Corregir para que el error no se perpetúe (2)

Los errores duelen y hay empeño por mejorar la calidad, explica Germán Darío Manga, Macroeditor general de El Colombiano.

La reflexión sobre la corrección de los errores continúa hoy. En respuesta a las comunicaciones de los lectores Federico Díaz González y Rogelio Mesa, a las que me referí en la última columna, Germán Darío Manga, macroeditor general de El Colombiano, explica:

“El gran referente de nuestra actividad son los lectores. Por eso, evitar errores es uno de los objetivos principales en torno a los cuales  estructuramos el proceso de edición de El Colombiano. Su base es nuestro equipo humano, integrado por periodistas idóneos, experimentados y rigurosos. Los editores tienen la responsabilidad de efectuar todos los días la revisión minuciosa y detallada de los textos, que luego tienen una segunda por parte de los macroeditores en la mesa central. Es una tarea que realizamos con los máximos niveles de exigencia, pero que lamentablemente, como todo lo humano, no es infalible.”

Y añade: “¿Por qué, si existen estos filtros y niveles de exigencia aparecen errores?  Por múltiples razones. Algunas veces por la premura del tiempo en condiciones críticas. Y también porque en definitiva, ni el concentrado esfuerzo para evitarlos, unido al despliegue de recursos y posibilidades que ofrece la tecnología (sus extensos diccionarios electrónicos y demás), han logrado erradicar lo que en las viejas redacciones llamaban “el diablillo de la imprenta”. Ese tipo de errores, que saltan los controles y solo los encontramos en la letra impresa, son los que más duelen. En el caso de El Colombiano son motivo de angustia y aflicción y también de fortalecer el empeño y el compromiso común por la excelencia.”.

El propósito de mejorar  la calidad debe ser de todos: periodistas, editores, macroeditores y lectores. Los miles de ojos que leen las informaciones y opiniones tienen la posibilidad de detectar hasta el más mínimo error, ya sea ortográfico, semántico o de otra índole, para corregirlo e evitar la repetición.

The New York Times y The Washington Post dan la bienvenida a los errores y quejas. Facilitan esta tarea con el propósito de corregir las equivocaciones y construir una base de datos con dichos errores para gestionar el programa de control de calidad que tienen establecidos estos dos diarios norteamericanos. Pero hay más ejemplos que podría seguir El Colombiano.

Corregir para que el error no se perpetúe

Escribir bien y corregir los errores son reclamos constantes de los lectores.

Recibí dos comunicaciones que ilustran uno de los reclamos más frecuentes de los lectores. La primera es del médico Federico Díaz González, autor de un blog Notas del Idioma (www.notasdelidioma.blogspot.com) que ayudó a los periodistas de El Colombiano a escribir mejor, gracias a sus correcciones claras y pertinentes.

Dice en su mensaje: “He leído y disfrutado sus columnas tituladas “¿Es posible escribir bien”?. Comparto su opinión de que el periódico debería publicar regularmente una columna con los comentarios de los lectores acerca de los errores idiomáticos o de otra índole; ello sería una forma de reconocer que los lectores somos importantes y haría que los periodistas fueran más cuidadosos al escribir y revisar. Pero, en ausencia de esa columna, se debería publicar siempre la dirección electrónica del respectivo periodista de manera que los lectores podamos hacerles caer en la cuenta de sus errores y, en el intercambio epistolar, aprender de ellos y que ellos aprendan de nosotros. Meses atrás se publicaban esas direcciones pero, inexplicablemente, las suprimieron como si se quisiera aislar a los periodistas en sus torres de marfil”.

La segunda es del lector Rogelio Mesa: “Leí su artículo sobre la obligación que tienen ustedes los periodistas de escribir con la verdad y correctamente, sin errores. Le pregunto a usted como Defensor del Lector qué hacen los medios de comunicación, porque los errores no son solo de los periódicos, para corregirlos y para frenarlos y que no se perpetúen en el tiempo… ¿Usted qué opina?”.

No hay periodistas infalibles. Todos nos hemos equivocado. Los lectores lo saben y lo comprenden, pero percibo el malestar porque no hay una sección permanente en donde se enmienden las faltas más protuberantes.

Insisto en el deber de corregir y de hacerlo en forma sistemática. Muchos periódicos aclaran con probidad y presteza porque saben que está en juego su credibilidad.

Ya lo escribió el periodista inglés David Randall, en su libro El periodista universal: “Rectificar puede ser doloroso, pero es un acto de justicia para con los lectores y los protagonistas de los hechos, a la vez que una segunda oportunidad para acertar, que no siempre se da en otras circunstancias de la vida. Si se quiere de verdad influir en la sociedad que nos rodea, los datos siempre son más tercos que las opiniones y, a la larga, más eficaces”.

Esta reflexión continuará.

¿Es posible escribir bien? (3)

 Recibí varios comentarios sobre las últimas columnas relativas a la corrección de los errores del periódico.

El lector Francisco Hernán Franco Henao dice: “Me refiero a su artículo publicado en la edición del 29 de abril del periódico El Colombiano y tal como lo expresa el lector Ramón E. Ramírez y usted lo corrobora, los periodistas, en sus escritos y columnas tocan principios fundamentales de credibilidad, veracidad y responsabilidad social y ética de su profesión. Es por ello que creo que, sin posar de erudito, además de sus tres considerandos sobre el tema del buen escribir, para mí, y salvo mejor opinión, hay otras dos fundamentales como lo son la revisión previa por parte del autor antes de la publicación y otra, acaso la más importante, la desaparición, por lo menos en los periódicos y desde hace muchísimo tiempo, de los correctores de pruebas…”.

La lectora María del Carmen Arias exclama: “…revisen por Dios, con más cuidado las tildes y la ortografía y en general los datos. Mirar un minuto más lo que se escribe ayudaría a los lectores a entender y comprender las noticias y comentarios….”.

Estoy muy de acuerdo con la opinión de la escritora y profesora argentina Adriana Santa Cruz, en su blog Así se escribe. Cita en una de sus últimas columnas: “Donald Murray (1992), pionero en los estudios sobre procesos de escritura, afirma que “Escribir es reescribir”, y reescribir implica saber autocorregirse…”.

Vale decir que el oficio del corrector es valioso pero que la convicción debe ser del periodista, entre otras cosas porque “…la responsabilidad ética en el periodismo pasa por el buen uso del idioma, la precisión de los términos y el buen estilo”, según dijo recientemente el periodista y académico chileno Abraham Santibáñez.

A los comentarios de estos se suman las calificadas y frecuentes críticas de Michel Taverniers, Elkin Castrillón Oberndorfer, Luis Mesa, Héctor Manuel Gómez, Luis Fernando Múnera, Juan Fernando Echeverri y Luis Alfredo Molina Lopera, entre otros lectores que tienen la buena práctica de enviar sus observaciones a los periodistas. A todos les expreso mi gratitud.

Concluyo por hoy con las palabras del periodista Ernesto Ochoa Moreno, en su columna de El Colombiano, del pasado 27 de abril: “La mala ortografía y el error gramatical esconden desamor por las palabras. El que no es capaz de saborear una palabra, nunca le pondrá el correcto condimento ortográfico o de significado…”.

¿Es posible escribir bien? (2)

Los errores ponen en riesgo la credibilidad del periódico. Corregirlos es deber ético y de responsabilidad social.
Esta semana recibí otro comentario sobre el asunto de los errores de los periodistas. El lector Ramón E. Ramírez expresa que: “…veo equivocaciones en todos los periódicos, ninguno se salva. Lo digo porque soy asiduo lector de la parte de noticias y artículos de opinión, lo mismo que por mi afición a los crucigramas. Le pregunto ¿por qué no corrigen esos errores, inclusive los que vemos en internet con más frecuencia que en el periódico?”.
Las observaciones de los lectores Ramón E. Ramírez y Rosario Echeverri, a la que me referí en la última columna, son más que razonables, vitales para mejorar la calidad del periódico.
Tocan principios tan fundamentales como la credibilidad, la veracidad y la responsabilidad social y ética de nuestra profesión.
Pienso que en los periódicos se debe adoptar un sistema de control de calidad idóneo y eficiente, capaz de detectar las deficiencias antes de que salgan publicadas tan lamentables equivocaciones.
El control de los errores debe partir desde la fuente. No hay otra forma racional de evitarlos. Es decir, el periodista autor de la información es quien debe tener las competencias de la escritura correcta y disponer de los métodos y herramientas  indispensables para someter el texto a las revisiones y filtros pertinentes.
Aún más. Los editores deben ser guías y maestros para que los redactores entren en un proceso de mejoramiento continuo que los lleve a dominar el arte y la ciencia del lenguaje.
No obstante, es humano errar y es humano corregir. Las equivocaciones hay que enmendarlas lo antes posible. Para lograrlo solo existe un mecanismo: la sección de fe de errores, que el periódico publica muy de vez en cuando, generalmente por solicitud expresa de un lector.
Hoy insisto, nuevamente, en la necesidad de abrirle espacio a esta sección de correcciones, por varios motivos, todos vitales.
En primer lugar, recuperamos la credibilidad perdida por cuenta de los errores gramaticales, ortográficos y de cualquier tipo. Es honrado y ético hacerlo.
En segunda instancia, evitamos que estos errores se multipliquen sin fin renunciando a la posibilidad de influir en el buen uso del lenguaje como un aporte de nuestra responsabilidad social.
Y una tercera razón, el descuido del  lenguaje puede acabar con la pasión por la lectura de los periódicos.

¿Es posible escribir bien?

Una reflexión válida para los periodistas, a propósito del Día del Idioma.
La lectora Rosario Echeverri plantea un tema siempre pertinente: “…me considero una buena lectora de periódicos y revistas y con lástima veo los errores y deficiencias gramaticales. Yo soy profesional y me pregunto si será posible que se escriba mejor en los periódicos y que los periodistas no comentan tantos errores, algunos minúsculos pero que molestan y distraen la lectura…”.
Y añade: “Le pregunto a usted si es posible escribir bien y si es posible que se establezcan controles de calidad en los medios de comunicación…”.
La observación es recurrente en los lectores que con frecuencia me llaman o escriben para señalar las equivocaciones y los errores ortográficos, gramaticales, de digitación y de otra índole que aparecen en el periódico.
“En periodismo tienes que aprender a escribir bien”, afirma tajantemente la escritora y periodista española Rosa Montero.
Y el escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez sostiene que “No hay que aburrir. La mejor investigación puede caer en el peor de los olvidos si está mal escrita. Escribir bien no es una opción, es obligatorio”.
Escribir bien en periodismo es hacerlo con claridad, corrección y amenidad. Este último atributo no puede ser exclusivo de la novela o de los demás géneros literarios.
Son varias las causas que convergen para producir errores y pesadez de los textos periodísticos. El mal afecta a todos los medios pero que se vuelve un problema dramático en los escritos. Los periódicos tienen su mayor fortaleza en el texto bien escrito y, a la vez, su mayor debilidad si este es flojo y con errores.
La seducción de la lectura puede diluirse cuando se encuentran errores que le restan ritmo y fluidez. Y llegar al fracaso si el error le pone fatalmente el punto final.
Conocer las causas ayuda a comprender qué es lo que pasa. El aprendizaje de la lengua puede tener problemas desde la infancia, en el hogar y en la escuela y luego en el colegio.
En las facultades los periodistas y comunicadores sienten el pulso entre aprender a escribir y aprender a dominar técnicas y tecnologías, generalmente con ventaja para estas últimas.

La verificación en los medios digitales

En esta reflexión haré énfasis en el control de las inconsistencias de los contenidos periodísticos de sitios web.

El lector David Botero S. se queja de los errores e imprecisiones que se presentan en los medios digitales.

Dice en su comunicación: “…leí con bastante interés los últimos artículos suyos sobre el problema de la verificación informativa. Desde mi punto de vista veo que es un punto fundamental porque de allí depende la verdad del periodismo. Es tan grave que hace poco, como usted bien lo conoce, un periódico de España se engañó y engañó a sus lectores con una foto del presidente de Venezuela Hugo Chávez, que había circulado antes por internet. ¿Cuál es el peligro de los internet en este problema de si es verdadera una fotografía o un dato o es montaje y mentira?”.

Tiene toda la razón el lector. El método y la disciplina de la verificación es requisito del periodismo en todos los formatos y plataformas.

Pienso que en los medios digitales se presenta mayor tensión por el afán de publicar la información recién obtenida. Existe una gran presión para poner en la red lo que acabamos de saber.

La inmediatez y el afán de mantener actualizados a los lectores,  sumados al deseo de conquistar nuevas comunidades, le pueden jugar sucio a la confrontación de los datos, como expliqué en la última columna, por el consuelo de corregir más adelante o el apremio que impone el medio.

Los periodistas y editores de contenido de los medios digitales deben tener como norma de conducta los criterios, los métodos y estrategias y los recursos y herramientas solventes para administrar los filtros necesarios de la verificación.

Hoy existen numerosas ayudas que permiten, por ejemplo, saber si una fotografía es original o si se trata de un montaje. Igual ocurre con los textos, es muy fácil comprobar si una información corresponde a un plagio o refrito. Seguir la huella, rastrear, es función del periodismo de calidad.

Las colaboraciones ciudadanas deben ser verificadas antes de su publicación. Es de rigor de los periodistas profesionales acudir a las fuentes idóneas para constatar los aportes del llamado periodismo ciudadano. Quizá en estos casos se pone en mayor riesgo la veracidad, imparcialidad, responsabilidad y transparencia periodística.

Creo que los lectores esperan información veraz, no versiones que luego son rectificadas con dolor y vergüenza. Lo ético es verificar antes de publicar.

Credibilidad es transparencia.

Disciplina y método de la verificación (2)

Los comentarios del lector Juan Carlos Gónzalez, a los que me referí en la última columna, invitan a nuevos análisis de la función de verificar.

El periodista y autor español Gabriel Galdón López, en su libro Teoría y práctica de la documentación informativa explica que la verificación comprende la comprobación de los datos y su adecuada designación. Y agrega que también cuenta con una dimensión crítica, “que pretende indagar si las afirmaciones vertidas por las personalidades públicas son verdaderas o falsas; si hay errores parciales; si hay verdades a medias que inducen -intencionadamente o no- al error”.

Aquí cabe anotar el riesgo que conlleva el llamado periodismo de declaraciones, ese que no va más allá de las opiniones sobre los hechos, no los confronta y muchas veces ni siquiera informa en qué consisten. Es decir, se atiene a las visiones de otros sin verificar la realidad y veracidad. 

Las fuentes no son infalibles, a veces se equivocan o tienen la intención de manipular la información o de presentarla incompleta.

Dar por cierto el testimonio interpretado o deducido de estas declaraciones es tan peligroso como tomar un dato de otro medio de comunicación o pescarlo en internet. Es de rigor consultar fuentes idóneas y confrontarlas para garantizar calidad, credibilidad y responsabilidad social.

Son frecuentes las inexactitudes en cifras, porcentajes y medidas que dañan  el texto y provocan confusión y desinformación por falta de un mecanismo rutinario para verificar su correcta procedencia y escritura.

El afán deja una estela de errores. Los datos tomados a la ligera, sin cuidado ni análisis, llevan  a situaciones lamentables. Esta semana, por ejemplo, un lector observó una equivocación en la dirección del lugar en donde se registró la matanza del barrio Cristóbal, al occidente de Medellín. Nunca sobra una revisión más ni que el editor o alguien le dé otra mirada a los textos para detectar las inconsistencias.

La prisa compromete aún más la información puesta en los medios digitales. Algunos periodistas justifican los errores con la disculpa de que la noticia está en desarrollo y que más tarde se aclarará o se rectificará si es del caso. Y qué decir de las colaboraciones de lectores que sin confrontar informan a través de las redes sociales instaladas por los medios en sus sitios web. Considero indispensable que los principios éticos y periodísticos se extiendan a los nuevos escenarios.

 

Disciplina y método de la verificación

Atributo de alto valor para garantizar el derecho a la información “independiente, veraz, exacta y ecuánime”.

El lector Juan Carlos González comenta: “Estoy de acuerdo con  las características que deben guardar las noticias en periódico respetable y de buena calidad y que usted menciona como materia de reflexión y debate en su último artículo. Me gustaría que usted me aclarara cómo se garantiza que los periodistas verifiquen la información que leemos en periódicos y vemos en televisión todos los días…”.

“El periodismo ofrece algo único a una sociedad: la información independiente, veraz, exacta y ecuánime que todo ciudadano necesita para ser libre”, argumentan Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su obra Los elementos del periodismo.

El hombre manifiesta perennemente su instinto de estar informado, sostienen estos dos autores y agregan que  la disciplina de la verificación es de la esencia del periodismo.

Buscar la verdad es el primero de los principios y los periodistas debemos asumirlo con la profundidad que implica este concepto, que también es compromiso.

Hallados los datos corresponde poner en práctica el método de la verificación de esos insumos que escogimos para producir la información.

Esta disciplina implica su comprobación mediante el contraste de fuentes idóneas e identificables, para que el lector puede, por sus propios medios, evaluar y aun confirmar o confrontar la información.

La verificación permite seleccionar los datos verdaderos y desechar aquellos que corresponden a la ficción, muchas veces inspirada por intereses propagandísticos y comerciales que atentan contra la credibilidad, la confianza y el periodismo de calidad.

A veces las buenas intenciones del periodista pueden ir en contravía de la transparencia, si esos datos resultan incompletos, falsos o llegan solo a ser verdades a medias. Debemos ponerle la lupa a las estadísticas y porcentajes, tan frecuentes en las informaciones sobre inseguridad ciudadana, resultados económicos y tendencias electorales.

El método de verficación no es universal pero cada periodista y cada medio de comunicación debe establecerlo como disciplina y lista de chequeo.

En estos tiempos en los que convergen los medios tradicionales y los digitales y emergen las redes sociales y las colaboraciones ciudadanas, la verificación se convierte en atributo de alto valor para garantizar el derecho a la información “independiente, veraz, exacta y ecuánime”.

La información que demandan los lectores (2)

Las críticas de los lectores ayudan a mejorar la calidad del periódico. En la última columna inicie la reflexión motivada por el estudiante Horacio Montoya en torno a las relaciones indisolubles de información y democracia y a la calidad de la información. Los estudiosos del tema le dan a los medios periodísticos el papel de guardianes de la democracia. Es evidente que el periodismo es un bien público y como tal obliga e involucra a todos: directivos, periodistas y lectores. Y que de la calidad de información dependerá el grado de participación democrática de los ciudadanos. “Calidad es la totalidad de rasgos y características de un producto o servicio que conllevan la actitud de satisfacer necesidades preestablecidas o implícitas”, según la definición de las normas ISO. La calidad periodística es un sistema complejo que pone muchas veces en discusión, y hasta en contraposición los criterios del periodista y los intereses del lector. No obstante, la calidad de este bien, servicio público o derecho, que es la información, es lograda por una lista de criterios que entran en juego desde el momento inicial de la selección temática. ¿Cuáles temas acojo y cuáles desecho? ¿Sobre qué informo? Son disyuntivas que periodista y medio deben atender. Pero hay más opciones. Debemos decidir, también: ¿Qué fuentes de información uso? ¿Qué contexto le doy a los hechos? ¿Cómo presento la información? ¿Qué espacio le asigno? En cuál página publico? ¿Cómo ilustro? ¿Cuál género periodístico es el más acertado? ¿Cuándo publico? Con estas deterninaciones el periodista resuelve los valores inherentes a la calidad de los contenidos informativos. Es decir, opta por la importancia, trascendencia o relevancia; por el impacto, consecuencia o utilidad; por la cercanía o proximidad; por la pertinencia, contraste y confiabilidad de las fuentes. Estas selecciones corresponden a los criterios de noticiabilidad que resuelven los dilemas sobre cuál es la información que llevamos a nuestros lectores. De todas estas decisiones depende la calidad del periodismo que entregamos día a día para que el lector comprenda la realidad y en consecuencia actué.¡Qué gran responsabilidad! Las críticas de los lectores son valiosas porque nos ayudan a identificar fallas y errores, o sea a elevar la calidad del periódico. Debemos atenderlas con gratitud y prontitud, sin arrogancia ni desdén.

La información que demandan los lectores

El ciudadano espera información veraz, precisa, imparcial y oportuna para vivir y actuar con libertad.                                                                            
El estudiante universitario Horacio Montoya pone sobre la mesa nuevamente los temas de pertinencia y  calidad. Dice: “Deseo conocer sus opiniones sobre los requisitos del periodismo de calidad y sus implicaciones directas con la construcción de ciudadanía y democracia. En una palabra cómo hace el periodista para informar lo que demanda el ciudadano. Este de un tema recurrente en el aula de clase y por eso le hago la sugerencia…”.
Los lectores preguntan con frecuencia cómo es el proceso de búsqueda de información, cuáles son los criterios para publicar los hechos y por qué no todos los que suceden aparecen en las páginas del diario.
Es oportuno recordar que la información es vital para el ciudadano. Con base en su propia experiencia y en lo que informan los medios percibe la realidad, toma decisiones y se forma una opinión argumentada. La sociedad espera que los periodistas garanticen el derecho a la información veraz, precisa, imparcial y oprtuna. Es la esencia del periodismo.
“La civilización ha producido una idea más poderosa que cualquier otra, la idea de que las personas pueden gobernarse a sí mismas, y ha creado una teoría de la información, que en gran parte aún no ha sido articulada, para sostener esa idea. Esa teoría se llama periodismo. Pues bien, esa idea y esa teoría nacieron y caerán juntas”, sostienen Bill Kovach y Tom Rosenstiel en su libro Los elementos del periodismo.
A pesar de la participación creciente los lectores siguen alejados o no conocen en detalle los mecanismos de selección de hechos noticiables ni los criterios de jerarquización. Faltan recursos que permitan la formación de las audiencias. Sin embargo, los consejos de lectores y las respuestas de los periodistas a sus observaciones son instrumentos indóneos para mejorar la interacción.
Los medios impresos ahora tienen las mismas posibilidades de los audiovisuales para actualizar la información. Ya sea por razones de espacio o porque los acontecimientos se registraron en el lapso de una a otra edición, los periódicos en sus sitios web ponen la información textuales y audiovisuales.
En realidad son multimedios en los convergen diversas plataformas y soportes para mantener al tanto a sus lectores y audiencias.
En próximas columnas continuará esta reflexión.