Las competencias matemáticas

Las correcciones de números, cifras, porcentajes y las equivocaciones en operaciones matemáticas detectadas por las audiencias, a las cuales me referí en la última columna, motivan esta nueva reflexión sobre el asunto.
Los lectores Lisandro Mesa O., Michel Taverniers, Federico Díaz González, Carlos Gaviria Zuluaga, Gabriel Escobar Gaviria, entre otros, me envían con frecuencia sus críticas y comentarios sobre los errores numéricos que se cuelan en las informaciones. Gracias por ayudarnos a mejorar la calidad del periódico.
¿Por qué cometemos estos errores? El portal Lainformación.com entrevistó a John Allen Paulos, autor de libros como El hombre anúmérico: a la pregunta “¿Cuál es nuestro peor pecado?”, respondió que “para mí es el de no tener una perspectiva real del tamaño de las cifras de las que informan. Se habla de gastos de millones de dólares, pero daría igual que se hablara de billones o trillones, porque los números suenan igual. Pero tiene implicaciones políticas cuando se habla de invertir en una guerra, por ejemplo. Un millón de segundos son 11 días y medio, pero mil millones de segundos son 32 años, y un billón de segundos son 32.000 años. A veces se usan las Matemáticas y las cifras para confundir”.
Una propuesta procedente sería realizar una evaluación en la sala de redacción para buscar la superación de estas faltas, algunas de las cuales se podrían resolver con una lectura más al texto y el apoyo de editores y macroeditores.
La autocrítica que nos ayuda a avanzar en el buen uso del lenguaje, y en este caso, al correcto manejo de los números, porcentajes, promedios, tasas, medidas y en general cálculos aritméticos y estadísticos. Siempre están en juego la veracidad, la responsabilidad y la credibilidad del periodista y el medio de comunicación.
Un programa de refrescamiento de las matemáticas es valioso con el fin de mejorar las competencias pertinentes. Considero que es además el paso de entrada a lo que los teóricos llaman periodismo de precisión, periodismo de datos o de investigación.
Cada vez es más urgente mirar adentro de los balances, las estadísticas y las cifras que entregan las fuentes de información, principalmente las oficiales. A veces estas cifras desinforman en vez de aclarar. Son parciales y sesgadas o simplemente no dicen nada.
Las estadísticas de crímenes, los gastos de las campañas electores, las cifras de desempleo, el aumento del costo de vida, el análisis de las encuestas, la balanza comercial, las transacciones de la bolsa de valores y la fluctuación del dólar, para mencionar solo algunos temas, son insumos frecuentes y corrientes que el periodista debe manejar con todas las competencias matemáticas y estadísticas para informar con rigor y precisión.
Hay que ir de lo simple a lo complejo porque el periodismo de investigación se apoya en las averiguaciones que resultan del uso de una hoja de cálculo, o del análisis de una base de datos. Con frecuencia estas investigaciones son realizadas mediante proyectos colaborativos en lo que participan profesionales de otras disciplinas como ingenieros informáticos, estadísticos y expertos en análisis de encuestas de opinión.
El propósito es mejorar las competencias matemáticas para alcanzar la calidad periodística.

“La calidad es lo único que hará imprescindibles a los medios”

La reflexión de hoy complementa las anteriores, que dan respuesta a la queja de la lectora Ligia Omaira Betancur, quien expresó su confusión por las informaciones de redes sociales y medios de comunicación con motivo del sismo registrado el domingo 30 de octubre, en el centro del país.
La calidad periodística no está de moda, está en emergencia. En los análisis, foros y actos académicos se invoca como la única opción que tienen los medios de comunicación para recuperar y mantener la credibilidad y para enfrentar los contenidos aparentemente verdaderos y llenos de mentiras y de odio que abundan en las redes sociales.
En la entrevista que publicó EL COLOMBIANO, el viernes 18 de noviembre, el periodista Javier Uribe, subdirector de diseño de El Universal, de Ciudad de México, dice: “En el día a día la gente a veces da como si fuera una verdad toda la información que circula y muchos medios la asumen como cierta si ya está en internet o en redes sociales. Los periódicos tienen que tener un ejercicio de verificación, verdaderos filtros, antes de darla por cierta o válida”.
Milagros Pérez Oliva, exdefensora del lector del diario madrileño El País y ahora columnista, escribió el 13 de noviembre, lo siguiente: “Si los periodistas no somos capaces de autorregularnos y garantizar una información de calidad, rigurosa y fiable, nuestro prestigio seguirá cayendo y seremos presa fácil de campañas como las de Trump. Pronto surgirán propuestas para regularnos desde el poder político. Y eso ya sabemos qué tipo de peligro representa para la libertad de expresión y el derecho a la información”.
Añadió: “Una sociedad compleja como la nuestra, necesita mucha y muy buena información para poder tomar decisiones acertadas. Una mala información conduce a una democracia de peor calidad”.
Y para resumir las citas, el periodista Gerardo Albarrán de Alba, manifestó en la inauguración del Tercer Congreso de Defensores de las Audiencias, efectuado del 7 al 9 de noviembre en Ciudad de México, que “El ciudadano no debe eludir la responsabilidad social de pensar, y por lo tanto, de buscar información de calidad y de discernir entre la calidad de las fuentes de información…”.
La calidad periodística es asunto de todos. Los periodistas debemos observar los principios éticos profesionales, la veracidad, el primero.
Y a propósito, en estos días el diccionario Oxford proclamó el término posverdad como la palabra del año, al acoger un concepto que quieren posicionar los políticos para indicar que la verdad no importa ya, lo que vale es la posverdad, basada en lo que cree la gente, o sea en convicciones emocionales aunque estas riñan con la racionalidad y los hechos verdaderos.
Las posverdades inundan redes sociales e internet, en tanto que los medios hablan de hechos reales, verificados y contrastados. Ahí está una clave de la confusión a la que se refiere la lectora Ligia Omaira Betancur.
Los lectores críticos deben aprender a diferenciar estos conceptos porque de la calidad de la información va a depender también la calidad de la democracia y la calidad de nuestra experiencia vital.
Creo que las facultades de periodismo y comunicación tienen un filón para ahondar en estos asuntos de verdad vs. posverdad y medios vs. redes sociales.

La balanza informativa

A escasos días del plebiscito el periodismo tiene un gran reto: informar con veracidad, imparcialidad y transparencia para que el ciudadano participe con libertad en las urnas.
El desafío es que el voto por el Sí o por el No sea consciente e informado.
En los últimos días han escrito y llamado varios lectores, unos a felicitar por la información y la campaña orientada para que el ciudadano analice el documento aprobado en La Habana por los negociadores del gobierno y de la guerrilla. Y, otros, a expresar sus observaciones sobre una información en tal o cual sentido.
Este reto periodístico es mayor por cuenta del grado de radicalización a que se ha llegado por parte de uno y otro bando y del gran muro de insultos y distorsiones escrito en las redes sociales. Muchos de los gritos y falacias son alentados por campañas proselitistas que quieren sembrar el discurso del odio.
EL COLOMBIANO, además de informar y opinar sobre los aspectos más importantes de dichos acuerdos, emprendió una campaña informativa para analizar cada uno de los seis puntos del acuerdo con la exposición de voceros representativos del Sí y del No.
La campaña alienta a los lectores a documentarse sobre los contenidos más trascendentales y a reflexionar mediante la ayuda de una balanza que permite sopesar los juicios resultantes de la lectura y la introspección.
Así lo explica Gustavo Gallo Machado, macroeditor de Actualidad: “Un acuerdo de 297 páginas, con términos que para muchos ciudadanos son difíciles, es un reto complicado de entender para cualquier colombiano. Por eso, luego de conocer el acuerdo final entre el Gobierno y las Farc, en el periódico nos preguntamos, qué podíamos hacer para explicar un poco más el documento. Ahí fue cuando surgió La Balanza, una iniciativa que pretende hacer pedagogía y darle argumentos al ciudadano para votar el próximo 2 de octubre en el plebiscito”.
Añade: “La Balanza además se enriquece con voces de expertos, quienes presentan sus puntos de vista sobre cada uno de los seis puntos. La Balanza deja un espacio en blanco para que nuestras audiencias participen y fijen su opinión, luego de conocer los puntos y evaluar las posiciones a favor y en contra”.
Y concluye: “De igual forma, en nuestra plataforma digital www.elcolombiano.com La Balanza también la presentamos para que sea compartida por nuestros lectores en las redes sociales con el hashtag #plebiscitoenlabalanza. La campaña irá hasta el 2 de octubre, cuando se vote el plebiscito”.
Considero valioso el esfuerzo periodístico para llevar a los lectores información de interés público, veraz, plural, contextualizada, transparente y con oportunidad, conforme a los postulados del periodismo responsable.
La información veraz, verificada y contrastada con las voces de los distintos sectores de la opinión pública alcanzan los estándares del periodismo ético y de calidad que se merecen las audiencias.
El cubrimiento periodístico de los hechos más relevantes de este plebiscito del 2 de octubre, que determinará el futuro del país en los próximos años y décadas, unido a la campaña pedagógica que explica y pone en contexto los puntos centrales de cada uno de los acuerdos, llevarán al ciudadano a tomar una decisión mejor informada.
Este propósito ya ha motivado voces de aprobación según se pueden leer en los comentarios de los lectores.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

¿Se puede fotografiar a un transeúnte?

El lector Juan David Aguirre pregunta: “¿Hasta qué punto me pueden tomar una fotografía y publicarla en el periódico sin mi consentimiento? ¿Cuáles son las normas que rigen para la publicación de las fotografías periodísticas y las imágenes de televisión, no considera usted que a veces hay abusos…?”.
Tal vez el lector se refiere a la molestia que le puede causar verse en una fotografía tomada en la calle para informar sobre un acontecimiento o un hecho de interés público.
Por norma general no hay limitaciones en las circunstancias descritas por el lector. Germán Calderón Linares, macroeditor Gráfico dice: “El registro gráfico de terceras personas en la vía pública atiende a un interés periodístico de carácter social, urbano, científico, histórico o cultural de relevancia. En lugares privados sólo se publican con autorización expresa de la persona que aparece en la imagen”.
De todas maneras es importante tener en cuenta algunas consideraciones detalladas porque a veces surgen conflictos entre la libertad de expresión del fotógrafo y el derecho a la intimidad de las personas.
En lugares públicos no se requiere permiso para documentar con imágenes la información de interés o de importancia para las audiencias y la ciudadanía. Sin embargo, alguien podría solicitar que no les tomen fotografías en virtud de un derecho personalísimo, o sea aquellos que están íntimamente ligados a la personalidad, aún en sitios públicos.
Otro asunto limitante se presenta cuando una persona luce un vestido o un objeto protegido por derechos de propiedad intelectual, caso en el cual es necesario obtener su beneplácito.
Hay circunstancias en las que la ética periodística obliga al fotógrafo a tener cautela por la crudeza de las escenas causadas por hechos violentos y de terrorismo. Al menos evitar los primeros planos. En estos casos se puede violentar la sensibilidad de los lectores por la naturaleza amarillista de los registros.
Una pregunta que se debe hacer en las salas de redacción es qué información suma la publicación de estas fotografías que pueden afectar la sensibilidad de los adultos y de los niños. Es decir, si son necesarias y agregan valor informativo.
También hay debate profesional, ético y aún político sobre la publicidad de actos terroristas. Algunos autores consideran que la divulgación es uno de los objetivos que busca el terrorismo porque al aumentar el miedo multiplican el daño y potencian la violencia.
No es fácil resolver esta cuestión porque el periodismo es el garante del derecho a la información veraz y oportuna. No hacerlo sería un caso de censura o autocensura cuyas implicaciones igualmente son nocivas para la sociedad.
El asunto se resuelve en el cómo se informa para garantizar el derecho y no hacerle el juego al terrorismo. Nada fácil, repito, cuando hay que tomar decisiones sobre si se publica o edita una fotografía. Y aún más dramático, sobre cómo hacer el encuadre en el mismo instante que se decide tomar la fotografía.
Cuando se trata de menores de edad, “la Ley 1098 de Infancia y adolescencia prohíbe la publicación de fotografías e identidades de menores de edad que sean víctimas o victimarios de delitos. Se exceptúan las desapariciones (incluso una presunta desaparición forzada), pues las fotos pueden ayudar a dar con la ubicación del menor”, recuerda Germán Calderón Morales.
En la próxima columna voy a referirme a otros aspectos de interés sobre este asunto de las fotografías periodísticas.

¿Cubrir o descubrir?

El lector Juan Leonado Ortiz considera que “… en general a los periodistas les falta investigar más lo que ocurre en el gobierno, ya sea nacional, departamental o municipal. No pueden tragar entero y reproducir la información que sale de la boca de los funcionarios o que les llega en los boletines de prensa y deben seguirles las pistas a los anuncios oficiales…”.
El lector cuestiona el periodismo y sugiere varios interrogantes sobre los cuales es oportuno reflexionar: ¿Cuál es la función del periodismo y cuál el papel de los periodistas frente a la información de las entidades públicas? Y aún otro: ¿Qué distancia deben guardar los periodistas de las fuentes oficiales para merecer la credibilidad de las audiencias?
El periodista debe descubrir en vez de cubrir, aunque el Diccionario de la Real Academia Española, RAE acepta este último término: “Dicho de un informador: Seguir de cerca las incidencias de un acontecimiento para dar noticia pública de ellas. Cubrir la información del viaje real. Cubrir el viaje real”.
Considero, así, que el periodista tiene la misión de cubrir los hechos y descubrir en las declaraciones de funcionarios públicos y en las líneas de un comunicado de prensa las novedades y los acontecimientos que afectan e impactan a los ciudadanos para confeccionar la información que les suministra.
Un comunicado es la cuota inicial de una noticia o reportaje. Transcribirlo tal cual sería solo la acción de ponerle un altavoz a la información oficial.
Preguntar y repreguntar; escuchar otras voces; consultar la contraparte; mirar los hechos desde múltiples perspectivas; revisar los antecedentes y explorar los contextos, son actividades propias y lógicas del trabajo periodístico que busca llevar información veraz, imparcial, rigurosa y de calidad a las audiencias.
Cuando el periodista pregunta lo hace en nombre de los ciudadanos. Los periodistas somos garantes del derecho de información. Tenemos la responsabilidad de entregarla para que el ciudadano se informe, se forme una opinión personal, tome las decisiones del caso y tenga elementos de juicio para participar, si así lo desea, en el debate público.
La cercanía a las fuentes oficiales puede comprometer la autonomía de los periodistas, especialmente cuando las relaciones arriesgan la independencia, que es uno de los principios fundamentales del ejercicio profesional.
“Para EL COLOMBIANO es un deber mantener a salvo de cualquier clase de presiones la veracidad e imparcialidad de sus informaciones. Se lo exigen la buena fe de sus lectores y la necesidad de preservar su activo más valioso: su credibilidad”, declara el Manual de estilo y redacción.
La credibilidad se mantiene si el medio y el periodista hacen el seguimiento informativo. Descuidar y abandonar los asuntos de interés general menoscaban la confianza en ambos, causando el malestar que manifiesta el lector por la falta de memoria. Indagar por los plazos, buscar lo que alguien quiere mantener oculto y rastrear los datos más relevantes son tareas clave.
Aquí es cuando el periodismo de investigación cobra vigencia, para ejercer la tarea de fiscalización de los poderes públicos y contribuir a la salud de las instituciones democráticas. Quienes toman decisiones que afectan el interés público, por mandato popular o por nombramiento, están sometidos al escrutinio de los medios de comunicación y de la ciudadanía.
Veracidad, independencia, imparcialidad y transparencia son requisitos de una información de calidad que garantizan el derecho a la información y en consecuencia alientan la participación de los ciudadanos, el disenso y la construcción de mejores instituciones.
En otra oportunidad habrá que volver a reflexionar sobre la responsabilidad social de medios y periodistas.

Rigor: garantía de credibilidad

El lector Lisandro Mesa O. dice: “El artículo publicado el día de hoy (3 de diciembre) en la página 4 (Actualidad) tiene imprecisiones al cuantificar el número de países europeos que no exigen visa: El encabezado informa de 26 países. En el desarrollo de la noticia enlistan 27 países. En la infografía aparece una lista con 28 países. ¿Son 26, 27 o 28 los países?”.
Y añade “Verificando la información en la página de la cancillería se evidencia porque el gazapo: “Colombianos pueden viajar sin visa a 26 países de la Unión Europea más Suiza y Liechtenstein”. En el encabezado el periodista no suma los dos países del titular de la cancillería (Suiza y Liechtenstein), en el desarrollo de la noticia tuvo en cuenta solo uno (Suiza) y en la infografía aparece la lista total”.
Santiago Valenzuela, autor de la noticia anota lo siguiente:
“Revisando la información, veo que el lector tiene razón. Es un tema complejo porque se debe precisar la diferencia entre espacio Schengen y Unión Europea (el Acuerdo fue suscrito con la Unión Europea). La Unión Europea está compuesta por 28 países, el Espacio Schengen por 26 países. De los 26 países, 22 son miembros de la Unión Europea : Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estonia, Finlandia, Francia, Suecia, República Checa, Hungría, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Grecia. Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza y no hacen parte de la Unión Europea. La información de la Cancillería ha venido variando y por eso cuando se habla sobre visa Schengen quizá se mencionen menos países. Así lo explica la Cancillería:
¿En qué consiste el acuerdo de exención de visa suscrito con la Unión Europea?
Es un acuerdo que permitirá a los ciudadanos colombianos viajar, sin necesidad de solicitar una visa, a 26 de los 28 países miembros de la Unión Europea, por un tiempo máximo de 90 días, continuos o no, dentro de un periodo de 180 días. Ni Irlanda ni el Reino Unido se encuentran dentro del Acuerdo, por lo que es necesario solicitar una visa para visitar estos países.
Sobre los países que no hacen parte de la Unión Europa la Cancillería informa los siguiente (diciembre 18 de 2015):
¿Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza están incluidos en el Acuerdo?
Estos cuatro países no hacen parte de la Unión Europea y no están incluidos en el Acuerdo de exención de visa de corta estancia. Sin embargo, estos cuatro países decidieron hacer extensivo este beneficio y a partir del 3 de diciembre permitirán el ingreso de los colombianos a su territorio sin necesidad de visa.
Al respecto, considero que las imprecisiones, por leves que parezcan, lesionan el rigor, una de las cualidades del periodismo de calidad. La credibilidad del periodista y del medio siempre está en juego; se construye todos los días mediante la acción disciplinada, constante, de contrastar las fuentes informativas, corroborar los datos y revisar con lupa cada cifra. Es frecuente que se tengan que ampliar los detalles o contextualizar la historia para lograr mayor claridad y rigor.
Si las fuentes consultadas no coinciden en uno de los datos, “El periodista debe señalar con claridad la discrepancia que surja entre varias fuentes acerca de un hecho. En ningún caso se optará sin explicación por una versión, sea en los títulos o en las entradas”, señala el Manual de estilo y redacción de El Colombiano.
En reflexiones futuras me referiré a otras imprecisiones detectadas por las audiencias en los últimos días y que menoscaban la credibilidad y la calidad.

Lluvia de encuestas en época electoral

La lectora Rosario Jaramillo dice: “En otra ocasión le había escrito para expresar sospechas por las encuestas. En esta época todos recibimos una verdadera lluvia con resultados tan distintos que desconciertan… ¿Quiero preguntarle por qué a los periodistas les llama tanto la atención y las difunden espectacularmente….?”.
Las encuestas hacen parte de la agenda periodística electoral. Unas son contratadas por medios y otras ordenadas por los partidos y movimientos políticos. Cambian a medida que los ciudadanos conocen las propuestas y se forman un concepto, favorable o desfavorable, del candidato.
No son iguales porque varían las metodologías empleadas para capturar la información. Dependen de si son telefónicas o presenciales; del tamaño de la muestra y de otras circunstancias. Quizás la mejor explicación es que se trata de una fotografía instantánea, que se modifica cada vez.
Los medios de comunicación tienen algún grado de responsabilidad en la atmósfera de desconfianza que invade a los ciudadanos por estos días. En primer lugar porque le dan un despliegue exagerado a los datos, los magnifican muchas veces sin tener en cuenta el margen de error. Lo más relevante de las encuestas está en el análisis de las tendencias que perfilan a los candidatos de una a otra medición.
También, porque algunos publican mediciones ordenadas por la campaña de un candidato, con muestras construidas a conveniencia para usarlas como estrategia de propaganda electoral.
La legislación colombiana dispone que las encuestas sean realizadas por entidades inscritas y que la publicación incluya la ficha técnica. La cantidad y disparidad de los resultados las pone hoy en medio de la controversia nacional.
Buen momento para insistir en la transparencia: que siempre se sepa quién paga la encuesta, cuál es la metodología realizada y cuáles son los datos de la ficha técnica. Y, para defender la libertad de expresión y alertar sobre pretensiones de manipulación y de control informativo.
Creo que las encuestas aportan información pertinente y que el periódico las maneja con responsabilidad: “Las encuestas que contrata y publica EL COLOMBIANO son realizadas por Invamer Gallup Colombia, firma de gran trayectoria y credibilidad. La información que las acompaña se publica atendiendo todos los compromisos que este diario ha hecho con sus audiencias (verdad, rigor periodístico, transparencia, imparcialidad).”, anota el editorial del 11 de octubre.

Primero la veracidad que la inmediatez

La lectora Paulina Lopera pregunta: “Por qué en general los medios de comunicación se apoyan en Twitter para informar, muchas veces en forma incompleta y errónea? ¿No cree que debieran ser más cuidadosos? ¿Cómo es el uso que ustedes le dan en El Colombiano a esta red social?”.
Sobre la primera parte de la pregunta hay que decir que el periodismo tiene en Twitter una poderosa herramienta que le ayuda a cumplir la misión de informar veraz, imparcial, oportunamente y con trasparencia.
A través de esta red social los periodistas nos ponemos en contacto con testigos de acontecimientos de última hora en forma inmediata. El contacto con estas personas mejora la calidad de la información toda vez que son fuentes directas que pueden suministrar datos clave. Además, los comentarios, fotografías u videos de estos testigos pueden ser tomados como parte del relato periodístico a modo de productores colaborativos.
También pueden ser fuentes permanentes u ocasionales, si las seguimos o si el contacto es eventual.
Podemos, igualmente obtener informaciones clave que estemos buscando u opiniones que solicitemos con base en una pregunta o un cuestionario. Twitter nos permite una rápida respuesta.
Después de la publicación, Twitter se convierte también en poderoso canal de distribución para llegar a las audiencias próximas y remotas, a los seguidores y aun a quienes no lo sean.
Estas son algunas de las ventajas que ofrece Twitter.
Ahora démosle un vistazo a los requisitos y riesgos que presenta. En primer lugar, los medios de comunicación deben verificar todos los mensajes, ya sea que los retuité o que tome la información para desarrollarla.
Verificar y contrastar los hechos son requisitos mínimos del periodismo. Ni rumores ni datos suministrados por una sola fuente adquieren la calidad de información y su publicación riñe con los principios periodísticos.
También, es fácil que el periodista resulte asaltado en su buena fe por tuiteros malintencionados o robotizados o por estrategias de propaganda etiquetada como información.
Muchos medios de comunicación han quedado en ridículo por reproducir mensajes de Twitter sin confirmar. Con dolor han debido rectificar y asumir la pérdida de confianza y credibilidad de sus audiencias.
La inmediatez y la velocidad no están en el escenario de la calidad periodística, que tiene en la veracidad su mejor valor. Calidad y veracidad marchan más lentamente…

Un lector pide variar las fuentes de información

El lector Alfonso María Gómez dice: “Usted puede explicarme porque los medios de comunicación citan las mismas fuentes de información y no presentan las ideas de otras personas que pueden tener conceptos diferentes sobre los hechos nacionales…”.
El asunto de las fuentes de información es un tema recurrente. En otras oportunidades me he referido a distintos aspectos.
El lector tiene razón: es de la esencia del periodismo buscar fuentes variadas para obtener mejor información y más amplia gama de opiniones.
Las audiencias tienen derecho a conocer la identidad de las fuentes y sus relaciones con el hecho objeto de la información. El periodista lo garantizará, a menos que se convenga un pacto para no revelar su identidad. En estos casos también surge el compromiso de comunicar que se acordó el sigilo profesional entre el periodista y la fuente, conforme a las normas legales y la ética.
En las labores de investigación, considero que el periodista consultará las fuentes directas y pertinentes, pero debe tratar de buscar nuevas voces que le ayuden a descubrir la realidad de los hechos.
En cuanto a las opiniones, es deseable tener visiones disímiles para que, en medio de la controversia, contribuyan a echarle luz a las ideas y a los acontecimientos.
Por esta razón, el editorial de El Colombiano tiene una opinión que se aparta de la postura del periódico para que el lector tenga más elementos y se forme su propio juicio.
El periodista tiene responsabilidad social sobre las fuentes de información y sobre las relaciones que se crean.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano establece al respecto:
“2.1.11. Debe informarse al lector sobre el origen de la información: si es el propio periodista, como testigo directo de los hechos, o si es versión de una sola o de varias personas, o de una o varias agencias de noticias”.
2.1.12. El pacto con la fuente, que prohíbe su identificación, no elimina el derecho del lector a saber de dónde proceden la autoridad e idoneidad de la fuente para informar. Por tanto, debe consignarse los datos sobre la relación de la fuente con el tema, aunque sin violar el sigilo…”.
El Manual también establece que las opiniones siempre deben tener fuente: “…para el lector, no tiene valor alguno una opinión sin el nombre de quien la emite…”.
Este tema es más amplio y requiere de nuevas reflexiones en espacios futuros.

El cuidado de las notas breves

La sección Un día como hoy, hace 25 años, se publica en la página de Juegos y retos y contiene además historietas, horóscopo, sudoku y sus resoluciones y la del crucigrama. Su autora, María Teresa Valenzuela, también la divulga en el blog Casillero de Letras.
Sobre la nota del aniversario del fallecimiento del expresidente Alberto Lleras Camargo, página 38 de la edición del 5 de enero, el lector Bernardo González White comenta:
“En su espacio Un día como hoy, -hace 25 años – El Colombiano, lunes 5 de enero, escribió sobre el Luto por la muerte de Lleras Camargo. Solo menciona que fue presidente entre 1945 a 1946 (Interino) y olvida que el doctor Alberto Lleras Camargo fue el primer presidente del Frente Nacional, elegido por el voto popular para el período de 1958 a 1962…”.
María Teresa responde: “…A veces sucede eso por problemas de espacio en la edición impresa y llega a suceder que información muy importante no se publica. Si usted lee en el Blog Casillero de Letras aparece la columna mucho más completa pues allí no existen límites de espacio. Lástima que hubiera sido precisamente la parte correspondiente al segundo gobierno de este importante personaje en un periodo trascendental para el país. Le agradezco mucho su comentario…”.
El lector González, en nueva comunicación, manifiesta: “…Aprecio y agradezco su veloz respuesta. La omisión -importante- quedó impresa en el diario y no todos sus lectores tienen facilidad de ingresar a la internet para ampliar la lectura del periódico o de algunas de sus secciones…”.
El lector tiene razón en su reclamo. Se trata de una información sobre un hecho periodístico relevante: el vigésimo quinto aniversario de la muerte del expresidente Lleras Camargo.
Creo, como el lector, que faltó uno de los datos más importantes: fue elegido mandatario de los colombianos en el primer período del Frente Nacional, entre 1958 y 1962.
Considero que advertido el olvido, debió ser aclarado en la sección fe de errores que diariamente publica el periódico.
El espacio es un recurso limitado. Siempre se nos quedan unas palabras o unas frases por fuera, lo que obliga a tener sumo cuidado en la redacción y revisión con el fin de incluir los datos más sobresalientes.
Aunque para algunos esta omisión puede ser insignificante, pienso que la nota, así de breve, es pertinente y corresponde a una dosis de historia que cuenta con numerosos lectores en la edición impresa y en el blog.

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