El rigor de los sondeos

A raíz del sondeo que realizó el periódico en su sitio web para conocer la opinión sobre el uso de la marihuana con fines medicinales, la lectora Miriam Fabiola Arbeláez pregunta: “¿Qué validez tienen los sondeos que todos los días realizan la televisión, la radio y también los periódicos…?”.
Juan Esteban Vásquez Fernández, macroeditor Digital explica que “Nuestro sondeo funciona de esta manera: El sistema permite votar una sola vez por navegador, es decir si una persona vota y después vuelve y carga la página e intenta votar de nuevo le aparecerá un mensaje que dice: ´NO PUEDES VOTAR. YA PARTICIPASTE´. El sistema se basa en los cookies de los navegadores para no permitir que una persona vote en múltiples ocasiones, sin embargo si un usuario borra la información del navegador podría repetir el voto, o también si ingresa al sitio web a través de otro navegador”.
Y añade: “Los votos son seguros, teniendo en cuenta que se sabe que son efectuados por personas, el sistema tiene una seguridad que impide que se hagan peticiones de votos externas por medio de robots. Reflejan el pensamiento de las personas que deciden votar, hay que tener en cuenta que no todos los lectores votan. También hay que tener en cuenta que hasta los servidores de la CIA han sido hackeados, por eso no estamos exentos de un ataque, pero nuestro sistema cuenta con la seguridad necesaria para este tipo de sondeos”.
El profesor universitario y autor León Darío Bello Parias anota al respecto; El nombre que se le da es adecuado, un sondeo puede considerarse como una primera impresión sobe algo, nunca generalizable a toda una población.
Agrega que “hay que tratar de identificar esa población que es aún más reducida, valga decir, el sondeo lo pueden responder sólo los que tienen acceso a Internet por un lado, luego que miren El Colombiano y por último que tengan la tendencia a contestar preguntas por éste medio, parecen muchas condiciones. Lo cierto del caso, es que estadísticamente no tienen valor científico, en algunos momentos pueden desorientar más que orientar. Por eso es importante tener el referente de quienes pueden contestar el sondeo, Nunca mencionar Los antioqueños opinan…”, que son titulares usuales. Es como los que hace CMI y todos esos medios que usted conoce…”.
En realidad El Colombiano hace pocos sondeos de esta clase. Para efectuar los sondeos o encuestas políticas en tiempo de elecciones o para medir la aprobación o desaprobación de los programas gubernamentales, los dirigentes y las instituciones, contrata a la reconocida firma Invamer Gallup.
Considero que los demás sondeos, cada vez más frecuentes en los medios de comunicación, principalmente en la televisión, no tienen rigor estadístico y por lo tanto hay que mirarlos con distancia, solo como un ejercicio de participación de la audiencia.
De todas maneras, los objetivos y reglamentación deben ser conocidos por los lectores, oyentes o televidentes. Las opciones para votar deberían ser múltiples y, por supuesto, la publicación incluir datos como el tiempo que estuvo abierta la votación, el número de votantes y tener cuidado con las extrapolaciones y generalizaciones.
Finalmente recomiendo, en el caso del periódico, la adopción de un reglamento básico que aclare las inquietudes de las audiencias y disipe las dudas y sospechas que afecten la credibilidad y la confianza.

“Aunque usted no lo crea…” y otros títulos

La lectora Ester Sofía Marín pregunta “Por qué los medios de comunicación emplean títulos como la ´increíble y sorprendente historia…´, ´la primera vez, aunque usted no lo crea…´, y otra serie de palabras sensacionalistas que desinforman y exageran solo por llamar la atención…”.
La lectora pone sobre la mesa un tema de sumo interés por cierta moda de titular para ganar lectores, sin caer en la cuenta que muchas veces se manipula y desinforma debido a que el título de la información no corresponde al contenido del artículo periodístico.
Esta definición del título periodístico es del autor José Manuel Zorrilla: “Los titulares son, en resumen, textos autónomos que encabezan las noticias que publica la prensa, identifican el relato informativo, designan los hechos, destacan gráficamente, poseen un lenguaje propio y tienen la misión de llamar la atención de los lectores para que lean los textos informativos que le siguen e incluso para que compren el periódico…”.
Si bien, uno de los objetivos es captar el interés de la audiencia, los medios a veces abusan y se exceden en presentar las informaciones con titulares con enfoques transgresores de los principios éticos y periodísticos.
Algunas ejemplos: darle más trascendencia a un hecho que no la tiene; también, lo contrario: usar eufemismos para ocultar la realidad; manipular la información para provocar una sensación determinada; usar frases hechas que desvirtúan y desvían la esencia de la información.
Es frecuente encontrar títulos que usan expresiones impactantes como “por primera vez”, “aunque usted no lo crea”, “espectacular”, “increíble” y otras similares que más bien pueden producir un efecto contrario al de llamar la atención porque crean un ambiente de duda.
El uso de los números da credibilidad. Pero el abuso no. Se volvió moda titular “4 razones para mejorar…”, “7 ejercicios que reducen…”.
Tampoco es recomendable forzar las figuras literarias como la metáfora, la onomatopeya, la metonimia y la hipérbole.
El periodismo debe ser esquivo al usar frases célebres, refranes o derivaciones. Esta no es la mejor práctica. La originalidad es una cualidad del lenguaje.
La amenidad es deseable, sin caer en el humor fácil. El periodismo informa y no tiene entre sus funciones entretener y hacer reír.
En los medios sensacionalistas estos titulares son comunes, y aún otros que riñen con la veracidad o que exacerban los sentidos apelando a la discriminación, al sexo, a la sangre, al dolor y en general al morbo.
El titular es el resumen de la noticia o el reportaje. Sintetizar, identificar y seducir al lector para que lea lo que sigue son los atributos de un buen título que garantice la veracidad, imparcialidad y transparencia de los hechos.
El afán de conquistar lectores pone en riesgo la veracidad y la responsabilidad del periodismo. Algunos medios de comunicación cambian la acción del clic por la obligación de dar el contenido que prometen en el título y que el lector espera y se merece.
El lector se cansa de las ofertas engañosas o exageradas al no encontrar lo anunciado y sentirse defraudado por estos modelos periodísticos que riñen con la veracidad: exponen la calidad y la credibilidad porque prefieren el escándalo y el grito a la información veraz y responsable.
Los principios éticos y periodísticos deben estar presentes a la hora de poner el título, entre otras cosas porque el lector identifica cuál es el medio de comunicación que le informa sin distorsiones.

Fe de errores incompleta

El Colombiano tomó la decisión de publicar la sección Fe de errores para enmendar las imprecisiones, equivocaciones y toda suerte de fallos detectados por las audiencias o por los editores y periodistas. Una decisión acertada y consecuente como lo que estipulan el Manual de estilo y redacción y las políticas para mejorar la calidad.
No obstante, considero que los errores deben enmendarse tanto en la edición impresa como en la digital. Actualmente se corrigen solo en la primera pero en la web permanecen los fallos.
Estos ejemplos dan cuenta de las correcciones:
Caso 1. Página 12, edición del 18 de mayo.
En un párrafo del reportaje Otra avalancha de solidaridad para Salgar, se lee: “Según el director de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, Carlos Iván Márquez, la inversión alcanzará los 35.000 millones de pesos desde que comenzó la atención de la emergencia. Recursos aportados por la entidad, el Ministerio de Vivienda, la Gobernación de Antioquia, el Banco Agrario y la Fundación Bertha Hernández, entre otras…”.
La Fe de errores del día siguiente detecta y corrige: “… y la Fundación Bertha Hernández”. Correcto: Fundación Bertha Martínez”.
Caso 2. En la página 16 del 11 de mayo El Colombiano publicó una información imprecisa con el título El camino de Envigado hacia el Área Metropolitana: “Este cuatro de julio los envigadeños irán a las urnas para definir si su municipio ingresa o no como socio activo al Área Metropolitana…”.
La corrección de la Fe de errores, publicada el 12 de mayo precisa: “… la fecha exacta en que los envigadeños irán a las urnas es el 10 de julio”.
Caso 3. El 19 de febrero de este año, en la misma sección Fe de errores se descubrió y explicó otro error: “… el alcalde de Bello, Óscar Suárez Mira…”. Correcto: (…) el alcalde de Bello, César Suárez Mira…”.
Así ocurre: la Fe de errores detecta algunos y los corrige de una manera válida pero solo para los lectores de la edición impresa.
El periódico The New York Times tiene una sección similar y las correcciones las efectúa también en la edición digital. Por ejemplo, este 9 de mayo aclaró un dato equivocado:
“Un artículo de abril 27, acerca de la confirmación en Colombia de dos casos adicionales de bebes nacidos con daño cerebral, luego de que sus madres que contrajeran Zika durante el embarazo, establece que el año en que los investigadores encontraron secuencias de genes del Zika en la sangre de tres niños en Haití fue diciembre de 2014 y no de 2015”.
Efectivamente, al artículo Colombia Confirms More Birth Defects Linked to Zika, de la sección de Salud del 27 de abril le añadieron la respectiva corrección. (http://www.nytimes.com/2016/04/27/health/zika-virus-haiti.html?_r=0).
Pienso que esta es una corrección integral que obliga a los medios de comunicación que suman cada vez más lectores en las plataformas web, todos ansiosos de encontrar información veraz y de calidad.
Estoy de acuerdo con la opinión del periodista José Cervera, del periódico español El Diario: “Errar es humano, y por eso no hay actividad más humana que corregir lo errado y aprender para procurar no volver a equivocarse en el futuro. Internet es un inmenso depósito de información que durará muchos años, y que seguirá alimentándose y creciendo; si no creamos mecanismos para que los errores puedan ser reconocidos, corregidos y correctamente archivados acabaremos por no saber qué es verdad y qué es mentira…”.
Habrá que volver sobre esta reflexión…

¿El 46 % de qué…?

El rigor y la precisión son atributos del periodismo que con frecuencia escasean en los porcentajes, medidas, dimensiones, magnitudes y cifras de algunas informaciones. En las últimas semanas las audiencias han señalado varios errores:
El primer caso. El lector Rodrigo Cadavid Mejía, encontró imprecisiones en el reportaje, El inodoro es un lujo para el 46% del planeta, publicado el 5 de mayo.
Señala: “1) En la primera página dice muy claro, en el titular, que “…para el 46% del planeta” y luego en el texto habla de 2 mil millones sin inodoros. De dónde saca el periodista que ese 46%, de la población del planeta, equivale a dos mil millones. Haga la operación con la población aproximada de hoy que es de un poco más de 7.400.000.000 (siete mil cuatrocientos millones) y le da mucho más de 3 mil millones”.
Y continúa: “2) En la página 5, en el titular, vuelve y pone 2.000 millones, ratificando el error o la falta de información clara, ya que en el gráfico dice que “…46% de las…en países en desarrollo…”. Aquí aclara el error de la primera página y de ésta…”.
Segundo caso. Detectado por Marco Aurelio Arango Yepes, profesor de estadística de la Universidad de San Buenaventura. Hace referencia al reportaje, En 3 años vivirán en Sabaneta 100.000 personas, publicado el pasado 13 de marzo. Dice: “Con su nota periodística sobre Sabaneta , efectuó una relación entre el tamaño de ese municipio (15 kilómetros cuadrados) manifestando que tenía un área 554 veces más pequeña que el barrio Belén de Medellín…según el periodista, el Barrio Belén tendría 554 X 15 = 8.310 kilómetros cuadrados, con esta extensión este barrio de Medellín sería más grande que varios departamentos de Colombia como Caldas, Risaralda, Atlántico y Quindío, inclusive muy lejos del tamaño de la ciudad de Bogotá que no supera los 1.600 kilómetros cuadrados…”.
El anumerismo ha sido definido por John Allen Paulos como “incapacidad de manejar cómodamente los conceptos básicos de las matemáticas, como por ejemplo, los conceptos fundamentales de número y azar”, que afecta a los periodistas y a otras personas.
Esta suerte de temor o reverencia por los números lleva a la incorrección cuando los periodistas manejamos porcentajes, operaciones matemáticas, interpretaciones estadísticas y aun cifras simples, como los casos señalados anteriormente.
La consecuencia de estas equivocaciones es la pérdida de confianza y credibilidad. Si un dato está equivocado, el lector dudará, con razón, de la certeza de la información.
Considero que el rigor es condición de la calidad periodística y valor fundamental del principio de veracidad.
Ante un número, un porcentaje, una cifra, lo mejor es reducir la velocidad de la escritura y aumentar el nivel de concentración y análisis para no caer en equivocaciones.
Pienso también que es muy útil revisar cada número escrito, consultar a los expertos y mejorar las competencias matemáticas. Y, por supuesto, rectificar las equivocaciones.
Un buen ejemplo de corrección es el sistema de The New York Times. En la sección respectiva, Corrections, equivalente a la sección Fe de errores de El Colombiano, publica la respectiva enmienda. Y luego, al final del artículo, también añaden la respectiva nota. Es recomendable que los medios de comunicación lo hagan así, para que no se perpetúe y se multiplique el error. Y además, para honrar los principios de veracidad y responsabilidad social del periodismo.

Cuando a la información le falta contexto

La información publicada el 23 de abril en la página 18, sobre el plan cuatrienal de reforestación del Departamento de Antioquia, animó al lector Álvaro Duque a criticarla: “Como docente adscrito al Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín, leo con estupor su artículo titulado “Antioquia inicia plan para sembrar 40.000 árboles”. La forma como ustedes lo anuncian aparece como un gran acto, logro o meta. Se lo pongo en cifras: si uno va a reforestar, se suelen usar densidades de siembra de alrededor de 1.100 árboles por hectárea. Es decir, su gran anuncio es que la gobernación de Antioquia, en un departamento de 64.000 km2, con una tasa de deforestación anual entre 20 y 25 mil hectáreas va a sembrar 36 hectáreas de bosque…”.
Añade el profesor universitario: “Esto significaría que se van a “reponer” 6.4 hectáreas de bosque. El asunto es que de las 220 toneladas de biomasa (aproximadamente 110 toneladas de carbono) que almacena en promedio 1-ha de estos bosques, las anunciadas siembras poco, en principio, reponen las pérdidas por deforestación que se están dando en este Departamento”.
Y concluye: “En síntesis, es triste ver como se anuncian con bombos y platillos temas de política ambiental que rayan con lo absurdo en un departamento donde, por ejemplo, la generación de energía hidroeléctrica es uno de sus principales frentes económicos. Vale recordar que la producción y regulación hídrica indirectamente depende en un buen porcentaje del estado de conservación de los bosques. Yo creo que con este tipo de anuncios simplemente se le hace el juego a una falta de conciencia y emprendimiento de acciones políticas eficientes que realmente busquen mitigar la catástrofe ambiental que este departamento está viviendo”.
José Guillermo Palacio, macroeditor de Información local y regional dice:
“Tiene razón el lector al impresionarse con el titular: “Antioquia inicia plan para sembrar 40.000 árboles”. Válido si se toma aislado, sobre todo en una región con una de las mayores tasas de deforestación del país. No obstante, se advierte en el artículo, que el reto es sembrar 13.750.000 árboles, que se lo pone la Gobernación. Pero lo real es el inicio de esa meta con 40.000 plántulas. De acuerdo, también pudo titularse con la intención de sembrar 13 millones de árboles, pero no sería exacto. El artículo además contextualiza que Corantioquia trabaja en la siembra de 746.905 árboles y recoge la voz del Contralor de Antioquia, Sergio Zuluaga, sobre la deuda que en ese sentido tiene la región”.
Consulté la opinión de varios ingenieros forestales quienes avalaron las cifras del docente y además documentaron la magnitud del daño ambiental con las estadísticas del Ideam: la deforestación aumentó en el 2015 de 120.934 a 140.356 hectáreas. Antioquia ocupa el segundo lugar después del Meta, con 21.302 hectáreas deforestadas.
El argumento del docente radica en el análisis de las cifras de deforestación frente a las del plan de reforestación para estos cuatro años. Estoy de acuerdo con el lector cuando señala que plantar 40.000 árboles en cuatro años es un programa mínimo frente al tamaño de la desastre ambiental. Uno de los profesionales estima que el reto sería sembrar 33.000.000 de árboles para lograr el equilibrio.
Considero que la información publicada amplió la información del boletín de la Oficina de Prensa de la Gobernación, del día 22 de abril, pero le faltó contextualización y documentación. Pienso que es válido publicar un reportaje más completo que dimensione el problema y enumere los retos y las acciones públicas y privadas de reforestación del Departamento de Antioquia.

¿Grados centígrados o grados Celsius?

La reflexión de la semana pasada sobre El lenguaje de los medios de comunicación motivó diferentes reacciones entre los lectores.
Una de las comunicaciones recibidas, la de Lisandro Mesa O., dice: “Me llama la atención esta frase en relación a los errores: “Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen” y quisiera hacer una reflexión al ejercicio que describo a continuación; favor ingresar a la página web del diario, diríjase al buscador de noticias y escriba por ejemplo: “grados centígrados”, obtenemos 789 resultados, tenemos por ejemplo cuales y cuantos columnistas han cometido el gazapo (15), también observamos cual es el año donde más se cometió el error (2014 con 127), cuando fue la última vez que se cometió el error (22/04/2016)…”. Esta consulta, en el buscador de El Colombiano, corresponde a los años posteriores a 1970.
Y añade más adelante: “… y más que molestia la sensación es de tristeza, el ejercicio se puede repetir con “grados Richter” o cualquier otro gazapo en el que cae el periodismo escrito y las estadísticas no dejan de sorprender. Hay algo que me sorprende todavía más: el Manual de estilo y redacción de El Colombiano en su página 58, capitulo 3.8 al hablar de Temperaturas: “Las temperaturas se darán siempre señalando los grados y su respectiva unidad de medida. Así: Medellín tuvo ayer una temperatura de 37 grados centígrados. Recuérdese que existen otras referencias, como grados Celsius (equivalente a centígrados)…”.
Tiene razón el lector Mesa: El Diccionario de la Real Academia explica que “el uso del grado centígrado está obsoleto en el ámbito científico”.
Ahora se dice grados Celsius. Esa es la recomendación, aunque se advierte el uso generalizado de grados centígrados. Considero que el periodismo debe optar por la corrección idiomática para que todos los lectores, de todas las latitudes, pueden comprender la información.
Propiedad y precisión son dos atributos del lenguaje. Explica Wikipedia que “Anders Celsius definió su escala en 1742 considerando las temperaturas de ebullición y de congelación del agua, asignándoles originalmente los valores 0 °C y 100 °C, respectivamente (de manera que más caliente resultaba en una menor temperatura)”.
Esta escala para medir la temperatura pertenece al Sistema Métrico Internacional adoptado por casi todos los países del mundo desde 1960.
Sobre la referencia al Manual de estilo y redacción de El Colombiano considero que debe ser corregido y actualizado en su próxima edición porque ya no se debe escribir más grados centígrados sino grados Celsius. Se advierte que en otros países las temperaturas están dadas en grados Farenheit.
Es oportuno señalar que el símbolo establecido internacionalmente es °C, que consiste en un pequeño círculo seguido sin espacio de la letra C. Se deja un espacio entre la cifra y el símbolo: 23 °C, según lo aconseja la Fundación Español Urgente, Fundéu.
El lector Juan Crisóstomo Jiménez también comentó el tema: “…Está bien que se busque escribir bien, pero veo que algunos lectores son más papistas que el papa y todo lo critican…”.
Pienso que los periodistas no somos infalibles. Nos equivocamos como cualquier persona, pero tenemos la responsabilidad de escribir bien, correctamente. Alex Grijelmo, periodista y escritor español dice: “…quien no reconoce el error, no mejora”.
Seguramente la discusión no termina aquí…Mientras tanto, mi gratitud y la del periódico a quienes nos envían sus críticas.

El lenguaje de los medios de comunicación

Bien vale la pena una reflexión más sobre el lenguaje periodístico con ocasión del Día del Idioma. Ya lo he hecho en otras ocasiones para señalar los errores más frecuentes, insistir sobre la urgencia de escribir correctamente, celebrar la publicación de la Fe de errores y felicitar a los lectores que se han constituido como guardianes del idioma y nos envían todos los días sus críticas y comentarios.
Los atributos de la redacción periodística son los mismos del lenguaje, aunque con algunos énfasis. La primera propiedad es la claridad, vale decir que el periodista debe comprender los hechos que narra y presentarlos en forma transparente y sencilla. Comunicar, en pocas palabras, es poner en común; lo que escribe lo comprende fluidamente el lector y las audiencias.
La concisión es otra de las cualidades del lenguaje periodístico. Consiste en expresar los datos directamente, sin antesalas ni parrafadas. Usar frases cortas, palabras propias y precisas es clave. Siempre es válido releer para recortar lo que suene largo y ampuloso.
Y la corrección. Escribir según las normas del lenguaje, sin errores. Si, sin equivocaciones porque se pone en riesgo la veracidad de los hechos y la credibilidad del periodista y del medio de comunicación. Un solo error deja por el suelo el más importante y lucido relato.
Varios autores coinciden en señalar que escribir bien es una obligación ética del periodista, igual que corregir todos los errores para recuperar la confianza y honrar la veracidad de la información.
Quizá lo que más molesta a los lectores es ver que no se corrigen. Al respecto, el ingeniero Gabriel Escobar Gaviria, columnista, cazador de gazapos, lector crítico y estudioso de los asuntos idiomáticos explica por qué se perpetúan los errores:
“Por el desinterés de los educadores en todos los niveles de corregir los errores que los estudiantes traen de todos los medios que frecuentan: un error empieza a hacer carrera y todos lo aceptan por estar con la moda. Muchas páginas webs de centros educativos aparecen con errores y no se diga de las tareas propuestas por los profes vía internet. El desinterés por actualizarse de algunos correctores y algunos comunicadores que no hacen esfuerzo alguno para estar al día, siguen corrigiendo con la edición XX del Diccionario de la Real Academia (1984) y vamos en la XXIII (2014). Varios de ellos no conocen la Gramática 2009 ni la Ortografía 2010.
Y añade: “La pereza de traducir las novedades tecnológicas: ¿para qué maus, si tenemos ratón?, ¿para qué tablet, si tenemos tableta?, ¿mail, si tenemos correo? La imitación al exitoso que inventa un error y en poco tiempo todos los colegas lo están imitando. Ejemplo: las comillas simples para todo, aunque la norma no las autorice”.
Es un riesgo escribir sin consultar los diccionarios. No vale la pena ser tan audaz. Nadie se las sabe todas ni el conocimiento es estático: nuestro idioma está en evolución. Nuevas palabras aparecen por necesidad o incluso por moda, pero si son bien nacidas pronto la Real Academia Española les dará la bienvenida.
Además de consultar fuentes idóneas el periodista debe leer. Quien lee escribe mejor que quien no lo hace habitualmente. Leer literatura realista y periodismo de calidad es uno de los consejos que listan los expertos.
Escribir bien, correctamente, es el desafío del periodismo responsable y de calidad. Las audiencias se lo merecen…

Discrepancias por el número de personas que marcharon

Hoy continúa la reflexión sobre ¿cuántas personas marcharon el pasado 2 de abril en Medellín? Recibí nuevos comentarios sobre la columna del pasado domingo y también sobre el cubrimiento periodístico de la marcha del Centro Democrático.
El lector José María Ospina dice: “Por qué tanto alboroto por una cifra imposible de determinar. ¿A quién le interesa ese dato tan preciso…?”.
El lector Bernardo González White escribe: No me quedó muy clara la teoría del ingeniero consultado sobre la asistencia a la marcha del 2 de abril. En un área de 25.000 metros cuadrados ubica 4 personas por metro cuadrado, o sea un total de 100.000 cristianos”.
Y precisa más adelante: “Ocurre que la marcha fue como una marea, en movimiento, y se sumaban personas en diferentes sitios… Salí un poco antes de las 10 de la mañana y la cabeza de la marcha llenaba la avenida La Playa desde el Teatro Pablo Tobón Uribe hasta la carrera Córdova. Continué todo el recorrido hasta llegar al Parque de las Luces y regresé por la Oriental, La Playa, hasta el Teatro Pablo Tobón Uribe y aún salía gente…”.
“Si esos 25.000 metros cuadrados fueron ocupados al menos dos veces por los manifestantes, creo que el cálculo de 200.000 manifestantes no es exagerado. (La más nutrida y ordenada manifestación que he visto en muchos años). Y eso que el “pueblo, pueblo” y la clase obrera no estuvieron presentes”, concluye.
Otro lector, Francisco Mora C. sostiene: “. Le hice un cálculo similar a un amigo. Pero, recuerde, que él área del recorrido no estuvo permanentemente llena. Por la misma dinámica de la marcha. Una cosa es una marcha y otra una manifestación”.
Añade: “De todos modos mi cálculo lo hice en base en unos 2.000 metros entre el Pablo Tobón y el parque de Cisneros. Un promedio de 15 metros de ancho, no se ocuparon las vías en su totalidad. Son 30.000 metros cuadrados y dos personas por metro cuadrado para poder caminar tranquilamente. Son 60, 70 u 80 mil personas. El cálculo en el país son 600.000 manifestantes. De 8 millones de electores uribistas y unos 6 millones de santistas aburridos, según el Centro Democrático, unos 14 millones, no sé francamente porqué le hacen tanta fiesta a las marchas…”.
Considero que está claro que si hay métodos matemáticos para calcular el número de participantes en una marcha. Y lo lógico es que el lector lo sepa aunque es un compromiso complejo para el periodismo.
Vale la pena precisar que el estimativo del ejercicio desarrollado por el Ingeniero de Sistemas de Información Geográfica corresponde a un momento dado. Puede variar si hay marchantes por fuera del polígono definido, es decir, si aún hay manifestantes sin salir del punto de inicio cuando la cabecera de la protesta ha llegado al Parque de la Luz, la meta.
O al contrario, si hay espacios dentro de la marcha que alteren la densidad de cuatro personas por metro cuadrado también varía el cálculo matemático.
Para un partido político los números son importantes, aunque con certeza solo valen los guarismos electorales, los demás son cálculos y estimativos que ofrecen esta clase de discrepancias.
Pienso que para los organizadores es vital medir el poder de la convocatoria que expresó el malestar social de un número significativo de ciudadanos. La marcha es un símbolo de triunfo o fracaso y por esta razón es evidente el debate entre quienes la minimizan o la maximizan y entre quienes se obsesionan por una u otra cifra.

¿Cuántas personas marcharon el 2 de abril?

Varios lectores me enviaron mensajes y llamaron para quejarse por la información publicada el domingo pasado sobre la marcha organizada por el Centro Democrático para expresar el malestar de un sector de la ciudadanía con políticas del gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Los comentarios procedentes servirán para la reflexión autocrítica en la sala de redacción.
Los periodistas que hicieron el cubrimiento consultaron dos fuentes para tener el dato sobre el número de asistentes a la marcha: la alcaldía lo estimó en 80.000 marchantes y los organizadores en 250.000. Este dato indignó a varios de los lectores que solo miraron el primero.
Los periodistas no hicieron cálculos, pero como ocurre con frecuencia en la información política, los simpatizantes ven las cosas diferentes a los opositores.
Consulté un profesor e investigador universitario para que hiciera un ejercicio de cálculo, basado en operaciones matemáticas y me envió el siguiente documento que establece el estimativo máximo de participantes, si la marcha fue densa en todo el recorrido:
– Para determinar el número de asistentes a una marcha, se debe calcular el área del recorrido, para luego determinar la densidad de personas.
– Para realizar este cálculo vamos a utilizar una herramienta disponible de manera gratis para cualquier persona: Google Earth (https://www.google.com/earth/).
– Luego de abrir el programa, nos ubicamos en la ciudad de Medellín, específicamente en la zona donde se realizó la marcha del pasado 2 de abril.
– Con la herramienta de agregar un polígono, dibujamos este, desde el lugar inicial de la marcha (calle 51 – carrera 40), tomando la avenida La Playa en sentido Oriente-Occidente, hasta llegar al cruce con la Avenida Oriental (carrera 46) y a partir de este punto en sentido norte sur hasta el sector del Parque San Antonio (calle 45), en este punto se dirige hacia calle 44 (San Juan) y en sentido Oriente – Occidente hasta el Parque de las Luces).

marcha
– Calculando el área, da aproximadamente 25.000 m2 (metros cuadrados).
– Cuando una marcha tiene una densidad máxima y además avanza, se calcula que por metro cuadrado pasan 4 personas.
– Ahora, si hacemos una multiplicación, del área aproximada ocupada por la marcha, y suponemos que tuvo una densidad máxima:
25.000 m2 x 4 (personas) = 100.000 personas.
– En ese orden, y según los datos de este ejercicio, podemos tener máximo 100.000 personas en este tramo de la ciudad.
Hasta aquí el aporte del ingeniero de Sistemas de Información Geográfica, que prefiere reservar su nombre.
Este cálculo es usado por algunos periódicos, que lo publican junto a los informes de las autoridades y de los organizadores. El diario español El País, de Madrid, establece en su Libro de Estilo: “En las grandes manifestaciones, el periódico ofrecerá un cálculo propio, pero siempre explicando el método utilizado…”.
Otras metodologías son más precisas: se toman fotografías aéreas de alta resolución que luego son ampliadas y con la ayuda de programas informáticos determinan a los asistentes y así los suman uno por uno.
Sobre este asunto del cálculo de manifestaciones estoy de acuerdo con la visión de Jessica Weiss, exeditora ejecutiva de The International Center for Journalists, Ijnet: “Informar sobre el tamaño de una multitud es un desafío que los periodistas de todo el mundo enfrentan al cubrir eventos como protestas o conciertos. Y los cálculos se vuelven aún más difíciles para los eventos políticos, ya que los bandos opuestos pueden convertir las estimaciones en herramientas de relaciones públicas”. (https://ijnet.org/es/blog/t%C3%A9cnicas-para-calcular-el-n%C3%BAmero-de-personas-en-una-multitud).

“ACORRALADA MEDELLÍN POR EL SMOG”

El título corresponde a uno de los 36 informes de la serie periodística sobre la contaminación de la ciudad, publicada por El Colombiano, en febrero y marzo de 1976.
Este asunto, que preocupa hoy como hace cuarenta años, motiva esta columna, para ampliar la respuesta al lector León Darío Giraldo J. y atender la inquietud, de la lectora Eugenia Montoya A.: “…¿por qué los periodistas no investigan más sobre el problema ambiental? Miren los comentarios de los lectores a los artículos que ustedes mismos han publicado. Hay denuncias de fábricas que contaminan, opiniones serias, ideas para el alcalde Federico, etc. Ahí están, con nombres propios…”.
En 24 horas más de 200 lectores expresaron sus juicios sobre las decisiones tomadas por el alcalde Federico Gutiérrez Zuluaga para contrarrestar la emergencia ambiental.
El foro es un ejemplo de diálogo útil. Los comentarios expresan, además de las opiniones sobre dichas medidas, decenas de sugerencias y aportes para autoridades y ciudadanos.
Tiene razón la lectora: estas inquietudes deben servir para que los periodistas profundicen sobre los agentes y fuentes de contaminación y contribuyan a tomar conciencia ambiental.
Dos ejemplos ilustran la participación activa de las audiencias: Jotavelez dice: “Federico muy bien. Aún quedan medidas por tomar, qué vamos a hacer con los buses y camiones. Considero que igual que a las volquetas se les debe restringir su funcionamiento en ciertos días y horarios. Y en cuanto a horarios flexibles, que todas las instituciones privadas empiecen a trabajar a las 7:00 a. m., las públicas a las 8:00 a. m. y los colegios a las 9:00 a. m. Lo del tele trabajo está bien ojalá lo acojan los empresarios…”.
Androides sostiene: “Yo tuve un bus hace tiempos pero tengo algo que aportar, en las mañanas de 4.30 a. m. a 9.00 a. m. se sube al barrio y se baja el bus lleno y después de las nueve solo se cargan dos o tres pasajeros y así todo el día hasta las 5.00 p. m. que vuelve uno a subir la gente para el barrio. La empresa de buses nos obligaba a continuar quemando la gasolina en el tiempo muerto…”.
El esmog, que es un mal que aqueja a Medellín desde hace varias décadas, se ha vuelto peligroso en los últimos años: ha cobrado vidas y es visible el deterioro de la salud y la calidad del aire en toda la ciudad.
El tratamiento periodístico a este fenómeno debe ser riguroso y permanente, tal como está planteado en la columna del domingo anterior. Así lo reitera el periodista y escritor Javier Darío Restrepo cuando afirma: “El tema ambiental supone un cubrimiento integral. Con esto quiero decir que no puede limitarse a la reproducción de boletines o de entrevistas, sino que debe abarcar todos los temas conexos, puesto que esa conexidad es cada vez más compleja porque lo ambiental afecta o puede ser afectado por asuntos como la economía, la política, la planeación, el uso del tiempo libre, la acción de la justicia, las políticas sociales, etcétera. En cuestión ambiental todo está relacionado con todo, es un principio impuesto por la experiencia”.
Añade más adelante: “Esa afectación de lo ambiental, en activa y en pasiva, vuelve tan exigente el cubrimiento periodístico que la solución ideal en las redacciones es el trabajo en equipo, que permita una información integral. No se puede ignorar, so pena de incurrir en graves errores, que lo ambiental atraviesa todos los temas”. (Entrevista publicada en el libro de María Clara Valencia, Guía periodística Agenda Verde, Fundación Konrad Adenauer Stiftung, 2015: http://www.kas.de/wf/doc/18683-1442-4-30.pdf).