El titular es un desafío ético y profesional

El lector José Manuel Arango escribe: “Considero de la mayor importancia su columna del domingo en la que analiza un título que no corresponde a la información suministrada por el periódico y por el senador José Obdulio Gaviria. Quiero preguntarle a usted ¿qué normas siguen en el periódico El Colombiano en estos casos? ¿En dónde queda la objetividad? ¿En dónde queda la credibilidad, porque según mi punto de vista la tal inocencia del magistrado Pretelt ni siquiera la consideró el senador Gaviria?”.
Las consideraciones del lector se refieren al título “Pretelt es inocente concluye José O. Gaviria”, publicado el jueves 28 de julio, en la página 7A, sobre el cual escribí la última reflexión.
La verdad es la esencia del periodismo. Muchos autores consideran que la objetividad es inalcanzable y la definen como un valor límite que el periodista tiene la misión de buscar para acercarse a ella. En general, se habla mejor de honradez profesional que de objetividad para rescatar este requisito del periodismo veraz y responsable.
En el Manual de estilo y redacción de El Colombiano se consagra que “La honradez mental es la primera de las virtudes del periodista. La honradez mental impone ser verídico y rectificar los errores”.
El periodista tiene sus principios ideológicos como todo ciudadano, pero a la hora de escribir debe actuar conforme a los principios de la profesión y alejarse de sus convicciones para garantizar la veracidad y la pluralidad de la información.
“Al redactar una noticia el periodista debe mantener un distanciamiento crítico tanto del tema como de los protagonistas de ella, estar al margen de lo contado, y, como en todo en esta profesión u oficio, debe dudar de los datos que le han suministrado, confrontar versiones y no involucrar sus prejuicios sobre lo que ha sucedido”, reza el Manual de estilo y redacción.
El periodista debe hacer todo lo humanamente posible para construir un relato lo más cercano posible a la realidad de los hechos.
El debate sobre la objetividad en el periodismo viene de tiempo atrás. Las trazas de opinión que pueda tener una información por el enfoque, la visibilidad, el tamaño y la ubicación dentro de la edición tienen el cometido de garantizar el concepto de neutralidad, veracidad, no intencionalidad u honestidad, como queramos llamarlo.
La división entre información y opinión es vital para que el lector tenga clara la intención del texto.
Ahora, el título cuestionado fue construido sobre una interpretación errónea y confusa. No corresponde ni al documento elaborado por el senador Gaviria ni se desprende de las declaraciones que recoge.
Por esta razón al día siguiente el periódico rectificó la información, aunque de manera parcial e insuficiente, tal como lo manifesté en la columna del pasado domingo.
La elaboración del título no es fácil, pero tanto el periodista como el editor tienen la responsabilidad ética y profesional de concertarlo para que alcance los atributos de veracidad, claridad, concisión y convicción.
El análisis de los contenidos periodísticos da cuenta de la trascendencia del titular. Muchos lectores no leen la información completa y se quedan con la idea de las pocas palabras que recoge la frase del título. Con razón dicen que el país se puede gobernar con titulares de prensa, en una crítica al periodismo que solo hace eco de declaraciones sin detenerse en verificar los hechos.
Titular es un desafío profesional y ético que pone en juego la credibilidad del periodista y del medio de comunicación.

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