El lenguaje de los medios de comunicación

Bien vale la pena una reflexión más sobre el lenguaje periodístico con ocasión del Día del Idioma. Ya lo he hecho en otras ocasiones para señalar los errores más frecuentes, insistir sobre la urgencia de escribir correctamente, celebrar la publicación de la Fe de errores y felicitar a los lectores que se han constituido como guardianes del idioma y nos envían todos los días sus críticas y comentarios.
Los atributos de la redacción periodística son los mismos del lenguaje, aunque con algunos énfasis. La primera propiedad es la claridad, vale decir que el periodista debe comprender los hechos que narra y presentarlos en forma transparente y sencilla. Comunicar, en pocas palabras, es poner en común; lo que escribe lo comprende fluidamente el lector y las audiencias.
La concisión es otra de las cualidades del lenguaje periodístico. Consiste en expresar los datos directamente, sin antesalas ni parrafadas. Usar frases cortas, palabras propias y precisas es clave. Siempre es válido releer para recortar lo que suene largo y ampuloso.
Y la corrección. Escribir según las normas del lenguaje, sin errores. Si, sin equivocaciones porque se pone en riesgo la veracidad de los hechos y la credibilidad del periodista y del medio de comunicación. Un solo error deja por el suelo el más importante y lucido relato.
Varios autores coinciden en señalar que escribir bien es una obligación ética del periodista, igual que corregir todos los errores para recuperar la confianza y honrar la veracidad de la información.
Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen. Al respecto, el ingeniero Gabriel Escobar Gaviria, columnista, cazador de gazapos, lector crítico y estudioso de los asuntos idiomáticos explica por qué se perpetúan los errores:
“Por el desinterés de los educadores en todos los niveles de corregir los errores que los estudiantes traen de todos los medios que frecuentan: un error empieza a hacer carrera y todos lo aceptan por estar con la moda. Muchas páginas webs de centros educativos aparecen con errores y no se diga de las tareas propuestas por los profes vía internet. El desinterés por actualizarse de algunos correctores y algunos comunicadores que no hacen esfuerzo alguno para estar al día, siguen corrigiendo con la edición XX del Diccionario de la Real Academia (1984) y vamos en la XXIII (2014). Varios de ellos no conocen la Gramática 2009 ni la Ortografía 2010.
Y añade: “La pereza de traducir las novedades tecnológicas: ¿para qué maus, si tenemos ratón?, ¿para qué tablet, si tenemos tableta?, ¿mail, si tenemos correo? La imitación al exitoso que inventa un error y en poco tiempo todos los colegas lo están imitando. Ejemplo: las comillas simples para todo, aunque la norma no las autorice”.
Es un riesgo escribir sin consultar los diccionarios. No vale la pena ser tan audaz. Nadie se las sabe todas ni el conocimiento es estático: nuestro idioma está en evolución. Nuevas palabras aparecen por necesidad o incluso por moda, pero si son bien nacidas pronto la Real Academia Española les dará la bienvenida.
Además de consultar fuentes idóneas el periodista debe leer. Quien lee escribe mejor que quien no lo hace habitualmente. Leer literatura realista y periodismo de calidad es uno de los consejos que listan los expertos.
Escribir bien, correctamente, es el desafío del periodismo responsable y de calidad. Las audiencias se lo merecen…

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