Redes sociales: los desafíos de las audiencias

El lector Luis Rodrigo Gaviria dice: “…sigo con interés las columnas, particularmente las últimas en las que usted habla de las redes sociales, entre las cuales Facebook, Twitter y Youtube, que son las más usadas. Deseo averiguarle, ¿qué actitud debemos guardar y qué podemos hacer nosotros los lectores cuando leemos informaciones lanzadas por estas redes sociales…?”.
En los últimos años internet y las redes sociales han provocado un gran impacto en los medios de comunicación y en la vida personal de todos. Esta revolución es apenas objeto de estudio de disciplinas como sociología, sicología, antropología, derecho y comunicación.
Los medios, tal como lo había expuesto antes, siguen una serie de pautas para manejar la información proveniente de las redes: pensar, dudar, verificar, contextualizar son acciones previas a la publicación o réplica de tales contenidos.
Ahora, la pregunta del lector es pertinente porque las audiencias tienen dudas sobre la veracidad y validez de las informaciones de las redes sociales, ya sean recibidas directamente o por intermedio del medio de comunicación que las acogió.
La desconfianza y la falta de credibilidad son el denominador común. Informaciones falsas, parcializadas y tóxicas, son frecuentes.
Así, las audiencias se ven expuestas, lo que las obliga también a seguir las mismas pautas y guías que debemos observar los periodistas.
Quizás el mayor de los retos es asumir la autorregulación del uso de las redes sociales, apoyada en la ética y el derecho, como garantías para contrarrestar desinformación, distorsión, manipulación y engaño. Incluso, acciones delictivas y terroristas. Sin responsabilidad social las redes nunca alcanzarán credibilidad, a pesar de su preminencia, fácil manejo, inmediatez e influencia.
Estoy muy de acuerdo con lo que plantea Regina Alves da Silva y su grupo de investigación, en la obra El uso de las redes sociales: ciudadanía, política y comunicación, que acaba de ser publicada por el Instituto de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona: “…se necesita un mayor nivel de alfabetización mediática, es decir, crear una conciencia en la sociedad sobre lo que implica ser usuario de las redes sociales. Esta alfabetización tiene tres pilares: garantizar el derecho al acceso a Internet, la comprensión crítica de los contenidos que circulan en la red y la capacidad para generar contenidos…”.

Redes sociales: dudar y confirmar antes de replicar

El asunto de los contenidos de las redes sociales reproducidos por los medios, planteado por el lector Jorge A. Ríos, y al cual me referí en la última columna, amerita esta reflexión.
Todos los días los medios les dan crédito a informaciones que con febril velocidad se propagan a través de las redes sociales, sin considerar que son fuentes que necesitan verificación y contraste.
Basta mirar lo ocurrido estos días cuando se divulgó la fotografía de la niña siria. Hudea, de cuatro años. La imagen, tomada por el fotógrafo turco Osman Sağırlı y publicada en diciembre de 2014, se volvió viral cuando la fotoperiodista Nadia Abu Shaban la divulgó por Twitter.
Medios de todo el mundo, se contagiaron de la emoción y del impacto producido por la niña que levantó sus brazos y miró con gesto indulgente al fotógrafo, pensando que le apuntaba con un arma letal y no con el teleobjetivo.
Pero les faltó a muchos contextualizar la noticia con uno de estos datos de Unicef: “14 millones de niños de la región sufren los efectos del cada vez más intenso conflicto que se desarrolla en Siria y gran parte de Irak. Más de 4 años de guerra están dejando profundas cicatrices en: 5,6 millones de niños que sufren situaciones extremas dentro de Siria: pobreza, desplazamiento y estado de sitio. 2 millones de niños que viven ahora como refugiados en Líbano, Jordania, Irak, Turquía, Egipto y otros países del norte de África. 3,6 millones de niños de las comunidades vulnerables en las que se albergan otros refugiados. 2,8 millones de niños iraquíes obligados a abandonar sus hogares…”.
El asunto no es solo replicar. Es informar y contextualizar. Y también, verificar. Algunos medios también cayeron en la trampa: ni dudaron de los datos tomados de las redes sociales ni verificaron. Un vistazo revela la falta de rigor: ser los primeros a costa de la precisión, o de errar la fecha y el nombre del autor de la fotografía.
Estoy muy de acuerdo con BBC que tiene como regla de oro usar “un segundo par de ojos” para mirar antes lo que se va a publicar. Y con lo que escribió el editor de tecnología de El Tiempo, José Carlos García: “A los periodistas no nos queda más que afinar el “dudómetro”. Estar alertas, atentos, acordarnos que la celeridad diaria por el tráfico y la preferencias de las audiencias no nos debe alejar del sagrado rito de la confirmación de las fuentes y los datos…”.

Redes sociales: tomar distancia para no desinformar

El lector Jorge A. Ríos pregunta: ¿…por qué ustedes los periodistas retuitean los escándalos que encienden las redes? ¿No cree usted que hacerlo es acto de irresponsabilidad?”.
Considero que la preocupación es también de otros lectores y debe serlo de los periodistas porque está en grave riesgo la credibilidad y la confianza de las audiencias.
Las redes sociales cambiaron la operación periodística en los medios de comunicación. La irrupción, para bien y para mal, provoca un impacto evidente, porque buena parte de ellos reproducen, vale decir, retuitean o enlazan los mensajes, muchas veces tal cual, sin consideración alguna.
Si los contenidos son ciertos, necesitan verificación y más contexto. Si son falsos podemos llegar a cometer un delito, en virtud de afanes irresponsables.
Los contenidos de estos tuits, generalmente rumores, se convierten, al aparecer en un medio de comunicación, en informaciones a las que las audiencias les dan crédito por la seguridad que les generan tanto los periodistas como el medio.
Antes de publicar obliga verificar y reflexionar qué buscan sus autores al poner esos contenidos en la red, y nosotros los periodistas al amplificarlos en el medio de comunicación.
La verificación puede ser cuestión de unos pocos minutos. Así desechamos dichos comentarios, al comprobar que se trata de grandes mentiras puestas a circular en la red, vaya a saber uno con qué objetivos…
Estos mensajes no corresponden a hechos ni obedecen a juicios racionales. Frecuentes comentarios son producto de las fobias o filias de quienes escriben sin pensar, o mejor, calculando los efectos que van a producir en la opinión pública.
La influencia de estas informaciones precarias y comprimidas ha crecido. La prisa por aumentar el tráfico al sitio web del medio lleva a poner contenidos generados por fuentes desconocidas, anónimas. O, conocidas pero con sesgos de diversa índole que contaminan la información y por lo tanto distorsionan la realidad de los hechos y convierten a los medios en altavoces de intereses particulares.
Las nuevas condiciones en las que se foguea la actividad periodística obligan a corroborar y contextualizar cada dato de la información y a pensar si tiene valor e interés para nuestras audiencias. No hacerlo es faltar al rigor y a la ética y posiblemente a la legislación penal.
Esta reflexión continuará en la próxima columna.

Cuando los números confunden…

La reflexión iniciada en la columna anterior sobre las equivocaciones que se suelen presentar en las informaciones que contienen números, porcentajes o descripción de unidades, continúa hoy. Los lectores Michel Taverniers, Luis Alfredo Molina Lopera, Jorge Iván Osorio, Jorge Arango, entre otros, señalan errores en sus asiduos y pertinentes comentarios y críticas.
Uno de los gazapos se registra en la escritura de las cifras decimales. Si bien la Real Academia Española admite que se pueden usar tanto el punto como la coma, el Manual de estilo y redacción de El Colombiano determina el uso de la coma en vez del punto. Por esta razón en el periódico no se debe usar el punto.
Se cae en confusiones cuando se combinan palabras y cifras. La norma general es que solo se usen los números. No obstante cuando se trata de sustantivos numerales como millar, millón billón, etc., se pueden escribir estas palabras.
El Manual del periódico dice al respecto: “Al escribir cifras se deben usar puntos para separar los millares, los millones, los billones. Ejemplos: 101.032; 4.056.398; 12.000.000.000.000. La coma debe usarse sólo para los números decimales, así: 2,5; 0,3.”.
También hay equivocaciones en los ordinales al confundirlos con los fraccionarios. Un caso frecuente es decir onceavo por undécimo; veinteavo por vigésimo; cuarentavo por cuadragésimo.
Las críticas recibidas descubren otro error común: el mal manejo que se les da a las unidades de medida. Por ejemplo en casos de superficies se escriben metros o kilómetros pero no se especifican que se trata de metros o kilómetros cuadrados.
Y confusiones similares en cantidades que expresan volumen, potencia, masa, tiempo, intensidad eléctrica y porcentajes.
No obstante, considero que los periodistas debemos poner números para informar mejor, con más precisión. Estoy muy de acuerdo con el pensamiento de John Allen Paulos, matemático, investigador y escritor estadounidense cuando dice que: “Después de los titulares, dentro de cada historia, el periodista debe responder a las cinco W del periodismo: ¿quién, qué, dónde, cuándo, por qué? (who, what, where, when, why?). Pero con ciertos temas, como estadísticas, sondeos, estudios científicos, etc., eso no es suficiente. Hay que responder preguntas más allá de las clásicas: ¿cuánto?, ¿con qué frecuencia?, ¿con qué tasa?, ¿la tasa crece o decrece?, para contextualizar la información y ponerla en perspectiva…”.

Discordancias numéricas y gazapos matemáticos

El lector Michel Taverniers objeta: “En El Colombiano de hoy, portada, “Salvan 206 perros que iban a sacrificar, sufrían Leptospira… (sin mayúscula)”. En El Tiempo, portada, “En la Perla, erradicaron la leptospiria (sic) de los 30 perros que la padecían”. Se refiere a la edición del jueves 12 de marzo.
Y también cuestiona: En El Colombiano de hoy, página 4, Segunda columna: “El director del programa… costará unos 100 millones de dólares”. En El Tiempos de hoy, portada: “La tarea de limpiar el territorio puede costar US$ 200 millones”. Edición del lunes 9 de marzo.
Estas son solo dos de las críticas, pero con frecuencia recibo observaciones de lectores que se quejan por errores y equivocaciones en los números, en el manejo de las cantidades y porcentajes y en la escritura de decimales y unidades de medida, entre otros asuntos.
El lector tiene razón en plantear las discordancias de las cifras que publicaron los medios de comunicación. Y también con las demás correcciones que anota en sus mensajes.
Sin embargo, en el primer caso el periódico El Tiempo publica una información posterior que concuerda con la cifra de El Colombiano: “En el Centro de Bienestar Animal La Perla erradicaron la leptospiria de 206 perros que la padecían…” (http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/animales-de-la-perla-curados-de-leptospiria-/15380770).
Sobre la segunda observación encontré en varios medios que el propio general (r.) Rafael Colón, director del programa contra minas antipersonales, había declarado que el costo de la operación de desminado sería de US$ 100 millones. Ese era el monto estimado, según varias informaciones y documentos que consulte.
Concretamente le respondió a El Tiempo, el pasado 16 de febrero: “¿Cuánto calcula usted que costaría el desminado total? Hemos hecho cálculos, y el desminado humanitario vale unos cien millones de dólares; calculamos que eso es lo que implica dotar a la Fuerza Pública, hacer la certificación, dotar al organismo internacional que hace el monitoreo y ayudar a las organizaciones civiles que hacen el proceso”.
Es frecuente que los periodistas consulten versiones diferentes y de ahí tales discordancias. También puede suceder que haya una equivocación o error, porque quizá los periodistas tenemos problemas con la precisión, que es “concisión y exactitud rigurosa en el lenguaje”, según la define el Diccionario de la RAE.
Este tema requiere de una reflexión adicional para analizar otros errores numéricos.

Antes de publicar, verificar la información

El lector Héctor Darío Rendón llamó para reclamar: “¿ustedes los periodistas por qué no averiguan la verdad primero…vea el caso del borracho que dijo que era familiar de César Gaviria sin serlo…?”.
Entiendo la molestia de los lectores, oyentes y televidentes cuando muchos medios de comunicación le dieron relevancia a esa supuesta consanguinidad del protagonista del escándalo.
En realidad, faltó rigor al informar sobre este caso. Los periodistas solo rectificaron la información cuando el expresidente César Gaviria Trujillo, mediante comunicado dijo: “No tengo ningún familiar con el nombre de Nicolás Gaviria”.
No es la primera vez que ocurre. Durante meses algunos medios de comunicación relacionaron como familiar del general Rito Alejo del Río al coronel Robinson González del Río, investigado por tráfico de armas para los “Urabeños”.
Fue el general retirado Rito Alejo del Río quien desvirtuó el lazo de consanguinidad: “Soy descendiente de familia de boyacenses y tengo entendido que él es del llano. Él (Robinsón González del Río) es una persona que piensa como desquiciado, que habla locuras. No hay parentesco lejano”, según lo publicó El Colombiano el 17 de marzo de 2014.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano, explica al respecto: “Es preferible publicar una noticia con retraso, pero verificada en todos sus términos, a una publicación inmediata pero sin la seguridad que da una verificación”.
El afán por informar antes que los demás tiene sus riesgos, como en los dos casos expuestos hoy.
El Círculo de periodistas de Bogotá, CPB, advierte: “Despreocuparse por la competencia. La prisa es un peligro para el periodista, agravado con otro problema que es el de la competencia. Existe una angustia permanente por estar mirando con un ojo la noticia y con el otro la competencia. Eso da como resultado periodistas “bisojos” que no saben a dónde mirar. El periodista que mejor lo hace es aquel que tiene puestos los dos ojos en su propia información…”.
Aparte de la falta de rigor de los periodistas es oportuno señalar que muchos ciudadanos y personalidades públicas tuitearon y replicaron, además de la información imprecisa, insultos y ofensas al expresidente Gaviria. Muy lamentable.
Corrección. El título de la última columna: “La mejor defensa de la libertad de expresión es su ejercicio responsable” va entre comillas. La frase no es mía, es de la periodista española Ángeles Espinosa.

“La mejor defensa de la libertad de expresión en su ejercicio responsable”

Algunos lectores solicitaron mi opinión sobre el retiro del columnista Yohir Akerman. Al respecto considero que la gestión de las páginas de opinión es del fuero de la directora y del Consejo de Dirección. El ámbito de la Defensoría de las audiencias se enfoca más a las secciones informativas. No obstante, después de hablar con la directora de El Colombiano, comprendo el porqué de su decisión.
También me pregunta otro lector si El Colombiano “excluye las opiniones que no comparte…”.
Pienso que con el objetivo de responder al principio la pluralidad el periódico se esfuerza por mantener sus páginas abiertas a la circulación de diferentes posturas ideológicas, partidistas, generacionales y de estilo. Además, reserva un espacio para el disenso, Contraposición, precisamente para controvertir el editorial del día.
Los lectores encuentran cuatro páginas de opinión de lunes a sábado y siete los días domingos, con toda suerte de análisis, críticas, propuestas y comentarios de actualidad, escritos por autores colombianos y extranjeros.
El año pasado lanzó el proyecto Taller de Opinión, para alentar la participación de los estudiantes universitarios en sus páginas editoriales.
Igualmente es enriquecedor el foro de lectores. Las audiencias critican, comentan, sugieren, observan, apoyan o refutan al columnista en un escenario que agrega valor al diálogo y favorece el debate de las ideas.
Invito a las audiencias a usar este espacio de interacción que tiene sentido si se argumenta a favor o en contra del autor o de los foristas, pero que lo pierde si se dilapida con agravios e insultos.
Creo que las páginas de opinión y los espacios de interacción deben observar las luces de advertencia que ponen los derechos humanos para no pasar la raya y caer en el lenguaje del odio, la intolerancia, la injuria y la calumnia.
Personalmente estoy muy de acuerdo con esta frase de la periodista y escritora española Ángeles Espinosa: “La mejor defensa de la libertad de expresión es su ejercicio responsable”. Con ella concluye su ponencia sobre Libertad de expresión vs. creencias religiosas, publicada en Cuadernos de periodistas número 25, revista de la Asociación de la Prensa de Madrid, APM.
El periódico tiene un compromiso ineludible con los lectores: debe ofrecer voces plurales que analicen los hechos de interés público sin importar si concuerdan o no con las políticas editoriales.

Cuando los lectores objetan la agenda informativa

Es costumbre recibir comunicaciones que cuestionan el cubrimiento de la feria taurina. El lector Alejandro Usma Díaz dice: “La ciudad tiene tradición de toros, y aunque se ha ido viniendo a menos, no por eso debe dejarse de informar en un periódico que sentimos tan nuestro los medellinenses como El Colombiano…. Qué bueno sería que, siendo el único medio que muchos consideramos serio, también en este tema se haga un trabajo de mayor cubrimiento e información que no se limite a anunciar los carteles, o a informar en dos renglones algún acontecimiento relevante”.
El lector John Mario Gómez Molina expresa: “La razón de mi inconformidad es respecto a los artículos taurinos en El Colombiano. Respeto el tema de quien le guste este tipo de espectáculos, pero es inevitable apuntar que no me siento identificado con este tipo de publicaciones”.
Y agrega: “…no sé si este comentario trascienda y tenga atención, pero si es mi derecho como lector exponer mi punto de vista en el cual deben tener un poco más de sensibilidad en estos temas porque así se suavice la expresión de matar ocho toros en un día, con “fueron cortadas ocho orejas”, estamos muy lejos de aproximar este tipo de contenidos a la sección de “cultura.”.
Sebastián Aguirre Eastman, macreoeditor de Tendencias, expresa que “el periódico no puede ocultar la feria taurina y que por esta razón ha publicado las informaciones respectivas, de acuerdo con el criterio periodístico y las limitaciones de espacio”.
También, el lector Alberto Guerra reclama mayor cubrimiento del béisbol. Afirma en uno de los apartes de su comentario: “…El Colombiano debería, con el debido respeto, ser más generoso en el tema deportes, en ocasiones, bastante frecuentes, parece un magazín de fútbol…”.
Al respecto, Oswaldo Bustamante, editor de Deportes, expresa que el mayor volumen informativo corresponde al fútbol pero que los demás deportes tienen su espacio propio, siempre de acuerdo con el interés de las audiencias y todos sabemos que el fútbol capta la mayor atención.
“El promedio de páginas, a diciembre 2014, era de 8 por día, con un porcentaje de 60% fútbol -este país es futbolero, debe reconocerlo el señor, así no nos guste- y 40% de otros deportes, aunque la directriz es de 70-30. No somos un magazine de fútbol”, explica.
Estoy de acuerdo con las respuestas de los editores, pero creo que las críticas deben tenerse en cuenta a la hora de construir la agenda informativa.

Una lectora reclama la entrevista completa en el impreso

La lectora Rosario Moreno Gutiérrez dice: “Con todo respeto pregunto: ¿por qué si pago una suscripción tengo que terminar de leer algo que me interesa por la red, caso entrevista del señor Lafaurie…? ¿Y si no tengo computador…?”.
La lectora se refiere a la publicación de la entrevista en la edición del pasado 18 de enero, titulada: El gobierno ha bailado al son que las Farc le ha venido tocando.
Al respecto, Jorge Iván Posada Duque, editor del área periodística de Paz, explica: “La extensión de una entrevista está condicionada por lo novedoso o polémico que diga el entrevistado. En el lenguaje periodístico hablamos de si genera noticia o es un seguimiento a ella”.
Agrega: “El caso de la entrevista a José Félix Lafaurie, presidente de Fedegán, es un buen ejemplo de cómo jerarquizamos los contenidos. Por lo dicho le damos prelación en las páginas, teniendo en cuenta que compite con otros temas, ya que el nuevo formato del impreso obliga a publicar lo más relevante, sorprendente e interesante. Pero ahí está el asunto, el formato impreso tiene un límite de espacio que impide que se publique la entrevista en su totalidad, por esa competencia de temas, igual de importantes y que también deben de ser publicados”.
Y concluye: “Es por esta razón que la totalidad de la entrevista se publica en Elcolombiano.com . Si bien el texto del impreso contiene la nuez de la noticia, en la web se amplia. Reitero, por lo novedoso y polémico que dijo el presidente de Fedegán, en este caso por sus argumentos para demostrar, según él, que el cese el fuego unilateral de las Farc no se ha cumplido”.
Es oportuno indicar que en la sala de redacción se deciden los temas de la agenda informativa, el género periodístico y los demás criterios de su publicación. Es este caso, se optó por publicar la entrevista completa en la edición digital, en vista del interés del tema, la relevancia del entrevistado, la actualidad y la oportunidad. Es claro que la edición impresa tiene límites de espacio, en tanto que en la digital pudiéramos decir que es ilimitado.
Lo mejor sería que el texto apareciera íntegro en el impreso, pero una muy buena opción es tenerlo completo en el sitio web del periódico, como acertadamente se convino y anunció en la edición impresa.

El riesgo de las fuentes muy cercanas al periodista

La reflexión sobre las fuentes de información continúa hoy para agregar una ideas sobre los comentarios del lector Alfonso María Gómez.
Un aspecto fundamental de las relaciones con las fuentes es el de la independencia del periodista. Los principios éticos proponen una conducta respetuosa y discreta, ni cercana ni lejana.
El periodismo no puede distraer su rumbo: su razón de ser es el ciudadano, el lector, no las fuentes de información.
Pocas veces los periodistas somos testigos de los hechos, lo que implica conocerlos mediante la cooperación de otras personas. Las fuentes de información son valiosas y es necesario establecer un trato fundado en la confianza.
No obstante, si se da un paso más en esa relación existe el riesgo de la manipulación del periodista por parte de la fuente, lo que desvirtúa la misión de informar con veracidad, imparcialidad, transparencia y responsabilidad.
Las fuentes oficiales o institucionales predominan sobre otras visiones, lo que también menoscaba el propósito de informar con más amplitud desde distintos puntos de vista.
Por esta razón, “El Colombiano acude a varias fuentes de información con el fin de ofrecer a sus lectores una visión plural de los hechos”.
La falta de fuentes salta a la vista. Por ejemplo, si se informa sobre un conflicto laboral no basta la información del gerente. Es necesario indagar por las versiones del sindicato, de los trabajadores, de las autoridades laborales y aún de los consumidores. En el periodismo, varias voces es mejor que una sola.
Además, es vital verificar y contrastar los datos que nos aportan las fuentes de información.
Correcciones. En la columna de la semana pasada hay dos errores:
Al inicio, dice el lector Alfonso María Gómez: “Usted puede explicarme porque los medios de comunicación citan las mismas fuentes de información”. La expresión correcta es: “Usted puede explicarme porque (sic) los medios de comunicación citan las mismas fuentes de información”.
En otro aparte, dice: “En cuanto a las opiniones, es deseable tener visiones disímiles para que, en medio de la controversia, contribuyan a echarle luz a las ideas y a los acontecimientos”. Lo correcto es: “En cuanto a las opiniones, es deseable tener visiones disímiles para que, en medio de la controversia, contribuyan a echarles luz a las ideas y a los acontecimientos”. Ofrezco disculpas a los lectores por estos errores.