El cubrimiento de las noticias locales

El lector Juan González llamó para quejarse por la falta de información de los municipios del departamento. “Anteriormente publicaban noticias de los pueblos de Antioquia pero hoy veo más de otras partes del país y del exterior que de nuestros municipios…”.
Sobre este cubrimiento periodístico José Guillermo Palacio, macroeditor de Información Regional responde: “Las regiones, sus grandes desarrollos, proyectos de impacto social, procesos educativos, planes de infraestructura y defensa del mismo; salud, programas intersectoriales son de la mayor importancia en nuestro ejercicio periodístico”.
“Así mismo, estamos atentos con la promoción de los grandes líderes regionales, la defensa de los derechos humanos, las fuentes hídricas, bosques, manejo de sus basuras…. En el cuatrienio 2016 – 2020 mantendremos en alto nuestra mirada por el impacto que tendrán en algunas de las zonas clave del departamento las megaobras de Autopistas de la Prosperidad. Hacemos un monitoreo permanente a las acciones de la Gobernación y demás organismos gubernamentales y no gubernamentales en los 125 municipios de Antioquia…”, añade.
La cobertura de las noticias locales es crucial para EL COLOMBIANO, porque esa es su vocación. Los contenidos próximos son privilegiados en la mayor parte de los diarios del mundo entero. El medio de comunicación local debe informar mejor que cualquiera otro sobre su entorno. Si no lo hace, compromete su futuro.
Ahora es posible que un lector no encuentre el relato de todos los hechos que suceden en un municipio porque la confección de la agenda informativa se realiza con otros criterios periodísticos y de noticiabilidad.
Además, el espacio es limitado y es difícil contar con recursos como una red de corresponsales en las regiones y municipios.
El área de información metropolitana y regional del periódico es una de las que cuenta con más periodistas. La selección temática corresponde a objetivos y estrategias establecidos previamente, según lo explica José Guillermo Palacio, y los asuntos de coyuntura se definen según criterios de interés público, impacto y actualidad, porque EL COLOMBIANO se debe a sus lectores y su responsabilidad es mantenerlos bien informados.
Los acontecimientos locales y regionales publicados en el diario representan un alto volumen de su contenido. Además, se completan con los divulgados en el sitio web y a través de las principales redes sociales.
No obstante estos esfuerzos de los macroeditores, es normal que las audiencias sientan que faltan noticias en las páginas destinadas a la información local y regional y en otras secciones del periódico.
Hoy, los periodistas no son las únicas personas que establecen la agenda informativa. Ellos decidían qué publicar, cómo y cuándo. Jerarquizaban y difundían las noticias autónomamente porque las audiencias aparecían distantes.
Ya no es así, el periodismo cambió: su ejercicio es más horizontal que vertical. Internet y las redes sociales modificaron la estructura y la metodología. Las audiencias tienen un papel vital, pueden cuestionar y criticar; sugerir y proponer; comentar y opinar. El escenario cambió: los lectores se convierten en coautores de la información y pueden enriquecerla a partir de la investigación de los periodistas.
Invito a las audiencias a que interactúen y participen activamente. A que expresen sus comentarios con libertad, responsabilidad y respeto. Que envíen sus observaciones, hagan aportes al tema y denuncien asuntos que merecen ser investigados porque también son de interés público pero que el periodista no lo tiene en la agenda. Muchas historias parten de esta participación.

Corregir es un acto de transparencia informativa

El lector Juan de Dios Gutiérrez pregunta: “Por qué el periódico no corrige todos los errores que a diario comenten los periodistas…”. A este reclamo se suman los de otros lectores, en especial los de un grupo destacado que con frecuencia nos envía los errores, erratas y equivocaciones de todo tipo, con el ánimo de que se enmienden y de contribuir a la calidad periodística.
Estoy de acuerdo con ellos y expreso mi gratitud a los asiduos colaboradores: Michel Taverniers, Hernán Orozco, Gabriel Escobar Gaviria, Federico Díaz González, Jorge Iván Osorio R., Jorge Franco, Gabriel Escobar Gaviria, Federico Díaz González, Luis Alfredo Molina Lopera, Luis Germán Londoño V., Hernán Naranjo, José Reinaldo Longas A., Carlos Antonio Gaviria Zuluaga, Gonzalo Montoya Montoya, María Marleny López Ríos, Jorge Alberto Cardona V., Lisandro Mesa Osorio y María del Pilar Velásquez.
Los fallos de ortografía, gramática y demás inexactitudes, son advertidos por los lectores y también por los periodistas. Diariamente, desde hace varios meses, se corrigen en la sección Fe de errores, que se publica en Radar, última página de la sección Metro, y en la web.
Pero no todos los errores detectados se enmiendan. Considero que corregir es un acto de transparencia informativa porque se restablece la credibilidad en el medio de comunicación y en el periodista. Se recupera el principio de veracidad y se observan atributos del lenguaje como claridad, rigor, precisión y corrección.
Da más confianza el autor que acepta que se equivocó y corrige sin más explicaciones que quien nunca lo hace. Todos podemos errar y todos podemos corregir. En otras oportunidades expresé que no hay razón para eludir las correcciones. Si los periodistas estamos prestos para criticar, también lo debemos estar para recibir las críticas de las audiencias. Quizás al periódico le falta una mejor gestión de calidad para corregir y evitar que los gazapos se repitan como ocurre con frecuencia con algunos de ellos.
La primera acción de este programa de calidad y transparencia informativa es lograr que las correcciones se hagan oportunamente. Además debe dirigir y administrar el proceso pedagógico y los recursos requeridos para mejorar las competencias de los periodistas en los asuntos relativos a la escritura y manejo del idioma.
El lenguaje periodístico es el principal instrumento del periodismo. Escribir bien es requisito de todo periodista. La prisa no es una excusa admisible para explicar los errores. Tampoco lo es el diablillo, sencillamente porque no existe…
En este objetivo cumplen un papel vital los correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López, quienes merecen el reconocimiento de las audiencias este 27 de octubre cuando se celebra el Día del corrector.
A los editores y macroeditores les corresponde un alto grado de responsabilidad. En sus funciones está la corrección final y el visto bueno a los textos y el acompañamiento a los periodistas.
Recomiendan que las informaciones sean revisadas por otras personas. Puede ser otro periodista, editor o corrector, porque los autores son pésimos descubridores de las equivocaciones de sus propios textos.
Apoyarse en los diccionarios y en los manuales de estilo y redacción, así como en otros recursos que nos ayudan a despejar las dudas idiomáticas y a subsanar los errores antes de su publicación.
Correctores y editores hacen mejores periodistas. Se espera de ellos el conocimiento de las normas del lenguaje y del estilo. Pueden lanzarnos el salvavidas al encontrar los errores y descuidos. Si esto ocurre, con seguridad van a mejorar la calidad informativa. El producto final tendrá mejores estándares y la redacción será más clara, limpia y fluida.

Lluvia de encuestas en época electoral

La lectora Rosario Jaramillo dice: “En otra ocasión le había escrito para expresar sospechas por las encuestas. En esta época todos recibimos una verdadera lluvia con resultados tan distintos que desconciertan… ¿Quiero preguntarle por qué a los periodistas les llama tanto la atención y las difunden espectacularmente….?”.
Las encuestas hacen parte de la agenda periodística electoral. Unas son contratadas por medios y otras ordenadas por los partidos y movimientos políticos. Cambian a medida que los ciudadanos conocen las propuestas y se forman un concepto, favorable o desfavorable, del candidato.
No son iguales porque varían las metodologías empleadas para capturar la información. Dependen de si son telefónicas o presenciales; del tamaño de la muestra y de otras circunstancias. Quizás la mejor explicación es que se trata de una fotografía instantánea, que se modifica cada vez.
Los medios de comunicación tienen algún grado de responsabilidad en la atmósfera de desconfianza que invade a los ciudadanos por estos días. En primer lugar porque le dan un despliegue exagerado a los datos, los magnifican muchas veces sin tener en cuenta el margen de error. Lo más relevante de las encuestas está en el análisis de las tendencias que perfilan a los candidatos de una a otra medición.
También, porque algunos publican mediciones ordenadas por la campaña de un candidato, con muestras construidas a conveniencia para usarlas como estrategia de propaganda electoral.
La legislación colombiana dispone que las encuestas sean realizadas por entidades inscritas y que la publicación incluya la ficha técnica. La cantidad y disparidad de los resultados las pone hoy en medio de la controversia nacional.
Buen momento para insistir en la transparencia: que siempre se sepa quién paga la encuesta, cuál es la metodología realizada y cuáles son los datos de la ficha técnica. Y, para defender la libertad de expresión y alertar sobre pretensiones de manipulación y de control informativo.
Creo que las encuestas aportan información pertinente y que el periódico las maneja con responsabilidad: “Las encuestas que contrata y publica EL COLOMBIANO son realizadas por Invamer Gallup Colombia, firma de gran trayectoria y credibilidad. La información que las acompaña se publica atendiendo todos los compromisos que este diario ha hecho con sus audiencias (verdad, rigor periodístico, transparencia, imparcialidad).”, anota el editorial del 11 de octubre.

El lado oscuro de la interacción

La reflexión de hoy es continuación de la anterior, titulada ¿Cómo mejorar el debate electoral?, para atender las observaciones del lector Álvaro de Jesús Muñoz, con respecto a los comentarios hirientes que abundan en estos días previos a las elecciones del 25 de octubre en el foro de lectores.
El lector tiene razón al quejarse de las ofensas, burlas, injurias y hasta calumnias y amenazas que circulan en redes sociales y en estos espacios de participación que abren los medios de comunicación.
Los comentarios van desde la palabra inútil y hueca hasta frases que bien podrían ser cabeza de un proceso penal. Los juicios ramplones, las expresiones viscerales y las palabras descalificadoras reinan en estos espacios.
Por desgracia algunas campañas aprueban la propaganda sucia como arma de su estrategia electoral y este fenómeno ha contaminado las manifestaciones de las audiencias.
Creo en el foro de los lectores como escenario de confrontación civilizada de las ideas, la nueva plaza pública, ideal para la conversación y la argumentación.
Pero estamos lejos de este objetivo y bien vale la pena emprender acciones que levanten la pobre participación, por decir lo menos, con la que algunos lectores atacan las propuestas de los candidatos.
Las audiencias pueden contribuir decisivamente a mejorar la calidad del debate. Un agravio menos es ganancia en medio de las cadenas de altercados que a veces se forman.
Quizás algún sistema de moderación más eficiente podría servir de filtro de quienes usan este escenario para lucir sus necedades y truncar el diálogo inteligente y racional.
Los periodistas y los medios también podrían estimular la participación. Muchas preguntas y sugerencias se quedan huérfanas. La participación de los lectores no puede quedarse a mitad de camino. El periodismo de buen oído podrá captar elementos valiosos que profundizan la información o la opinión comentada.
El autor que no echa una mirada a las reacciones que ha despertado su historia puede estar renunciando a escribir otra más interesante.
No sobra recordar que los comentarios deben ser respetuosos y carentes de expresiones estigmatizadoras. Se trata del ejercicio de la libertad de expresión, que por supuesto tiene sus límites en los derechos del otro.
El lado oscuro de la interacción, protegido por el anonimato que permite la red, es un asunto sobre el cual habrá que volver más adelante.

¿Cómo mejorar la calidad del debate electoral?

La lectora María Rosaura Restrepo dice: “…felicito a El Colombiano porque la información de las elecciones va acompañada de comentarios y análisis de profesores universitarios…”.
Y el lector Álvaro de Jesús Muñoz cuestiona: “…me refiero a las noticias de la política, me parece una lástima que los comentarios de internet sean tan descarados y ofensivos cuando se refieren a un candidato. ¿Cómo se puede mejorar el debate electoral?”.
Isolda María Vélez, macroeditora de Actualidad, explica: “Una de las prioridades para El Colombiano en el cubrimiento de las campañas es presentarles a los electores las propuestas programáticas que tienen los candidatos. Por eso, gran parte de nuestro esfuerzo periodístico se concentra allí y, con el apoyo de la academia, evaluamos los contenidos generales de sus planteamientos, con el fin no solo de informar, sino de aportar elementos de análisis y de enfoques sobre el alcance de las promesas que tienen para Medellín y Antioquia, aquellos que serán elegidos el próximo 25 de octubre. En este ejercicio nos han acompañado profesores y decanos de las Universidades Pontificia Bolivariana, Antioquia, Eafit y Nacional”.
Y añade lo siguiente: “Adicionalmente, en las entrevistas sobre los planes de gobierno que venimos realizando con los diez candidatos a la Alcaldía y la Gobernación entregamos un elemento de análisis sobre las iniciativas que resultan polémicas, en especial aquellas que suenan más a promesas de campaña que a proyectos realizables, como un ejercicio de responsabilidad con nuestros lectores”.
Pienso que los medios de comunicación tienen un papel crucial en el ejercicio democrático. Ir más allá de la información, contextualizarla, chequear la validez de las propuestas y abrir el debate sobre los temas más relevantes, son acciones ineludibles del periodismo responsable, comprometido con el servicio público.
El proyecto Candidatos transparentes es un aporte de gran valor para que los ciudadanos opten por los mejores candidatos a la hora de sufragar. Es una apuesta por el voto consciente e informado.
Aún hay desafíos: universidad y medios pueden aunar esfuerzos para evaluar las propuestas, calificar la viabilidad, certeza y racionalidad y ponerle la justa dimensión a los anuncios del marketing político, traducidos muchas veces como información periodística.
En la próxima columna me referiré a observación del lector Álvaro de Jesús Muñoz.

Candidatos transparentes: pensando en los ciudadanos

El lector José Roberto González dice que “veo con buenos ojos que El Colombiano publique las hojas de vida de los candidatos a las alcaldías, concejos y juntas administradoras locales y a gobernación y asamblea de Antioquia. Le pregunto, ¿qué objetivos se propone El Colombiano y por qué razón no se encuentran todos los candidatos para uno conocerlos mejor…”.
Isolda María Vélez, macroeditora de Actualidad dice: “Candidatos Transparentes es una plataforma digital que les facilita a los ciudadanos consultar las hojas de vida de sus candidatos, a fin de que puedan comparar la experiencia que han tenido, la forma en la que financian sus campañas, sus logros y sus propuestas. El periódico le apuesta a la transparencia y la igualdad de oportunidades para que los candidatos expongan sus ideas. Por eso el formulario es idéntico para todos. Además, consultamos si los aspirantes tienen procesos disciplinarios o de responsabilidad fiscal en los organismos de control.”
Añade: “Este ejercicio periodístico nos permite hoy tener al aire 135 hojas de vida de quienes aspiran a los cargos de elección popular en alcaldías, concejos, Asamblea y Gobernación de Antioquia. Es también una apuesta de transparencia de los candidatos para acercarse a sus electores y exponer públicamente su perfil como debería ser la obligación de quien aspira a gobernar los destinos de una sociedad.”.
Esta iniciativa del periódico es altamente provechosa para la democracia. Busca trascender el cubrimiento periodístico, propio de la agenda informativa, para ofrecer a la ciudadanía un instrumento adicional que le sirva a la hora de tomar la decisión de las urnas el próximo 25 de octubre.
Las elecciones son un desafío para el periodismo. Los ciudadanos esperan que los medios les ofrezcan información veraz, imparcial, transparente.
Todos los aspirantes están invitados para que pongan en la web la información. Ojalá todos lo hagan. El editorial del pasado 26 de julio plantea: “Nuestra plataforma digital está lista ya para que los candidatos se inscriban y le hablen a Antioquia y para que los electores puedan tomar su decisión con responsabilidad, ya veremos quién le teme y quién no a las matrices comparativas. La sociedad es cada vez más exigente y sofisticada intelectualmente, pues desea lo mejor para su comunidad, no es época de palabras bonitas sin fondo”.

Todos los comentarios no se publican

Varios lectores me han escrito en las últimas semanas para reclamar por la tardanza en la publicación de los comentarios del foro. Una de las observaciones recibidas pregunta si la demora se debe a la implantación de la plataforma Disqus, que es la que recibe los comentarios del foro de lectores y solicita una explicación al respecto.
Margarita María Barrero Fandiño, macroeditora Digital, aclara lo siguiente:
“Disqus es una plataforma externa que recibe comentarios y permite presentarlos en la web del periódico. Cada vez que se carga el módulo de Disqus en un artículo de la página de El Colombiano, la plataforma valida que los comentarios que se muestren pertenezcan a la página que se está abriendo”.
Añade: “Este procedimiento es automático y, hasta ese momento del proceso, no tiene ninguna intervención por parte de un miembro de nuestro equipo. Luego, periodistas encargados del equipo de redes sociales filtran esos comentarios y los aprueban para que puedan publicarse. De esta manera, la gente los puede ver en la página web.
Y explica también que el “proceso se hace durante toda la jornada laboral en cada nota del portal, con tandas de moderación de cometarios cada media hora. Se optimiza el trabajo de esta manera porque en El Colombiano no tenemos en este momento la capacidad humana para aprobar comentarios minuto a minuto”.
Otro lector me pregunta por un comentario a la información “Dos jóvenes bellanitas llevan 18 días desaparecidos”, que en su opinión no debió ser publicado por sus palabras ofensivas y discriminatorias.
Melissa Gutiérrez Morales, editora de Interacción y Comunidades responde al respecto:
“Revisé y no aparece el comentario al que se refiere el lector. Lo que sucede es que en Disqus en la que se moderan los comentarios, plataforma externa a El Colombiano, se pueden ver todos inmediatamente. Nosotros hacemos el filtro para aprobar cuáles de ellos queremos que se publiquen en el portal web”.
Estoy de acuerdo con el sistema de moderación de los comentarios para evitar expresiones malintencionadas, injuriosas, calumniosas y discriminatorias. La filtración que hacen los periodistas del área de Interacción y Comunidades bloquea estos abusos y además eleva la calidad del foro.
Ojalá en el futuro se pueda agilizar este proceso previo a la publicación de los comentarios como lo piden quienes me escribieron recientemente.

La participación mejora la calidad del periodismo

El lector José Manuel Gómez dice: “…leí los últimos artículos y me asalta una duda que quiero que me la aclare, si así lo considera: entendí como estimulantes los comentarios de los lectores en su último artículo y noté cierta desesperanza en los anteriores escritos… ¿Qué opina usted de las respuestas y sugerencias de los lectores a las informaciones que trae el periódico y la página de internet?”.
Lo primero, decir que la participación de los lectores mejora la calidad del periodismo. Ya pasaron esas épocas en las que el periodista publicaba algo y los lectores, pocos por cierto, solo podían enviarle una carta al autor de la información a la dirección del periódico para manifestar una observación o dejar una constancia. De simples receptoras hoy las audiencias son coautoras de la información.
Hoy se presentan fenómenos nuevos que facilitan y enriquecen la participación y que elevan los estándares de calidad del periodismo. No solo corrigen los errores, también agregan información y estimulan la crítica y la misma autocrítica.
Basta con analizar dos informaciones: la primera, a la que me referí en la última columna, “Lo bueno y lo malo que dejó la Feria de las Flores” (http://www.elcolombiano.com/entretenimiento/lo-bueno-y-lo-malo-que-dejo-la-feria-de-las-flores-BE2521461).
El segundo ejemplo es “¿Dónde mercar más barato en Medellín?” (http://www.elcolombiano.com/antioquia/donde-mercar-mas-barato-en-medellin-HC2567696).
En ambos casos los lectores cuestionan y señalan y deficiencias; comentan, analizan y debaten; aportan elementos informativos; sugieren enfoques nuevos. Y también encontramos en ambos foros comentarios inútiles, por decir lo menos.
Considero que esos comentarios abusivos, por soeces, ridículos, ofensivos o irracionales, desbordan la libertad de expresión y contrarían los objetivos de estos espacios públicos destinados a la información, el análisis y la opinión.
El foro de lectores es vital para el periodismo: alienta la participación, eleva los estándares de calidad de la información, favorece la crítica y la autocrítica, contribuye a la transparencia informativa, coopera con nuevos datos y enfoques y señala errores e imprecisiones. Es el espacio público en el que el lector ejerce su libertad de expresión. Muchos de ellos son reporteros, así sea circunstanciales testigos de hechos, que enriquecen la información del periodista. Son coautores.

Foro de lectores: los medios y sus responsabilidades

En esta nueva reflexión pretendo responder a los lectores Alirio Giraldo Aristizábal y María del Pilar Velásquez, cuánta responsabilidad le corresponde a los medios de comunicación que publican comentarios abusivos en el foro de las audiencias.
Considero que los contenidos de los medios de comunicación tienen la misión de informar y de poner en discusión los hechos de mayor relevancia, de interés general, dentro de los principios de veracidad, imparcialidad, trasparencia y responsabilidad.
Los comentarios de los lectores deberían seguir esta ruta, máxime ahora que con su participación se convierten en coautores de la información al dar a conocer nuevos detalles, enfoques y juicios.
Estos principios son requisitos de la calidad periodística, empeño de los periodistas y medios y aspiración de las audiencias. Es una exigencia que tenemos que buscar también en el foro de lectores.
Los periódicos establecen normas de participación y sistemas de moderación que al parecer son insuficientes y que es preciso avanzar para dirimir el pulso entre la libertad de expresión y otros derechos fundamentales.
Creo que la libre expresión va hasta los límites que establecen las garantías de honra y buen nombre de las personas. No hay derechos ilimitados.
La ponderación y la tolerancia ayudan a ejercer racionalmente la expresión libre de los juicios en los comentarios. La veracidad y la responsabilidad evitan la calumnia y la injuria.
Quizá también ayude a mejorar el fenómeno de los comentarios abusivos un acto reflexivo que nos ponga en el lugar del otro: cambiaría el lenguaje de odio y estigmatización que a veces vemos en estos espacios abiertos a la interacción.
Considero que medios de comunicación y audiencias tienen la posibilidad de mejorar la participación. También creo que la responsabilidad es de los medios y de los autores.
El maestro Javier Darío Restrepo sostiene en su Consultorio ético: “Los contenidos que tienen que ver con las personas o las instituciones, y que afectan su buen nombre, generan una responsabilidad conjunta del autor y del medio al ser publicados…”.
Ahora, hay un debate jurídico en muchos países son la responsabilidad de los medios de comunicación que publican estos comentarios abusivos. Este sitio web especializado ilustra algunos casos: http://blog.garrigues.com/se-confirma-la-responsabilidad-de-los-portales-de-noticias-por-los-comentarios-difamatorios-de-los-lectores/

El foro de lectores: entre el diálogo y la charlatanería

La lectora María del Pilar Velásquez Penagos coincide con el lector Alirio Giraldo Aristizábal, cuyas observaciones publiqué en la columna anterior: “El solo hecho de incluir un comentario en una publicación compromete en la misma medida tanto a quien lo hace como a quien lo difunde…”.
Añade más adelante: “Nada justifica el uso de términos agresivos, de mal gusto, vulgares porque si bien siempre existirán puntos divergentes en cualquier asunto el respeto debe primar por encima del apasionamiento y la intolerancia”.
También comenta: “Con el auge de las redes sociales ha llegado una ola de desbordamiento que asume posible toda clase de libertades y de igual forma en los medios de comunicación, oral o escrito, se percibe la misma tendencia. Todo ahora es tan normal que el lenguaje adquirió, en aras del proclamado derecho a la libre expresión, una significación ajena al objetivo de expresar, disentir, opinar y se ha convertido paulatinamente en una poderosa arma que algunos esgrimen con violencia para dañar a otros…”.
Considero que estos comentarios y observaciones se explican en el contexto de lo que acontece hoy en el foro de lectores de los medios de comunicación y que expresan su desacuerdo como los dos lectores que me han escrito últimamente sobre este asunto.
Esta atmósfera, ideal para fortalecer el debate racional y estimular el diálogo pertinente y maduro, se ha convertido en el campo de batalla preferido de quienes abusan de un cierto concepto de libertad de expresión mal entendida y en su nombre calumnian, injurian y atacan sin ton ni son.
Estos foristas, alentados por sus visiones ideológicas radicales, o simplemente por las posturas charlatanas, pervierten este escenario ideal de intercambio de ideas.
O dicho de otra manera, se asemejan a hordas que invaden las nuevas avenidas para asaltar e insultar, muchas veces escondidos en el anonimato, con máscaras que garantizan impunidad, para restringir o impedir el flujo de las ideas.
Con sus acciones perturbadoras desaniman y asuelan el propósito de quienes actúan dentro del marco de los cánones del respeto a la ética, los derechos humanos y la ley. Es decir de quienes entienden y honran la libertad de expresión y reconocen que no es ilimitada.
En la próxima columna continuaré esta reflexión sobre esta clase de comentarios y las responsabilidades de los autores y de los medios.