Una lectora reclama la entrevista completa en el impreso

La lectora Rosario Moreno Gutiérrez dice: “Con todo respeto pregunto: ¿por qué si pago una suscripción tengo que terminar de leer algo que me interesa por la red, caso entrevista del señor Lafaurie…? ¿Y si no tengo computador…?”.
La lectora se refiere a la publicación de la entrevista en la edición del pasado 18 de enero, titulada: El gobierno ha bailado al son que las Farc le ha venido tocando.
Al respecto, Jorge Iván Posada Duque, editor del área periodística de Paz, explica: “La extensión de una entrevista está condicionada por lo novedoso o polémico que diga el entrevistado. En el lenguaje periodístico hablamos de si genera noticia o es un seguimiento a ella”.
Agrega: “El caso de la entrevista a José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, es un buen ejemplo de cómo jerarquizamos los contenidos. Por lo dicho le damos prelación en las páginas, teniendo en cuenta que compite con otros temas, ya que el nuevo formato del impreso obliga a publicar lo más relevante, sorprendente e interesante. Pero ahí está el asunto, el formato impreso tiene un límite de espacio que impide que se publique la entrevista en su totalidad, por esa competencia de temas, igual de importantes y que también deben de ser publicados”.
Y concluye: “Es por esta razón que la totalidad de la entrevista se publica en Elcolombiano.com . Si bien el texto del impreso contiene la nuez de la noticia, en la web se amplia. Reitero, por lo novedoso y polémico que dijo el presidente de Fedegán, en este caso por sus argumentos para demostrar, según él, que el cese el fuego unilateral de las Farc no se ha cumplido”.
Es oportuno indicar que en la sala de redacción se deciden los temas de la agenda informativa, el género periodístico y los demás criterios de su publicación. Es este caso, se optó por publicar la entrevista completa en la edición digital, en vista del interés del tema, la relevancia del entrevistado, la actualidad y la oportunidad. Es claro que la edición impresa tiene límites de espacio, en tanto que en la digital pudiéramos decir que es ilimitado.
Lo mejor sería que el texto apareciera íntegro en el impreso, pero una muy buena opción es tenerlo completo en el sitio web del periódico, como acertadamente se convino y anunció en la edición impresa.

Un lector pide variar las fuentes de información

El lector Alfonso María Gómez dice: “Usted puede explicarme porque los medios de comunicación citan las mismas fuentes de información y no presentan las ideas de otras personas que pueden tener conceptos diferentes sobre los hechos nacionales…”.
El asunto de las fuentes de información es un tema recurrente. En otras oportunidades me he referido a distintos aspectos.
El lector tiene razón: es de la esencia del periodismo buscar fuentes variadas para obtener mejor información y más amplia gama de opiniones.
Las audiencias tienen derecho a conocer la identidad de las fuentes y sus relaciones con el hecho objeto de la información. El periodista lo garantizará, a menos que se convenga un pacto para no revelar su identidad. En estos casos también surge el compromiso de comunicar que se acordó el sigilo profesional entre el periodista y la fuente, conforme a las normas legales y la ética.
En las labores de investigación, considero que el periodista consultará las fuentes directas y pertinentes, pero debe tratar de buscar nuevas voces que le ayuden a descubrir la realidad de los hechos.
En cuanto a las opiniones, es deseable tener visiones disímiles para que, en medio de la controversia, contribuyan a echarle luz a las ideas y a los acontecimientos.
Por esta razón, el editorial de El Colombiano tiene una opinión que se aparta de la postura del periódico para que el lector tenga más elementos y se forme su propio juicio.
El periodista tiene responsabilidad social sobre las fuentes de información y sobre las relaciones que se crean.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano establece al respecto:
“2.1.11. Debe informarse al lector sobre el origen de la información: si es el propio periodista, como testigo directo de los hechos, o si es versión de una sola o de varias personas, o de una o varias agencias de noticias”.
2.1.12. El pacto con la fuente, que prohíbe su identificación, no elimina el derecho del lector a saber de dónde proceden la autoridad e idoneidad de la fuente para informar. Por tanto, debe consignarse los datos sobre la relación de la fuente con el tema, aunque sin violar el sigilo…”.
El Manual también establece que las opiniones siempre deben tener fuente: “…para el lector, no tiene valor alguno una opinión sin el nombre de quien la emite…”.
Este tema es más amplio y requiere de nuevas reflexiones en espacios futuros.

Ébola: rigor informativo y responsabilidad

La observación del lector Juan Esteban Gómez, que animó la última reflexión, sumada a otras inquietudes que recibí esta semana, motiva este nuevo análisis sobre cómo informar sobre el virus del Ébola.
En los últimos días ha fluido más información en los medios colombianos e internacionales. En general, se aprecia un esfuerzo por comunicar con rigor y con la asesoría de fuentes médicas y científicas.
Aunque a veces nos vemos obligados a salvar escollos porque algunos médicos y científicos miran con recelo a los medios y a los periodistas, acusándolos de trivializar, vulgarizar, los conceptos hasta el punto de distorsionarlos o incluso desinformar.
La desconfianza quizás se funda en el riesgo de hacer un periodismo sensacionalista que busca mayor cuota de audiencia sin importar la magnitud y gravedad de la emergencia sanitaria, muchas veces con violación de los derechos de los pacientes.
En la relación con los organismos de gobierno también surgen peligros porque según se ha visto en algunos países el tema del virus del Ébola se contamina con posturas políticas o choca con funcionarios inexpertos e ignorantes que en vez de informar, confunden, ocultan y alarman.
Se han advertido, de igual manera, obstáculos al derecho de libre acceso a la información. “El miedo que las autoridades sentían al principio por la magnitud de la epidemia dio lugar a intentos contraproducentes de censurar los medios de comunicación”, destaca Cléa Kahn-Sriber, responsable de Reporteros Sin Fronteras para África.
No obstante, el periodismo responsable se concentra en buscar la veracidad de los hechos, mantener el rigor en el proceso de averiguación y confrontación de los datos y en contribuir a la educación para evitar el contagio y superar la crisis.
Para ello es preciso un clima de confianza y respeto entre los medios y las fuentes, ya sean científicas o gubernamentales, y entender que el periodista trabaja para la gente.
Siempre habrá medios responsables y periodistas amarillistas, igual que redes sociales que distorsionan y se burlan del dolor ajeno. Pero las audiencias seguramente optarán por el periodismo honesto, serio, útil, ético y de calidad.
BBC, por ejemplo, además de informar sobre el virus del Ébola por radio, televisión y todos sus servicios digitales de su web, estableció un canal informativo y educativo a través de Whatsapp con mensajes diarios de orientación a la población de los países afectados.

Informar sobre el ébola

El lector Juan Esteban Gómez dice: “En mi universidad debatieron sobre el ébola: el profesor explicó que los medios informan poco sobre esta enfermedad que se extiende ya a otros países. Le pregunto qué deben hacer los periodistas para informar lo que está ocurriendo en África y lo que puede presentarse en otros países…”.
Hasta ahora no se han registrados casos de la enfermedad del Ébola en Colombia, pero siempre hay un riesgo de contagio. Me parece pertinente la inquietud del lector porque en igual sentido recibí observaciones de otros lectores y periodistas.
Quizás lo primero que hay que considerar es que el ejercicio del periodismo responsable es clave para evitar alarma, desinformar y no violar los derechos humanos de los pacientes.
Por estos días España polemiza por el tratamiento que las autoridades sanitarias y gubernamentales le han dado a los casos registrados, particularmente el de la auxiliar de enfermería Teresa R. También los medios de comunicación han sido cuestionados por revelar el nombre y los apellidos de la paciente, lo cual es considerado inapropiado; por la información docudramatizada sobre la familia y hasta de la mascota de la enferma, y por el asedio periodístico y la divulgación de una noticia falsa sobre su muerte en una cadena de radio.
Los lectores esperan información verdadera, oportuna y responsable. La Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), llamó la atención de los periodistas y los invitó a realizar un cubrimiento conforme a la metodología y normas éticas de la profesión:
1. Ofrecer una información rigurosa y contrastada.
2. Evitar los bulos, los rumores y la especulación.
3. Seleccionar fuentes expertas, suficientemente acreditadas desde el punto de vista técnico y clínico como portavoces.
4. Respetar la intimidad de los afectados, de su familia y de su entorno.
5. Poner profesionales especializados en salud al frente de la información de esta crisis.
En estos casos de salud pública se presentan dificultades que debe sortear el periodista. Tanto en Guinea Conacry, en donde se presentó en marzo este nuevo caso del virus del Ébola, que hoy se ha convertido en una epidemia incontrolada, como en Liberia, los gobiernos han puesto trabas al libre acceso de medios y periodistas. Esta actitud, quizás tomada por las publicaciones erróneas, sensacionalistas e indignantes de algunos medios, atenta contra el derecho de información y la libertad de expresión.

La ética también preocupa a los lectores

De varias comunicaciones recibidas sobre el asunto de la ética periodística, tema de reflexión en las últimas columnas a partir de las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos, considero de interés publicar algunas de ellas.
En primer lugar el lector Albeiro de Jesús Quintero dice: “…como suscriptor de tan importante diario, he leído un artículo este 22 de septiembre donde se invita a la prensa hablada y escrita y a los diferentes medios de comunicación, a tener ética en la información”.
Se pregunta más adelante: “Cuánto daño irreparable se le hace a una persona o institución cuando no se confirma con la fuente la llamada “noticia”, pero más grave me parece que, después de saber la real verdad, no se dan a la tarea de corregir e informar masivamente como lo hicieron al publicar la falsa noticia. Personalmente y muchas personas, hemos sido afectados por los medios de comunicación que desinformaron a la opinión pública, con mentiras inventadas por personas inescrupulosas. La lectora Juliana María Hoyos tiene mucha razón en su apreciación,,, los periodistas deben de respetar y tener ética y ser profesionales en la información antes de publicar la noticia”.
El lector Eduardo Aristizábal anota: “Excelente la nota de hoy. Puede ser un juego de palabras, pero a mi me gusta hablar de la ética condición del periodista de calidad, teniendo en cuenta que la ética es de la persona. Claro que el efecto es el mismo de acuerdo al título original. Y finalmente, hay una frase lapidaria y definitiva que me gusta mucho: ‘para ser buen periodista, hay que ser buena persona’. Lo anterior porque ser buena persona conlleva muchas condiciones de tipo también ético”.
Y, en una carta a la directora, publicada el 24 de septiembre, página 23, el lector Óscar Ossío Uribe pregunta: “¿Cuál es la ética que se debe enseñar a los estudiantes de Comunicación Social y Periodismo y que debería imperar en los medios para evitar la explotación sexual (así sea visual) del cuerpo de la mujer?”.
La ética periodística preocupa y afecta a los lectores. El periodismo ético, de calidad, exige los mayores estándares de veracidad, honradez profesional, independencia, interés público sobre el interés particular, respeto a la intimidad y demás derechos personalísimos, el respeto por el secreto y altas dosis de humildad y responsabilidad social.

La ética, condición del periodismo de calidad

La reflexión de la última columna sobre los principios éticos del periodismo continúa hoy para darle respuesta a las observaciones de la lectora Juliana María Hoyos.
El periodista debe enfrentar numerosas situaciones que lo pueden poner más allá de los límites éticos del periodismo responsable.
Una conducta antiética es usar la información que obtenemos de primera mano en provecho propio, como si se tratara de privilegios personales. O ejercer la profesión como trampolín para obtener beneficios y acceder a otras posiciones. Hay que revisar si hay conflictos de interés para advertirlos y salvarlos.
Las posturas banderizas le restan imparcialidad, equilibrio, transparencia y justicia a las informaciones, máxime cuando la afinidad induce a soslayar fuentes informativas distintas y distantes o a ocultarlas, con grave violación de los principios fundamentales de la profesión.
De igual manera se afecta la ética cuando se borran o confunden las líneas entre la información y la publicidad, cuando las relaciones públicas y comerciales limitan la libertad del periodista y la verdad tropieza o se ve obligada a saltar zancadillas.
Los periodistas estamos expuestos a seguir estrategias de mercadeo y tendencias de las redes sociales que ejercen cierta hegemonía y que nos puede mover más allá de los principios éticos y líneas editoriales propias. Suele suceder cuando la información busca despertar emociones y sensaciones, con descuido de su único fin: comunicar, informar.
Obtener la información por medios ilícitos como filtraciones, cámaras escondidas y acciones encubiertas son prácticas ilegales que solo se podrían justificar cuando la información es de alto valor e interés para la sociedad y no existen alternativas de averiguación. En estos casos, sin embargo, es necesario advertirlo a las audiencias.
En palabras de Fernando Gómez Martínez, director emérito de El Colombiano, estos son los valores éticos del periódico: “verdad, libertad, justicia, honradez, prudencia, caridad, decencia, bien público y patriotismo, ese haz de palabras y de conceptos forman la columnata de nuestra ética.”.
La ética periodística está en el primer plano: la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano entrega esta semana, aquí en Medellín, el premio Gabriel García Márquez a la Excelencia Periodística a Javier Darío Restrepo, nuestro maestro de ética, y a Marcela Turani, periodista mexicana. Enhorabuena.

Temas de salud: informar sin alarmas

El lector José Eusebio Mejía dice: “…Noto que la televisión, me refiero a algunos noticieros, nos confunden cuando tratan casos de enfermedades y no lo digo solamente por lo que ocurrió en Carmen de Bolívar, porque también los medios crean falsas expectativas con investigaciones y medicinas…. ¿Usted qué opina?”.
La reflexión que pone sobre la mesa el lector refleja una preocupación si analizamos los contenidos relacionados con la salud.
Estos temas han ganado en los últimos años un espacio significativo en los medios de comunicación, igual que un mayor interés en las audiencias.
El desafío de informar sobre salud se enfrenta con algunos obstáculos que el periodista deberá resolver para alcanzar calidad periodística y responsabilidad social.
Los términos científicos deberán traducirse a un lenguaje más fluido y sencillo. No siempre se logra hacerlo con acierto y propiedad por falta de especialización y conocimiento.
Con frecuencia las fuentes médicas se muestran reticentes ante los periodistas por temor a las presentaciones espectaculares y sensacionalistas o a la trivialización o versión reducida y descontextualizada de la información.
Es preciso que las investigaciones de salud remitan a la fuente científica responsable y que la síntesis corresponda a la esencia del estudio sin distorsiones.
Creo que los periodistas deben especializarse para asumir estos retos y no caer en un periodismo escandaloso que viole los derechos de los pacientes y vulnere los de la sociedad.
Crear confusión, alarma y zozobra no son objetivos del periodismo responsable. Informar con claridad y oportunidad, explicar, prevenir y responder las preguntas de las audiencias son fines que debe buscar el periodismo todos los días.
Siempre debe quedar claro que el profesional de la medicina es quien podrá hacer un diagnóstico e indicar los medicamentos y procedimientos del caso. La automedicación debe ser desestimulada por los riesgos que conlleva.
Urge contextualizar la información. Profundizar sobre las causas y los efectos. Buscar nuevos enfoques que hagan énfasis en la condición saludable y no solo en las enfermedades. Crear menos miedos y hablar siempre de la prevención y de los cuidados. Alentar falsas expectativas con productos milagrosos igualmente es nocivo y puede llevar implícito un mensaje publicitario ajeno a los principios del periodismo.

El trabajo armónico de editores y periodistas

El lector Jorge León García escribe: “Estoy de acuerdo con lo que dicen Roberto Ojalvo y Jaime Restrepo, porque no siempre coinciden los títulos que ponen en la primera página y la información de las hojas interiores. ¿Qué funciones cumplen entonces los periodistas y los editores…?”.
El papel de los editores es vital, de ellos depende la calidad del periódico. Este fue el tema de reflexión de las últimas columnas.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano reza: “El editor representa al lector, y, al ponerse en el papel de éste, debe buscar qué es lo que le gustaría leer, cómo sería la mejor presentación, qué historia querría ver en el periódico. Así sabrá que los cambios que les sugiere a las informaciones de sus reporteros las hace en beneficio de los lectores”.
Las palabras del periodista Jean-François Fogel, en uno de sus talleres de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), lo retratan de cuerpo entero:
“En los buenos diarios siempre hay un editor que no hace el diario del día siguiente, de ello se encarga el editor ejecutivo. Del editor del que hablamos es aquel que lee el periódico y toma decisiones en relación con lo que leyó. Y lo hace porque su trabajo consiste en tener la cabeza por encima del agua, pues el periodismo en muchas ocasiones obliga a los redactores a sumergirse en su trabajo, haciendo que pierdan perspectiva”.
Nunca son despreciables las visiones de los redactores. Ellos están en la calle, en contacto con las fuentes y más cercanos que algunos editores que se encierran en la sala de redacción como si se tratara de una urna de cristal.
El trabajo armónico de editores y periodistas es el que garantiza la calidad. El editor acuerda con el periodista los temas; orienta el proceso de indagación; asesora y acompaña la redacción y la edición; nunca descuida la verificación ni la revisión de títulos, textos y demás recursos gráficos, antes de la publicación. Y después de ella, editor y periodista, realizan la evaluación, analizan las implicaciones y proyectan el seguimiento informativo.
Las tensiones propias de una relación profesional deben resolverse sobre la base de los mejores argumentos del periodismo. La misión profesional tiene al frente el compromiso con la verdad y el interés general de los ciudadanos, por encima de la presión de los otros poderes públicos y privados y de los afectos e inclinaciones particulares.

 

El papel del editor es la clave de la calidad periodística

Las últimas reflexiones sobre el arte y la destreza que exigen los títulos de las informaciones dieron lugar a varias preguntas de los lectores sobre las relaciones y el papel que cumplen los editores y macroeditores.
La mesa central de El Colombiano la integran los macroeditores, quienes planean, evalúan y toman las decisiones sobre la agenda informativa. Trabaja en dos tiempos: en la planeación de la edición diaria y en la previsión de asuntos de más largo aliento pero que la redacción debe atender para ediciones futuras o para el cubrimiento periodístico de acontecimientos que así lo ameritan.
Las directrices de la mesa central y de la dirección llegan a los editores de sección para que a su vez sean trasmitidas a los periodistas asignados para cada tema.
La labor del editor comienza en este instante. El enfoque, el tono, las fuentes, el género periodístico y la disposición de los recursos para iniciar la investigación deben ser discutidos con el redactor. Se supone que aquí quedan resueltos los interrogantes del enfoque fino que requiere cada tema para que reúna los requisitos de la calidad periodística, entre ellos: veracidad, imparcialidad, interés público, independencia y responsabilidad social.
Editores y macroeditores realizan una gestión de acompañamiento de principio a fin. Deben cuidar corrección idiomática, concordancia del título y del párrafo de entrada con el relato periodístico, contraste de las fuentes informativas, contexto, interés general. Deben comprender el tema informativo, saber si es noticia y si es oportuna su divulgación.
Un editor debe ser un pedagogo que construya y no simplemente ordene. Todos los días debe abrir la ventana de la sala de redacción y percibir, con sus sentidos, qué esperan sus audiencias, qué información es vital y necesita conocer el ciudadano.
Esta sensibilidad le orientará a la hora de construir la agenda informativa, optar por un título u otro, decidir la jerarquización temática y no fallar a la hora de vestir la primera página. Los hechos más importantes, de mayor impacto son los que se merecen el privilegio que da la exigente selección.
A veces las relaciones profesionales de periodistas, editores y macroeditores fallan en alguna de las fases de la producción, lo que provoca errores que desmejoran la calidad periodística.
Creo que el periodismo es un ejercicio colectivo.

Cuando flaquea la confianza en los medios

Dice Néstor Armando Arbeláez: “Ya le había indagado por el manejo de la información electoral. Usted se refirió al respecto, pero hoy nuevamente insisto sobre el tema porque desgraciadamente en los medios radiales y de televisión, no tanto en los periódicos, se notó la parcialidad política en favor de uno u otro aspirante a la Presidencia de la República. ¿Cómo podrán recuperar la credibilidad perdida esos medios?”.

Esta campaña política tan insultante, agresiva y violenta contagió a muchos periodistas y columnistas que atizaron el “lenguaje del odio”.
Por fortuna, en distintos escenarios ya se inicia un periodo de reflexión. La Asociación Colombiana de Facultades y Programas Universitarios de Comunicación (Afacom) y Teleantioquia, realizaron recientemente el foro Los medios al banquillo. De igual manera, reconocidos periodistas y columnistas estimulan el análisis autocrítico del ejercicio responsable del periodismo en tiempo de elecciones.
“Los medios perdieron de vista la importancia de la tarea que estaban cumpliendo…no se dedicaron a formar y educar al elector, sino a entretenerlo…”, sostuvo Javier Darío Restrepo, maestro de periodistas, en el foro trasmitido por Teleantioquia hace dos semanas.
El periodista Juan Gossaín manifestó en una entrevista reciente publicada por El Espectador: “Si se corrompe la prensa, ¿quién va a vigilar esto? ¿Quién? Esa es mi gran preocupación. Lo que el periodista tiene que entender es que su oficio, primero, es vigilar a los demás. No con alma de carcelero, de eso no se trata. El periodista no está ahí para complacer a nadie, ni a la opinión pública. Está para informarla, no para complacerla”.
Quizás esta situación le restó credibilidad a los medios de comunicación, según lo evidencia la última encuesta de Gallup Colombia Ltda., realizada en junio. A la pregunta, “usted tiene una opinión favorable o desfavorable de los medios de comunicación”, el 60 por ciento de los encuestados respondió que favorable y el 37 por ciento dijo que desfavorable. En junio de 2013 la opinión ciudadana era diferente, según la misma firma encuestadora: 70 por ciento favorable, 28 por ciento desfavorable.
La conclusión es que los medios perdieron credibilidad y por ello se impone aplicar una cuota de autocrítica para reconocer los desenfrenos y retomar los principios éticos y de responsabilidad social del periodismo.