Los lectores comentan…

Varios lectores me han escrito y llamado por la última columna en la que me referí al periodismo sensacionalista, amarillista y trivial que se reanima por cuenta de ciertos contenidos escandalosos de internet y las redes sociales, especialmente en los medios audiovisuales. Lo preocupante es que esta tendencia cautiva a los medios de comunicación serios y a las audiencias.
El lector Juan Fernando Echeverri comenta: “…más claro imposible. Definitivamente, ha llegado la hora para que los medios depuren y limpien sus columnas y foros, evitando la vulgaridad, la ordinariez, la exageración, el insulto, la mentira, la calumnia, el odio enconchado, recuperando la responsabilidad, el respeto y la imparcialidad. Todos ganamos…”.
La lectora Luz Pinilla dice: “…si solo fuera eso, que los medios conmocionan como dice con claridad usted, pero es que fácilmente la generalidad de los periodistas, calumnian, no reconocen que todos son inocentes mientras no sean vencidos en juicio, no suponen jamás inocencia sino deshonestidad sin conocer a profundidad los hechos, por odio o por alarde de la chiva…”.
Y José Miguel Hoyos afirma y pregunta: “Coincido en todo con su artículo titulado Informar o conmocionar. Según entiendo la ética de los periodistas prohíbe el sensacionalismo amarillista ¿por qué se acude a este fenómeno a pesar de las nomas? ¿Es que buscan el dinero y la fama a costa de informar lo que es, lo verdadero? ¿Qué opina usted…?”.
Tiene razón el lector. El sensacionalismo es una práctica desaprobada por el periodismo responsable y de calidad. Dos citas dan cuenta de tal descalificación.
En palabras del investigador y autor peruano Eudoro Terrones Negrete, en su obra Cien códigos de ética, sostiene que el sensacionalismo “es la apelación a los sentidos y a las pasiones del público con palabras, imágenes y sonidos a fin de despertar y fomentar en el público apetitos subculturales e inframorales, distorsionar la verdad, propagar la inmoralidad, los instintos morbosos y provocar en sí efectos que nada tienen que ver con la información. Su objetivo es el lucro, el rating, el aumento de circulación y de anuncios, y obtener una popularidad (falsa). Su materia prima es el sexo, la violencia, el crimen y el delito, es el dinero, el escándalo y la vida privada e intimidad de las personas y familias”.
El código de ética del Círculo de Periodistas de Bogotá, CPB consagra: “El sensacionalismo es una deformación interesada de la noticia, implica manipulación y engaño y, por lo tanto, burla la buena fe del público…”.
Esta tendencia es engañosa, queda claro, porque sobredimensiona la realidad de los hechos o porque se detiene en los aspectos más escandalosos.
Algunos medios optan por un periodismo rabioso y bipolar que enfrenta fuentes opuestas, no para contrastar le información sino para provocar y exacerbar los ánimos, para propiciar un espectáculo que permita ver quien eleva más el tono de la voz y no para echarle luz a los hechos con ética y responsabilidad social.
Sorprender y atraer pueden ser cualidades del periodismo pero no pueden estar por encima del objetivo central: informar.

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