Frente común contra la desinformación

El lector José Darío Botero plantea nuevamente el problema que representan las informaciones falsas que reciben las audiencias por las redes sociales y los medios de comunicación que las replican sin verificarlas. Dice: “En una de las última columnas del defensor usted habla de cómo los lectores y televidentes debemos distinguir cuándo las noticias no corresponden a la realidad y nos desinforman…quiero que usted me aclare un poco más qué podemos hacer para recuperar la confianza en lo que leemos y vemos. También le pregunto ¿por qué los medios de comunicación se ocupan de temas frívolos y superficiales?”.
Esta inquietud del lector es una de las grandes preocupaciones en los medios de comunicación y entre críticos y analistas del discurso informativo.
El editorial de la revista Resumen que circuló con El Colombiano el pasado 31 de diciembre plantea una paradoja, en palabras de la directora Martha Ortiz Gómez: “Tenemos el privilegio del acceso a la información universal más relevante, interesante y divertida. Tenemos el desastre de la invasión de la desinformación excesiva, perversa y anónima”.
Dos días antes, el editorial del periódico, al analizar nuestra precariedad cultural preguntó: “¿Qué expectativas podemos tener frente a una población que se enfrenta a excesos de información y desinformación, que no se da cuenta de la diferencia y que valida noticias falsas, sin responsabilidad, replicándolas en las redes sociales?”.
El asunto de las informaciones falsas necesita una respuesta múltiple capaz de desafiar este mal que fractura la misión del periodismo y menoscaba por igual la credibilidad de medios y periodistas. Urge crear un frente común contra la desinformación.
Algunos de los resultados políticos del último año estimulados por avalanchas de mentiras han llevado a los medios de comunicación y a las grandes corporaciones tecnológicas a tomarse en serio el fenómeno, con el fin de contrarrestar la acción perversa de quienes instalan en estos canales la publicidad mentirosa con apariencia de verdad.
Sin embargo, la acción más promisoria la tienen las audiencias que deben aprender a identificar las funciones de los medios de comunicación; a diferenciar sus contenidos de los que propalan las redes sociales; a exigir el acceso libre y transparente a la información y a conocer las fuentes; a descubrir los valores y principios del periodismo responsable, plural y transparente.
Es vital emprender una cruzada de formación de audiencias o de alfabetización mediática, como la define la Unesco, para que el derecho a la información veraz e imparcial sea una realidad y el ciudadano pueda tomar las mejores decisiones.
Ojalá la formación comience en el seno familiar y se prolongue en la escuela y en las demás actividades ciudadanas.
Es inexcusable hablar de noticias falsas. Es por lo menos contradictorio porque los contenidos de los medios se basan en hechos ciertos, verificados por fuentes distintas y distantes, como lo he manifestado en ocasiones anteriores. Cosa distinta ocurre con las redes sociales cuando difunden falsedades con apariencia de verdad pero que carecen del menor rigor.
El otro tema planteado por el lector, sobre la prelación que tienen algunos hechos irrelevantes sobre asuntos de interés general, es una realidad palpable en aquellos medios de comunicación que buscan afanosamente los que marcan tendencias o se propagan cual virus del momento. Queda planteado para las próximas reflexiones…

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