Información y salud: dos derechos

La reflexión sobre los contenidos de salud continúa para responder a los lectores Alejandro Vargas G. y Mariana Mesa y en general animar la autocrítica en los medios y el análisis y el debate entre las audiencias. Hablamos de dos derechos fundamentales: información y salud.
Es evidente que algunos medios, particularmente radiales y televisivos, optan por el facilismo informativo. Son frecuentes las publicaciones escandalosas o sin rigor sobre investigaciones y sobre tratamientos curativos de algunas enfermedades. Estos contenidos, prematuros y en espera de nuevos desarrollos investigativos y analíticos no pueden generar falsas expectativas ni ilusiones. La información no debe confundir ni alamar, mejor debe orientar, como expliqué en la última columna.
En el primer caso siempre es un asunto de responsabilidad social ceñirse a los alcances de las exploraciones científicas y médicas. Las fuentes confiables explican las dimensiones y el peso específico de los hallazgos. Y sobre los métodos curativos es prudente indicar con precisión en qué casos son positivos los resultados y cuáles son las contraindicaciones y reservas. Hay que tener en cuenta que las condiciones pueden variar para cada paciente.
El derecho a la información tiene sus límites en los derechos humanos fundamentales, o personalísimos, como la vida, la libertad, la intimidad, la honra y el buen nombre. Esto quiere decir que las publicaciones sobre salud deben respetar normas y principios éticos y legales.
La confidencialidad de las historias clínicas y la observación de todos aspectos que lesionen la dignidad de las personas pueden generar alguna colisión de derechos.
Es necesario tener discreción al entrevistar a un paciente o una víctima de una calamidad pública. Es sensato hacerlo con respeto, preguntar primero si quiere contar y compartir su historia. También, advertir que puede ser publicada en un medio de comunicación social porque a veces pueden no estar en condiciones de atender al periodista.
“El respeto por la intimidad, la privacidad y la confidencialidad constituye una obligación moral y legal. Estos aspectos merecen un tratamiento muy delicado, sobre todo cuando se ponen en juego mediante mensajes televisados”, reza una de las recomendaciones a los periodistas, según lo explica el manual Salud, ética y medios de Comunicación, una publicación de la Defensoría del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires.
Incluso los anuncios publicitarios deben ser revisados antes de su publicación. En casi todos los países rigen normas que los controlan para buscar que tengan el respaldo científico de las entidades gubernamentales y del cuerpo médico. En Colombia, estos productos anunciados deben tener el registro sanitario del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima.
Una de las razones es que los medios de comunicación pueden alentar la automedicación y el consumo de medicamentos sin la supervisión de un profesional de la medicina, con graves consecuencias para la salud pública. Un ejemplo es el uso indiscriminado e inconsulto de antibióticos, productos vitamínicos y de origen natural.
De todas maneras, a las audiencias les corresponde leer con sentido crítico todos los contenidos, máxime cuando se trata de asuntos que pueden afectar la salud y el bienestar.

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