Informar o conmocionar

La segunda parte de la pregunta del lector José Darío Botero: “¿por qué los medios de comunicación se ocupan de temas frívolos y superficiales?” llama la atención sobre la responsabilidad y la misión del periodismo.
La ciudadanía espera que los periodistas informen sobre hechos ciertos, de interés general y de utilidad. Además que la información sea plural y oportuna.
No siempre ocurre así. Algunos medios de comunicación prefieren llamar la atención, y conmocionar, ya sea porque obedecen a modelos periodísticos sensacionalistas o amarillistas o porque buscar con afán mayores audiencias sin importar la pérdida de credibilidad.
El periodismo sensacionalista o amarillista opta por asuntos que provocan gran impacto o despiertan emociones y pasiones y aun exacerban a los lectores, oyentes y televidentes. Ponen grandes titulares, usan un lenguaje histriónico o irritante y fotografías en primerísimos planos.
Algunos medios serios y de trayectoria se dejan seducir por la moda o por seguir sin miramientos las tendencias de las redes sociales.
Otros presentan las informaciones reducidas a expresiones como “los 5 mayores…” o “las 7 maneras de…” o “los 12 alimentos para…”, lo que conduce a un modo de titular las informaciones que pronto se desgasta y aburre por falta de originalidad.
Estas prácticas menoscaban la credibilidad periodística. Según el Informe Anual de la Profesión Periodística 2016, realizado por la Asociación de la Prensa de Madrid, APM, que acaba de divulgarse, revela que el amarillismo, el sensacionalismo y convertir la información en un espectáculo es la principal causa de deterioro de la imagen de los periodistas, con un 48,3 %. En el 2015 señala la misma investigación que el daño era del 55,6 %.
Este es uno de los retos del periodismo: insistir en la prevalencia de los criterios informativos sobre las veleidades del sensacionalismo. Contrarrestar estos fenómenos “representan una enorme oportunidad de demostrar que la calidad y la credibilidad no son asunto de mercadeo o popularidad. Un periódico se somete cada día al veredicto de cientos de miles de lectores que, con toda razón, se disgustan si no reciben un trabajo informativo de calidad”, señala el editorial de El Colombiano del 19 de diciembre.
Esta posición guarda coherencia con la filosofía expresada en el Manual de estilo y redacción: “El Colombiano rechaza toda forma de sensacionalismo porque es una deformación de los hechos y porque es un intento de manipulación al lector. En este periódico la sensación de las noticias no estará en su presentación sino en el fondo de la información”.
Para la prensa es fácil caer en la tentación de cierto modelo televisivo o de los impulsos de las redes sociales que para sumar puntos de sintonía o réplicas apelan a las imágenes lacrimógenas, al dolor y al escándalo irrelevante que comprometen muchas veces el derecho a la intimidad y a la dignidad de las personas, pasando, adicionalmente, por encima del respeto y de la sensibilidad de las audiencias.
El lector merece una información confirmada, contrastada, de interés público, “veraz e imparcial”, construida sobre la base de los principios del periodismo ético, responsable y de calidad. Las audiencias deben llamar la atención a los periodistas y a los medios para que este propósito se cumpla.

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