Primero la veracidad que la inmediatez

La lectora Paulina Lopera pregunta: “Por qué en general los medios de comunicación se apoyan en Twitter para informar, muchas veces en forma incompleta y errónea? ¿No cree que debieran ser más cuidadosos? ¿Cómo es el uso que ustedes le dan en El Colombiano a esta red social?”.
Sobre la primera parte de la pregunta hay que decir que el periodismo tiene en Twitter una poderosa herramienta que le ayuda a cumplir la misión de informar veraz, imparcial, oportunamente y con trasparencia.
A través de esta red social los periodistas nos ponemos en contacto con testigos de acontecimientos de última hora en forma inmediata. El contacto con estas personas mejora la calidad de la información toda vez que son fuentes directas que pueden suministrar datos clave. Además, los comentarios, fotografías u videos de estos testigos pueden ser tomados como parte del relato periodístico a modo de productores colaborativos.
También pueden ser fuentes permanentes u ocasionales, si las seguimos o si el contacto es eventual.
Podemos, igualmente obtener informaciones clave que estemos buscando u opiniones que solicitemos con base en una pregunta o un cuestionario. Twitter nos permite una rápida respuesta.
Después de la publicación, Twitter se convierte también en poderoso canal de distribución para llegar a las audiencias próximas y remotas, a los seguidores y aun a quienes no lo sean.
Estas son algunas de las ventajas que ofrece Twitter.
Ahora démosle un vistazo a los requisitos y riesgos que presenta. En primer lugar, los medios de comunicación deben verificar todos los mensajes, ya sea que los retuité o que tome la información para desarrollarla.
Verificar y contrastar los hechos son requisitos mínimos del periodismo. Ni rumores ni datos suministrados por una sola fuente adquieren la calidad de información y su publicación riñe con los principios periodísticos.
También, es fácil que el periodista resulte asaltado en su buena fe por tuiteros malintencionados o robotizados o por estrategias de propaganda etiquetada como información.
Muchos medios de comunicación han quedado en ridículo por reproducir mensajes de Twitter sin confirmar. Con dolor han debido rectificar y asumir la pérdida de confianza y credibilidad de sus audiencias.
La inmediatez y la velocidad no están en el escenario de la calidad periodística, que tiene en la veracidad su mejor valor. Calidad y veracidad marchan más lentamente…

La interpretación de las encuestas electorales

Los lectores que han motivado esta serie de columnas sobre las encuestas electorales se preguntan por las diferencias y las inconsistencias que encuentran en los distintos medios de comunicación. Voy a referirme en esta ocasión al tema de su lectura por parte de las audiencias y su interpretación por cuenta de los periodistas.
La encuesta electoral es la investigación social que busca conocer la opinión de los ciudadanos. Es un insumo informativo de los medios y una herramienta para definir las estrategias de los candidatos.
Estoy de acuerdo con la decisión del periódico de contratar las consultas para informar cómo perciben los electores a los candidatos y sus programas. Además, valoro que sea una misma empresa reconocida y responsable que periódicamente mida el termómetro de la opinión pública.
La historia cuenta que en Estados Unidos, en 1824, el periódico Harrisburg Pennsylvanian publicó la primera encuesta. Y en 1880 un grupo de medios, entre ellos The Boston Globe y Los Ángeles Times, efectuaron una indagación política entre los electores.
De esta manera se consigue la coherencia necesaria para interpretar los datos y observar con mejores criterios la evolución del debate. Porque “…si mezcláramos los resultados de tantas encuestas que pululan en tiempo de campaña (y valga decir que en esta época siempre aparecen nuevas firmas encuestadoras), consideramos que podríamos enviar un mensaje confuso a nuestros lectores…”, explica Isolda María Vélez, macroeditora de Información.
En general, los medios de comunicación se dejan seducir por el porcentaje de eventuales votantes de un candidato, dándoles despliegue superficial a los guarismos y desaprovechando información mucho más rica, como la evolución de la imagen y de las propuestas, el tiempo durante el cual se efectuó y los movimientos de los aspirantes de una a otra medición.
También es frecuente que los números se proyecten al día de elecciones para adivinar el resultado de las urnas. Las encuestan no adivinan el futuro, muestran la tendencia. Es una fotografía fija de los ciudadanos que se mueven, como escribí en la última columna.
Y para interpretar los resultados de una encuesta, los periodistas deben conocer las bases de la estadística y consultar, antes de publicar, con expertos que dominen los conceptos estadísticos y matemáticos. A veces las conclusiones se hacen sin tener en cuenta el margen de error, por ejemplo.

 

Encuestas: fotos fijas de ciudadanos que se mueven…

El lector Jaime Humberto Correa se pregunta por qué los resultados de las encuestas que publican los medios de comunican difieren unos de otros.
Quizás la explicación más sencilla es que cada una de las investigaciones sobre la opinión electoral es como una imagen instantánea, una fotografía fija de los ciudadanos que se mueven a medida que avanza la campaña política. Y cada resultado, cada fotografía, siempre será diferente aunque la encuesta sea realizada por la misma entidad.
La encuesta electoral es una investigación social que averigua por las opiniones, percepciones y actitudes de los ciudadanos frente a los candidatos en contienda. Para su realización se estructuran una muestra y un cuestionario.
La muestra debe ser confeccionada con cuidadosa representatividad geográfica en vista de la dificultad económica y práctica para hacerla al azar, en cuya eventualidad cada ciudadano tendría la opción real de conformarla. Su tamaño debe comprender cuotas de sexos, edades y de otros criterios que permitan controlar sesgos y, así, para optimizar el índice de confianza y disminuir el margen de error.
Algunas organizaciones políticas contratan encuestas y cambian estos criterios a conveniencia para buscar mayores porcentajes de aceptación de su candidato en evidente manipulación, sobre todo cuando las divulgan como si se tratara de información electoral, cuando en realidad se trata de propaganda malintencionada que juega con la credibilidad pública.
Por esta razón, la primera pregunta que deben responder los periodistas y formularse la audiencia es ¿quién paga la encuesta? El Colombiano solo publica las que contrata el mismo periódico y se abstiene de divulgar resultados de otros encuestadores, tal como lo explicó Isolda María Vélez, macroeditora de Información, en la columna de la semana pasada.
El cuestionario también puede incidir en los resultados y en la calidad de la información que se obtiene. El orden de las preguntas, la forma de hacerlas, si es presencial o por teléfono, la extensión, el nivel socioeconómico y cultural y el lugar geográfico son algunos factores que pueden aclarar la diferencia de una encuesta a otra.
Los resultados, porcentajes y las tendencias, de las encuestas tampoco coinciden porque se realizan en fechas diferentes. Las opiniones políticas de los ciudadanos cambian todos los días al ritmo de los hechos políticos, específicamente en el grupo de los indecisos.

¿Por qué se publican las encuestas electorales?

El lector Jaime Humberto Correa pregunta: “¿Por qué los medios de comunicación le dan tanta credibilidad a las encuestas? ¿Cree usted que son necesarias? ¿Por qué son tan distintas unas de otras…?”.
Estos interrogantes seguramente son los mismos que se hacen otros lectores en estos meses previos a las elecciones locales y regionales del 25 de octubre.
El tema tiene muchas aristas y motiva innumerables discusiones académicas y políticas. Lo primero es que las encuestas deben ser realizadas regularmente por una firma de reconocida solvencia e inscrita en el Consejo Nacional Electoral.
Los resultados son insumos informativos de la agenda prevista para el cubrimiento de la campaña electoral. Hoy no se entiende una campaña electoral sin encuestas, porque muestran la fotografía instantánea de cómo son percibidos los candidatos por los ciudadanos
Los medios de comunicación las divulgan porque sus audiencias tienen derecho a estar informadas sobre las simpatías que despiertan los aspirantes en la opinión pública. Quizá el clima electoral que miden en un momento dado les ayuda a los ciudadanos a formarse una idea de la realidad política.
Al respecto, Isolda María Vélez, macroeditora de Información, afirma: “El Colombiano, por políticas del periódico solo publica aquellas encuestas que son contratadas directamente por este diario porque conocemos la metodología y seriedad de la firma Gallup en este campo. Evitamos el uso de otras encuestas, que igualmente pueden ser elaboradas por firmas de reconocida trayectoria, a fin de tener un comparativo único de evolución en el tiempo de los candidatos. Solo es posible comparar un resultado de una encuesta con otra que se haga de la misma forma”.
Es clave lo que afirma Isolda María Vélez porque por esta temporada se realizan otras mediciones de opinión electoral a conveniencia o a la medida, generalmente pagadas por los propios candidatos y con sensibles sesgos en la muestra. Muchas veces son encuestas manipuladas cuyos resultados son piezas de propaganda carentes de rigor, que se camuflan como información electoral.
La manipulación de las encuestas ocasiona distorsión porque el candidato que va adelante puede sumar unos votos de indecisos y también puede estimular el voto de ira, de odio o en contra, que se opone al voto consciente fundado en el conocimiento del aspirante y de su programa de gobierno.

El propósito: información equilibrada y transparente

El Colombiano puso en marcha el proyecto para cubrir el debate que elegirá nuevos gobernantes regionales y locales y renovará las corporaciones públicas, en octubre de este año.
Isolda María Vélez, macroeditora de Actualidad, anunció que ya se realzaron de ocho foros, en alianza con el Instituto de Estudios Metropolitanos y Regionales de la Universidad Pontifica Bolivariana, con el fin de “aportar al debate y a la formulación y construcción de una nueva agenda de gobierno para los próximos mandatarios de Medellín y Antioquia”,
Añade: “En estos eventos académicos participaron expertos en educación, competitividad, salud, infraestructura, seguridad, espacio público, inclusión social e infraestructura, entre otros. Para el segundo semestre, la alianza con la UPB se mantendrá para la realización de foros con los candidatos a las alcaldías del Valle del Aburrá y a la Gobernación de Antioquia”.
Con respecto a la presentación de los aspirantes sostiene que “…igual que en las elecciones para congreso, en 2014, El Colombiano se propone un cubrimiento que les permita a sus audiencias conocer y comparar las distintas hojas de vida de los aspirantes a cargos de elección popular, con su plataforma en la página web candidatos transparentes, en la que se podrá consultar el perfil del aspirante, sus logros y su experiencia en el sector público, las investigaciones que hay en su contra, otros temas. El año pasado el proyecto tuvo un total de 143.866 visitas, de las cuales 67.447 correspondieron a búsqueda de las 81 hojas de vida de los candidatos”.
Sobre el asunto de las encuestas sostiene: “El Colombiano publica aquellas que han sido elaboradas por la firma Gallup y que se hacen de forma independiente a los partidos y aspirantes para garantizar transparencia. En la recta final, el periódico, como en otras campañas, tal como lo ha reconocido en sus estudios la Misión de Observación Electoral, se concentra en los contenidos programáticos y, muy especialmente, en el análisis de sus propuestas de gobierno, a través de voces expertas de la academia. Además de aportar notas de pedagogía electoral”, concluye Isolda María Vélez.
Estas son, a grandes rasgos, las directrices diseñadas para el cubrimiento electoral fundado en la información equilibra y transparente que se merecen las audiencias. Estaré atento a las críticas y sugerencias para lograr este propósito.

El papel vital del periodismo en tiempo de elecciones

El análisis de la misión del periodismo en las elecciones nos lleva a comentar numerosos asuntos. En la reflexión de hoy me referiré al rigor que exige la información política para evitar manipulaciones o pecar de ingenuos.
“No olvides que eres crucial. Los medios tienen un papel irreemplazable en los procesos electorales. Los votantes deben contar con suficiente información sobre los candidatos, los partidos políticos y las elecciones para tomar decisiones responsables al momento de votar. Y buena parte de eso lo obtienen de los periodistas. Sé siempre equilibrado, objetivo y creíble”.
Es la conclusión de la periodista y escritora Marguerite Sullivan, fundadora y exdirectora del Center for International Media Assistance, quien construyó un decálogo de consejos útiles para los periodistas encargados del cubrimiento de las elecciones.
A manera de resumen cito a continuación algunas de las recomendaciones, que llegan muy oportunas ahora que despega la contienda que concluirá con los comicios del 25 de octubre, cuando se elegirán gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las Juntas Administradoras Locales.
Dice Sullivan: Prioriza a los ciudadanos. Cubrir una elección es mucho más que hablar de los candidatos y sus agendas.
Conoce las leyes electorales.
Sigue el dinero. Mantente al tanto de cómo se financian las elecciones, del origen del dinero de partidos y candidatos, y de si cumplen las leyes relacionadas con el financiamiento de campañas políticas. Chequea todo.
Sé cauto con las encuestas. Es vital esta información: quién encargó y pagó la encuesta, qué grupo la hizo, cuándo y cómo se llevó a cabo, cuántos y quiénes fueron encuestados, qué se preguntó y cuál es el margen de error.
Examine la papeleta: ¿es fácil de entender? Mantente especialmente alerta el día de las elecciones. Hasta aquí algunos de los consejos.
Quiero hacer énfasis también en el cuidado que se debe tener con la información sobre los candidatos. Muchas veces se ignoran antecedentes políticos y jurídicos que es necesario recordar. Por el contrario, en ocasiones se recaba sobre investigaciones ya resueltas por la justicia y se presentan como si aún fueran válidas, cayendo fácilmente en casos de injurias y calumnias.
En estas situaciones el periodista está en riesgo de ser manipulado por la campaña del candidato por las de los adversarios con grave daño a la credibilidad.

Elecciones: saber más del candidato

En la última columna, en la que respondí algunas de las inquietudes planteadas por el lector José Abelardo Ruiz, quedó pendiente referirme a la necesidad de hacer un cubrimiento con énfasis en la investigación periodística para profundizar la función de vigilancia y fiscalización.
Además de la información veraz, plural, transparente, actualizada y útil los ciudadanos anhelan que los periodistas efectúen una investigación profunda de los candidatos y de sus programas de gobierno.
Al fin y al cabo, como lo describen algunos autores, se trata, en el caso del alcalde y del gobernador, del primer empleo local y regional. Es decir que los ciudadanos tienen derecho a conocer las hojas de vida y la trayectoria de los aspirantes como si se tratara de una selección laboral.
Con frecuencia en las hojas de vida aparecen méritos académicos que no han logrado, es decir, certificaciones falsas o ambiguas que es preciso aclarar. ¿Y cómo hacerlo? La respuesta es, investigando…
No solo se trata de averiguar si el currículo vitae es veraz y claro. Indagar por los antecedentes en los organismos de investigación para comprobar la idoneidad de los aspirantes es apenas lógico.
Una manera de conocerlos mejor es echar un vistazo a los personajes que los rodean, examinar las cuentas y las listas de aportantes; averiguar con qué personajes se reúnen, dónde, en qué circunstancias y con qué propósitos.
Los periodistas no podemos tragar entero. Desmenuzar cada una de las promesas para verificar la pertinencia y viabilidad económica, jurídica y social de cada una de los temas de la agenda programática es vital en estos casos.
Es clave construir el perfil del candidato para detallar y reseñar los rasgos más sobresalientes de su personalidad. Este conocimiento es útil, porque de allí pueden surgir elementos de interés general a la hora de elegir a los gobernantes. No se trata de inmiscuirse en la vida privada ni de fisgonear con morbo y sensacionalismo.
El periodismo investigativo ha dejado hitos relevantes. Basta mencionar el caso del Watergate cuando los reporteros Bob Woodward y Carl Bernstein, en The Washington Post, descubrieron un episodio de espionaje de los republicanos en las toldas demócratas.
En definitiva, los periodistas debemos hacer las preguntas que se hacen los ciudadanos durante la campaña. Y después de las elecciones, seguir investigando asuntos como la financiación electoral.

Por un periodismo cercano al ciudadano

El lector José Abelardo Ruiz pregunta: “¿De qué manera los medios de comunicación ayudan y garantizan la información que necesitamos los ciudadanos de Medellín para elegir un buen alcalde?”.
Seguramente esta inquietud es de muchos lectores que esperan que el periódico les aporte elementos para tomar la mejor decisión en las urnas el próximo mes de octubre, cuando se renuevan los gobernantes regionales y locales y las corporaciones públicas.
Los medios de comunicación son canales de relación entre ciudadanos y políticos. Para atender este compromiso el periódico deberá abrir sus páginas a unos y otros. La agenda informativa tendrá que construirse con los asuntos que son de interés de los primeros y no solo con los temas de conveniencia de los aspirantes.
Una agenda informativa equilibrada, plural y útil lista los problemas y necesidades inaplazables que los gobernantes no han podido solucionar o que no las han priorizado.
Hay un riesgo latente cuando los periodistas y los medios están a merced de las estrategias del mercadeo político de las campañas electorales. O cuando el contenido de las informaciones obedece más a las declaraciones de los contrincantes que a los asuntos del sentir de los electores.
El periodismo de calidad que esperan, y se merecen, los ciudadanos se funda en cuatro principios: información equilibrada, debate plural, educación y servicio al elector e investigación.
La información deberá responder a los interrogantes de los ciudadanos y no a las preguntas que se hacen los mismos candidatos o incluso a las de nosotros los periodistas.
El debate imparcial y plural va más allá de la medición de espacios y tiempos para concentrarse en los argumentos y en la utilidad, huyendo de las pasarelas del espectáculo electoral o de los cuadriláteros que alientan con frecuencia los rivales.
El ambiente previo a las elecciones se torna cargado de enfrentamientos y beligerancia a través de las redes sociales que algunos las convierten en trincheras de odio, calumnia, injuria y rumores… Los medios de comunicación no podemos caer en ese juego irracional.
Es vital que la información electoral le ayude al ciudadano a ejercer el derecho y el deber de elegir. La pedagogía y la orientación son temas obligados de una agenda que tenga como meta el interés público.
Al asunto de la investigación me referiré en la próxima columna.

El equilibrio informativo en el debate electoral

Igual que en los debates electorales anteriores, varios lectores preguntan qué pueden esperar del cubrimiento que El Colombiano hará de la campaña que ya despega, y que elegirá a los nuevos gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las Juntas Administradoras Locales, el próximo 25 de octubre. La preocupación es válida.
Hace pocas semanas la Misión Observatorio Electoral, MOE, divulgó un estudio realizado por la Universidad de Antioquia que analiza la información electoral de medios de comunicación de todo el país en la pasada contienda presidencial.
Para El Colombiano los resultados de la investigación son alentadores porque fue el medio de comunicación con el tratamiento informativo electoral más equilibrado.
Manifiesta dicho estudio que “fue el medio más equitativo y equilibrado al mostrar los cinco candidatos en contienda…”. Y añade en otro de sus apartes que “la presencia y visibilidad que le dieron a las mujeres candidatas fue muy superior a la media nacional”.
La conclusión es muy satisfactoria para las audiencias porque corresponde al cumplimiento de las promesas de la línea editorial y a los principios fundamentales del periodismo, asumido “…como la materialización de lo que dice nuestro Manual de Estilo y Redacción: “El Colombiano mantiene una radical independencia respecto a los partidos políticos. El apoyo editorial de El Colombiano a alguna candidatura solo podrá justificarse por razones de bien común, de ninguna manera por motivos de orden partidista”, sostiene el editorial del 9 de junio de 2014.
Esta política editorial e informativa mantendrá vigentes los mismos principios para el cubrimiento de la campaña electoral que ya comienza, con el fin de informar en forma veraz, imparcial y oportunamente a nuestras audiencias, de tal manera que los ciudadanos puedan elegir con libertad a sus gobernantes.
La redacción política se prepara para efectuar un cubrimiento periodístico que responda las preguntas de los ciudadanos, se detenga en el análisis de los programas y promesas de los candidatos y en la averiguación del trasfondo de las campañas sin distraerse en sus agendas.
Los medios de comunicación tienen un papel preponderante en estas elecciones. La información política deberá estar centrada en las expectativas de la ciudadanía para que al final elija a los mejores gobernantes.

¿Para qué la Fe de errores?

“El Colombiano no debe publicar informaciones erróneas. Si, a pesar de todo, llegasen a publicarse, se corregirán con franqueza y claridad, para reparar, en cuanto sea posible, el daño o desinformación que el error pudiera haber causado”, reza el Manual de estilo y redacción.
La Fe de errores se publica desde hace más de un año en Radar, la última página de la sección Metro, por mandato de su política editorial y por petición de la Defensoría de las audiencias. Es una respuesta a los lectores y también el reconocimiento de las equivocaciones.
El mayor volumen de las observaciones de los lectores, de acuerdo con los mensajes que recibo, corresponde a críticas y errores. En 2014, del total de 1.817 comentarios, 698 se clasifican en este grupo, lo que representa el 38,4 por ciento.
Hoy es la oportunidad de expresar nuestra gratitud a los lectores que nos envían los gazapos que cazan en la edición impresa o en la digital, con el afán de contribuir al buen uso de lenguaje y al rigor periodístico.
En el rediseño del sitio web se facilitó el reporte de los errores: al final de la información se puede pulsar Reporte un error, “Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otros que consideren pertinentes”.
En vísperas del Día del Idioma, que se celebra el próximo 23 de abril, es válido recabar sobre la obligación de los periodistas de escribir bien, porque uno de los atributos del lenguaje, la claridad, es requisito para que la información llegue sin distorsiones a las audiencias. Pero no solo por esta razón: corrección, amenidad y fluidez lograrán que los lectores no se aburran después del primer párrafo.
Los errores atentan contra el principio de veracidad y destruye la credibilidad del periodista. Además: “El error más pequeño resulta intolerable, porque causa un grave daño a la imagen del diario”, afirma Javier Moreno, director del periódico español El País.
En este propósito, el de mejorar la calidad de la redacción de las informaciones de El Colombiano, se encuadra la sección Fe de errores. Sin embargo, es preciso insistir en la necesidad de incluir todas las imprecisiones y corregir los contenidos digitales, dejando constancia de las equivocaciones al final del texto modificado. Y, también, aprender de los errores para no repetirlos.