Corregir, una acción inaplazable

La celebración, el pasado 27 de octubre, del Día Internacional del Corrector de Estilo, o del Día Internacional de la Corrección, propone un ejercicio autocrítico de los periodistas con el propósito de evitar los errores y mejorar la calidad del periodismo.
La celebración es de reciente creación. La Fundación Litterae de Argentina la instauró en 2006 y pronto la acogió la Unión de Correctores, UniCo, en honor de Erasmo de Róterdam, filósofo, filólogo y teólogo neerlandés, en su aniversario.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano dice en forma rotunda y contundente: “El primer deber del periodista es escribir bien…”. Y añade: “…el buen periodista es el que escribe bien y con rapidez. En un diario no tiene mérito escribir bien pero a paso de tortuga, ni mal pero dejando un chispero en el teclado…”.
Los errores desconciertan, molestan y ofuscan a los lectores. Lo peor, le restan credibilidad al periodista y al medio de comunicación. Se pierde la confianza creada en el contrato de lectura establecido en forma tácita o expresa entre periodista y lector.
Los errores transgreden el principio de veracidad y frustran el propósito de informar a las audiencias.
Tal como lo expresé al inicio del año, el 37,4 por ciento, de las 2.119 observaciones de los lectores recibidas por la Defensoría de las audiencias, se refiere a críticas por faltas gramaticales, ortográficas o de otra índole.
El Colombiano exige a los periodistas corregir con “prontitud, franqueza y claridad” Por esta razón estableció la sección Fe de errores, para corregir algunos de ellos, detectados por los lectores o por los mismos editores y periodistas. Un paso promisorio complementado con el taller de calidad periodística que ojalá se convierta en un programa de formación continua.
No obstante, es urgente, insisto, establecer un sistema de gestión de los errores para asegurar que no se repitan: corregir es una acción inaplazable.
El periodista español Alex Grijelmo escribió una frase sabia: “…quien no reconoce sus errores no mejora”, en su obra ¡En qué estaría yo pensando!, que recoge las explicaciones que dan a sus fallos 30 periodistas del diario El País.
Para evitar las recaídas creo oportuno citar al autor Daniel Cassany, en su obra La cocina de la escritura, que ofrece algunos consejos prácticos. Dos de ellos, recomendados para los periodistas, son los siguientes:
“Adoptar una actitud crítica. Relee el texto como si fueras un crítico implacable, con actitud dura. Exagera los errores, buscando lo que los lectores pueden caricaturizar. No dejes títere con cabeza. Después, recupera el tono racional y valora si estas críticas tienen algún fundamento. Si acaso, rectifica los excesos”.
Y añade: “Oralizar el escrito. El oído puede descubrir lo que no ha descubierto el ojo. Lee el texto en voz alta como si lo estuvieras diciéndolo a una audiencia. Escucha como suena: ¿queda bien? ¿te gusta?”.
Finalmente, unas palabras de gratitud para las decenas de lectores que nos envían sus críticas y señalan con frecuencia y pertinencia las incorrecciones en los contenidos de las ediciones impresa y de la web. Los lectores se merecen un periódico bien informado y bien redactado, sin imprecisiones, sin gazapos. Cazar los errores nos ayuda a mejorar la calidad. De igual manera, para nuestros correctores Uriel Hidalgo Giraldo y León Jairo Saldarriaga López.

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