La información tóxica

El lector Héctor Darío Ortiz plantea de nuevo los problemas que generan el exceso de información y las dudas de credibilidad y confianza que suscitan las redes sociales. Dice: “Tanta información me confunde, porque una es la que de la prensa y la radio y otra, bien diferente, es la que me llega por Facebook, Whatsapp y Twitter. Le pregunto cómo se puede uno informar verdaderamente de lo que ocurre en Colombia…”.
Es evidente que los ciudadanos se enteran por distintos medios y canales de lo que acontece en la ciudad y el mundo.
Los periódicos, la radio y la televisión fueron durante muchas décadas los únicos medios que llevaban la información a la sociedad.
Hoy, las plataformas digitales hospedan a estos mismos medios, que actualizan sus ediciones tan pronto como ocurren los hechos. A la par, en forma apresurada, las redes sociales nos inundan de información, tal como lo describe el lector.
Los jóvenes, más que los adultos, acuden a las redes sociales o a otros sitios en la web para conocer qué está pasando en el preciso momento. Quedan así sumergidos en un océano de datos que los obliga a bucear para encontrar la información veraz y precisa y, además, confiable. Este exceso de información puede confundir y desinformar si se obvian guías y precauciones.
Una de las primeras claves es saber el origen de la información. No es lo mismo obtenerla de un medio de comunicación que de un autor desconocido que la tecleó en un blog o en una de las redes sociales.
Los contenidos de los medios de comunicación son producidos por periodistas que obtienen la información en fuentes de todo crédito. Los datos han sido verificados y contrastados con otras fuentes válidas antes de ser publicados.
En otras palabras, cumplen los estándares de calidad que otorgan los principios periodísticos de veracidad, pluralidad, transparencia y responsabilidad social.
Esta información es la que le da confianza y credibilidad a las audiencias, dos de los atributos más valiosos del patrimonio del periodista y del medio de comunicación.
Los contenidos de redes sociales y de sitios web poco conocidos no nos ofrecen estas garantías porque desconocemos su origen.
Las plataformas digitales son además muy vulnerables, pueden ser suplantadas por delincuentes cibernéticos que las usan para difundir información tóxica o cuando menos rumores o datos falsos que distorsionan, alarman y confunden.
Son frecuentes los casos en los que se clonan perfiles de personajes conocidos para usar sus cuentan de redes sociales con fines perversos para difundir noticias y comentarios apócrifos. Hasta medios de comunicación, que se saltan las rutinas de confirmar y verificar antes de divulgar, caen en estas trampas por el afán de adelantarse con la primicia informativa a los demás.
El periodismo no se puede entender hoy al margen de las redes sociales. Estos canales son usados por los medios de comunicación y los periodistas para comunicarse con sus audiencias y mantenerlas actualizadas.
Muchos personajes las usan para curar informaciones y compartirlas con sus seguidores. Pero otros las usan con fines propagandísticos para manipular y desorientar. O como revela el lector para saturar, confundir, intimidar e intoxicar.
Buscar información de calidad requiere no obsequiarle credibilidad a todo lo que nos llega ni darle crédito al comentario que resume una declaración remota o al rumor vago.

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