Informar o conmocionar

La segunda parte de la pregunta del lector José Darío Botero: “¿por qué los medios de comunicación se ocupan de temas frívolos y superficiales?” llama la atención sobre la responsabilidad y la misión del periodismo.
La ciudadanía espera que los periodistas informen sobre hechos ciertos, de interés general y de utilidad. Además que la información sea plural y oportuna.
No siempre ocurre así. Algunos medios de comunicación prefieren llamar la atención, y conmocionar, ya sea porque obedecen a modelos periodísticos sensacionalistas o amarillistas o porque buscar con afán mayores audiencias sin importar la pérdida de credibilidad.
El periodismo sensacionalista o amarillista opta por asuntos que provocan gran impacto o despiertan emociones y pasiones y aun exacerban a los lectores, oyentes y televidentes. Ponen grandes titulares, usan un lenguaje histriónico o irritante y fotografías en primerísimos planos.
Algunos medios serios y de trayectoria se dejan seducir por la moda o por seguir sin miramientos las tendencias de las redes sociales.
Otros presentan las informaciones reducidas a expresiones como “los 5 mayores…” o “las 7 maneras de…” o “los 12 alimentos para…”, lo que conduce a un modo de titular las informaciones que pronto se desgasta y aburre por falta de originalidad.
Estas prácticas menoscaban la credibilidad periodística. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2016, realizado por la Asociación de la Prensa de Madrid, APM, que acaba de divulgarse, revela que el amarillismo, el sensacionalismo y convertir la información en un espectáculo es la principal causa de deterioro de la imagen de los periodistas, con un 48,3 %. En el 2015 señala la misma investigación que el daño era del 55,6 %.
Este es uno de los retos del periodismo: insistir en la prevalencia de los criterios informativos sobre las veleidades del sensacionalismo. Contrarrestar estos fenómenos “representan una enorme oportunidad de demostrar que la calidad y la credibilidad no son asunto de mercadeo o popularidad. Un periódico se somete cada día al veredicto de cientos de miles de lectores que, con toda razón, se disgustan si no reciben un trabajo informativo de calidad”, señala el editorial de El Colombiano del 19 de diciembre.
Esta posición guarda coherencia con la filosofía expresada en el Manual de estilo y redacción: “El Colombiano rechaza toda forma de sensacionalismo porque es una deformación de los hechos y porque es un intento de manipulación al lector. En este periódico la sensación de las noticias no estará en su presentación sino en el fondo de la información”.
Para la prensa es fácil caer en la tentación de cierto modelo televisivo o de los impulsos de las redes sociales que para sumar puntos de sintonía o réplicas apelan a las imágenes lacrimógenas, al dolor y al escándalo irrelevante que comprometen muchas veces el derecho a la intimidad y a la dignidad de las personas, pasando, adicionalmente, por encima del respeto y de la sensibilidad de las audiencias.
El lector merece una información confirmada, contrastada, de interés público, “veraz e imparcial”, construida sobre la base de los principios del periodismo ético, responsable y de calidad. Las audiencias deben llamar la atención a los periodistas y a los medios para que este propósito se cumpla.

El bazar de verdades y mentiras

El lector Eduardo Aristizábal Peláez, periodista y abogado, señaló la falta de rigor en las informaciones judiciales al comentar el título: Fiscalía no negociará con Rafael Uribe Noguera e irá a juicio, publicado en la página 7 de la edición del martes 13 de diciembre: Dice que “…el título no falta a la verdad, pero es ambiguo porque da a entender que la Fiscalía tiene la potestad, en este caso, de negociar una rebaja de penas y en realidad el numeral 7 del artículo 199 de la Ley 1098, Código de la infancia y la adolescencia, lo prohíbe…”.
La norma dice: “7. No procederán las rebajas de pena con base en los “preacuerdos y negociaciones entre la fiscalía y el imputado o acusado”, previstos en los artículos 348 a 351 de la Ley 906 de 2004.”.
Este caso es el menos relevante pero ilustra y sirve de ejemplor frente al bazar mediático y de redes sociales al que hemos asistido en los últimos días, en el que se ofrecen por igual verdades y mentiras, rumores, conjeturas, especulaciones y grandes dosis de información imprecisa, sobredimensionada y efectista.
Además del sensacionalismo y de la violación de derechos fundamentales, como el debido proceso, la presunción de inocencia, de la intimidad y la honra, a las que me referí en las últimas columnas, el periodismo falla con frecuencia por la falta de rigor en el uso de los términos jurídicos y judiciales.
Es preciso distinguir las etapas del esquema básico del proceso penal colombiano para redactar con ética, calidad y responsabilidad social frente a los derechos de los implicados en el delito y de las víctimas.
De la propiedad y la pertinencia de los términos y los conceptos dependen el rigor y la imparcialidad con la que los medios de comunicación presentan los hechos a sus audiencias.
Hay que distingir las etapas del esquema básico del proceso penal colombiano: la investigación, a cargo de los fiscales y la Fiscalía General de la Nación; la intermedia o de preparación del juicio; la de juzgamiento, a cargo de los jueces.
En cada una de estas etapas se cumplen acciones, gestiones y pasos que van consolidando la investigación hasta llegar al juicio.
Es vital que los periodistas conozcan las distintas etapas y fases, es decir que comprendan las implicaciones y los alcances de la investigación por parte de los fiscales, la indagación, la audiencia preliminar y la formulación de la imputación, si se llega a este punto sin necesidad de iniciar la etapa del juicio. Igual que del desarrollo de la etapa del juicio oral o preparación del juicio.
Ya en el juicio, el fiscal debe sustentar su acusación. Se pregunta al acusado si se declara inocente o culpable. La defensa presenta sus argumentos (no siempre defiende la inocencia de su cliente). Se practican las pruebas (testimonios, peritajes, dictámenes forenses, etc.). Se presentan los alegatos de conclusión (fiscal vs defensor). El juez anuncia el sentido del fallo. Se dicta sentencia. No siempre la consecuencia es la pena privativa de la libertad (cárcel). Hay penas alternativas: multas. En esta audiencia, la defensa o la fiscalía presentan sus recursos contra la sentencia (reposición y apelación).
A los periodistas nos obliga estudiar estos temas jurídicos y judiciales para informar con veracidad, imparcialidad y responsabilidad. Las audiencias se merecen un periodismo de calidad.

Periodismo y violencia contra la mujer

La lectora Gladis Cecilia Sánchez plantea: “Todos los años hacen campañas para bajar los casos de violencia contra las mujeres, por parte del gobierno y de otras entidades comprometidas con la lucha contra estos delitos. Mi pregunta es ¿qué hacen los medios para apoyar estas campañas? ¿No cree usted que algunos programas de televisión fomentan la violencia en nuestros hogares?”.
Es evidente que a los medios de comunicación les cabe algún grado de responsabilidad social cuando informan sobre la violencia contra la mujer, qué es definida, según la Ley 1257 de 2008 como “… cualquier acción u omisión, que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o en el privado…”.
Cada año, el 25 de noviembre, se efectúa el Día Internacional de la No Violencia contra las Mujeres con el objetivo de combatir estos crímenes. Según el Instituto Nacional de Medina Legal, 1.007 mujeres fueron asesinadas en 2014. En el mismo periodo se registraron 37.881 casos violentos, de ellos 16.088 catalogados como violencia sexual. Sin embargo, se considera que el problema es mayor porque hay subregistro.
El periodismo tiene un papel vital para difundir, alertar, crear conciencia, educar, divulgar acciones positivas y no discriminar ni revictimizar.
La publicación de noticias y resportajes sobre la violencia contra la mujer está sujeta a criterios que no contribuyan a empeorar la situación ni a trasgredir los derechos a la intimidad, el buen nombre y la honra de las víctimas o de sus familias.
Si la mujer agredida no está a salvo la información puede ponerla en alto riesgo como reacción del agresor. Es quizá lo primero que tiene que considerar el periodista que conoce y documenta los hechos.
Guardar la identidad de las víctimas es una práctica frecuente en los casos en los que la vida corre peligro. Es de rigor advertir la publicación de un testimonio.
El lenguaje periodístico debe ser cuidadoso, que no de lugar a la estigmatización ni a la exclusión. No se pueden justificar las agresiones por su condición de mujer ni mucho menos darles vía libre en los contenidos periodísticos.
Es deseable que las informaciones contengan elementos pedagógicos de tal manera que las audiencias puedan acudir a instituciones de salud y justicia en busca de auxilio. La contextualización ayuda en estos casos a comprender la magnitud y el impacto de estas violencias.
Acudir a voces de expertos debe ser actitud rutinaria del periodista: Los médicos, sicólogos y abogados pueden aportar elementos valiosos que dan mayor claridad y mejoran la calidad de la información. De igual manera es conveniente ampliar y diversificar las fuentes de información.
La información preventiva ayuda, sin duda, a combatir la violencia contra la mujer. Así, las audiencias se enteran del hecho escueto y además reciben insumos adicionales que mejoran la percepción de la problemática y favorece la concientización de la sociedad.
Es oportuno señalar el alto riesgo de caer en el campo del sensacionalismo cuando se pasan los límites de lo informativo. Obliga observar las normas sobre la información judicial para no violar el debido proceso o la presunción de inocencia o buscar culpables. El periodista no es juez, solo informa.

¿A quién le gusta que le digan mentiras?

El lector Delio Alberto Calderón escribe: “Veo con preocupación la temática de sus recientes columnas en las que analiza el problema de las verdades y mentiras que recibimos en las noticias y en las redes sociales. Son de bastante interés y por esta razón deseo plantearle una inquietud: cómo hacemos para saber cuál información es verdadera y cuál es mentirosa…”.
La veracidad está en riesgo. Es asombroso el auge que han tomado las redes sociales, la influencia y el impacto que causan, para bien y para mal.
A los medios de comunicación se les exige ética, veracidad, responsabilidad, rigor, imparcialidad y transparencia. En cambio, los contenidos de las redes sociales son asumidos por muchos como ciertos, quizás porque proceden de quienes piensan como ellos.
Algunos políticos corruptos e indecentes manipulan con elementos propagandísticos, llenos de odio, discriminación y desinformación.
Son frecuentes los rumores y los chismes en las redes sociales porque son replicados, automáticamente, sin pensarlo dos veces.
Pero, además, hay otros contenidos que aparentan ser más inocentes: son los que originan fuentes institucionales que ponen sus comunicados directamente, o políticos y funcionarios que formulan sus “declaraciones unilaterales” para que nadie les repregunte.
Un último ejemplo, pero hay más, es del testigo de los hechos, el reportero ocasional que tiene la oportunidad de dar una información sobre un hecho de última hora, pero que ni verifica ni contrasta, como es de rigor en los medios de comunicación.
Por desgracia, a esta clasificación rápida corresponde buena parte de los contenidos de las redes sociales.
¿A quién le gusta que le digan mentiras? Las audiencias están sometidas a este juego peligroso, facilitado por el crecimiento de las redes sociales. De qué maneras afectan la vida personal, familiar y social, cuánta influencia irradian en vastos sectores de la ciudadanía, cuáles son las agendas ocultas, deliberadas o circunstanciales, formadas a partir de un “me gusta”, qué poder y con qué fines son usadas hoy. Son preguntas para hacerse a cada instante.
Las audiencias tienen derecho a la información veraz, imparcial y oportuna. También tiene derecho a una formación que les permita distinguir y elegir contenidos veraces, responsables y útiles, lo que algunos autores denominan alfabetización o educación mediática del lector, oyente, televidente y usuario.
Este es el camino que tienen para convertirse en audiencias críticas, con suficientes competencias para liberarse de la manipulación y el enredo de estas posibilidades tecnológicas tan extendidas hoy en todo el mundo.
“Los periodistas perdimos el monopolio de la información, pero hay mucha parte de verdad oculta que debemos buscar. Hoy todos pueden informar, pero no todo el mundo pueda dar información que nadie se quiere perder y que todo el mundo quiera conservar. El periodismo debe ser productor de una información tan valiosa que nadie la quiera perder”, dice el maestro Javier Darío Restrepo.
La información es un derecho humano fundamental. Conocer la realidad, no la fantasía ni la falsedad, es una prioridad, una garantía que toda persona necesita para tomar las mejores decisiones en la vida pública y en la privada
A nadie le gusta que le digan mentiras. Las audiencias pueden optar por los contenidos de las redes o de los medios. Ante tal cúmulo de posibilidades, las audiencias pueden decidirse por la verdad o por la mentira. Lo irracional es que lo hagan por reflejo o siguiendo las emociones…

“Antes de publicar un tuit hay que pensarlo tres veces…”

A la pregunta sobre qué hacer antes de publicar un tuit, el periodista español Antonio Rubio, director del Máster de Periodismo de El Mundo y Universidad CEU San Pablo, y del de Periodismo, Investigación, Datos y Visualización en la Universidad Rey Juan Carlos, respondió: “Pensarlo tres veces, verificarlo y documentarlo”.
La afirmación la hizo al portal Trecebits, especializado en redes sociales y periodismo, en una entrevista publicada por Manuel Moreno el 2 de noviembre de este año.
El mismo periodista insistió en el Tercer Congreso Latinoamericano de Defensores de las Audiencias, reunido en Ciudad de México los días 7,8 y 9 de noviembre, que los lectores deben exigir transparencia a los periodistas en las fuentes a las que apelan para obtener las informaciones.
Es la metodología que siguen los medios de comunicación. “Lo primero que hacemos es comprobar que la cuenta de la que proviene la información sea real y pertenezca a una persona o institución. Después, intentamos contactar a esa persona para tener más detalles de la información que está difundiendo. El siguiente paso es contrastar la información con otras fuentes, preferiblemente oficiales, como funcionarios de la administración municipal o voceros de la fuerza pública (si es el caso). Si no podemos confirmar que la información es cierta, el rumor no se publica”, es la regla, según lo expresa Estefanía Carvajal, periodista de elcolombiano.com
No obstante, el asunto es complejo porque muchas personas se informan a través de las redes sociales y piensan que se trata de contenidos periodísticos debidamente verificados y contrastados.
La confusión de la lectora Ligia Omaira Betancur de no saber a quién creerle, a la que me referí en la columna de la semana pasada, es evidente.
Varios lectores expresaron sus opiniones. Una de ellas, manifiesta que “…debió verificar al menos si las tales predicciones de terremotos tienen algún fundamento científico. Vale recordar que los juicios a priori y los comentarios que se emiten sin ningún fundamento nos llevan a la crisis de información y de malas decisiones en los que estamos inmersos, y si no miremos cómo están las campañas electorales hoy día…”,
Precisamente, al referirse a la campaña sucia sostenida en el reciente debate de Estados Unidos, el periodista Farhad Manjoo escribió en The New York Times, el pasado 10 de noviembre, una columna titulada En internet, la verdad no es como la pintan, lo siguiente: “…Decenas de canales de noticias verificaron los hechos que mencionaban los candidatos todos los días, la mayoría de las veces en línea; no obstante, sus esfuerzos han probado ser bastante ineficaces para contrarrestar la marea de falsedades”.
Y añadió: “Es por ello que mentir también se ha institucionalizado. Ahora hay sitios web cuya única misión es publicar noticias en línea totalmente falsas e indignantes (al igual que las noticias reales, las noticias falsas se han convertido en un negocio)….”.
Además, algunos autores afirman que los contenidos de las redes sociales son puestos en circulación cuando coinciden con el pensamiento de quienes los replican, formándose una cadena homogénea de opinión, no obstante la abundancia de fuentes informativas.
En consecuencia, a los periodistas corresponde buscar la veracidad, observar el rigor y la transparencia. Y a los lectores, aprender a diferenciar entre los contenidos de los medios de comunicación y los de las redes sociales.

Comentarios incivilizados: ¿Qué hacer?

El asunto de los comentarios de los lectores merece una reflexión adicional para llamar la atención y si es posible alentar la autocrítica de lectores y periodistas. Insisto en el tema porque en las últimas semanas he recibido numerosos mensajes de las audiencias, por la pugnacidad del debate político, expresando la inconformidad, en unos casos porque no aparecen publicados y en otros porque aprovechan el foro para insultar, difamar y sembrar el malestar y el odio.
Internet permite que los medios digitales abran espacios de participación para enriquecer los contenidos, fomentar el diálogo y el debate; para sugerir, criticar, apoyar, estar de acuerdo o en desacuerdo con la información o el artículo de opinión y controvertir con los foristas.
Bienvenida la participación. Los periodistas ya no tenemos la última palabra ni la verdad revelada. Ahora las audiencias pueden complementar, criticar y motivar la investigación de temas relacionados.
Pero estos avances tecnológicos, incluidas las redes sociales, posibilitan la circulación de toda suerte de insultos, mentiras y comentarios dañinos e indeseables que enrarecen y malogran el propósito de este diálogo digital.
Los medios de comunicación y las audiencias están en medio de este propósito, y a la vez despropósito: ¿cómo neutralizar la trasgresión y potenciar la deliberación? No es fácil lograrlo, pero es necesario avanzar para mejorar la salud de los lectores y en general de la información que ahora se extiende en virtud del juicio expresado luego de la lectura juiciosa.
Los filtros y la moderación son instrumentos que resultan insuficientes para alcanzar mejor calidad del foro.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital detalló en la última columna los criterios y requisitos establecidos por El Colombiano en los espacios de interacción. Es un punto de partida para que los comentarios de los lectores fluyan en el escenario que marcan las reglas del diálogo ciudadano civilizado y colaborativo.
Así, como es necesario una dosis de autocrítica por parte de los periodistas, para recibir el juicio de los lectores, es deseable cierta porción de cortesía y de racionalidad en las opiniones y observaciones.
Estos foros, igual que las redes sociales, fueron utilizados en este momento político del país, previo al plebiscito de hoy, por decenas de comentaristas para polarizar aún más la opinión pública, con mentiras, propaganda camuflada y contenidos calumniosos y abusivos.
El debate necesario y pertinente fue suplantado por estos mensajes distorsionados y alejados de la realidad, convirtiéndolos en información o mejor en desinformación para muchos.
Aquí está la gravedad del asunto. Un porcentaje creciente de personas se entera de esa realidad a través de redes sociales o de los comentarios sesgados y no por las informaciones de los periodistas que deben basarse en hechos verificados y contrastados desde varios puntos de vista.
“En un periodo de cinco años (2010-2015), el número de hogares conectados a internet en la región creció 14,1% promedio anual, esto significa que se alcanzó el 43,4% en el 2015, un valor que casi duplica el de 2010. El 54,4% de los habitantes de América Latina y el Caribe usó Internet en 2015, 20 puntos porcentuales más que en 2010…”, según datos publicados hace pocos días por el diario mexicano El Economista.
Por esta razón, urgen fórmulas pedagógicas y mejores sistemas de filtro y moderación para frenar los comentarios incivilizados, por decir lo menos, y elevar el nivel de la interacción.

Bienvenida la participación, pero con reglas

El lector Guillermo León Botero llamó para quejarse de algunos comentarios del foro de lectores: “¿Por qué tanto maltrato, por qué insultan y ofenden, por qué dicen necedades y no se aprovecha para un diálogo útil?…”. En contraste, otros lectores preguntan las razones por las cuales sus comentarios no se publican.
La interactividad es una de las mejores propiedades del periodismo digital. El monólogo de los periodistas se acabó para siempre. Ahora los lectores tienen la posibilidad de profundizar la información, controvertirla, cuestionarla o simplemente comentarla exponiendo, sus puntos de vista.
La participación de los lectores permite enriquecer la información siempre y cuando los juicios de los lectores estén orientados al diálogo inteligente y creador y no a la expresión de calumnias, injurias y maltratos, como lo he anotado en columnas anteriores. Las opiniones se pueden exponer sin insultos ni agravios personales.
La moderación de los comentarios es necesaria porque ayuda a mejorar la atmósfera de la conversación digital. Este proceso requiere de tiempo y recursos para realizar el filtro de los comentarios.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital, señala los criterios y requisitos de la interacción en el sitio web de El Colombiano. Son los siguientes:
No abusar, acosar, amenazar o intimidar a otros usuarios ya sea a través de los chats, foros, blogs o cualquier otro espacio de participación.
No usar estos espacios como medio para desarrollar actividades ilegales o no autorizadas tanto en Colombia, como en cualquier otro país.
Abstenerse de enviar correo electrónico no deseado (SPAM), así como también le está prohibido transmitir virus o cualquier código de naturaleza destructiva.
Abstenerse de compartir y/u ofrecer en el portal productos o servicios no autorizados por El Colombiano.
Abstenerse de compartir información no pertinente con las características del espacio de interacción y participación.
No publicar contenidos que inciten, promuevan, apoyen, defiendan o tengan el carácter de racistas, xenofóbicos, discriminatorios, terroristas, pornográficos o atentatorios del buen nombre, la honra y el honor de las personas y, en general, que atenten contra los derechos fundamentales de terceras personas.
No utilizar materiales protegidos por derechos de autor u otro material de cualquier clase sin el permiso expreso del propietario del material.
No utilizar un lenguaje vulgar, difamatorio, amenazante, denigrante, burdo, falso, engañoso, fraudulento, inexacto, injusto, que contenga exageraciones o aseveraciones no confirmadas, sea irrazonablemente dañino u ofensivo contra cualquier persona, individuo o comunidad, así sea solo identificable.
No utilizar textos, fotografías o ilustraciones de mal gusto, violatorios del derecho a la vida privada y a la intimidad.
No violar o promover la violación de cualquier ley, norma, regulación internacional, nacional, departamental o municipal.
Abstenerse de usar cualquier tecnología que supere los controles o límites que establezca el periódico para compartir contenidos dentro de sus espacios de interacción.
Además, es necesario tener en cuenta, que para garantizar un buen y adecuado uso de los espacios de participación, las personas encargadas de aprobar los comentarios necesitan un tiempo para procesar toda esa información, razón por la cual algunos comentarios no aparecen de inmediato.
Hasta aquí los criterios y requisitos de participación e interacción.
Bienvenida la participación fundada en los argumentos que promueven el diálogo, en vez de los agrarios indignantes, discriminatorios y delictuosos que quieren implantar unos pocos, en perjuicio de la mayoría de los lectores que luego de leer los textos periodísticos exploran los comentarios del foro.

Plebiscito y pluralidad informativa

El lector Miguel Ángel Suárez dice: “¿Cómo pueden garantizar el equilibrio los medios de comunicación en el debate por el Sí y por el No? ¿Usted cree que es posible?
En la última columna se referí inicialmente al cubrimiento que está realizando El Colombiano, para responderles a los lectores que me han escrito por este asunto clave para ejercer el derecho al voto en el plebiscito del 2 de octubre.
El artículo 20 de la Constitución garantiza el derecho a “…recibir información veraz e imparcial…”. Los códigos de ética periodística hacen énfasis en los principios de veracidad, imparcialidad, pluralidad, interés general, transparencia y otros valores exigidos por la información de calidad.
Y para completar el escenario, el manual de estilo del periódico dice: “EL COLOMBIANO acude a varias fuentes de información con el fin de ofrecer a sus lectores una visión plural de los hechos”.
Es cierto que los medios de comunicación tienen una filosofía editorial que los debe guiar en cada episodio o al menos a sentir la necesidad de cumplir con los estándares de veracidad e imparcialidad, para citar los que pide la Constitución.
Los lectores se merecen un ejercicio periodístico que les sirva, en este debate electoral, para formarse un juicio y votar en consecuencia en este acto democrático.
Algunas voces ciudadanas han expresado la validez y gratitud por el ejercicio de poner en la balanza los acuerdos de La Habana, publicados en la edición impresa. Y también, en la digital: Lo esencial de los 6 puntos del acuerdo Gobierno- Farc (http://www.elcolombiano.com/colombia/acuerdos-de-gobierno-y-farc/lo-esencial-de-los-6-puntos-del-acuerdo-gobierno-farc-BI4912470 )
Los ciudadanos pueden leer los aspectos más relevantes de esos acuerdos a la luz de opiniones de caracterizados partidarios del Sí y del No, con el fin de construir un juicio propio para votar informados, conscientes y libres.
“La paz, en todas sus acepciones y versiones, en todas sus posibilidades y consecuencias, debe ser un asunto general, una polémica de cada hogar, de cada empresa, de cada tribuna. No hay que temer al diálogo, al debate, a la divergencia. Es indispensable, hoy más que nunca, trazar el plano de las deliberaciones. Tener un ángulo político y una fuerza argumentativa para afrontar las nuevas realidades en el país que necesita una sociedad serena que delibere sobre su futuro”, convoca el editorial de El Colombiano del pasado 7 de septiembre.
Sin embargo, la preocupación del lector obedece al clima enrarecido por la pugnacidad de las palabras y las imágenes y por las campañas de desinformación y propaganda en redes sociales, pero que a veces se extienden a medios de comunicación.
La veracidad y la pluralidad están en alto riesgo por silencios prolongados sobre hechos de interés general, énfasis deliberados en torno a ciertas informaciones o por el escaso despliegue de noticias que tienen un mayor impacto en la sociedad. También, por esa fusión de opinión e información que puede confundir a las audiencias.
Es oportuno decir que opinión no es información. La opinión no informa aunque se base en hechos. La opinión esta llamada a convencer, a persuadir, a lograr la adhesión a una idea mediante la argumentación.
En cambio la información se sustenta en hechos ciertos, verificados y contrastados desde distintos puntos de vista.
Veracidad y pluralidad son atributos de la información y no de la opinión.

La balanza informativa

A escasos días del plebiscito el periodismo tiene un gran reto: informar con veracidad, imparcialidad y transparencia para que el ciudadano participe con libertad en las urnas.
El desafío es que el voto por el Sí o por el No sea consciente e informado.
En los últimos días han escrito y llamado varios lectores, unos a felicitar por la información y la campaña orientada para que el ciudadano analice el documento aprobado en La Habana por los negociadores del gobierno y de la guerrilla. Y, otros, a expresar sus observaciones sobre una información en tal o cual sentido.
Este reto periodístico es mayor por cuenta del grado de radicalización a que se ha llegado por parte de uno y otro bando y del gran muro de insultos y distorsiones escrito en las redes sociales. Muchos de los gritos y falacias son alentados por campañas proselitistas que quieren sembrar el discurso del odio.
EL COLOMBIANO, además de informar y opinar sobre los aspectos más importantes de dichos acuerdos, emprendió una campaña informativa para analizar cada uno de los seis puntos del acuerdo con la exposición de voceros representativos del Sí y del No.
La campaña alienta a los lectores a documentarse sobre los contenidos más trascendentales y a reflexionar mediante la ayuda de una balanza que permite sopesar los juicios resultantes de la lectura y la introspección.
Así lo explica Gustavo Gallo Machado, macroeditor de Actualidad: “Un acuerdo de 297 páginas, con términos que para muchos ciudadanos son difíciles, es un reto complicado de entender para cualquier colombiano. Por eso, luego de conocer el acuerdo final entre el Gobierno y las Farc, en el periódico nos preguntamos, qué podíamos hacer para explicar un poco más el documento. Ahí fue cuando surgió La Balanza, una iniciativa que pretende hacer pedagogía y darle argumentos al ciudadano para votar el próximo 2 de octubre en el plebiscito”.
Añade: “La Balanza además se enriquece con voces de expertos, quienes presentan sus puntos de vista sobre cada uno de los seis puntos. La Balanza deja un espacio en blanco para que nuestras audiencias participen y fijen su opinión, luego de conocer los puntos y evaluar las posiciones a favor y en contra”.
Y concluye: “De igual forma, en nuestra plataforma digital www.elcolombiano.com La Balanza también la presentamos para que sea compartida por nuestros lectores en las redes sociales con el hashtag #plebiscitoenlabalanza. La campaña irá hasta el 2 de octubre, cuando se vote el plebiscito”.
Considero valioso el esfuerzo periodístico para llevar a los lectores información de interés público, veraz, plural, contextualizada, transparente y con oportunidad, conforme a los postulados del periodismo responsable.
La información veraz, verificada y contrastada con las voces de los distintos sectores de la opinión pública alcanzan los estándares del periodismo ético y de calidad que se merecen las audiencias.
El cubrimiento periodístico de los hechos más relevantes de este plebiscito del 2 de octubre, que determinará el futuro del país en los próximos años y décadas, unido a la campaña pedagógica que explica y pone en contexto los puntos centrales de cada uno de los acuerdos, llevarán al ciudadano a tomar una decisión mejor informada.
Este propósito ya ha motivado voces de aprobación según se pueden leer en los comentarios de los lectores.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

La búsqueda de la imparcialidad

El lector Juan David Arango llamó inquieto por las fotografías publicadas este viernes, en primera plana, sobre las manifestaciones registradas en Caracas en contra y a favor del gobierno venezolano de Nicolás Maduro.

Esta fue la pregunta: “Me puede decir ¿qué quisieron decir ustedes con la foto dividida de las protestas en Caracas? Me gusta esa imagen porque presenta las dos caras de esas manifestaciones pero quiero que usted me diga su opinión como defensor….”.

En primer lugar valoro la capacidad de observación y el deseo de conocer cómo se decide la primera página del periódico.

Al respecto,  el macroeditor Gráfico, Germán Calderón Linares, explicó: “La información sobre marchas multitudinarias y número de participantes siempre ha sido compleja en cuanto a su cálculo por llevarse a cabo en espacios abiertos. Adicionalmente las cifras sobre manifestantes difieren en el número de simpatizantes dependiendo de las diversas fuentes, al no existir una oficial”.

Y añadió: “Ante este hecho, la propuesta desde el área gráfica fue remitirnos a la revisión de todas las fotografías que nos proveen nuestros servicios de prensa. En aras de la imparcialidad, usamos dos imágenes contrastadas en forma diagonal para que los lectores pudieran tener referencia visual de la magnitud de las dos movilizaciones, guardando la equidad en el tamaño y la disposición, y presentando simultáneamente dos espacios diferentes de la protesta a fin de informar de manera imparcial sobre las concentraciones”.

La información periodística se basa en hechos verificados y contrastados.  Los principios de veracidad, imparcialidad y pluralidad son requisitos fundamentales del periodismo.

La búsqueda de la imparcialidad llevó los macroeditores y editores a ponerse de acuerdo sobre  la mejor manera de ilustrar los acontecimientos de Caracas.

Un vistazo a las  imágenes de las portadas de la prensa venezolana desvela tres tendencias: los periódicos gobiernistas ignoraron la marcha de la oposición que clama por el revocatorio; los diarios del otro bando, desconocieron la protesta oficial, y un tercer grupo le dio cabida, en primera plana, a las dos marchas.

El Colombiano, tal como lo explica Calderón Linares, rompió el esquema y presentó dos segmentos de ambas marchas para informar sobre este asunto que marca un hito clave de la historia del hermano país.

Las portadas motivan observaciones frecuentes. En otro caso, el lector César Cárdenas cuestionó: “El domingo El Colombiano publicó en la portada una foto de espaldas del boxeador Yubergén Martínez como campeón. Me parece que a nuestros deportistas negros también se les puede dar un trato sin discriminaciones raciales. En cambio cuando es la campeona Mariana Pajón, publican sus fotos sonriendo y de frente. Le dejo la inquietud al editorialista”.

Quizá la duda quedó resuelta el jueves pasado cuando con idénticas especificaciones aparece la imagen de Dilma Rousseff, la depuesta presidenta de Brasil…

El macroeditor Calderón Linares respondió: “Extiendo la invitación a revisar nuestro suplemento deportivo que acompaña la edición del domingo 14 de agosto (página 6). Allí aparece la imagen frontal de nuestro Boxeador Yuberjén Martínez durante el combate. Foto acompañada de una crónica que destaca su actuación. En la misma portada del deportivo usamos otra de las imágenes suministrada por nuestras agencias de noticias aliadas en el cubrimiento Olímpico en donde se aprecia la foto de espaldas del gimnasta Jossimar Calvo”.

Considero que se trata de un recurso gráfico usado con frecuencia, ajeno a cualquier intención discriminatoria. Basta revisar el despliegue informativo que han tenido nuestros deportistas olímpicos.