Cuando las fotografías alteran la realidad (2)

Dos lectores expresaron inquietudes sobre el uso de Photoshop en la fotografía periodística y la eventual violación de la intimidad. El lector Juan Fernando Agudelo dice: “…me parecen de mucho interés sus orientaciones sobre la manipulación de las fotos. Particularmente me gustaría conocer cuándo se puede usar Photoshop en las fotos de prensa, o si hay prohibición para hacerlo…”. Javier Darío Restrepo, maestro de periodismo y reconocido autor de temas de ética, explica que: “Hay normas que tienen un fundamento ético: el del compromiso del periodista con la verdad. Es cierto que para los periodistas, lo mismo que para cualquier ser humano, la verdad total es inalcanzable, pero esto no exonera al periodista de su deber de buscar y ofrecer la verdad posible de los hechos”. Y añade, en el trabajo de grado de los estudiantes de la Fundación Universitaria Luis Amigó Juan Antonio Sánchez Ocampo y Sandra Agudelo Quintero, que “si se trata de fotógrafos, su compromiso con la verdad los obliga a proporcionar la imagen verdadera que permite al lector tener una versión de los hechos igual a la realidad, hasta donde ello es posible”. Esta herramienta es conocida y usada por profesionales y aficionados. En la fotografía periodística no es posible manipular las imágenes. Ni eliminar o agregar elementos falseen la realidad. Ni alternar la información visual sobre los hechos. Sólo se permite utilizarla para editar la fotografía, es decir para seleccionar los elementos, más relevantes y de mayor interés periodístico, que se van a publicar. De igual manera, se puede usar el Photoshop para quitar impurezas producidas por el polvo y el agua. Y en algunos casos, para iluminar u opacar elementos con deficiencias de exposición, con el fin de mejorar su publicación, con total respeto por los hechos captados en las imágenes. Ricardo Mazalan, fotógrafo argentino, editor gráfico de la agencia de noticias AP en Colombia dice que su organización periodística es escrupulosa en el manejo de las imágenes: “No debemos de manipular ni alterar digitalmente ni con Photoshop o por cualquier otro método el contenido de una imagen bajo ninguna circunstancia. Ningún elemento deberá ser añadido o restado a una fotografía”. Estoy de acuerdo con este planteamiento y creo que esta norma debe ser la que deben seguir los fotógrafos y los medios de comunicación. También, la lectora Luz Adela Betancur pregunta: “¿No cree usted que muchas fotografías e imágenes de televisión violan la privacidad y la intimidad de las personas….?”. Sobre este tema, la lectora pone nuevamente sobre la mesa la reflexión sobre los límites del derecho de información y el respeto a la intimidad de las personas. Los principios de ética profesional y práctica periodística hablan del respeto a la intimidad, a la vida privada de las personas. Salvo, en casos muy excepcionales, el periodismo, fundado en la libertad de expresión y su misión de buscar la verdad, puede mover estos límites por razones de interés general evidente y plena justificación.

Cuando las fotografías alteran la realidad

 La manipulación de fotografías periodísticas va en contra de los principios de veracidad e imparcialidad. El lector León Darío Álvarez plantea un asunto clave del llamado fotoperiodismo. Dice: “…leí su interesante columna sobre el sensacionalismo de algunas fotos que publican los periódicos de aquí y de otras partes. Deseo que haga un comentario, si así lo estima, sobre el caso de las fotos manipulan lo que realmente pasó y que pasan desapercibidas por el lector.¿Cree que va contra la ética y la objetividad?”. Tiene toda la razón el lector para poner en discusión este asunto. El contenido informativo de un periódico: textos, fotografías e ilustraciones debe corresponder a los hechos. Cualquier tipo de manipulación atenta contra los principios y pone en riesgo la credibilidad. Los manuales de estilo y en los estatutos de la redacción expresan que no se deben retocar las fotografías. Y si en algún caso excepcional se hace, se debe advertir al lector. El Manual de estilo y redacción dice al respecto: “Está prohibida en EL COLOMBIANO toda manipulación de las fotos que no sea estrictamente técnica (edición periodística, eliminación de deterioros o corrección de defectos de revelado o transmisión). Por tanto, no se puede alterar una fotografía invirtiéndola, suprimiendo o agregando detalles. Ni siquiera con la intención de que el personaje fotografiado dirija su vista a la información a la que acompaña”. Los estudiantes de la Fundación Universitaria Luis Amigó, Juan Antonio Sánchez Ocampo, fotógrafo de este diario, y Sandra Agudelo Quintero, acaban de elaborar un trabajo de grado sobre el uso y el abuso del Photoshop, programa que permite modificar las fotografías. De esta investigación tomo dos conceptos, de la directora y del editor de fotografía. Ana Mercedes Gómez Martínez afirma: “Desde todo punto de vista la manipulación de las fotografías por medio del Photoshop o cualquier otra herramienta digital es un atentado contra la ética y la moral del periodismo…”. Henry Agudelo Cano dice: “La manipulación y alteración de las imágenes no es nada ético. En EL COLOMBIANO existe un manual de estilo que trae un capítulo para todo lo correspondiente a la fotografía, en el caso del Photoshop no hay nada escrito porque es una herramienta relativamente nueva, pero entre los reporteros gráficos existe una autorregulación en el manejo de esta herramienta”. Ni en asuntos triviales se deben manipular las fotografías. L’Express mostró el error desu colega Paris Match porque modeló el abdomen y la cintura del presidente Nicolas Sarkozy, para que aparentara más esbelto, en la imagen captada cuando remaba en una canoa, con su familia, en sus vacaciones del verano de 2007. Otro caso que dio que hablar la semana pasada fue la fotografía de un intervenido banco español. Según el diario madrileño El Mundo se quejó de que la agencia de noticias EFE “solo suministró la foto que Bankia quería”, ignorando otras fotografías de interés noticioso. EFE replicó. “El Consejo de redacción verificó con el fotógrafo y editores gráficos que durante el acto de traspaso no hubo “abrazos” ni gestos “extremadamente serios” o “palmaditas de consuelo” que tuvieran “algo más de morbo informativo” y que, según el periódico, se fotografiaron pero no se transmitieron a los abonados”. Los dos ejemplos evidencian el rigor periodístico con el que se debe asumir el trabajo fotográfico. Esta reflexión continuará en próxima columna.

Interés informativo o curiosidad morbosa

Reflexión sobre las fotografías de actos violentos y tragedias que publican con frecuencia los periódicos.

El jueves pasado en uno de los auditorios de la Facultad de Comunicación Social y Publicidad de la Fundación Universitaria Luis Amigó se abrió un interesante debate sobre las imágenes “fuertes”, por su crudeza, que con frecuencia aparecen en los periódicos y en la televisión. Uno de los asistentes al acto académico preguntó: “¿Dónde queda el respeto por la dignidad de las personas y por los lectores cuando publican esas fotografías de tragedias y de actos terroristas o de violencia?”. Henry Agudelo Cano, Editor Fotográfico de EL COLOMBIANO dice: “Un reportero grafico se define por la rapidez y la inmediatez para conseguir una noticia de manera visual y, a la vez, sentirse fortalecido por no alejar al lector con sus imágenes, aunque sean violentas. Al contrario, buscamos, que él se vea complacido y bien documentado con fotografías que generen un alto contenido de información, creatividad, sutileza y de características artísticas y documentales.”. Y añade: “Registrar el suceso más grande o violento, sin ir más allá de mostrar la verdad, sin ser tan crueles. Una imagen del tsunami de Indonesia es la fiel representación de todas mis palabra, allí murieron 230 mil personas. Un hombre, con una madre aferrada al piso, arañando la impotencia y mostrando parte del cuerpo de uno de los fallecidos (una mano), fue la imagen de prensa más reconocida”. Estoy muy de acuerdo con estos conceptos. El periodismo tiene la misión de informar sobre lo que acontece. De buscar la verdad de los hechos por duros y crueles que sean. No hay opción ni alternativa a la de publicar escenas que incluso puedan provocar la reacción de los lectores. Es necesario resolver, antes de publicar, varios interrogantes que plantean el derecho a la información, el derecho a la intimidad y el respeto a las audiencias. Los fundamentos periodísticos, éticos y las normas legales ponen límites: no exceder el interés informativo y no violar la intimidad, el buen nombre y la dignidad de las personas. Tampoco, perturbar la sensibilidad de los lectores. Si se trata de un acontecimiento relevante, un plano general es suficiente para informar, no es del caso apelar al primerísimo plano para hacerlo. Es preciso que el fotógrafo piense en estas reflexiones desde el mismo momento que capta las imágenes. Es el primer paso para observar la responsabilidad social del periodismo. Además del criterio ético están algunas disposiciones legales que vale la pena tener en cuenta. Publicar fotografías de testigos de crímenes puede entorpecer la investigación. Están restringidas las imágenes de menores de edad y es deber garantizar la presunción de inocencia. Publicar fotografías de violencia y sexo es la acción preferida y fácil del periodismo sensacionalista, cuyo objetivo comercial exacerba la curiosidad, y estimula los sentidos, olvidando los principios éticos y desafiando, de paso, las normas legales. Provocar primero miedo, angustia, odio, llanto u otra emoción, que informar, es el propósito del periodismo amarillista. No obstante, el impacto de los hechos en la sala de redacción, la premura y otras variables pueden llevar a tomar decisiones en caliente que contrarían las normas establecidas en los manuales de periodismo.

¿Por qué los periodistas debemos escribir bien? (3)

Varios lectores expresaron sus opiniones sobre las dos últimas columnas y señalaron nuevas incorrecciones.

Cleóbulo Sabogal Cárdenas, Jefe de Información y Divulgación de la Academia Colombiana de la Lengua, dice:

“A propósito de su artículo de ayer y de los correos de los lectores en que advierten de los gazapos que se van en el diario, quiero contarle que desde hace varias semanas veo un error de sintaxis todos los días, que aún no lo corrigen y, por lo visto, ningún lector se ha percatado de él. Se trata del subtítulo: Ellos dieron de qué hablar en la jornada”.

Añade: “La locución verbal correcta es dar que hablar, es decir, sin preposición y sin tilde en la palabra que. Por eso, deben escribir siempre: Ellos dieron que hablar en la jornada”.

Además, señala Sabogal: “Otras locuciones de construcción parecida y registradas en el diccionario académico son dar que decir, dar que hacer, dar que pensar y dar que sentir…”  .

El error se corrigió el  jueves, pero nuevamente se repitió en la edición siguiente.

Los errores e incorrecciones que acusan los lectores, llegan por distintos canales, no solo por el de la Defensoría del lector, pero quizá falta más comunicación y mejor control.

Jack Hart Don Fry, periodista y entrenador de redacción del Instituto Poynter, sostiene que “uno de los puntos claves de la teoría de gerencia moderna es que usted construye calidad al comienzo del proceso, en vez de inspeccionarlo al final”.

Significa que el error lo debe detectar y corregir el propio periodista, y en segunda instancia, el respectivo editor del área. Los correctores son fundamentales para la consulta y la orientación.

Se recomienda que la comunicación para mejorar la calidad de la escritura sea fluida y carente de prejuicios. Dicen los maestros que el editor debe concentrarse en el texto más que en su autor, para que el ego no se sienta amenazado. El diálogo enriquece el aprendizaje de todos.

Pienso que se requiere una política de calidad de la escritura que se establezcan métodos y estrategias coherentes que logren la meta de cero errores. Y además, que se publique una sección de correcciones, como lo he reiterado en diversas oportunidades, para aclarar y enmendar las faltas más protuberantes.

Con respecto a los métodos, el periodista y profesor Terry O’Connor aconseja una segunda lectura del texto, modificado en su forma, para que engañe al cerebro: “cambia la resolución de la pantalla, el ancho de la página, el color de la letra de fondo o todo al mismo tiempo”, para que aparezca como otro texto y el ojo pueda ver los errores. Y Bob Doran, periodista de BBC y entrenador de periodistas, recomienda: “Léelo en voz alta tu mismo y te darás cuenta”.

El lector Luis Alfredo Molina sugiere que un corrector lea muy temprano el periódico, señale y corrija los errores, para que todos aprendamos de este ejercicio.

Los lectores nos llaman a emprender acciones que detengan el deterioro de la calidad periodística.

¿Por qué los periodistas debemos escribir bien? (2)

En estos días he recibido nuevas comunicaciones. El lector Carlos Arturo Suárez me pregunta: “¿Por qué vemos tantos errores hoy en los medios de comunicación, no solo en la prensa sino en televisión y radio? La columna que usted escribió el lunes sobre ¿por qué los periodistas debemos escribir bien? me pareció muy acertada, ojalá los comunicadores la tengan en cuenta y hagan un esfuercito para evitar los errores, siquiera los de ortografía y puntuación…”.

El lector tiene razón: la incorrección idiomática no es exclusiva de los periódicos. En los demás medios de comunicación vemos con frecuencia errores de ortografía, de sintaxis, fonéticos y de otra naturaleza.

También es cierto que los errores los percibimos en libros, avisos publicitarios y en general en todo tipo de comunicación escrita.

Los errores se pueden clasificar en un rango abierto que van desde la simple equivocación digital o erratas, hasta errores más complejos que comprometen la corrección del lenguaje y el principio periodístico de la veracidad. Quizá las faltas contra la ortografía son las más visibles.

Ramón Alemán, periodista y corrector de estilo español dice, por ejemplo, que “un texto mal puntuado puede ser tan desagradable como uno lleno de erratas”

Y a un más, el léxico es escaso y muchas estructuras gramaticales parecen como copiadas y pegadas restándole a la información originalidad, claridad, fluidez y otras propiedades de la buena escritura.

La influencia de las expresiones usadas en las redes sociales se traslada, a veces con audacia, al lenguaje periodístico. Es notable la hegemonía que asumen, y lo más grave es la costumbre de escribir en forma descuidada o usando letras por palabras y palabras por frases.

Carlos Monsiváis, escritor mexicano dice al respecto que  “informar ahora es usar a fondo la tecnología, no el idioma, y las ventajas de la inmediatez extrema ocupan con todo el espacio. Si pierde, si lo hubo, el interés específico por la escritura. Se debilita la ambición de poseer un lenguaje variado y con matices”.

Otros escritores consideran que esta situación se repite y que los periódicos de antes no eran mejores que los de hoy y que los errores se presentan hasta en los diarios con más historia y mejor familia.

Sin embargo,  este panorama no debe inducir al desaliento ni a bajar la guardia. Considero que escribir bien es un requisito profesional y obligación del periodista y que el uso correcto del idioma debe ser una asignatura de estudio permanente en las salas de redacción.

“Los redactores y editores de EL COLOMBIANO tiene la obligación de manejar muy bien el idioma, de escribir con corrección y propiedad, como una contribución a la educación de los lectores y a la realización de informaciones bien escritas”, consagra el Manual de estilo y redacción del periódico. Y agrega en otro aparte: “En EL COLOMBIANO cada periodista responde por sus textos. Es responsable de su exactitud, de su corrección, de  su claridad y de su fuerza comunicativa…”.

¿Por qué los periodistas debemos escribir bien? (1)

Hoy, cuando se celebra el Día del idioma, es oportuno insistir en la necesidad  de expresarnos con corrección.

Todas las semanas recibo correos electrónicos y llamadas de los lectores acusando errores de categoría diferente. Lo hacen porque ellos defienden el periódico, lo sienten como propio y les molestan los errores, las imprecisiones y hasta las erratas. Algunos de ellos, también consultan dudas o aportan sugerencias sobre la corrección del lenguaje.

Los últimos fueron reportados por Elkin Castrillón Oberndorfer, María E. Gómez P., María Claudia Cuberos, Carlos Antonio Gaviria Zuluaga, Fredy Erazo, Carlos Alberto Velásquez, Gabriel Escobar Gaviria, Miguel Ángel Espinosa y Rodrigo Arango.

Es valiosa la colaboración de estos lectores activos. Ellos nos enseñan cuando señalan los errores o cuando preguntan y nos ponen a dudar. La duda es uno de los caminos que nos lleva a consultar el diccionario y otros recursos necesarios para mejorar la escritura, para mejorar el periodismo. Si no dudamos, corremos el riesgo de expresarnos incorrectamente.

José Guillermo Palacios, macroeditor de Información dice al respecto: “Todos los esfuerzos posibles. Ese es nuestro empeño, día tras día, para llegar a una política de cero errores. Los esfuerzos son múltiples: diálogos permanentes y personales con los redactores sobre su trabajo, a fin de que lo hecho con su firma sea impecable; talleres con expertos nacionales e internacionales en géneros periodísticos, gramática, composición, titulación; talleres de lectura entre los mismos periodista, diálogos permanentes entre editores jefe – editores de área y periodistas. Además de las evaluaciones y críticas constructivas”.

Y añade: “Ningún error admite disculpa, pero también sin ellos jamás encontraríamos la verdad. Lo nuestro, una empresa que mueve más de un millón de fichas cada día para sacar su producto, es una permanente tarea por superarlos”.  

Pienso que escribir bien es una las responsabilidades del periodista. Es requisito de la calidad periodística. “No hay que aburrir. La mejor investigación puede caer en el peor de los olvidos si está mal escrita. Escribir bien no es una opción, es obligatorio”, dice la periodista y autora argentina Josefina Licitra.

Los periodistas tenemos en el lenguaje el instrumento único para informar y opinar. No hay otro y debemos conocerlo y estudiarlo permanentemente.

En varias columnas me he referido a este asunto de los errores del periódico. Considero que es posible errar, pero no debe ser imposible corregir las equivocaciones, imprecisiones, erratas, e incorrecciones ortográficas, semánticas y de otra naturaleza. Si no corregimos, añadimos un nuevo error, porque lo multiplicamos al ponerlo en la red, abriéndole la posibilidad a la sucesión de tal error.

El principio de veracidad, fundamental en el ejercicio del periodismo, puede verse comprometido en materia grave por no corregir un error. Pienso que los errores le restan credibilidad al periodista y que las rectificaciones oportunas se la devuelven.

Creo, insisto, que urge una sección de correcciones en el periódico.

Esta reflexión continuará.

¿Para qué los Consejos de Lectores? (2)

Mañana martes se reanudan los Consejos de Lectores de EL COLOMBIANO. El primero es el de información local.

Varios lectores llamaron y escribieron esta semana para preguntar detalles de la conformación y metodología de trabajo de los Consejos de Lectores, que el periódico se propuso reanudar al cumplir el primer centenario de su fundación.

Francisco Alberto Jaramillo Giraldo, asesor administrativo multimedia afirma que “el propósito que persigue el periódico con Consejos de Lectores es escucharlos, para garantizar que la información cumple con dos características: es útil y relevante. Estos consejos estarán conformados por personas que leen el periódico, ya sean suscriptores o no, que lo leen en el impreso o a través de medios digitales, pues de lo que se trata es de invitarlos a evaluar nuestros contenidos de forma crítica y constructiva.

Agrega que “mediante estos consejos queremos tener un acercamiento con nuestros lectores para obtener sus opiniones sobre los temas tratados por el periódico, y recibir sus sugerencias sobre la titulación, enfoque, redacción y presentación de los artículos informativos”.

Los Consejos de Lectores sesionarán cada dos meses. Son siete, uno por cada área periodística, y estarán integrados por diez lectores. Ellos “procederán al análisis de los contenidos publicados y luego harán sus propuestas sobre contenidos y sugerencias sobre enfoques informativos. El cargo de consejero no es remunerado, pero su compensación está en saber que sus propuestas formarán parte de la agenda del área y sus opiniones serán valoradas para procurar que el periódico mejore en sus coberturas informativas y satisfaga las expectativas y necesidades de sus audiencias”, puntualiza Jaramillo Giraldo.

Hoy los diarios tienen el reto de la participación. De construir, más que una alianza, una comunidad de periodistas y lectores por la información, que ya no es exclusiva de los primeros. El lector está en todo el proceso informativo, no solo al final.

El deseo de los lectores de participar en la construcción de la agenda informativa y de evaluar el diario, es creciente. Este ejercicio se entiende como el derecho a recibir información veraz, imparcial, oportuna y suficiente, y, a la vez, de manifestar  sugerencias, propuestas, opiniones, reclamos y quejas frente a las publicaciones de los periodistas. Es decir, es evaluador, crítico y coautor.

Estos fenómenos son objeto de estudio. Esta semana en la Universidad Eafit fue lanzado el libro “De las audiencias contemplativas a los productores conectados”, coordinado por la investigadora de Brasil, Nilda Jacks, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul, En el acto intervinieron algunos de sus autores como Ómar Rincón, de la Universidad de Los Andes; Mónica Cataño, de la Universidad Pontificia Javeriana, seccional de Cali; y Jorge Iván Bonilla, de Eafit.

Bonilla dijo que hoy “los ciudadanos, que quizás sin saber mucho, porque no son ciudadanos expertos, pueden colaborar con otros y pueden encontrar formas innovadoras de construir democracia y construir ciudadanía…”.

¿Para qué los Consejos de Lectores?

EL COLOMBIANO reunirá los Consejos de Lectores para oír directa y periódicamente las percepciones y sugerencias.

Los Consejos de Lectores se inscriben en la idea de periodismo abierto que practican hoy los medios impresos, en el pasado un tanto alejados de la interacción de las audiencias.

La participación de los lectores presenta una creciente variedad de modos y mecanismos. Los comentarios a los textos periodísticos y la interacción a través de Malala y de las redes sociales se complementan con el trabajo de los Consejos de Lectores.

Estos conjuntos de lectores habituales y disciplinados cumplen varias tareas: evalúan el periódico en su contenido y presentación, sugieren temas para la agenda informativa y proponen énfasis de cubrimiento periodístico.

Los periodistas abren sus oídos para escuchar las voces de los ciudadanos lectores que participan activamente, a través de estos consejos. No se trata del simple rito de escuchar a los lectores personalmente. Estas reuniones se constituyen en una mesa de trabajo en la que deliberan sobre los temas de mayor interés para la comunidad. Es un ejercicio de responsabilidad social del periódico.

“EL COLOMBIANO ha querido revivir sus Consejos de Lectores consciente de que el lector ya no solo es destinatario de la información sino generador de ella. Una información útil y relevante en la medida que refleja sus intereses”, dice Francisco Alberto Jaramillo Giraldo, asesor administrativo multimedia.
 
Y añade “En su ya larga experiencia, como medio de comunicación pionero en Colombia en la interacción con los lectores, nuestros periodistas han comprendido que aquellas informaciones que se generan a partir de un contacto con el lector suelen tener los mejores índices de lecturabilidad. Por eso hemos puesto la agenda periodística en el ámbito del lector”.
 
El Consejo de Lectores de Información Local, que será el primero en instalarse el martes 17 de abril, y a partir de esta primera experiencia se convocarán los siguientes hasta tener siete en total: Local, Actualidad, Economía, Tendencias, Deportes, Medios Digitales y Revistas. Sesionarán cada dos meses, expresa Jaramillo Giraldo.

Esta experiencia es altamente valorada por los medios de comunicación que la han puesto en práctica. Los Consejos de Lectores se convierten en mecanismos idóneos para el control y el mejoramiento de la calidad periodística, gracias a la labor continua y coherente que desarrollan.

Las audiencias participan en forma directa y personal en la construcción de la agenda, es decir al inicio del proceso informativo y no solamente al final. Y en cuanto a la evaluación, los juicios críticos  de los lectores están acompañados de ideas constructivas.

Las conclusiones de los Consejo de Lectores serán consignadas en un acta y entregadas a la Dirección, al Editor General y al Defensor del Lector.

En la próxima columna continuaré la reflexión.

Malala, iniciativa de periodismo ciudadano (3)

Esta reflexión plantea algunos ideas de cambio en las salas de redacción de los medios impresos. Por Víctor León Zuluaga Salazar En la columna anterior comencé a introducir un asunto clave de la interacción de los lectores: el cambio de actitud y de aptitud de los periodistas para oír las voces de los ciudadanos y superar cierto grado de sordera, tal como lo he manifestado en otras ocasiones. El periodismo ciudadano, practicado por el periódico desde hace varios años y propuesto con mayor énfasis en el nuevo modelo, a partir del mes de febrero, exige que los editores vayan más allá de las tares tradicionales de planear, ordenar y revisar la información y de acompañar a los periodistas, para avanzar en la función de “curador de contenido”. Es decir, en palabras de Rohit Bhargava, de “alguién que continuamente agrupa, organiza y comparte recursos informativos”. Carlos Mario Gómez Jaramillo, Editor del Área Metro afirma, al respecto sobre esta actitud: “En mi concepto, el ciudadano-reportero es una tendencia refrescante en el actual panorama informativo mundial y una importante herramienta en el contexto local de las noticias. No lo veo como amenaza para el periodista de profesión, sino como la vía de los medios tradicionales de conversar más con sus audiencias, de aproximarse más a los hechos cotidianos de la ciudad”. Y añade: “EL COLOMBIANO cada vez más va en esa línea, principalmente a partir de la labor del Área de Interacción, pero también desde su página web y, desde hace dos meses, a instancias de un personaje como Malala, en el Área Metro del impreso, que escucha las inquietudes y quejas ciudadanas y les busca respuesta entre las autoridades o personas responsables de las soluciones. Como periodistas no nos debe preocupar la participación creciente de los lectores en nuestra agenda informativa, porque sus aportes la enriquecen y hasta la modifican. La horizontalidad en el flujo informativo es bienvenida”. Siguiendo algunas recomendaciones de Alan Rusbridger, director de The Guardian, los periodistas deben estimular la participación de las audiencias; animar el debate abierto; involucrarlas en la planeación y discusión de los temas, incluso antes de la publicación; mantener una mirada estroboscópico de los hechos; verificar las fuentes ciudadanas y buscar respuestas en las fuentes oficiales; construir comunidades de lectores; darles la categoría de usuarios confiables a los lectores más activos y racionales, para que los comentarios se publiquen sin moderación. Otras ideas de periodismo abierto a las audiencias, en palabras de Rusbridge, son: “Reconoce que los periodistas no son las únicas voces con autoridad, pericia e interés. Aspira a lograr, y a reflejar, la diversidad así como a promover los valores compartidos. Reconoce que la publicación puede ser el inicio del proceso periodístico en vez de su culminación. Es transparente y abierto a los retos. Incluye la corrección, la aclaración y la adición o complemento”. Seguir a los lectores, a las audiencias, es un paradigma vigente que se practica si extendemos los oídos más allá de la sala de redacción, si entendemos que sus observaciones, opiniones, críticas y aportes complementan nuestro trabajo.

Malala, iniciativa de periodismo ciudadano (2)

 Hoy continuo la reflexión de la semana anterior. En la próxima me concentraré en los nuevos retos de los periodistas. Por Víctor León Zuluaga Salazar Todo está cambiado: los ciudadanos están cambiando el periodismo con la participación activa, lo están haciendo más democrático. Cada vez conocemos más iniciativas de periodismo ciudadano y apreciamos en los medios de comunicación nuevos espacios de interacción. El lector Félix Antonio Carmona llamó para decir lo siguiente: “…yo leo con mucho interés la página de Malala porque se dedica a los problemas del barrio y a las quejas que tenemos, pero me parece que deben darle más páginas a los temas y acoger las quejas de otros municipios…”. A esta observación se suman otras que preguntan por los tips o la manera de enviar sus aportes a Malala. Juan Felipe Quintero, Macroeditor Local de EL COLOMBIANO, opina que “La propuesta de Malala me gusta: “A denunciar lo que está mal hecho”. Esta chica de 14 años se identifica con muchos de nosotros: adora esta ciudad y no soporta que haya calles malas, que los parques estén descuidados, que los buses corran por las zonas escolares. “No me voy a quedar callada. Esta ciudad se merece lo mejor”, dice. Y añade: “Ahora, quejarse es lo más fácil. La gracia de Malala es que frente a una denuncia o problema, se encarga de que la oficina responsable, pública o privada, busque soluciones o por lo menos establezca compromisos. “Estaré pendiente de que las cosas se hagan bien”, dijo la primera vez que la leímos, el 6 de febrero de este año. Malala viene haciendo la tarea, todos los días. La invitación es a escribirle, denunciar y proponer”. Considero que los lectores están atentos a los movimientos de Malala, a conocer su desempeño, a familiarizarse con ella, y a verla crecer como iniciativa de periodismo cívico. Los lectores pueden enviar las quejas, señalar los problemas y sugerencias al correo: malala@elcolombiano.com Creo que en una democracia el ciudadano es libre de expresar sus ideas, ejerce su libertad real para contribuir a su construcción. En ejercicio de esta facultad, los medios de comunicación cumplen un papel fundamental. Además, vemos que los ciudadanos crean nuevos canales de expresión y usan las redes sociales de una manera exponencial. Este nuevo escenario desencadena una serie de retos para los periodistas. En primer lugar tenemos que poner el oído en la función de escuchar al lector. Con frecuencia recibo quejas acusando sordera a sus aportes, denuncias y sugerencias. Deben cambiar de actitud. Llegó la hora de comprender que la información que publicamos es incompleta y que los comentarios de los lectores completan la visión de los hechos y nos aproximan un poco más a la verdad. Bien lo expresa Dan Guillmor, periodista, investigador y autor de varios libros y padre del periodismo cívico en Estados Unidos: “Los periodistas deben dejar de creerse oráculos y guiar al público hacia la información…”. Esta reflexión no termina aquí…