El periodismo sin ética es irresponsable

La lectora Juliana María Hoyos dice: “… sigo sus artículos que usted escribe los lunes sobre los medios de comunicación y por eso le solicito, si es posible, que hable de los principios de ética que deben respetar los periodistas en Colombia…”.
Considero que esta preocupación de los periodistas es también de las audiencias.
La práctica del periodismo sigue procedimientos profesionales en cada una de sus fases. La recolección de los datos, la verificación de los hechos, la confrontación y el contraste de fuentes de información, la redacción, la corrección idiomática, entre otras tareas, obedecen todas a parámetros universales que corresponden a los principios del periodismo.
A estas rutinas profesionales se suma la observación de las leyes y de las líneas editoriales planteadas en los libros de estilo y redacción.
El periodismo debe respetar la ley y los derechos humanos. En el fondo de todo el trabajo periodístico está la ética: “como el zumbido sigue al moscardón”, en palabras del Nobel Gabriel García Márquez. La ética es un requisito de la calidad, son los valores con los que el medio de comunicación y en particular el periodista rotula el ejercicio profesional.
Al sensacionalismo se puede llegar con las mejores prácticas profesionales, incluso sin trasgredir las leyes pero ¿será ético exagerar una información de crónica roja más allá de lo estrictamente noticioso?
Informar sobre suicidios no es ilegal, pero sí antiético, porque ahondar en los detalles pueden inducir a otras personas a atentar contra sus vidas.
La información publicitaria disfrazada es perversa porque el periodismo busca informar, no vender.
Divulgar rumores, filtrar información sin confirmar, es antiético. Igual ocurre cuando falta imparcialidad y equilibrio al soslayar fuentes y versiones por privilegiar otras. O cuando se confunde el interés del público con el interés público.
“La supervivencia del periodismo depende de la responsabilidad ética que los medios asuman respecto a los derechos de los ciudadanos a recibir una información veraz mediante una buena praxis de la profesión periodística. La ética periodística es una herramienta fundamental para la evolución de la vida democrática de cualquier sociedad”, sostiene María Dolores Masana Argüelles, vicepresidenta de la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, FAPE.

¿Se pueden controlar los insultos?

“¿Qué porvenir tiene una sociedad que ha asumido que el insulto, el chantaje, es una forma normal de convivencia?”. Esta es la cuestión que se plantea Juan Cruz, periodista y escritor español en su libro Contra el insulto, obra en la que entrevista a varias personas maltratadas por esta clase de ofensas.

La reflexión, iniciada en la última columna sobre esta epidemia social que afecta a periodistas, columnistas y foristas, en los medios de comunicación y redes sociales, y que en general padece la sociedad, pretende ilustrar cómo enfrentar estas virulencias.

El Colombiano, y muchos otros medios de comunicación, establece el sistema de moderación de los comentarios en el foro de lectores.

“En nuestra página proponemos una interacción moderada: todos los comentarios, antes de ser publicados, son leídos por nuestros periodistas, quienes autorizan o denegan su ingreso, de acuerdo con lo establecido en el aviso legal y de uso general del sitio…”, reza las Normas de uso de los comentarios en elcolombiano.com.

BBC advierte en su reglamento: “Es importante que todas las participaciones sean relevantes al tema que se debate, pero también que sean respetuosas y correctas. No entre en provocaciones. No aceptaremos material que sea difamatorio -es decir, que acuse a alguien de una ofensa criminal sin que a la persona se le haya acusado legalmente-, ilegal, insultante, obsceno, amenazante o que atente contra las creencias, la raza o la preferencia sexual de un grupo de personas…”.

Sin embargo, pienso que la epidemia de insultos, difamaciones, injurias, maltratos y necesades exige un cambio de actitud de las audiencias a la hora de emitir los juicios y observaciones. Urgen actitudes y acciones que eviten las expresiones viscerales.
Respetar a las personas. No caer en la seducción que favorece el anonimato. En una palabra: respetar los derechos humanos.

Leer, escuchar y ver antes de emitir un comentario. Peor que la ignorancia es el prejuicio porque en el foro participan personas de distintas edades, creencias y condiciones.

Publicar opiniones relevantes y que tengan relación con el tema. Lo demás es ruido, desinformación o deseo de provocar.
Eliminar las calumnias y las injurias. Son tipos penales que comprometen al autor de los cometarios y al medio de comunicación que los publica.

Creo que la educación cívica forma ciudadanos responsables y abiertos al debate, alejados de los insultos y la violencia.

Las responsabilidades del periodista

El lector Manuel José Gaviria pregunta si los periodistas “…pueden decir lo que quieren sin tener que rendir cuentas a nadie. Leí su artículo del lunes y le pido explicar ¿quién los controla…?”. Esta inquietud se suma a las planteadas por el lector Sergio Saldarriaga, a las que me he referido en las últimas columnas.

Quizás lo primero que se debe considerar es que el periodismo obedece a los principios éticos de veracidad, imparcialidad, independencia, interés general y responsabilidad social.

El ejercicio profesional sigue metodologías propias de indagación, verificación y redacción. Y por supuesto, en todas las sociedades la constitución y la ley establecen los límites entre el derecho a informar y las demás garantías fundamentales.

La Constitución colombiana protege la honra, el buen nombre y la vida privada de las personas. Si alguien se siente vulnerado por un periodista está en todo su derecho de solicitar la rectificación de la información.

Igual, puede denunciarlo cuando incurre en tipos penales como calumnia e injuria e instaurar acciones civiles para resarcir el daño. La norma es universal y viene desde siglos atrás: “Todo aquel que con culpa o con intención cause un perjuicio a otro, debe resarcirlo”.

El periodismo, así, tiene principios éticos, normas profesionales y responsabilidad penal, civil y social. No es una rueda suelta, aunque algunos autores reclaman mayor vigilancia por parte de las audiencias y el establecimiento de mecanismos de autorregulación que establezcan condiciones que respeten los derechos humanos y se ejerza la autocrítica y el autocontrol.

Hace 15 años, el 30 de enero de 1999, El Colombiano institucionalizó la Defensoría del lector. En su Carta de presentación, el primer defensor, Jurista, escritor y exdiplomático Jesús Vallejo Mejía escribió al respecto de la misión de esta figura “independientemente de lo que les compete a las autoridades en materia de protección de los derechos de las personas y garantía de las responsabilidades de los medios frente al público en general. Por su propia iniciativa los medios han venido estableciendo en los últimos tiempos la institución de la defensoría del lector y otras análogas, con el propósito de autorregular sus actividades y brindarles a los interesados la oportunidad de una solución inmediata de sus inquietudes acerca de la información o los comentarios difundidos por aquellos”.

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