Las desviaciones de los sondeos

Continúa la reflexión sobre este asunto de los sondeos y las encuestas en los medios de comunicación, que siempre despiertan críticas y controversias.
A la pregunta de Miriam Fabiola Arbeláez, a la cual me referí en la columna de la semana pasada, titulada El rigor de los sondeos, se suma las inquietudes del lector Juan David Arias: “Cómo vamos a creer en los sondeos y las encuestas que sobre lo divino y lo humano realizan todos los días los noticieros y programas de radio y televisión…leí su escrito pero tengo muchas dudas sobre las encuestas políticas y del Dane, a pesar de que en estos casos se aplican metodologías estadísticas…”.
Los expertos coinciden en afirmar que los resultados de estos sondeos por internet que se han popularizado hoy experimentan desviaciones que los hacen poco confiables, carentes de rigor estadístico y además de poca utilidad informativa.
La ventaja de obtener la opinión de las audiencias de una manera fácil, casi compulsiva, se torna en uno de sus mayores inconvenientes: la autoselección. Es decir, cada quien decide si la responde o no.
No hay un muestreo estructural que pueda darle solidez estadística a esta clase de sondeos que a la postre resultan tan dudosos como sesgados. Poco se conoce sobre el sexo, la edad y otras características que determinan los objetivos de la investigación y la construcción de la muestra.
La misma facilidad de usar la red ofrece dos limitantes que contribuyen a las desviaciones de esta clase de sondeos.
En primer lugar, que no todos los habitantes de un país como Colombia tienen acceso a la red. Así las cosas, el sondeo lo responde una parte de la audiencia si tenemos en cuenta que el año pasado sólo el 41.8 % de los hogares tuvieron acceso a internet, según los datos oficiales divulgados por el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
De ahí la advertencia del profesor Universitario León Darío Bello de no extrapolar un resultado a los antioqueños o los colombianos.
La otra dificultad es que los oyentes y televidentes que contestan el sondeo son seguidores fieles, afectos al medio, y los resultados podrían estar viciados, restándoles confiabilidad.
A los inconvenientes, por la falta de rigor estadístico de algunos sondeos y demás circunstancias negativas, se suma la irrelevancia de los temas sometidos al escrutinio de las audiencias.
Los defensores de los sondeos en línea explican que se trata de una forma de participación de las audiencias que ya están activas en los foros y en las redes sociales y que mediante esta estrategia son interpelados para conocer juicios más elaborados constitutivos del fenómeno de la opinión pública.
“Las encuestas periodísticas no tienen la pretensión del rigor matemático y estadístico de las encuestas realizadas para investigaciones científicas específicas o para aquellas que hoy en día se aplican en los ámbitos de los estudios e investigaciones de opinión pública. No obstante, son un intento por reunir en un mismo material informativo, una serie de indicadores de opinión que representan tendencias más o menos generales en una comunidad”, sostiene la profesora venezolana Moraima Guanipa.
Incluso la docente clasifica esta modalidad de sondeos dentro del género periodístico de la entrevista.
Considero que los medios de comunicación pueden realizar estos sondeos con mejor disciplina estadística para que contribuyan efectivamente a la calidad de la información en beneficio del mayor patrimonio del periodismo: la credibilidad, tal como lo sugiere la profesora Guanipa.

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