Periodismo e inmigración

La lectora Ana Sofía Sánchez comentó la última columna. Dijo: “…nos podíamos ahorrar muchos actos violentos si se piensa antes de hablar y de escribir. Estoy ciento por ciento de acuerdo con el llamado que hace la columna del defensor de las audiencias sobre el cuidado que deben tener los periodistas cuando tocan el tema de la inmigración, que es global y que causa grandes conflictos sociales en otros países. Me pregunto cómo mejorar el lenguaje violento, discriminatorio e inapropiado que vemos en radio y otros medios y aún en la vida cotidiana…”.
Esta reflexión cruza por las salas de redacción y los estudiosos de los temas de opinión pública y análisis de contenidos de los medios de comunicación.
Elegir las palabras es clave para informar con mayor imparcialidad y poder mostrar la realidad con estándares confiables de veracidad. Un término poco claro, ambiguo, con una connotación negativa que estimule prejuicios, pone en riesgo la misión del periodismo responsable.
Son políticas del periódico relatar los hechos con claridad y precisión. La primera obligación del periodista, como lo he citado en varias oportunidades, es escribir bien, conocer el lenguaje y expresarse correctamente, es decir, conforme a las normas que rigen la redacción periodística.
En el caso de las informaciones sobre la migración, además del significado de las palabras, no se deben perder de vista connotaciones, prejuicios y generalizaciones más o menos extendidas en la sociedad.
El reto es encontrar la palabra adecuada, la frase precisa, para evitar estas trampas e informar sin distorsionar.
El Manual de estilo y redacción de El Colombiano dice: “Los estereotipos son formas incompletas del conocimiento, que resultan de una observación superficial y parcial de los hechos, las personas o los grupos humanos, los países, las regiones. Con frecuencia están contaminados por el prejuicio. Por tanto, el uso de estereotipos y generalizaciones sobre aquéllos será sometido a examen para evitar expresiones que lesionen la dignidad de las personas o de los grupos humanos, los países y las regiones, y que conduzcan a emitir juicios injustos.”.
Un caso actual es el de Inglaterra. Hoy se preguntan los periodistas en las salas de redacción y los estudiosos en las universidades cómo influyeron los medios en la decisión que tomó el Reino Unido de abandonar la Unión Europea.
The Sun, The Daily Mail y The Daily Mirror fueron criticados por la cobertura de los refugiados. “No ahorraron portadas en letras mayúsculas y frenéticas advirtiendo sobre los peligros de la inmigración. La columnista de The Sun, Katie Hopkins, llegó a comparar a los inmigrantes con “cucarachas” que ´se extienden como el norovirus´. La declaración provocó críticas de Naciones Unidas, y constituye una indicación preocupante de los altos niveles de lenguaje hostil que los diarios británicos estaban manejando”, señala Farahnaz Mohammed en un artículo publicado por la Red de Periodistas Internacionales, Ijnet.
Añade que “Como periodistas, no podemos esperar erradicar la xenofobia o la ignorancia voluntaria. Sin embargo, podemos examinar nuestros propios prejuicios personales y mantener nuestra labor en un nivel editorial superior… No importa qué tan completos e imparciales sean los medios de comunicación, siempre habrá una minoría a la que no le afectarán las estadísticas, las investigaciones y las proyecciones. Al mismo tiempo, sabemos que los palos y las piedras rompen huesos, pero que las palabras empiezan revoluciones. Como periodistas, debemos ser cuidadosos con las que utilizamos”.

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