La vigencia del periodismo y la evolución de los medios (3)

Los cambios que se registran en los medios y en la forma como trabajamos los periodistas son evidentes.

A la reflexión de las dos últimas columnas se suma una nueva inquietud. La lectora Amanda Monsalve pregunta directamente: “¿Se pueden llamar periodistas a los tuiteros?”.

Los medios de comunicación se están adaptando al mundo de hoy, al estilo de vida de sus audiencias, a las herramientas tecnológicas y a los modelos de financiación. Los niños se informarán de un modo diferente, quizás no van leer los periódicos, como lo hacemos hoy los adultos.

Las redes sociales son otro de los actores contemporáneos. Clasificados por algunos entusiastas como medios de comunicación, irrumpen con fortaleza y llegan a millones de seguidores. ¿Pero será periodista quien da a conocer una información de última hora a través de Twitter o Facebook? Creo que no. Allí hay una comunidad, objeto de estudios antropológicos, sociológicos y comunicacionales, que se informa apurada y limitadamente de lo que acontece. Hasta esos límites no puede reducirse el ejercicio profesional.

Además de expresarnos, a los periodistas nos alienta el deber de garantizar información veraz, confirmada y contrastada, imparcial, contextualizada, trasparente y de interés público. La emoción y fogosidad de quien pone un mensaje en Twitter difiere del rigor y la responsabilidad de la acción del periodista.

El periodismo mantendrá su vigencia de guardián de la democracia si está dispuesto a denunciar la corrupción, a descubrir lo oculto, a mantener la independencia de los poderes económicos y políticos, a pedir cuentas. Y a rendirlas, si transparencia y coherencia forman parte de los principios del decálogo ético. Otra cosa es que los medios se apoyen las redes sociales. Considero que además de la convergencia, corresponden a una de las estrategias de adaptación, al convertirlas en canal favorito para difundir noticias de última hora y promover contenidos.

Pero hay más innovaciones en los medios. Hace poco un periódico de Arizona, Estados Unidos, envió a sus periodistas a trabajar afuera, desde lugares conectados a redes de Wi Fi público, para que entren en contacto directo con la gente, y de paso, ahorrar dinero. Los drones van hasta donde no pueden ir las cámaras de fotografía y video…

En fin, los desafíos para los medios son enormes, igual que para los periodistas. Estamos en zona de acomodo, no de comodidad.

La vigencia del periodismo y la evolución de los medios (2)

Los principios periodísticos y la metodología de investigación siguen siendo válidos en  los tiempos de internet.
Los asuntos planteados por el lector Juan Sebastián Ramírez, que motivaron la última columna, invitan a nuevas consideraciones sobre el llamado periodismo ciudadano y sus implicaciones en los medios de comunicación.
Es oportuno reiterar que los principios del periodismo y su método de verificación son anteriores a la aparición de internet. El periodista es quién recoge y selecciona la información en fuentes idóneas, la contrasta, la jerarquiza y publica de acuerdo con el interés público. Esta rutina profesional no cambia ahora con las posibilidades de internet.
Cuando un ciudadano pone la información en su blog o red social y aún en un medio de comunicación no sigue el camino del periodista, entre otras cosas porque no está formado y desconoce los principios y métodos de investigación periodística.
Algunos autores lo definen como una fuente informativa, en tanto que otros los califican como ciudadanos periodistas o informadores que en virtud de las circunstancias está en capacidad de dar cuenta de un hecho relevante.
En realidad hay mucho por debatir todavía. El periódico digital Ohmynews fue fundado en Corea del Sur, en el año 2000, por el periodista Oh Yeon Ho tuvo que cerrar por la cantidad de información que enviaban  los corresponsales ciudadanos. Este medio de comunicación publicaba noticias enviadas por los lectores pero que sus periodistas  seleccionaban, verificaban, contrastaban y jerarquizaban previo a la difusión.
Hoy los medios de comunicación social estimulan la participación de sus lectores al divulgar sus opiniones y sugerencias informativas o abrir un espacio de debate en torno a temas propuestos por el medio.
La información la adecuan a los nuevos formatos para llegar más fácilmente a los lectores que mantienen la confianza y credibilidad en el medio de comunicación, aunque el autor de la información sea un ciudadano que comparte espacio con el periodista. Es decir, extiende la seguridad que le garantiza el medio, que ya cuenta con la certificación del periodista que la selecciona y verifica.
En realidad, como decía en la última columna, hay un reacomodo en los medios de comunicación. Hoy los periodistas no tenemos la exclusividad de la información y los lectores tienen el derecho y la posibilidad de complementarla.

La vigencia del periodismo y la evolución de los medios

Los lectores tienen hoy más opciones de información y ahora también la generan. No es la primera vez que me preguntan sobre el futuro de los periódicos y el papel que juega el llamado periodismo ciudadano. Esta vez el lector Juan Sebastián Ramírez concreta su inquietud así: “¿Será que con el desarrollo acelerado de internet ya los periódicos desaparecerán y cualquiera podrá enterarse a través de las redes sociales? ¿Usted que piensa sobre este fenómeno que va a la par con los avances tecnológicos y de las telecomunicaciones…?”. Estos asuntos tienen varios puntos de vista. Creo que es vital decir que los medios de comunicación y el ejercicio periodístico marchan hoy por un camino que apenas se abre. Hay una especie de reacomodo. Los periódicos ya no son el medio impreso de antes. Ahora todos los diarios son multimedios: están puestos en la red, sus textos son hipertextos, tienen video, audio, más fotografías e infografías; publican con la inmediatez de la radio y la televisión; permiten y estimulan la interacción. Los periodistas ajustan la información para los nuevos formatos. El periódico debe ser un “medio postweb”, con más contenidos de análisis, contexto y opinión. Es lo que espera el lector de hoy: que le expliquen y le orienten sobre los hechos que ya conoce. El lector lee el periódico con otros ojos. Está a un clic de la noticia en su computador y en otros dispositivos, incluso su celular. Por otro lado, el periodista ha perdido la exclusividad de informar. Cualquier ciudadano puede hacerlo en las redes sociales y en los medios de comunicación. Ya no es el lector pasivo de antes. Ahora participa en el proceso informativo, cuando comenta una información o cuando colabora con el reporte de un hecho de interés general. Esta última acción es a la que se refiere el lector, al llamado periodismo ciudadano. Al respecto hay grandes debates sobre si son periodistas los ciudadanos que envían información o la ponen en un blog o en una red social. Yo creo que no. Considero que son ciudadanos testigos excepcionales de hechos relevantes y que por esta condición podrán tener información de alto valor, por la actualidad o por el impacto, pero que carecen de las competencias y la metodología para verificarla y contrastarla. Los medios de comunicación seguirán cambiando y el periodismo mantendrá vigente la misión de informar con veracidad, imparcialidad, transparencia y responsabilidad.

Clamor por los crucigramas (2)

Por las observaciones de los lectores se establecerán cambios y ajustes en estos pasatiempos.
La prensa informa, orienta la opinión pública, entretiene y educa. Estas son las funciones clásicas de los medios de comunicación. Los crucigramas, entretienen y educan.
La historia de los crucigramas, según varios autores, se remonta a finales del siglo XIX cuando el inglés Victor Orville tuvo la iniciativa de crear este pasatiempo durante su cautiverio. La primera publicación en un diario se le atribuye a Arthur Wynne, responsable de la sección de pasatiempos del periódico New York Wold, el 21 de diciembre de 1913.
Desde esa época los crucigramas registran una amplia difusión en los periódicos y revistas, incluso en libros y otras publicaciones. En Francia se estableció por un tiempo la Academia de Palabras Cruzadas y en nuestro medio son frecuentes los grupos y tertulias de crucigramistas.
En los colegios y escuelas el crucigrama es un recurso pedagógico habitual. A todos enriquece el vocabulario y prueba los conocimientos. Y para la población de mayor edad es pasatiempo predilecto.
El Colombiano le presta toda la atención a los crucigramas y pasatiempos. Es política editorial del diario y las demás publicaciones.  En consecuencia, ofrece un variado tipo y estilo de crucigramas, con diversos niveles de dificultad, para  novatos y expertos. Busca, así, atender la demanda general de los lectores, no solo la de los más aficionados.
Diariamente publica tres crucigramas y en la edición dominical, un cuadro de doble página, además del cuaderno  Juegos y Retos, que contiene más crucigramas, pensagramas y otros pasatiempos propios para el día de descanso.
En vista de las críticas recibidas, “…se han implementado cambios y ajustes en la ejecución y el proceso de edición del mismo. Dichos cambios los verán reflejados nuestros lectores en las próximas ediciones, en aras del mejoramiento continuo y la búsqueda de la excelencia de cara a nuestras audiencias”, explica Germán Calderón Linares, Macroeditor gráfico y audiovisual.
Estaré atento a las reclamos por los eventuales errores cuando a los autores de los crucigramas se les van las luces, porque, a veces, los reclamos no proceden, simplemente ocurre que quién los resuelve no encuentra la respuesta correcta, aún con ayuda de diccionarios.

Clamor por los crucigramas

Algunos lectores han expresado su inconformidad con estos pasatiempos. La lectora Teresita Londoño Lalinde dice: “Dentro del costurero nuestro en Llanogrande, somos más de 20 personas aficionadas a los crucigramas las que hemos escrito y llegado casi al ruego pero fue una lucha inoperante… Y añade que “… para mí es más triste aún tener que ver a mi esposo, Roberto Lalinde, viendo como su único pasatiempo en la cama, que es llenar crucigramas, no lo puede hacer en el periódico por el que tanto se siente orgulloso y del que tanto espera…”.

El lector Carlos Uribe González, otro de los reclamantes, manifiesta en uno de los apartes de su comunicación: “Hoy mi hija llega a la casa convertida en una mujer de 28 años, educadora de preescolar e infantil, con su propia guardería y recordando cómo, cuando era una niña de 13 añitos, aprendió tantas cosas con los excelentes crucigramas publicados por aquellas épocas. ¡Crucigramas de verdad!..”.

El lector Eduardo Mejía Arbeláez escribe: “…Sin demeritar a otros periódicos, los autodefinidos están clasificados para periódicos sin trayectoria, superficiales y donde el periodismo se limita al amarillismo y el tremendismo. El Colombiano es todo lo opuesto a esto. Tiene categoría, tradición, renombre, periodismo. Por esto no se explica uno la pifia con los autodefinidos, además llenos de errores de todo tipo…”.

A estas voces se une más de una decena de reclamos que he recibido en las últimas semanas. Germán Calderón Linares, macroeditor gráfico y audiovisual, explica que “El Colombiano escucha a sus lectores, por ello estamos trabajando en el tema de los crucigramas. Por ser un espacio tan específico y que demanda una gran experticia y alto grado de conocimiento y cultura general, la consecución de nuevos proveedores es una tarea compleja en aras de cubrir las expectativas de los crucigramistas”.

Considero valiosas las observaciones de los lectores porque El Colombiano es quizá el periódico que publica un mayor número de crucigramas. Ojalá atienda pronto el asunto de los errores y evalué la queja relativa a la categoría de crucigramas que rechazan, los autodefinidos. No obstante, esta modalidad, que permite hallar la solución en el mismo cuadro, es una tendencia en la prensa diaria.

Pienso que el crucigrama es un espacio de entretenimiento y que además algunos pedagogos le dan un alto valor educativo y cultural. Esta reflexión continuará.

La responsabilidad de los comentarios de los lectores (2)

La reflexión de hoy es sobre algunas implicaciones legales del foro Las inquietudes del lector Manuel Tiberio Alzate obligan a profundizar un poco más sobre la responsabilidad que asumen los autores de los comentarios y, en general, de los juicios emitidos por los ciudadanos en ejercicio de la libertad de expresión.

Es un tema denso que tiene muchas aristas, una de ella es la jurídica. Las opiniones emitidas en el foro, en ejercicio de la libertad de expresión que pueden colisionar con otros derechos fundamentales como la honra y el buen nombre, al ser consideradas injuriosas o calumniosas.

En este campo no cabrían los comentarios calificados como molestos, inútiles, agresivos o incluso soeces, si nos atenemos a quienes sostienen que la libertad de expresión también comprende la forma y tonalidad que se elija. El reglamento de los foros sí considera estos criterios a la hora de aplicar los filtros y la moderación. Cuando se trata de injurias y calumnias, dos tipos penales definidos por el código, la situación es distinta porque la persona ofendida puede denunciar esta conducta que atenta directamente contra la honra, la reputación y el buen nombre. También si los juicios violan el derecho a la intimidad.

La Corte Constitucional, según la ponencia 442-11 analiza algunas limitaciones (http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2011/C-442-11.htm). Dice: “A pesar de la presunción de que toda forma de expresión esta cobijada por el derecho fundamental en estudio existen ciertos tipos específicos de expresión prohibidos. Entre estos se cuentan: (a) la propaganda en favor de la guerra; (b) la apología del odio nacional, racial, religioso o de otro tipo de odio que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad, la violencia contra cualquier persona o grupo de personas por cualquier motivo (modo de expresión que cobija las categorías conocidas comúnmente como discurso del odio, discurso discriminatorio, apología del delito y apología de la violencia); (c) la pornografía infantil; y (d) la incitación directa y pública a cometer genocidio. Estas cuatro categorías se han de interpretar con estricta sujeción a las definiciones fijadas en los instrumentos jurídicos correspondientes, para así minimizar el riesgo de que se sancionen formas de expresión legítimamente acreedoras de la protección constitucional”.

La responsabilidad de los comentarios de los lectores

 “Las opiniones expresadas a continuación son libres y de ellas son responsables sus autores…”. El lector Manuel Tiberio Alzate comenta las últimas columnas en las que me he referido a la inadecuada utilización del foro de los lectores. Dice el lector “…apoyo el foro ideal con argumentos centrado en el tema y despojado de frases salidas de tono, tal como usted acertadamente lo presenta. Pero quiero preguntarle qué consecuencias tienen los insultos e injurias que vemos en los comentarios de algunos medios de comunicación….”. El asunto propuesto por el lector es amplio y sujeto a variadas interpretaciones. Primero hay que señalar que los autores de los comentarios son quienes responden por los juicios emitidos. El periódico pone la siguiente advertencia al inicio de los comentarios: “Importante: Para comentar e interactuar con otros usuarios de elcolombiano.com usted debe estar registrado. Las opiniones expresadas a continuación son libres y de ellas son responsables sus autores. No comprometen el pensamiento editorial de EL COLOMBIANO”. Es clave el registro previo, requisito para acceder al foro de los lectores. Quiere decir que, generalmente, quien expresa sus opiniones es alguien que ha llenado un formulario y que sus datos corresponden a una persona que se llama forista y según la advertencia es responsable de los juicios que pone a la consideración de la audiencia. Sin embargo, es muy posible que alguien falsee los datos, adquiera otra identidad para estos efectos. Dicho de otra manera, que fundada en el anonimato, una persona puede tener varias identidades en el foro o que use su alias para propinar toda suerte de molestias, fastidios, insultos, injurias y calumnias. Una cuenta de correo electrónico puede abrirse fácilmente con estos recursos o trampas, depende del punto de vista, para adquirir el permiso de tener voz en el foro. Ahora, en caso de una denuncia de alguien que se sienta deshonrado en su imagen y buen nombre o lesionada su dignidad personal es posible identificar al responsable de la comisión del delito o infracción si se siguen los rastros digitales que conducen a su origen para identificar la dirección IP y el equipo usado para enviar el comentario causante de la ofensa o delito. En este punto, las malintencionadas opiniones adquieren otra dimensión que toca con derechos fundamentales como la honra, el buen nombre y la intimidad que alguien reclama.

Más argumento y menos violencia

Esto es lo que debiéramos encontrar en los comentarios de los lectores que entran al foro. El lector José Raúl Saldarriaga dice en la comunicación que recibí: “Usted, señor Defensor, habla de los trucos y del abuso que ejercen supuestos comentaristas que buscan desahogar venganzas y odios. Frases groseras, insultantes y mal escritas al lado de otras honestas y bien intencionadas dejan, como usted mismo lo escribe, un mal sabor en los comentarios. Aprovecho la oportunidad para preguntarle si hay normas que ayuden a mejorar la situación lamentable que se presenta en muchos medios de comunicación…”.

La preocupación del lector es sentida por la mayoría de la audiencia que busca en la edición digital del periódico la opinión de la gente sobre las informaciones y columnas.

El foro es un espacio valioso. Es la nueva plaza pública a la que concurre la ciudadanía para conversar sobre los últimos acontecimientos locales, nacionales e internacionales.

Los comentaristas que la usan con pugnacidad, muchas veces con frases injuriosas y calumniosas, distorsionan el foro, elevan el volumen hasta el grito molesto e impertinente, amparados por el anonimato que les permite internet.

Las normas de conducta de los foristas, para responderle al lector, las establecen los medios de comunicación en las condiciones y normas de uso. Todas llaman al diálogo respetuoso. Y casi todos siguen modelos y estrategias de moderación para que el foro alcance los objetivos propuestos. No obstante, no se logran integralmente.

La responsabilidad de los foristas es la clave de la participación: no usurpar cuentas o direcciones IP para insultar impunemente; nunca amenazar, atacar u ofender escudado en un seudónimo; reflexionar antes de escribir desde una postura radical e intolerante; no multiplicar información basura o irrelevante; ojalá escribir correctamente, con buena ortografía, sin abreviaturas ni palabras extrañas al uso común;  releer lo escrito para corregir y reflexionar nuevamente sobre la opinión que estamos a punto de publicar.
También tenemos que considerar los argumentos, aun independientemente de quien sea su autor. Aunque es difícil evitar imaginarse quién está escondido detrás de un alias o seudónimo.

Son requisitos mínimos, lógicos, racionales que seguro van a contribuir a los buenos propósitos del foro. Quizá los seres humanos somos más propensos a bajar la guardia cuando estamos ante una audiencia virtual.

Cuando los comentarios tienen mal sabor (4)

La reflexión de hoy busca responder a quienes advierten deficiencias en la calificación del foro.
Algunos lectores se han quejado desde tiempo atrás por las inconsistencias que se presentan en las opciones de voto y calificación. Observan que es posible que los foristas lo hagan repetidamente sin control y que incluso aprovechen para ejercer la acción de castigar  o premiar una información, un comentario o específicamente a un autor de opinión.
También revelan ambigüedades en la calificación porque el juicio se refiere al tema, a quien escribe, o es un dictamen sobre como escribe, entre otras posibilidades. Incluso se preguntan por qué la primera nota es 5.
Catalina Montoya Piedrahita, macroeditora digital anota al respecto:
“Los lectores tienen razón cuando cuestionan el sistema de calificación de noticias en elcolombiano.com. ¿Qué significa poner cinco estrellas o tres o dos en un contenido? Cuando los lectores se animan a participar ¿qué evalúan? ¿La calidad del artículo? O, por el contrario ¿la sensación que les inspira la noticia si es esta trágica o positiva?”.
Y añade que “la respuesta no está clara. Así lo reconocemos como medio. Es por eso que nos encontramos reestructurando las herramientas de participación e interacción con lectores dentro del sitio web de tal modo que la calificación de los lectores a los contenidos sea mucho más productiva y entregue mucha más información. En la portada hemos reemplazado la pestaña de lo más votado por lo más compartido y tal es un primer paso, que tiene como fin orientar a las audiencias en rutas de lectura”.
Tiene razón Catalina en sus conceptos: se requieren herramientas aún más eficientes que resuelvan las inquietudes planteadas. También es evidente que las estadísticas derivadas de estas votaciones carecen de todo rigor y por lo tanto creo que más bien contribuyen a marcar una tendencia, en unos casos, y en otros, simple y llanamente, a desinformar.
Considero que por lo pronto, la honradez de los participantes en el foro determinará la calidad del debate que se plantea. Por esta razón, la moderación del diálogo es vital para detectar ciertas desviaciones como las expuestas por los lectores que han advertido las situaciones anómalas.
Creo que vale la pena que todos hagamos el esfuerzo de no convertir este espacio valioso de participación y comunicación en un ring que solo pretende propinar golpes a diestra y siniestra gracias, en muchos casos, al anonimato.

Cuando los comentarios tienen mal sabor (3)

En las dos últimas columnas me he referido a la inutilidad y ofensa que provocan algunos comentarios del foro de lectores. La reflexión continúa. El lector Alberto Castaño B. dice sobre la cuestión del anonimato de los comentaristas: “…quiero que hable sobre el anonimato. Entiendo que en algunos casos es justificable pero no en todos, porque aprovechan para tirar la piedra y esconder la mano. ¿No cree que hay impunidad si dejan los comentarios publicados? ¿Qué pueden hacer ustedes para controlar esta situación?…”. A esta inquietud se suman las voces de los lectores y columnistas que me han escrito y llamado porque observan una especie de matoneo en las reacciones del foro. Con respecto al asunto del anonimato creo que es oportuno señalar que la privacidad es una particularidad relativa connatural al uso de internet que permite la libre expresión de pensamientos. Sin embargo, esta característica tiene muchos ángulos para debatir. Los estudiosos subrayan las bondades y los inconvenientes y también explican las modalidades y violaciones criminales que pretenden ocultar la identidad. Casi todos los medios de comunicación establecen el registro previo para poder participar e interactuar en el foro. Este requisito garantiza, en forma general, que detrás del alias hay una persona de carne y huesos que lo asume. Así es como se sabe desde que correo envía su comentario, desde qué computador lo hace y qué dirección IP usa para comunicarse y opinar. En otras palabras, es alguien que se pone una máscara para ocultar su identidad y comentar, quizás con mayor libertad o comodidad. El mal sabor de los comentarios se produce cuando usan el foro para propinar golpes y disparar dardos e incluso incurrir en delitos como injuria y calumnia y violar los derechos humanos o simplemente fastidiar y molestar. Esto, claro está, cuando no hay controles de moderación o fallan por alguna circunstancia. Los foros pueden ser asaltados por verdaderos criminales que usan la red para sus actividades delictivas y terroristas borrando las señas que los delatarían. Usan herramientas, cuentas fraudulentas y otros recursos que hacen muy difícil descubrirlos. Los medios de comunicación tienen el reto de lograr un foro constructivo, desprovisto de insultos, ofensas y acusaciones infundadas o injuriosas. Este propósito se alcanzará con la alianza de lectores y foristas que valoren la interacción, aun vehemente pero respetuosa.