Las lecciones de un error

La reflexión de hoy continúa el análisis de los comentarios de los lectores. De los 2.364 que recibí durante el año anterior, 824 corresponden a la categoría de críticas y errores en las informaciones publicadas. Esta cifra es el 39,4 % y representa una ligera disminución porcentual con respecto a las observaciones enviadas durante el año 2015: un total de 793 comunicaciones, el 37,4 %.
Este conjunto de críticas y errores atañen a tres grupos: más de la mitad, el 51%, a usos incorrectos del lenguaje; el 27 % a imprecisiones y errores numéricos; el 22 % a falta de claridad, rigor y transparencia en las informaciones.
Los gazapos más frecuentes detectados por los lectores se refieren a la confusión reiterada del uso de las palabras por que, por qué, porque y porqué; leísmo y loísmo mal empleados; discordancias de número y género; dequeísmo; uso incorrecto de preposiciones y conjunciones, barbarismos y tecnicismos; puntuación deficiente; errores de ortografía, y hasta erratas, o sea equivocaciones por mala digitación de caracteres.
El lenguaje periodístico debe ser claro, sencillo, propio y ameno, para que llegue a las audiencias.
Las imprecisiones y equívocos numéricos conforman el segundo grupo de errores más frecuentes. Se trata de operaciones aritméticas mal hechas, igual que porcentajes y decimales. Es frecuente el uso indistinto de comas y puntos en estas últimas cantidades, lo que confunde y contraría el Manual de estilo y redacción.
También ocurren fallos por mal uso de las unidades de medida y por no observar la escritura recomendada por la Real Academia Española o por el Sistema Internacional de Medidas.
El tercer porcentaje de esta clasificación compete a distintos fallos en el proceso de averiguación y confrontación de los hechos.
Las fuentes precarias, una o dos, no son suficientes para que la información alcance los estándares mínimos de imparcialidad y transparencia. Es norma que todos los datos sean producto de la verificación y confrontación de fuentes distintas y distantes, como lo he explicado en otras oportunidades.
La inclusión de opiniones en las informaciones y la elección de temas de la agenda motivan también quejas de los lectores. Lo mismo ocurre con las generalizaciones y las discordancias entre el título y el texto informativo.
Quizá la prisa con la cual trabajamos los periodistas y la falta de competencias lingüísticas explican en parte la frecuencia de los errores. Sin embargo, esta circunstancia no los justifica porque debemos tener suficiente conocimiento y destreza para usar correctamente el lenguaje. Al fin y al cabo este es nuestro principal instrumento.
Es oportuno mencionar nuevamente que escribir bien es una prioridad profesional, ética y de responsabilidad social. E insistir en la humildad, porque los periodistas no lo sabemos todo ni podemos averiguarlo todo. Como humanos, nos equivocamos. Pero debemos corregir y aprender las lecciones de un error, para nunca repetirlo.
Un programa de calidad que mejore la gestión de los errores, así como la colaboración de las audiencias para detectarlos ayudarán a la calidad del periódico. De nuevo, la invitación para que los lectores nos hagan críticas y observaciones. Siempre serán bienvenidas.

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