Ni maximizar ni minimizar

Las redes sociales, como novedosos sistemas de relación de las audiencias, son objeto de apasionados defensores y de acérrimos contradictores. Pienso que no se puede ni magnificarlas ni minusvalorarlas.
En la reflexión de la semana pasada, para responder la pregunta de Alejandra Siegert Arango, estudiante de la Facultad de Comunicación y Periodismo de la Universidad Lasallista, sobre si “¿considera que la dependencia a las redes sociales afecta de alguna forma el desempeño profesional y ético de los periodistas?”, expuse las oportunidades que ofrecen a los medios, a los periodistas y a las audiencias. Hoy me detendré más en los riesgos.
Para algunos estas son nuevos medios de comunicación o sus contrincantes recién instaladas. La realidad es que las redes sociales son un escenario de conversación ciudadana en el que las voces fluctúan entre expertas y necias; entre racionales y viscerales; entre mesuradas y altaneras.
Un tuit puede ser un mensaje irreflexivo. Y si el retuiteo es la web de un medio de comunicación o en una de sus cuentas puede convertirse en una acción irresponsable, sin profesionalismo ni ética.
Un medio y un periodista, estimulados por el afán de la primicia, cae fácilmente en la trampa de divulgar rápidamente una información falsa, con graves errores de todo tipo, que menoscaba el patrimonio más valioso: la credibilidad.
Si algunos teóricos creen que en internet se puede corregir con un nuevo tuit, considero que hace falta mirar el semáforo que está en rojo o en amarillo, y por lo tanto hay que contenerse antes de dar el próximo paso, el de publicar.
La información que el periodista obtiene de cualquier fuente y por cualquier canal es un dato en bruto que debe verificar, confrontar y contextualizar antes de divulgar. Son acciones rutinarias de la profesión que la persona que tuitea no efectúa.
Así, las conversaciones de las personas en estos tuit, y demás mensajes, son similares a los rumores que no se pueden publicar sin estar seguros de su veracidad.
Algunas fuentes usan las redes sociales para evitar las preguntas y repreguntas de los periodistas y llevar así sus informaciones unilaterales a las audiencias, tal como lo describí en la columna anterior.
Un punto negativo de las redes sociales es la calidad de la conversación ya sea por ignorancia, o porque se sienten excluidos, muchos usuarios se esconden en perfiles falsos para molestar o posar de impertinentes y desafiantes.
En estas categorías son frecuentes los tonos de hostilidad, radicalización y violencia en las palabras que desvirtúan la calidad y utilidad de los comentarios y juicios expresados.
No obstante, reitero, las redes sociales son una realidad que han transformado y siguen transformando el mundo de los medios y de la vida de los ciudadanos. Se pueden usar para informar y para desinformar. De ahí la necesidad de usarlas conscientemente para mejorar la calidad de la información, para contribuir a la interacción de periodistas y audiencias.
¿Cómo desaprovechar la posibilidad de conocer las reacciones de los lectores y saber de qué están hablando? ¿Cómo no valorar las críticas argumentadas y el señalamiento de errores y vacíos de las informaciones publicadas? ¿Cómo no mantener actualizadas a las audiencias sobre informaciones nuevas o desarrollos recientes?
Las redes sociales nos ofrecen oportunidades valiosas en el periodismo porque son pistas clave para acertar en la construcción de la agenda informativa y mejorar de esta manera la calidad del periodismo.

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