información publicada el día 17 de febrero sobre el daño registrado en la Central Hidroeléctrica de Guatapé: “…en la página 11 (Metro) de El Colombiano se reseña tres veces el siguiente dato: “8 gigavatios hora día genera la hidroeléctrica de Guatapé, en total 560 megavatios” citando al ministro de Minas y Energía, Tomás González Estrada. En la página web de EPM se lee: ´…esta central contribuye al sistema con 2.730 GWh de energía media anual…´. Como el dato esta en hora-año, hacemos la respectiva conversión a hora-día: 2.730 GWh / 365 días = 7,479 GW hora día, diferencia en cifras significativas de 0,521”.
Y añade: “Se infiere que nadie tiene más autoridad para este tema específico que el ministro, sin embargo El Colombiano debería ser preciso en cifras y cuantificaciones; debe ser difícil dudar y hacer algún tipo de cotejo entre la información de fuente creíble y las entidades que proporcionan el dato real; pero para entender la complejidad del caso imaginemos obtener la energía media anual a partir del dato del ministro: 8 GWh x 365 días = 2.920 GWh (una diferencia de 190 GWh que no puede ser interpretada como insignificante)…”.
Al respecto, José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Local, explica: “Ninguna verdad es absoluta y en la medida que las informaciones avanzan se conocen nuevas visiones, perfiles y datos estadísticos sobre los mismas. El periodista tiene el derecho y la obligación de profundizar, precisar e incluso corregir si cometió algún yerro. En este caso específico, la información fue suministrada, de manera conjunta, por el Ministro de Minas y el Gerente de Empresas Públicas de Medellín, dos de las más grandes autoridades en la materia”.
Para echarle más luz al asunto y buscar una explicación técnica, consulté al ingeniero Adrián Ceballos López, quien labora en una las principales empresas de generación de energía del país:
“La conversión no puede hacerse directamente dividiendo por 365 días. Cuando EPM dice que genera energía media anual de 2.730 GWh es porque tiene en cuenta factores de planta, mantenimientos, etc. La planta puede producir en un solo día mucho más que 2.730 GWh/365 días = 7,479 GWh/día. Incluso si validamos la generación real de Guatapé, ha tenido días de más de 13 GWh de generación (24 horas a full capacidad), o por ejemplo en el 2015 la generación promedio fue de 7,025 GWh día.
Y concluye: “La generación real depende de las condiciones hidrológicas y de la estrategia que tenga EPM en un determinado momento del tiempo para no agotar el embalse. Decir que puede generar 8 GWh día es correcto y no va en contravía de que EPM publique que la energía media anual es de 2.730 GWh”.
Ahora, si nos atenemos al Sistema Internacional de Medidas, se debe decir kWh, MWh o GWh para hacer referencia a estas cantidades de energía. Cuando se trata de periodos mayores, se escribe GWh día o GWh año, para expresar la cantidad de GWh que se consume en un día o en un año, respectivamente. En realidad en el sector eléctrico no es frecuente el uso del término gigavatios día (GW día) sino gigavatios hora día (GWh día).
Estoy de acuerdo, el periodista está obligado a “profundizar, precisar e incluso corregir si cometió algún yerro…”. En temas técnicos como este, es recomendable a la asesoría de fuentes expertas y el apoyo en documentos que permitan aclarar, explicar y complementar la información oficial. Solo de esta manera se garantizan el rigor y la claridad, dos de los requisitos del periodismo de calidad.

Con un ojo crítico

En la columna del 14 de febrero, Los comentarios y críticas de los lectores, me referí a los mensajes recibidos por la Defensoría de las audiencias en el año 2015. En total fueron 2.119 comunicaciones, el 34,7 % correspondientes a críticas y errores de contenido.
A este subconjunto le hice un examen de acercamiento: la radiografía señala que el 50,6 % atañe al uso incorrecto del lenguaje; el 26,4 % a falta de claridad y carencia de fuentes que contrasten los datos, principalmente; el 22,8 %, a malos cálculos matemáticos, errores numéricos o en la escritura de guarismos y porcentajes y a deficiencias en el uso del sistema internacional de medidas.
Este análisis detallado permitió conocer los casos más frecuentes y emprender, en consecuencia, una acción pedagógica entre los periodistas, para mejorar la calidad de los contenidos de El Colombiano.
Una de las claves para alcanzar el objetivo es la lectura crítica que realizan las audiencias. Conocer las dudas y los errores que detectan, permite enmendarlos y evitar su repetición.
Con grata asiduidad recibo informes de errores y gazapos de quienes con un ojo crítico leen el periódico. Es una fortuna contar con audiencias de esta calidad porque nos permiten mejorar los textos desde el punto de vista del uso correcto del lenguaje y también en asuntos que corresponden a la ética y a los principios del periodismo.
El lector Rodrigo Cadavid Mejía escribió sobre el examen de algunas informaciones y para cuestionar mi última columna, Los peligros del periodismo de “palabras prestadas”: “En su columna de esta semana usted defiende, en un todo y por todo, a los periodistas de El Colombiano; según usted, ellos comprueban toda la información recibida de otras fuentes. Por lo menos, esto fue lo que yo entendí. Si es correcto, no se cómo explica usted tanto error conceptual y técnico que aparece en ese medio; que no se corrige, sino que se vuelve a repetir; aunque no sea el mismo, pero si similar…”.
Considero que la información es un bien público y que el periodismo se funda en los principios de veracidad, imparcialidad, transparencia y responsabilidad social. Su razón de ser es mantener informadas a las audiencias, a la ciudadanía. Contribuir a lograrlo es asunto de todos: periodistas, medios y lectores.
Los errores que detectan nuestras audiencias son puntos de partida para una acción pedagógica en la Sala de Redacción. Es clara la instrucción para escribir los textos con limpieza, siguiendo los requisitos de verificación datos y contraste de fuentes. Pero falta un mayor esfuerzo para alcanzar mejores estándares de calidad y credibilidad. En la sección Fe de errores se enmiendan algunos, ojalá se corrigieran todos.
Añade el lector Cadavid Mejía en otro de los apartes: “…en la página 17, (Entrevista al presidente de Celsia, Ricardo Sierra Fernández, edición del 24 de febrero), donde se lee ´…el millón de VTU (sic)…´. Lo correcto es BTU (British Thermal Unit), que es una unidad de energía o de trabajo. De todas maneras, me queda la duda que esa expresión la haya hecho el presidente de una empresa generadora de energía, que tiene porque conocer el tema y, más bien, el periodista oyó y le sonó mejor BTU con V pequeña y para salvar responsabilidad puso las comillas. Es mi gran duda…”.
Al respecto, el autor de la información explica que “el lamentable error se debió a un descuido en la digitación y en segundo lugar a la falta de corrección del texto antes de publicarse”.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

Los peligros del periodismo de “palabras prestadas”

El lector Juan Leonardo Montoya se cuestiona la conducta de algunos periodistas que reproducen casi textualmente los boletines y acuden pasivos a las ruedas de prensa.
“Voy a quejarme en sentido general de algunos medios de comunicación y a preguntarle su opinión: ¿no le parece poco profesional la información que reproduce las mismas palabras de los comunicados y ruedas de prensa sin averiguar más ni agregar antecedentes…? ¿Qué piensa usted? ¿No cree que los periodistas están fallando?”.
Al respecto, José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Local y Regional, explica: “Buena parte de la labor del periodista es la de fiscalizar, husmear, indagar que hay más allá de los hechos y versiones que entregan las autoridades, gremios, laboratorios, el ciudadano informado y el hombre de a pie. Para una información objetiva y transparente puede tener tanto valor lo que dice el Presidente de la República, como lo que dice un ciudadano del común al que se le han violado sus derechos o fue testigo de un acontecimiento.
Y añade: “El boletín de prensa, como la voz de quien llama a denunciar determinado hecho es apenas un insumo en la confección de las noticias. Es responsabilidad del periodista ir más allá del mismo para corroborarlo, desmentirlo o simplemente descartarlo por su falta de valor. De semillas insignificantes nacen los grandes árboles y el hombre mismo”.
Ni más ni menos. El maestro Javier Darío Restrepo enfatiza sobre el asunto: “Un periodismo que se limita a reproducir esos materiales es un periodismo mediocre, que no le ofrece garantía alguna al lector y que lo deja indefenso en manos de las oficinas de prensa de las entidades privadas o públicas, en las que suele hacerse propaganda, pero no información”.
Los boletines de prensa son puntos de partida y referencia. Sus contenidos deben someterse a la verificación y contraste de fuentes diversas para que se conviertan en información periodística veraz, imparcial, transparente y responsable.
El séptimo punto del decálogo del periodista creado por escritor el argentino Tomás Eloy Martínez es contundente: “Evitar el riesgo de servir como vehículo de los intereses de grupos públicos o privados. Un periodista que publica todos los boletines de prensa que le dan, sin verificarlos, debería cambiar de profesión y dedicarse a ser mensajero”.
Este periodismo de “palabras prestadas”, reproducidas fiel y torpemente de notas y ruedas de prensa, va en contravía de los principios éticos y del interés general, pilares que construyen la confianza y la credibilidad de las audiencias. Una sola fuente no es garantía de información confiable.
Considero que los periodistas de El Colombiano, verifican los datos y declaraciones que contienen los comunicados y notas, los amplían y aclaran, los contextualizan y producen un texto con los estándares de calidad exigidos por el Manual de estilo y redacción.
Con respecto a las ruedas de prensa observo que a veces se atomizan y algunos periodistas optan por la pasividad sin preguntar ni repreguntar en estos actos que se repiten con alta frecuencia, principalmente en entidades gubernamentales. Por fortuna en nuestro medio no existen las ruedas de prensa de meras declaraciones, sin preguntas.
No se puede olvidar que estas son acciones de los departamentos de comunicación, cuyos objetivos son diferentes a los del periodismo, porque ofrecen la visión unilateral y parcial de los hechos que afectan a la ciudadanía.
Los boletines de prensa bien elaborados, con declaraciones de interés público y rico en datos soportan el valor periodístico suficiente para incluir algún aparte dentro de la información compilada, producto de la averiguación realizada por el propio periodista.