La fotografía es un testimonio notarial

El principio de veracidad, primer valor del periodismo, rige igual para textos y fotografías. La imagen publicada debe corresponder en todas sus partes y características a la captada por el fotógrafo, quien es el notario de los hechos.
No se permiten ni manipulaciones ni retoques que alteren la información. El testimonio gráfico encarna tal fuerza informativa, descrita con la popular frase “una imagen vale más que mil palabras”.
La fotografía debe dar fe de los hechos. Sin embargo, Esa misma fascinación de la imagen la pone en riesgo por el uso de trucos y distorsiones, facilitados por programas informáticos, que la desvirtúan. Por lo tanto, estas adulteraciones van en contra de la ética y los fundamentos del periodismo resposable.
Los retoques pueden ir desde componer la imagen de un personaje para hacerlo aparecer más atractivo y esbelto hasta quitar y poner personas y objetos en la escena, manipulando la información quien sabe con qué propósitos.
La historia cuenta casos de retoques y modificaciones descubiertos como el de la portada de la revista Time, en junio de 1994, cuando oscureció el rostro de O. J. Simpson, acusado de haber matado a su exesposa y a un amigo.
O el del gobierno de Irán que distribuyó en 2008 una fotografía trucada de un ensayo nuclear en el que aparece un número mayor de misiles a los que efectivamente fueron disparados. Un engaño a la opinión mundial para ostentar un mayor avance nuclear.
Cuando son las agencias gubernamentales, en vez de los fotógrafos de prensa, las que suministran las fotografías cabe preguntar si se trata de información veraz e imparcial o de propaganda que busca desviar la atención, cuando menos.
Los códigos de ética periodística coinciden en prohibir esta clase de adulteraciones.
“Las fotografías que publica El Colombiano son huellas de los hechos, de las que se vale el periódico en su esfuerzo profesional por aprehender la realidad de la historia diaria, para comunicarla. La imagen fotográfica es un mensaje sin código, según Roland Barthes. Es lo real literal cuyo manejo, como el de los demás materiales informativos, debe hacerse con criterios de verdad, responsabilidad y justicia”, contempla el Manual de estilo y redacción de El Colombiano.
Añade: “Está prohibida en El Colombiano toda manipulación de las fotos que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de deterioros o corrección de defectos de revelado o transmisión). Por tanto, no se puede alterar una fotografía invirtiéndola, suprimiendo o agregando detalles. Ni siquiera con la intención de que el personaje fotografiado dirija su vista a la información a la que acompaña. La fotografía periodística, al contrario de la publicitaria, excluye la creación de situaciones artificiales con modelos o personas que posan para simular una noticia”.
Y advierte más adelante el Manual: “Cuando por cualquier circunstancia los editores decidan publicar una fotografía con distorsiones, el detalle de dicha distorsión debe explicarse en el pie de foto”.
Otro asunto que debe tenerse en cuenta en la obtención de las fotografías periodísticas es el del uso de la cámara oculta. A esta alternativa sólo se podrá acceder cuando es imposible tomar las imágenes de un hecho de interés público relevante, sin esconder o camuflar la cámara.
El periodismo ético y responsable busca la información por medios lícitos, sin trucos ni engaños. El juego debe ser limpio, siempre con las cartas sobre la mesa.

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